Hoy no pensaba escribir, pero ayer leí una noticia en twitter, y creo que por la trascendencia que tiene merece una reflexión.

(Fotografía: (Republica.com)

La Organización Medica Colegial, la entidad nacional que agrupa a los colegios profesionales de médicos de España –más de 52 colegios-, ha aprobado solicitar el cese inmediato de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, por su incapacidad manifiesta y prolongada a lo largo de la evolución de la pandemia por Covid19, a la vez que le piden una rectificación pública de sus últimas declaraciones.

El caso es que la decisión de la Organización Medica Colegial no me extraña porque el carrusel de despropósitos del zaragozano es interminable. El director de máximo organismo de alertas y emergencias sanitarias convertido en todopoderoso portavoz sanitario del Gobierno ha ido de chapuza en chapuza, de desvergüenza en desvergüenza, de desmentido en desmentido, de mentiura en mentira… Pero ya sabemos que está respaldado, y bien, por otro todopoderoso, llamado Iván Redondo. Y, por tanto, haga lo que haga y diga lo que diga, le aplaudirán hasta con las orejas. Todo muy enmugrecido.

Los médicos, nuestros sanitarios, son nuestra primera barrera en esta pandemia, y el Ministerio no puede dejarlos a su suerte bajo el paragüas de “sálvese el que pueda”.  Y no vale eso de que las competencias sanitarias están transferidas a las comunidades autónomas. En una pandemia de estas dimensiones, el mando único, y la coordinación ministerial son imprescindibles. Pero no. Desde febrero, a Simón y a Illá les ha podido las órdenes dadas desde Moncloa y desde Ferraz antes que los consejos y opiniones de las sociedades médicas y de los colegios profesionales.

Resulta vergonzoso que el director de alertas y emergencias sanitarias el pasado jueves se expresara en estos términos: “ahora los profesionales sanitarios tienen un aprendizaje con respecto a la primera ola. Los gestores hacen mejores circuitos de asistencia en los hospitales. Y obviamente, los sanitarios tienen un mejor comportamiento evitando contagiarse fuera de su espacio de trabajo”.  No sólo es una falta de respeto, sino que es una desvergüenza y una deslealtad hacía todo el colectivo médico y sanitario, y ya no digo nada de lo que significan estas palabras hacía las familias de los 72 médicos fallecidos desde el pasado mes de febrero. En resumen, una desvergüenza sin paliativos que algún día este  elemento tendrá que dar ante quien corresponda.

(Fotografia: @libertaddigital)

La profesión médica es imprescindible en este momento, y siempre,  y no puede quedar a merced de un Gobierno ineficaz, torpe, incompetente, y radical.

La calidad humana, profesional, y académica de este colectivo está muy por encima del manoseo absurdo y estúpido que está sufriendo por unos gestores que prefieran acariciar su sillón antes que pensar por el colectivo sanitario y por el bien común de la sociedad.

Fernando Simón se ha granjeado muy pocos amigos en esta pandemia. Con una credibilidad nula entre los profesionales sanitarios, si tuviera un mínimo de dignidad y decencia debería de dimitir, y dar paso a otro profesional acreditado y con credibilidad. Pero me temo que no va a ser así. Claro que, a su vez, tampoco le queda un ápice de dignidad ni de decencia. Como a cualquier mercenario.

 

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