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O limpieza o desaparición

Cada día que pasa vemos que el partido naranja se despedaza más rápida y profundamente, a la espera de lo que suceda mañana lunes en la reunión de su comité ejecutivo. Ayer, un histórico del partido dijo adiós a la vez que decía hola al Partido Popular. Fran Hervías lo ha sido todo en el partido naranja, primero en los días de sol de Albert Rivera, y después junto a la nociva y perversa Inés Arrimadas.

Fotografía: @elCorreoWeb

Ciudadanos tiene una herida abierta hasta lo más profundo de su ser. Una llaga que no tiene otra cura que no pase por la dimisión  de la presidenta del partido y sus lacayos, y a continuación la disolución del partido. En este momento el partido naranja es parte del problema y no la solución. Vinieron a lo que vinieron pero desde la marcha de Rivera nos han dejado un carrusel indecente de impresentables que, desde la propia cabeza del partido, sólo se han preocupado de mirarse su ombligo y su cuenta corriente. Me vienen a la cabeza demasiados nombres de jetas e indocumentados que, abrazos al color naranja, han resultado un verdadero fiasco y un fraude para la sociedad. Decía Adenauer que hay tres tipos de enemigos; los enemigos a secas; los enemigos mortales y los compañeros de partido.

Fotografía: @elperiodico

No le faltaba razón al político alemán porque los militantes decentes que hubiera en el partido naranja, que como en toda organización no me cabe duda de que también allí los hay, se han encontrado con su enemigo dentro de casa. La marcha de Fran Hervías es solo una gota en el océano porque ya se habla también de que Luis Salvador, el alcalde de Granada, también está negociando pasarse al Partido Popular. Y esto es sólo el principio del carrusel, porque aún quedan muchos nombres por pronunciarse. Como he dicho, la herida es muy profunda, y la hemorragia, abundante. Pero, lo más grave es que no hay cirujano que sea capaz de cauterizar la contusión. Por eso, Ciudadanos está clínicamente muerto, a la espera de que el lunes lo ingresen en la UCI como última alternativa posible. En el fondo y en la forma no será una alternativa. Será su sentencia final, afortunadamente.

Queda claro que en política para generar la confianza del electorado hay que ofrecer credibilidad, y Arrimadas no lo ha ofrecido nunca. Más bien, desde el principio ha abocado al partido a un carrusel de bandazos sin criterios ni orden bajo la batuta falsa de la moderación sin sentido ni criterio. No se puede tomar café con el Casado, y levantarte de la mesa para tomar otro café con Sánchez, teniendo en cuenta que Sánchez siempre irá acompañado de Echenique, Otregui y Rufian. Eso es indigno. Es inmoral y traidor. No se puede ni tomar un vaso de agua con un partido que se mantiene en el Gobierno con los votos de la izquierda republicana catalana que propulso el 1 de octubre, y con quienes vitorearon los tiros en la nuca de ETA. Eso no tiene calificativo.

Fotografía: @rtve

Y Arrimadas pretendía sentarse (que de facto ya lo ha hecho) con Sánchez y sus secuaces.  Qué pronto se le han olvidado las víctimas del terrorismo a la andaluza. La militancia de Ciudadanos tiene memoria y dignidad. Por eso consideran que la invasión que se pretendía hacer al Gobierno de Murcia no tiene ni medio pase, máxime cuando estábamos ante una bomba de racimo muy bien teledirigida para hundir todo lo que oliera y representara al Partido Popular en España, y cuyo elefante blanco era precisamente ella. O sea la tonta útil del PSOE.

Nada me daría más alegría que el lunes, el comité ejecutivo obligara a dimitir a Arrimadas y la largara a su casa. El partido necesita una catarsis. O limpieza o desaparición. Pero el lunes mejor que el martes. Y empezando por su presidenta. La culpable. La que desguazó el partido. No es decente. No merece estar en política. Y detrás de ella, los palmeros. Todos.

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