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Claudia, la última víctima…

Ayer fue el día 2 de Mayo. Un día importante en la Historia de España. Especialmente en la Comunidad de Madrid. Pero también era un día singular por otro motivo. Era el Día Internacional contra el Bullying o el Acoso Escolar. Un día marcado por el recuerdo de la joven gijonesa Claudia González Álvarez, que se quitó la vida el pasado fin de semana en el conocido cerro de Santa Catalina, de Gijón.

Fotografía: @elperiodico

Este día se celebra con el objetivo de concienciar sobre el riesgo del acoso escolar y el bullying en los niños y jóvenes a nivel mundial. También para buscar los mecanismos para evitar este mal, que hoy, se ha convertido en un terrible peligro para la población infantil y juvenil.

La fecha fue establecida por asociaciones de padres y diversas organizaciones no gubernamentales para concienciar sobre los riesgos del acoso escolar y los métodos para evitar la violencia en los centros escolares. También para establecer un protocolo de actuación ante casos de este tipo. La causa se representa con un lazo de color púrpura.

Pero antes de analizar lo sucedido en Gijón este fin de semana, definamos qué es el bullying. Estamos ante la exposición que sufre un niño a daños físicos y psicológicos de forma intencionada y reiterada por parte de otro, o de un grupo de ellos, cuando acude al colegio.

El acosador aprovecha un desequilibrio de poder que existe entre él y su víctima para conseguir un beneficio (material o no), mientras que el acosado se siente indefenso y puede desarrollar una serie de trastornos psicológicos que afectan directamente a su salud. Incluso en situaciones extremas, pueden conductas autodestructivas, como lo sucedido en Gijón.

El bullying escolar se suele producir durante el recreo, en la fila para entrar a clase, en los baños, los pasillos, los cambios de clase, al entrar y salir del centro, en el transporte escolar o en el comedor. También puede ocurrir en el aula, cuando el profesor está escribiendo en la pizarra o mientras está atendiendo a otros alumnos.

Es difícil estimar la prevalencia del acoso escolar, pero los expertos en la materia coinciden en señalar que se trata de un problema muy frecuente. «Se estima que entre un 15% y un 50% de los niños y los adolescentes pueden haber sido víctimas de acoso escolar en algún momento», señala Covadonga Díaz-Caneja, investigadora del Instituto de Psiquiatría del Hospital Universitario Gregorio Marañón. «Los datos de prevalencia son muy variables porque dependen mucho de los estudios y de los instrumentos que se utilicen. Hay medidas que se basan en lo que dice el alumno; en lo que dicen el resto de compañeros…». Y agrega que la mayor parte de las personas tenemos riesgo de estar expuestas a este problema a lo largo de la vida.

Fotografía: @infobae

Las causas que originan el bullying dependen de cada caso concreto, aunque suelen tener unas características comunes: el acosador escolar no tiene empatía y, por tanto, es incapaz de ponerse en el lugar del acosado y ser sensible a su sufrimiento

El origen de la violencia del acosador puede venir causado por problemas sociales o familiares, que pueden provocar que el niño desarrolle una actitud agresiva y que en la adolescencia sea violento. «En muchas ocasiones, los acosadores son personas que también han sido acosadas», precisa Díaz-Caneja.

También influyen factores relacionados con el colegio y los profesionales que allí trabajan. El clima escolar es clave, afirma la experta. La psiquiatra resalta los elementos que más inciden: «La convivencia y el hecho de que haya una cultura que no solo prevenga el bullying, sino que promueva otros valores». A largo plazo, se ha comprobado que se obtienen mejores resultados al fomentar lo positivo que al prevenir lo negativo.

Algunos colectivos son más vulnerables y tienen mayor riesgo de ser víctimas de acoso escolar. Son aquellas personas percibidas como diferentes, como los niños con discapacidad, trastornos del espectro autista (TEA), obesidad o dificultades de integración social.

La prevención es fundamental para minimizar y reducir sus efectos cuanto antes. Dado que las causas que motivan el bullying son muy diferentes hay que buscar soluciones al problema mediante una propuesta amplia y abierta contando con el diálogo como la principal herramienta para atajarlo.

Por este motivo precisamente lo sucedido en Gijón el pasado fin de semana nos tiene que hacer reflexionar hasta qué punto se ha obrado correctamente en este caso, especialmente por la comunidad escolar.

Sí, digo bien alto: la comunidad escolar. Ella, y nadie más,  es la máxima responsable de que en su recinto se produzcan estos hechos. Cuando se detecta el más minimo problema de acaso, es la propia comunidad escolar la que debe actuar con contundencia sobre quienes los cometen. A continuación proteger a la victima. A renglón seguido ponerse a disposición de las autoridades. Pero ponerse de perfil no sólo es aceptar que en tu centro se practica el bullying y lo toleras. También que no lo denuncias ni haces nada para impedirlo. Mal. Muy mal. Se llama omisión de socorro.

Qué angustia vital tendría que sufrir la joven Claudia para suicidarse. Y que el colegio hable de ‘fallecimiento’. Y diga que se pone a disposición por ‘si fuera’ necesario’ investigar un caso de bullying me parece una absoluta falta de respeto hacía la familia de Claudia. También hacía la comunidad escolar. El comunicado que emitió el pasado sábado es una manifiesta falta de respeto hacía la víctima y hacía la familia. También hacía su alumnado y sus familias. Claro que la Policía Nacional tendrá que proseguir con las investigación. Sólo espero que sienten delante de Su Señoría a quien sea responsable por acción u omisión. Pero que la vida de Claudia no quede en la cuneta de la Historia de Gijón.

Un colegio no puede ni debe actuar así ante circunstancias tan graves. Me da exactamente lo mismo que sea privado o público. Me reitero: la prevención de este tipo de delitos es prioritaria. La comunidad escolar debe ser la primera barrera. Jamás puede ponerse de perfil.

Fotografía: @CuidatePlus

No podemos permitirnos en este tipo de sucesos sigan ocurriendo entre nuestros jóvenes. Éste no es el camino. Repasando las redes sociales del propio centro escolar, observamos que aparecen multitud de comentarios de ex alumnas que denuncian que ellas también sufrieron bullying. Ello nos lleva a pensar que estamos ante una práctica generalizada en el colegio desde hace décadas. Lo más grave, nadie ha procurado evitarlo intramuros del centro. ¿Dónde queda el código deontológico del centro? ¿La moral y la fé de sus educadores? Como dice una muy amiga mía, es todo tan feo… 

Si no hacemos nada para impedirlo, nos estamos cargando a toda una generación. Precisamente a la que mañana tendrá la responsabilidad de coger las riendas de esta sociedad. No podemos permitirnos estas licencias. Menos todavía que algunas comunidades escoleras actuen ‘blanditas’ ante semejantes atrocidades. Y me da exactamente igual que sea un centro con más de cien años de historia. Quizás por eso su código moral y deontológico debería más exigente para evitar estas situaciones.

Ayer fue el dia del acoso escolar. Estamos a las puertas de unas elecciones autonómicas y municipales. Sólo esperamos que todos los partidos políticos tomen conciencia de que se debe realizar un esfuerzo titánico por combatir esta lacra. Para ello es necesario políticas serias en las que los jóvenes sean los protagonistas de su presente y de su futuro. Sólo espero que el suicidio de Claudia sea el último de jóvenes acosados (o acosadas). Más prevención. Menos soflamas en redes.

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