Fotografía: @abc_es

Hoy hace un año que Aragón perdía a uno de sus hombres más útiles, que diría el periodista Lisardo de Felipe. Hoy hace un año que Aragón perdía al Presidente Santiago Lanzuela, un hombre moderado, un Presidente necesario, un político de altura. En resumen, un gestor eficaz que durante su trayectoria política e institucional le tocó lidiar en no pocas plazas complicadas. Siempre puso la decencia, la ética, la política con mayúsculas, a Aragón y a España por delante cualquier otro interés.

Éste era su ADN político. Su modo de entender la gestión política tanto a nivel autonómico como a nivel nacional. Bajo estos parámetros estuvo al frente del Gobierno de Aragón entre 1995 y 1999. Fue el gran impulsor del desarrollo económico y social de la comunidad y. más particularmente, el propulsor más tenaz de la tan famosa y más que necesaria Autovía Múdejar entre Zaragoza, Huesca y Teruel; un nudo de comunicaciones por carretera que vertebra la comunidad y la transforma, sacando a la provincia de Teruel del ostracismo que supone el hecho de estar aislada por autovía.

Como se dice vulgarmente, Lanzuela no daba puntada sin hilo, y cualquier acción siempre la encaminaba al mismo objetivo: Aragón y España. En su prolífica hoja de servicios podemos destacar para Aragón y los aragoneses que fue fundador del Instituto Aragonés de Fomento en 1990, del que fue su primer presidente. Impulsó y presidió el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Aragón. También fue el primer presidente de la Fundación Santa María de Albarracín. Entre otros reconocimientos, fue nombrado Hijo adoptivo de Albarracín, recibió la Orden del Mérito Civil (Encomienda de número) y la Orden de Rubén Darío de Nicaragua.

Fotografía: @heraldoes

No hay ninguna duda de que este cellano es lo que popularmente se llama “un hombre bueno”, un tipo dialogante. No en vano, Aragón es tierra de pactos. El pacto es la identidad de los aragoneses y él lo llevaba en los genes. Un año después de su partida se le sigue echando de menos porque Lanzuela pertenecía a ese club exclusivo de personas que dejaban huella allí por dónde pasaran debido a su talante, a su forma de trabajar, de entender la política, el territorio, su partido, el Partido Popular que llegó a presidir en Aragón, y por otras muchas cuestiones cuya lista sería interminable. Como decía el Presidente Lambán en su perfil de twitter con motivo de su fallecimiento «fue con mucha dignidad el Presidente de todos los aragoneses».

La pandemia de la Covid19 nos ha arrancado infinidad de personas de nuestro entorno, unas muy próximas y otras no tanto. Pero, en términos generales, siempre nos unían vínculos afectivos, familiares, profesionales… de cualquier índole. A mí, con el Presidente Lanzuela me unió un vínculo profesional. Y, aunque parecía una persona distante, la verdad es que no lo era. Ya lo he comentado, y no me duelen prendan en repetirlo. De él, guardo en mi retina una imagen para el recuerdo.

Fotografía: @periodicoaragon

Fue en el año 1996, durante la riada del camping Las Nieves, en la localidad oscense de Biescas. Recibió a Sus Majestades don Juan Carlos y doña Sofía en mangas de camisa y, como se dice coloquialmente, ‘de barro hasta las orejas’. Lo importante, las victimas, sus familias y la magnitud de catástrofe, que se había cobrado alrededor de noventa victimas mortales y doscientos heridos.

Hoy, un año después de su adiós es importante reivindicar la figura política y el legado de Santiago Lanzuela. Su impronta ha quedado bajo las paredes del Edificio Pignatelli, esa antigua Casa de Misericordia, luego transformada en Hospital Real, y hoy convertido en la sede institucional del Gobierno de Aragón.

Nuestra memoria es frágil. Pero no conviene perder la perspectiva del tiempo. En el año 1982 se aprobó el Estatuto de Autonomía de Aragón. Entonces, como decía Machado, no había camino, sólo estelas en la mar. Hoy, gracias a hombres como Santiago Lanzuela, los aragoneses tienen el compromiso de hacer camino al andar.

Impactos: 752