En este mismo espacio lo dije a finales de enero, cuando estaba de moda eso de vacunarse de la Covid-19 al amparo de aquello de “porque yo lo valgo”, aquel sucio carrusel de concejales, diputados, consejeros, alcaldes, generales y hasta obispos… La ejemplaridad debe ser la bandera de nuestro día a día, pero especialmente de aquellos que ocupan puestos de responsabilidad, más aún en la esfera pública. No es decente que un servidor público, sea de una ideología u otra, se aproveche de su posición para beneficio propio, especialmente en una situación de pandemia como la actual.

Fotografía: @el_pais

Pero tampoco es ético que un funcionario público, bien sea alcalde, concejal, diputado, consejero, presidente de comunidad autónoma… o ministro sobrepase determinadas líneas éticas en público o en privado. Es evidente que nadie está libre de cometer un error, de decir lo que no se quiere decir en un momento de acaloramiento, de hacer algo indebido en un momento puntual. Pero precisamente por eso, porque se representa a una siglas, a unos ciudadanos que nos han dado la confianza, porque nuestro sueldo se está pagando a cargo de unos presupuestos públicos, necesariamente por todas estas cuestiones y otras muchas más, cuando se comete un error, inmediatamente hay que pedir disculpas dimitiendo y poniendo tus cargos a disposición de tu partido y de la institución que representas.  No vale subir un tweet, y pasar página. Con la cosas comer no se juega. Hay materias, como las enfermedades y los propios enfermos, que son terriblemente sensibles, y merecen todo el respeto y la solidaridad de la solidaridad. Resulta muy poco sensible y de muy poca talla personal y ética que alguien diga sandeces sobre las enfermedades y los enfermos. Más todavía si proceden de un representante institucional. No se merece ocupar ningún cargo ni representar a ningunas siglas. A ningunas.

En la vida política y en la institucional hay que ser más ejemplar, si cabe. No caben estas actitudes. Comportándose de esta forma lo único que hacen es manchar el buen nombre de la clase política y de la institucional, cuando en ella hay muchos hombres y mujeres que a diario, de forma muy invisible, se dejan la vida a diario por construir una sociedad mejor. Y luego llegan estos patanes y echan todo el trabajo por tierra. Por eso, es necesario medidas ejemplarizantes para que estos tipos salgan cuanto antes del escenario porque no son dignos representantes de la sociedad española. Ni siquiera de las siglas que dicen representan. De ninguna sigla. De ningún partido. Urge empezar a separar el polvo de la paja, y quitar parásitos, impresentables y demás elementos nocivos que lo único que logran es manchar el nombre de las instituciones y de la política. Si el personal no entiende que se está en el sillón hasta mañana, habrá que hacérselo entender por otros medios. Pero con esta gente hay que aplicar la cirugía ya, con o sin anestesia. Eso depende de ellos. El vaso rebosa.

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