Bajan las aguas muy revueltas en los principales partidos políticos de ámbito nacional. Y es que nadie quiere que le muevan la silla, pero si movérsela a quien tiene en su entorno más próximo y más lejano. Es la época de desempolvar las viejas facturas que venían guardándose en los cajones de todas las sedes nacionales, autonómicas y locales.

Y quien más quien menos hace sus cábalas correspondientes y busca sus argucias para posicionarse y aquellos que tienen que tomar decisiones se den cuenta de su existencia en el momento álgido de pronunciar un  nombre y hacer las designaciones correspondientes.

Llega el momento de ocupar posiciones y hacerse un hueco. Abril y Mayo están a la vuelta de la esquina, y nadie pierde un segundo de su tiempo, porque sabe que un segundo es toda una vida, y en política una vida puede llegar a ser el futuro de cuatro años.

Pero en estos momentos lo que la sociedad necesita es criterio; es decir, candidatos que puedan tener discurso y mensaje, y no candidatos que únicamente tengan imagen. Una sociedad no vive de la imagen, vive de las políticas con discurso, y ello sólo lo pueden hacer realidad aquellos candidatos que por su experiencia, valía, dedicación y, sobre todo, forma de hacer política, son capaces de conectar con el ciudadano, sus problemas y sus necesidades.

Que nadie se olvide que escasean los políticos moderados, con discurso y con mensaje, capaces de llegar a acuerdos con los contrarios y a sacrificar sus propias políticas en beneficio de la sociedad, sinceros, ‘limpios’, honestos… Y a pesar de esta escasez, todavía, en los cuarteles de invierno de las principales sedes nacionales se sigue sacrificando a quien es bueno, y no da problemas, y se premia al bocazas y a quien hace del conflicto, la disputa y la ponzoña su compañera de viaje en época electoral y también cuando no existe llamada a las urnas. En política hay errores que se pagan muy caros, y éste es uno de ellos. Es vergonzoso sacrificar a políticos con proyección por el mero hecho de no secundar pantomimas de circo barriobajero y  equivocados llamamientos a estúpidas “guerras santas”, que únicamente llevan a la división de los partidos,  a dispersión de los militantes y, lo más grave, a la propagación del voto por diferencias formaciones políticas hambrientas de recoger sembrados, y, sobre todo, estrenarse en estas lides de ocupar escaños y despachos.  Estas gestas solo las realizan aquellos que ponen la politica a su servicio, pero quienes hacen de la politíca un instrumento al servicio del ciudadano, es imposible que utilicen estas argucias.

Si a esto sumamente que hay personas que han venido a la política a vivir de ella, y no entienden la política como un servicio público, como un medio no para beneficio propio, sino para beneficio de la sociedad que es quien, en definitiva, le ha otorgado ese puesto, el circo está servido.

Es vergonzoso comprobar cómo algunas personas llevan más de tres décadas en política sin ganar ningunas elecciones ni locales, ni autonómicas, y continúan aferradas al sillón como el primer día, sin entender que todo en esta vida tiene un principio y un final, y no es sensato ni responsable que seguir agarrándose al sillón y no dejar paso a quienes vienen detrás con nuevas ideas y nuevos proyectos, y son la puerta a un proyecto más ilusionante y más esperanzador para la sociedad y para la propia formación política; un proyecto nuevo, en definitiva, que se transformaría en votos, y, por ende, en conquista de despachos de diferentes Administraciones Públicas.

No, es mejor no ganar, y seguir torpedeando todo que puede dar un futuro más sólido y más esperanzado,

Pero lo peor de esta historia no es que haya gente que no se vaya a su casa, sino que a cualquiera que se acerque e intente trabajar pero no lo haga en su línea, está sentenciado. Estos son los políticos que hacen de la política su modo de vida, y no son al revés; es decir, son incapaces de comprender que ellos están al servicio de la política y, especialmente, del ciudadano.

La sociedad necesita políticos íntegros, serios, sensatos, moderados, capaces de llegar a acuerdos con formaciones políticas contrarias en beneficio de la sociedad, y mientras eso no se tenga claro en los cuarteles generales de los principales partidos políticos vamos mal, muy mal. Quizás sería bueno que se empezara a revisar quien llevar años y años y no logra ganar ni siquiera una alcaldía de una ciudad de tamaño medio. Quien no reflexione ante esto, tiene un problema. Un grave problemas cuyas consecuencias pueden ser incalculables. Basta ver lo fragmentado que se encuentran los mapas políticos españoles, tanto en la izquierda como en la derecha. Atentos.

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