Este último fin de semana se han cumplido 145 años desde que el  científico, inventor y logopeda británico Alexander Graham Bell patentó el teléfono.

Fotografía: @biography

Estoy completamente seguro que entonces el científico inglés reconvertido en norteamericano, no tenía ni la más remota idea de la repercusión que siglo y medio después iba a significar aquella patente. Una revolución tecnológica y digital en toda regla.

Casi dos siglos después de aquella patente, ha quedado más de manifiesto que nunca que el teléfono se ha convertido en un instrumento más que inseparable del individuo y en su mejor canal de comunicación. El teléfono es inseparable con el individuo y, poco a poco, se ha transformado en una herramienta esencial, a través de la cual somos capaces de gestionar nuestro día a día a nivel personal y profesional.

Fotografía: @WikipediaES

Sin el teléfono, hoy día no somos nada; prácticamente lo necesitamos para todo. Curiosamente para lo que menos se usa es para que lo que Graham Bell lo patentó en el año 1876. Hoy lo utilizamos para estar al día de la actualidad, para comunicarnos a través de correo electrónico, o para acceder a nuestros perfiles sociales. También para gestionar nuestra economía y ahora también para comprar. El teléfono se ha transformado en nuestro inseparable compañero, con el cual hacemos una simbiosis en prácticamente todas las facetas de nuestra vida. Sin él nos sentimos desvalidos, huérfanos y más pobres.

Hace años cuando adquirí mi primer iphone, un buen amigo mío que en estas lindes me lleva unos cuántos años de ventaja me comentó que con ese nuevo aparato que acababa de adquirir, si era capaz de aprovechar todas sus posibilidades, no iba a necesitar utilizar ningún ordenador. Después de varios años, el tiempo le ha dado la razón. No cabe ninguna duda que un teléfono de alta generación es una puerta inmensa abierta a un mundo de posibilidades tremendas. ¿Dónde quedaron aquellos teléfonos móviles, por ejemplo, que llevaban incorporada una antena y pesaban hasta un par de kilos?

Fotografía: @WikipediaES

La innovación, la tecnología han llegado a nuestras vidas para quedarse. No podemos ser inconscientes, dándoles la espalda. Hay que subirse a estos trenes, y aprovechar todas las oportunidades que la vida nos plantea, porque nos resultan absolutamente necesarias e imprescindibles. ¿Quién le iba a decir a nuestras generaciones pasadas que a través de un teléfono móvil íbamos a poder hacer la compra del mes, pagar un recibo de nuestra hipoteca, o comprar unas entradas para ir al cine? Dice una prima mía ya entrada en años que eso brujería. Simplemente es tecnología. Es innovación. Es la evolución natural de la vida a la que agarrarse.

Estoy convencido que Graham Bell jamás se imaginaria lo que iba a significar aquella patente muchísimos años después de que él lo patentara. La Humanidad está cincelada por grandes hombres y mujeres que, como él, han sido útiles y han aportado sus conocimientos y su experiencia en favor de la sociedad. No cabe ninguna duda, que patentar el teléfono fue un hito en la historia de la tecnología y del desarrollo e implantación de la innovación. Nadie puede quedarse atrás de esta revolución tecnológica a todos los niveles.

Alguien se imagina que hubiera sido de la sociedad española si durante el confinamiento de la pandemia de la Covid19 no hubiéramos tenido teléfonos con acceso a tecnología que nos posibilitara opciones de comunicación y contacto con los nuestros, aunque estuvieran a miles de kilómetros de distancia. ¿un caos, verdad?

Fotografía: @elmundo

El teléfono es insustituible. Es la puerta a un universo de posibilidades sin final. Un universo al que nuestras generaciones pasadas no han tenido acceso, y las futuras se están subiendo a una velocidad de vértigo. Aunque a nosotros nos maree el hecho de pensar que chavales de 10 ó 12 años hacen uso de los teléfonos con mejor habilidad que nosotros mismos. Es el presente que mira al futuro. Aunque tengamos que vigilarlo de cerca para evitar errores y, sobre todo, fracasos personales. Pero si el presente es prometedor. El futuro más y mejor. Todo gracias a Graham Bell. Quién lo diría, ¿verdad?

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