sanidad

Elecciones (autonómicas y generales) y atención primaria

La convocatoria de las elecciones generales pone sobre la mesa un grave problema, que el gobierno salido de las urnas el próximo 23 de julio deberá atajar más pronto que tarde. Me refiero a la situación de la atención primaria.

Como ya he comentado en varias ocasiones, la pandemia de la Covid-19 ha rasgado de norte a sur un sistema y a colocado a unos profesionales en la cima del caos. No repetiré lo ya comenta do en artículos anteriores. Basta releer el artículo que publiqué el pasado 15 de mayo, «Analizando la Atención Primaria» o el pasado 12 de abril, «Hablando de costes sanitarios en el Día de la Atención Primaria».

Lo he repetido varias veces y no me cansaré de reiterarme. Estamos ante un  sistema que empieza a resquebrajarse, con unos profesionales altamente cualificados, pero agotados profesional, moral y humanamente hablando. En más de una ocasión les he escuchado decir que ellos no viven de los aplausos de los balcones. ¡Claro que no! Necesitan tener sobre sus espaldas un sistema robusto que les proteja, les ayude, y les facilite su trabajo diario. Pero no. Al contrario, lo único con lo que se encuentran cada mañana es con un sistema cada vez más deficitario, con menos recursos y más colapsado.

Decía Shakespeare que las medidas templadas son violentas cuando el mal es violento. No le faltaba razón al dramaturgo británico. Hasta la fecha todo han sido paños calientes y ninguna acción contundente que ponga coto a esta cadena de despropósitos que estamos viendo en la sanidad. No puede ser que la excusa de pandemia de la Covid-19 soporte todo. Tampoco es sensato que se tomen medidas al margen de las sociedades médicas y de los pacientes. Son dos ejes vertebradores del sistema de salud, a los que se debe atender siempre.

Y a todo esto hay otra cuestión no menos importante que no podemos obviar: la inversión en salud. Debería haber un pacto interterritorial entre todas las comunidades autónomas para evitar desigualdades, con el fin de establecer un mínimo común de inversión por habitante en todo el territorio nacional. Los dos grandes partidos políticos están condenados a entenderse en éstas y otras muchas cuestiones.

No hay ninguna duda de que la sanidad es uno de los pilares fundamentales del Estado del Bienestar. Urge que se blinde en todos los territorios. También salvaguardar a los profesionales que a diario dan los mejor que tienen por cuidarnos.

Los gobiernos salidos de las urnas el pasado  de mayo, y el que salga el próximo 23 de julio tiene una más que importante tarea por delante. Evitar que las grietas del sistema de salud se hagan mayores. Como sociedad hay lujos que no nos podemos permitir. Ése uno de ellos. Aquí (como en otras materias) no caben equidistancias ni eslóganes. A los grandes partidos (me reitero) sólo tienen un camino: sentarse en una mesa con todos los agentes implicados. Inevitablemente sociedad médicas y pacientes. Encontrar una solución definitiva para la atención primaria en todo el territorio nacional. Una solución que garantice y fortalezca el sistema para las próximas décadas, considerando que cada vez el porcentaje de personas envejecidas será mayor. Por tanto, el aumento de recursos será superior. Ello unido a la despoblación en muchas zonas de nuestra geografía, originarán que si no se dota correctamente a nuestro actual sistema de atención primaria, a la vuelta de pocos años podemos encontrarnos con un sistema de salud totalmente deficitario (que en parte ya lo es). Lo más grave, colapsado. Un caos absoluto. Mayor que el actual.

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