Para ningún cargo institucional resulta fácil gestionar una crisis sanitaria como la crisis de la Covid19. Una crisis global sin precedentes, sin final a medio plazo—o largo-, que afecta a todos lo elementos de la sociedad a nivel mundial. Todas las crisis, de la clase que sea, siempre dejan cadáveres en el camino.

España no es una excepción en este sentido. El Gobierno de Pedro Sánchez sacrifica al Ministro de Sanidad, Salvador Illá, y lo envia directamente a las mismísimas mazmorras catalanas para que se enfrente en el circo catalán con lo peor de la política catalana. Si tan seguro estaba Sanchez de que la gestión de Illá ante la pandemia era un éxito, no lo hubiera tirado a una pelea de gladiadores al más estilo hollywoodiense de Ben-Hur.

Fotografía:, @VanityFairSpain

En Moncloa lo saben. Son conscientes de que este tiempo, al frente del Ministerio, Illá se ha granjeado el cabreo generalizado de la sociedad española; pero también de colegios profesionales, sindicatos, sociedades médicas, medios de comunicación y todos los partidos del arco parlamentario del Congreso de los Diputados y del Senado, a los que ha conseguido unir frente a su nefasta gestión. Se ha convertido en un ministro a la fuga, sin comparecer por su gestión antes de marchar a la guerra.

Una crisis sanitaria de estas dimensiones no se aborda sólo sin entrar en grandes broncas. Hace faltar escuchar a los profesionales del sector, que están siendo los grandes ultrajados de esta crisis.

Dentro de un rato, los tambores de guerra del Palacio de la Moncloa anunciarán el nombre de su sucesor. Todo apunta a que va ser sucesora. Los mentideros políticos miran a Carolina Darias como heredera al sillón del Ministerio de Sanidad. Por muy mal que lo haga, esperamos que pueda hacerlo apenas un uno por ciento mejor que su antecesor. Pero, sobre todo, sea ella o quien sea, urge que el heredero de Illá se siente con los colegios profesionales y con las sociedades médicas y atienda de una puñetera vez sus palabras y sus necesidades, que hoy son las palabras y las necesidades de una buena parte de la sociedad española.

Fotografía: @elespanolcom

Cuando Salvador Illá salga del Ministerio, en pocos minutos se habrá convertido en un fugaz recuerdo de los funcionarios y del sector, y dentro de quince o veinte días, cuando se celebren las elecciones catalanas previsiblemente será un apunte en Wikipedia.

Y será entonces cuando volveremos a ver al Emperador Pedro Sánchez tocar el arpa, mirando al trasluz desde La Moncloa, mientras fuma un puro en el sofá, y se carcajea. Habrá ganado otra batalla. Pero no se dará cuenta que cada vez esta más cercano el día que perderá la guerras definitivamente. Aunque siga tocando el arpa.

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