‘¿Cómo voy a echarlos, si son mi familia?’

Hay mujeres valientes, mujeres adelantadas a su tiempo, mujeres  fascinantes, y mujeres cultas e innovadoras. Y Conchita Quirós, la librera por excelencia, reunía todos estos méritos en sí misma. Así la definió ayer, a las pocas horas de fallecer, otra mujer valiente e innovadora: Covi Sánchez, la Ceo de la Asociación de Escritores Noveles. Y a la de Gijón no le falta un pizca de razón porque Conchita fue –sigue siendo- un referente en el mundo del libro.

Fotografía: @lanuevaespana

Cuando el miércoles por la mañana saltó la noticia de su muerte nos sacudió en el rostro de forma abrupta, porque todos nos quedamos un poco huérfanos. Conchita, por su edad, y por su trayectoria vital y profesional, era la madre de muchos, de infinidad de libreros, de autores, de lectores; libreros que vieron en ella el camino en el que reflejarse en la sociedad; autores que, puertas adentro de la mítíca Librería Cervantes, encontraron a alguien más que una simple librera; de lectores, que Conchita les inyectó en sus manos y en su corazón el amor por la lectura y los libros.

Fotografía: @elcomercio

La Librería Cervantes es un bastión de resistencia literaria, y de calidad cultural, siempre moldeados por unas manos pequeñas, por una sonrisa achinada, y siempre omnipresente en cualquier rincón para recomendarte una lectura o un autor. Conchita Quirós era imprescindible e indispensable en el sector que conocía a fondo como pocos a nivel nacional.

Las libreras son ese recodo de paz, de viajes a mundos inimaginables de historias con finales increíbles, en dónde autores y lectores conectan y crean otros mundos aún más increíbles. Y Conchita Quirós lo hizo posible. Y se adelantó a su tiempo.

La que fue durante casi dos décadas su directora de comunicación, la periodista Susana Tejedor, ayer diseccionó en un gran artículo en el diario El Comercio, con excelente maestría, la relación con la que ella llamaba «amiga, jefa, compañera». Susana, a través de esas líneas, nos descubre la parte más oculta de Conchita, esa parte que tenemos todo ser humano y que pocas veces dejamos al aire. Conchita era el motor que movía el sector de las librerías, dentro y fueras de Asturias, pero también era un gran ser humano consagrada a los libros como se consagran las monjas de clausura a su retiro espiritual para toda su vida.

Decía Rafa Gutiérrez, presidente de la Asociación de Libreros de Asturias, propietario de la librería de Buena Letra, que “hoy los libros se han quedado un poco huérfanos (…) Seguiremos leyendo, Concha”. Ése era precisamente su objetivo: la promoción de la lectura, y lo consiguió haciendo centenaria a “La Cervantes” que, lamentablemente no lo podrá festejar… o sí.

Fotografía: @elcomercio

Quién sabe si desde algún rincón, allá en lo alto, reunirá a Lucho Sepúlveda, Carlos Ruiz Zafón, Amparo Dávila, a Quino, entre otros muchos, y los pondrá a ver los actos de su centenaria librería.  Y es que como también señala Ángeles Caso, en otro artículo, también en El Comercio: «Conchita Quirós era una de esas personas. Irradiaba inteligencia, alegría y ganas. Ganas de hacer cosas, de estar muy viva, con los pies bien puestos en el suelo y la cabeza siempre allá en lo alto, en las nubes de lo-imposible-que-hay-que-volver-posible».

Y en esta vida sólo existe un instrumento que lo imposible lo transforma en posible: los libros. Y Conchita lo sabía bien. No en vano eran su familia. Y ella, el motor cultural de Asturias.  Era excepcionalmente extraordinaria. Muy huérfanos nos quedamos. Nos quedan sus hijos: los autores y los libros.  Aprovechémoslos.

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José Ángel Jarne Navalón

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