Fotografía: @diariodeteruel

Dice ‘mi’ Javier Carnicer, actual Jefe de Protocolo del Gobierno de Aragón, que «el protocolo sirve para ordenar las personas y las cosas». Desde esta perspectiva que, a simple vista parece una perogrullada, realmente el protocolo es el arma más poderosa en términos de comunicación. Tiene su enjundia si hablamos de casas reales, de monarquías, o de ceremonial.

El pasado jueves falleció la Reina Isabel II. Para muchos ciudadanos, vivan en dónde vivan y simpaticen con el modelo de gobierno que simpaticen, realmente ha muerto ‘la Reina’. No en vano, la Reina del Reino Unido desde que ascendió al tronó en 1952 con 26 años, lo era también de otros catorce Estados independientes constituidos en reino y que forman parte de la Mancomunidad de Naciones: Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Jamaica, Bahamas, Belice, Granada, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Tuvalu, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y San Cristóbal y Nieves. Casi nada…

Fotografía: @elmundoes

La idiosincrasia del carácter británico ha hecho que mucho antes del fallecimiento de la Reina ya estuviese escrito todo el plan previsto que habría que activar en el instante que se anunciase su fallecimiento.  Todo un protocolo de actuación denominado «Operación London Bridge» para que tanto la Familia Real como el pueblo británico despidieran a quien ha sido la Reina de Inglaterra y la Commonwealth durante siete décadas, así como la proclamación del nuevo monarca y del nuevo Príncipe de Walles. Los actos programados se extenderán durante aproximadamente diez días e incluyen también procedimientos, como la proclamación del nuevo monarca, Carlos III, que hemos visto esta mañana. Todo está escrito y nada, absolutamente nada, se queda sujeto a la improvisación. Es más, toda la denominada «Operación Puente de Londres» había sido minuciosamente supervisada por la propia Isabel II. Esto evidencia hasta qué punto ella quería dejar todo organizado y ‘estabilizado’ una vez que hubiera fallecido.

Fotografía: @el_pais

Isabel II reinó durante un periodo de cambio que amenazaba a la monarquía en muchos frentes. La revolución de los medios de comunicación sometió a una institución que en gran medida evadía la rendición de cuentas a un escrutinio sin precedentes y le quitó parte de la mística que la hacía tan intrigante. Esto vino acompañado de una pérdida de atención por parte de la sociedad en general, lo que hizo que la monarquía pareciera aún más distante y poco afín. Pero la Reina tenía una habilidad única para convertir las amenazas en oportunidades y aceptó tejer ‘puentes’ con los medios de comunicación para conectar con el pueblo británico, sobre todo invitando a las cámaras a grabarla en determinados momentos, como en sus paseos y entre la gente. Televisó el mensaje de Navidad y con ello se introdujo en el momento familiar más íntimo del año británico. Tuvo una cuenta oficial en las redes sociales antes que ninguno de sus nietos. Fue hábil, muy hábil, hasta el punto que, desde esta perspectiva, y ganando esta batalla, nunca concedió ninguna entrevista a ningún medio de comunicación.

Fotografía: @rtve

La muerte de Isabel II deja como uno de sus legados el éxito del Reino Unido como metrópoli postcolonial. Cuando accedió al trono se encontró con un país deprimido por la independencia de la India pero deja otra nación renovada que vuelve a ser el centro de referencia para millones de nietos del Imperio.

Luis Castellvi, doctor en Literatura por Cambridge y profesor en la Universidad de Manchester, afirma que «a la Reina se le supone un papel simbólico pero ha tenido un papel muy importante en una visión postcolonial del Reino Unido. Hay muchos discursos suyos en los que insistía en que no era la reina de Inglaterra sino de la Commonwealth, de una ‘great family of nations’. Viajó muchísimo por los territorios del antiguo Imperio». Esta teoría explica claramente el concepto que tenía la monarca de su sentido de Estado. La Commonwealth… así como el cosmopolitismo del Reino Unido moderno, que  responde a una política de Estado que ha ido desde la corona hasta los planes de estudios universitarios.

Fotografía: @rtve

Pero en medio de este cosmopolitismo, subyace otro interrogante al que no podemos dar la espalda. ¿Tiene algo que ver con este éxito postcolonial británico el hecho de que el British National Party, el partido de ultraderecha del Reino Unido, nunca haya tenido la relevancia del Frente Nacional en Francia? “El BNP tuvo cierto peso en los años 70. Pero el sistema de la circunscripción mayoritaria fue en su contra. Sus votantes, al final, acababan por votar por pragmatismo al Partido Conservador que siempre ha sido muy flexible ideológicamente. El UKIP ocupó su espacio en otro momento con un discurso anti inmigración duro pero más dirigido contra los polacos y los rumanos”. La xenofobia existe en todos los países del mundo; lo que los mide es qué hacen con ella.

Fotografía: @ElPeriodico_Esp

Más allá de estas reflexiones, ciertamente, la Reina Isabel II era la persona más querida de todos los miembros de la Familia Real Británica.  Guillermo Iñiguez, miembro del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, señala que «es una reina que ha sabido caer bien a las feministas laboristas y a los conservadores. Ha sabido ser la reina de los escoceses y de los irlandeses también, y de los galeses. Y ha sabido jugar un papel por encima de la política. Y eso lo ha convertido en un personaje, en una institución central en el país. Es, de hecho, la institución quizás más popular».

Y este éxito, en buena medida, se debe a su habilidad para no involucrarse en la política británica, aunque el propio Iñiguez explica que pocos días antes del referéndum escocés de 2014 manifestó que ‘muy misteriosamente que esperaba que todos votasen conscientes de los riesgos que conllevaba’.

Fotografía: @el_pais

 

Pero es más, cuando se ha manifestado en asuntos políticos, ha sido tan hábil y tan sutil que ha sabido no incomodar a ningún grupo político o a ninguna nación dentro del Reino Unido. Toda una Reina.

Hoy Carlos III ya es el nuevo Rey del Reino Unido y en la cabeza de muchos se agolpan diferentes preguntas: ¿Qué sucederá ahora con todo ese cariño del pueblo británico?¿sabrá Carlos III capitalizar el ‘trabajo’ realizado por Isabel II? El tiempo nos dará las respuestas. Pero, evidentemente, es un nuevo reinado. La Reina ha muerto. Dios salve al Rey.

 

(Fotografía de encabezado: @elindepcom)

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