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Me he referido en varias ocasiones al periodista aragonés Lisardo de Felipe, cuando habla de «personas útiles» en Aragón. Hoy, día 16 de abril, no cabe duda que tengo que referirme a una de las personas más útiles que han trabajado por y para Aragón y España. Me refiero al Presidente Santiago Lanzuela, del que hoy se cumplen dos años de su marcha a causa de la pandemia de la Covid-19.

Precisamente el año pasado coincidiendo con el primer aniversario de su fallecimiento en este mismo espacio publiqué un artículo titulado «Un año sin Lanzuela». En esas líneas intenté (dudo si lo conseguí) poner en valor la figura y el legado de un Presidente que tuvo muy claro desde el primer día que pisó su despacho en el Edificio Pignatelli que lo primero era Aragón y los aragoneses. Mejor dicho, desde el primer día que decidió dedicarse a la política con mayúsculas.

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Después, lo demás. Bajo estos parámetros presidió el Gobierno de Aragón desde 1995 a 1999 y lo hizo con mesura, respeto, decencia, buen gobierno, moderación, equilibrio y mil valores más.

En el ADN de Santiago Lanzuela nunca hubo el más mínimo atisbo de personalismo, de desgobierno, de populismos o de radicalidad, ingredientes tan acentuados últimamente en la política española. Gracias a este modus operandi, a este ‘talante’, a él y a su Gobierno se le deben muchas de las grandes obras de infraestructuras que hoy pueden disfrutar los aragoneses: la nueva estación de Delicias en Zaragoza; la apertura de la autovía entre Zaragoza y Huesca;  el inicio de las obras de conexión por autovía de Teruel a Zaragoza, la tan necesaria autovía mudéjar; la de Teruel a Valencia; o la ampliación del aeropuerto de Zaragoza después de recibir 70 hectáreas del Ministerio de Defensa. En la provincia de Teruel propuso y consiguió el Fondo Especial de Inversiones, y un ambicioso Plan de la Minería: el nacimiento de la Plataforma Logística Plaza (junto a Platea y Walqa); la creación del Instituto Aragonés de Fomento (IAF): el primer proyecto real de reabrir el ferrocarril del Canfranc y cientos más de proyectos que proyectó para hacer un Aragón más vertebrado, más competitivo y mejor.

Después de esta etapa, como senador y como diputado en las Cortes Generales su objetivo siguió siendo el mismo: Aragón y los aragoneses. Presidió el Partido Popular de Aragón y estuvo siempre allí donde se le necesitó. Fue un patriota con mayúsculas.

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Pero una fecha y unos malnacidos marcaron su vida. En el mes de febrero de 2001 Manuel Giménez Abad asume la presidencia del Partido Popular de Aragón. Apenas tres meses después, una primaveral tarde de domingo cuando el entonces Presidente del Partido Popular ar iba al estadio de la Romareda para presenciar un partido de fútbol del Real Zaragoza con su hijo Borja fue abatido a tiros en plena calle por la banda terrorista ETA. Aquel execrable crimen marcó la vida del Presidente Lanzuela. Los asesinos etarras no sólo habían arrebatado la vida a su sucesor en la presidencia del Partido Popular de Aragón. Habían asesinado a uno de sus mejores amigos, a quien fue consejero de Presidencia y Relaciones Institucionales en su Gobierno. Y como diría mi madre, Santiago Lanzuela no era «un trozo de leña».

En una ocasión, Santiago Lanzuela se autodefinió como «un creyente activo y optimista en el futuro de Aragón».

Fotografía: @heraldoes

Y no le faltaba razón porque para iniciar todos los proyectos que puso en marcha, siempre pensando en un Aragón mejor, no cabe duda de que Lanzuela era creyente y optimista por naturaleza. Pero también hay que reconocerle las más que excelentes relaciones que mantenía con el Gobierno de España que presidía José María Aznar. Sin aquellos mimbres nada hubiera sido igual.

Han pasado ya dos años de la muerte de Lanzuela. Sin duda, el año 2020 fue uno de los años más horribles de las últimas décadas. Nos ha dejado una lista terrorífica de ausencias que jamás volverán. Hombres y mujeres que han permanecido en nuestras vidas de una manera u otra, y han sido imprescindibles porque han sido importantes en el plano personal, profesional, laboral o social. Esta maldita pandemia nos los ha arrebato sin piedad y amedrentándonos hasta que pudimos tener acceso a las vacunas.

Hace pocos días se cumplió el 44º aniversario de la constitución del actual Gobierno de Aragón (entonces Diputación General de Aragón). Fue un 9 de abril de 1978 en la Iglesia de San Pedro de los Francos en Calatayud. Allí fue nombrado primer Presidente de la preautonomía aragonesa Juan Antonio Bolea Foradada. El Presidente Bolea marcó un hito en la reciente Historia de Aragón.  Como luego marcarían otra lista infinita de hombres y mujeres,  entre los que se encuentra Lanzuela, que han escrito con letras de oro las mejores páginas de este querido territorio de pactos y carrascas, de cierzo y nieve, de jotas y cadieras.

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Transcribo el final de mi artículo del año pasado en esta misma fecha. La fecha lo requiere y el protagonista de estas líneas, especialmente:

«Nuestra memoria es frágil. Pero no conviene perder la perspectiva del tiempo. En el año 1982 se aprobó el Estatuto de Autonomía de Aragón. Entonces, como decía Machado, no había camino, sólo estelas en la mar. Hoy, gracias a hombres como Santiago Lanzuela, los aragoneses tienen el compromiso de hacer camino al andar».

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