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La decencia en la política madrileña

Fotografía: @OndaCero_es

La sociedad actual busca en su clase política dos cualidades necesarias y absolutamente imprescindibles: ética y ejemplaridad. Los ciudadanos están ya ‘chamuscados’ del «y tú más», de una clase política que, antes que buscar soluciones a sus problemas, son el mayor problema a sus propios problemas. Se alejan del político que decide a golpe de mesa de despacho, totalmente alejado de la realidad de la calle, con un discurso vacío y con los ojos puestos en sus intereses personales, políticos. Eso ya está caducado. No sirve. Tampoco sirven las maniobras torticeras y traidoras que se urden a hurtadillas en los despachos sólo por intereses personales. Esas operetas, tarde o temprano, acaban pasando factura.

Las urnas son el mejor juez para poner a cada dirigente político en su sitio. El pasado 4 de mayo, en la Comunidad de Madrid este juez inmisericorde llamado ‘participación’ habló alto y claro. Y puso a cara candidato en el lugar que le correspondía. A alguno le mostró el camino de salida, el que jamás debió emprender antes de salir del ‘chaletazo’. A una le dijeron que no, que no se puede ir de chulapona provocando por los platos de las emisoras de radio, y sobre todo, que la polarización no es buena. A otro le dijo que a determinada edad, lo mejor es una retirada a tiempo, máxime cuando su jefe de filas ya no es creíble ni reconocible. Ni en España ni en el mundo. A otra le dijo que volviera a su profesión como anestesista; que a pesar de su resultado, le quedaba mucho camino por andar.

Fotografía: @lavozdegalicia

A otra le dijo que era la mejor, la más creíble, la más honrada, la más reconocida, la más sensata, la más responsable… Dicho de otro modo, los madrileños le pidieron que siguiera pilotando la política de la Comunidad estos dos años próximos. Era la mejor. La que había demostrado más ética y más ejemplaridad.

Pero hay otro candidato que los ciudadanos le han dicho que ni pise la acera de la madrileña Plaza de la Asamblea de Madrid. Allí no lo quieren ver ni aunque vaya como motero. Literalmente lo han echado. Y con él a todo lo que huele a traición, a corruptelas en despachos oscuros aunque las vendan decoradas de una falsa moderación centrista.

Pero esta banda en vez de sentarse en el cuarto de pensar y analizar cuáles habían sido los errores, se sentaron alrededor de una mesa y premiaron al peor. A quien tendrían que mandar a casa por ser el último de la fila, y con él, a toda esa tropa. Si no diera risa, daría vergüenza. En este caso, las dos cosas.

Fotografía: @elespanolcom

¿En qué partido, medianamente sensato se ha visto que se lleven semejante revolcón, y premien a los peores? En uno. Solamente en el que se abraza a la bandera de la moderación y del centrismo, pero están bajo la ducha de aguas putrefactas. El mejor ejemplo, el de la indecencia de Murcia y el de Castilla y León. Y en el que Madrid y Andalucía les salió el tiro por la culata.

Un partido político, y quienes lo componen, no sólo tiene que ser decente y honrado. Tiene que demostrar que lo es. Y cuando los ciudadanos, mediante su voto, te mandan a casa, lo honesto, lo digno, lo justo es reconocer el fracaso y recoger velas, y marcharte por el camino que viniste. Lo indecente es venirse arriba, no reconocer el fracaso,  premiar el fracaso, y seguir mirando a las avutardas creyendo que son lo mejor. Esto es una aberración. Es vivir alejados de la realidad. Pero no es nada nuevo. Así llevan desde que los catalanes los pusieron mirando hacia el Atlántico.

Aunque siendo sinceros, alguno de los que marcharon el domingo, no se fueron, huyeron. Como hacen quienes enarbolan la bandera de la traición y de los aquelarres.

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