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Los 24 días más ácidos de Quini

Ayer la edición de Heraldo de Aragón recordaba el 42º aniversario de la liberación del recordado Enrique Castro Quini tras 24 días de secuestro en Zaragoza.

Fotografía: 2heraldoes

En este mismo portal he hablado varias veces de Quini, La última, coincidiendo con el aniversario de su fallecimiento. Lo titule «La sombra de El Brujo sigue siendo alargada». En el mismo analicé su figura como futbolista de referencia. También como gijonés imprescindible. Su figura continúa planeando sobre el mundo del fútbol (el de verdad, el que no compra árbitros de fútbol), y sobre Gijón, la ciudad que le dio todo.

Pero echemos la vista atrás cuarenta y dos años.

El Brujo había fichado por el Barça en junio de 1980 por 82 millones de pesetas. Una cifra descomunal para la época. Durante su primera temporada en el Camp Nou había llegado a marcar 20 goles, conquistando el Trofeo Pichichi por cuarta vez en su carrera profesional en Primera División. El futbolista se hallaba pues en la cumbre de su trayectoria deportiva.

Después de un periplo de 24 días, Quini fue liberado en Zaragoza gracias a una operación policial conjunta entre la policia de Zaragoza y de Barcelona.

El secuestro se produjo el domingo 1 de marzo de 1981. Quini se disponía a regresar a su domicilio tras el partido de Liga jugado contra el Hércules. No llegó a su casa porque se le acercaron dos personas que lo introdujeron en su propio vehículo, un Ford modelo Granada, que tenía aparcado en las inmediaciones de su domicilio.

Desde ese momento se perdió la pista del jugador del FC Barcelona. No así de su vehículo, que fue localizado por la Policía de Barcelona en las cercanías del mercado de Les Corts, tras la vivienda de Quini.

El día 5 de marzo se puede leer en las páginas de Heraldo de Aragón: «Existe ya un ambiente de pesimismo. Porque los secuestradores deberían haber dado señales de vida, indicando el estado de Quini y señalando cómo y dónde hay que entregar el rescate. Una personalidad de la Policía ha afirmado que es posible que los secuestradores, no contando con la enorme repercusión del caso, se hayan asustado. En los secuestros, lo fácil es comenzar y lo difícil terminar».

Paralelamente se suceden de forma vertiginosa las muestras de apoyo y solidaridad con Quini y su familia. Así, los jugadores oscenses emiten el siguiente comunicado: «Los jugadores de la SD Huesca quieren hacer pública su repulsa por el secuestro del que es víctima su compañero Enrique Castro, Quini. Manifiestan su voluntad de unirse incondicionalmente a cualquier postura que adopte la generalidad de futbolistas españoles como muestra de condena a lo sucedido».

Fotografía: @elcomerciodigit

Y los jugadores del Barcelona se plantean no jugar, aunque finalmente deciden jugar. Y lo justifican con estas palabras: «Dedicaremos el partido a nuestro compañero y en todo momento pensaremos en él».

Días después comienzan a llegar noticias que apuntan a que el Barcelona ha mantenido contacto con los secuestradores. Incluso se habla de una cinta magnetofónica grabada por el jugador a su esposa, Mari Nieves, y a sus compañeros de equipo.

Pero la mejor de las noticias llega el día el 25 de marzo pocos minutos más tarde de las 22:00 horas. Quini era liberado en una operación conjunta entre las policías catalana y zaragozana. Se encontraba retenido en el sótano de un edificio de la calle Jerónimo Vicén, en Zaragoza, en el Casco Histórico de la ciudad.

Heraldo de Aragón dedicó su portada y una doble página para contar todos los pormenores de la liberación del secuestro. Exactamente lo narraba así: « La operación de rescate fue hecha con sumo cuidado. Nueve funcionarios de la Jefatura Superior de Zaragoza y quince de Barcelona participaron en ella, así como dos coches ‘Z’ de la Policía Nacional, que se situaron sensiblemente alejados del taller electrónico en desuso. Toda medida de precaución era poca para tratar de efectuar el rescate sin que Enrique Castro sufriese ningún daño. De ahí que los funcionarios se acercaran al local en coches camuflados.

Y salió bien. Afortunadamente, la acción policial fue limpia, eficaz, perfecta. Ningún herido hubo que lamentar en una operación que muchos directores de cine negro hubieses querido filmar.

Un presunto secuestrador se hallaba en ese momento custodiando a la persona que más expectación y cariño había despertado en los últimos días en todos los españoles».

Fotografía: @LaVanguardia

Con una entereza fuera de lo normal, Quini atiende a los medios de comunicación después de su liberación y declara que ha sido terrible. Sobre todo al final, cuando la Policía irrumpió en el sótano donde estaba encerrado. Tuve miedo. Creí que moría. Sentí muchos ruidos arriba. No sabía que era la policía, era en lo último que podía pensar después de tanto tiempo. De repente, un joven rubio y con bigote saltó hacía mi pistola en mano. Pensé que era el final y me eché la colchoneta en la que dormía encima. Afortunadamente mis presagios no se confirmaron y estoy libre. Casi no puedo creerlo.

Tras prestar declaración puso rumbo a Barcelona, y en menos de 24 horas estaba de nuevo entrenando con sus compañeros.

Finalmente fueron tres personas las acusadas del secuestro: Fernando Pellejero, Eduardo Sendino y Víctor Díaz. La investigación demostró que el Barcelona depositó cien millones de pesetas en un banco suizo. Precisamente Pellejero, considerado el cerebro de la operación, fue detenido en Ginebra tras realizar diversas operaciones con el dinero del rescate.

Fotografía: @mundodeportivo

El juicio comenzó el 13 de enero de 1983. Quini no se presentó como acusación y en su declaración ante el juez no identificó a sus secuestradores diciendo: «Yo les perdono; si lo hicieron es porque a lo mejor no tenían otra salida o ellos no creían tenerla». Esta actitud demuestra el carácter del que siempre hizo gala el jugador dentro y fuera de los estadios de fútbol.

Pero su perdón no les eximió de la condena. Cada uno de ellos fue condenado a diez años de prisión y tuvo que pagar una indemnización de cinco millones de pesetas al futbolista.

Cuatro décadas después esta historia sirve para demostrar hasta qué punto el mejor jugador del fútbol español del siglo XX tenia un carácter cordial, afable, y. conciliador. Todo lo contrario a lo que se respira hoy en muchos clubes de futbol. Incluidos algunos cuyas camisetas él llegó a lucir.

(Fotografía de cabecera: La Vanguardia)

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