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Un mito en El Molinón

Hoy se cumplen doce años de la muerte de Manolo Preciado, quién fuera uno de los mejores entrenadores del Real Sporting de Gijón.

En aquella ocasión escribí lo siguiente:

Este tipo de noticias invitan a la reflexión, y te das cuenta de que la vida es injusta, cruel, y despavorida. Se ha llevado a un hombre bueno, a un tipo transparente, como lo definió el ínclito Mou. Una persona que la vida le atizó con desahogo. Primero se cebó en la vida de su mujer; a continuación, su hijo y su padre, víctimas de la carretera. Y cuando parecía que la vida le volvía a sonreír (al menos personalmente),  le volvió a partir el corazón a trizas. Esta vez, definitivamente.

De igual modo que se lo partió cuando a finales del año pasado, a mitad de la Liga, un grupo de parlanchines barriobajeros, cantamañanas baratos, bufones de tres al cuarto, mafiosillos edulcorados, palanganeros mediáticos, y algún que otro bloguero se encargaron de prender la mecha para que fuera destituido como entrenador del Sporting de Gijón. Se marchó cómo llegó: abrazado a una tupida manta de humildad, sencillez, y transparencia.

Así era Manolo. Un tipo con carácter, transparente y valor. Obvio decir que de todos es conocida mi simpatía por cierto entrenador con olor a merengue rancio de cuyo nombre no quiero acordarme. Pero hoy llevaba razón en la carta que ha publicado tras conocer la muerte de su colega.

 

(Fuente: Castilla y León Televisión)

  No voy a insistir. Parece que marchen sólo los buenos, y los malnacidos siempre quedan. Quizás sea cierto, a la vista de lo que se atisba alrededor. Pero lo cierto es que Manolo Preciado fue un tipo ejemplar como ser humano que, en definitiva, es lo que cuenta en esta vida. Los títulos, los cargos de responsabilidad, los nombramientos son efímeros. La maleta que debemos transportar cada mañana es nuestra forma de ser y de actuar. Lo demás, es secundario. Creo que no caminamos por este camino para que, a nuestro paso, nos cubran el camino con pétalos de rosa, sino que lo hacemos para vivir y disfrutar de la vida que, como decía el propio Preciado, son cuatro días.

Fotografía: @elcomerciodigit

Hoy Gijón está de luto. Hoy, en Mareo nadie cree lo sucedido. Las redes sociales y los medios de comunicación se han encargado del resto. El personal se ha movilizado para demostrar a la familia biológica de Manolo que no se encuentran solos. Pueden estar abatidos, pueden hacerse mil preguntas sin respuestas, pero junto a ellos, alrededor, formando una inmensa cadena humana se encuentran quiénes viven el fútbol de verdad: bien sea desde los banquillos desde el césped o desde los despachos. Más allá de colores y equipos. En facebook y en twitter ya se han lanzado mensajes en los que se pide que el Ayuntamiento de Gijón le nombre Hijo Adoptivo y le dedique una calle con su nombre. Pero más allá de eso, lo importante en este momento para los suyos es sentir orgullo triste por alguien que, como dicen por esta tierra, era un paisano de verdad.

Se merece esas prebendas y otras más de esta ciudad en la que jamás fue un extraño. Y es acreedor de estos y otros muchos méritos. Gracias a él, a su persona y a su táctica de trabajo como técnico, la mareona, el sportinguismo, vivió orgasmos colectivos de felicidad con las victorias del Sporting. También se sufrió. Nadie es perfecto. Quién crea que él no sufrió al conseguir que su equipo caminaba hacía el descenso de nuevo, se equivoca. Si no hubiera sufrido, si no le hubiese temblado la piel,  el día de su adiós en Mareo no hubiera dejado la sala de prensa llorando. Ése era el ser humano con el que debemos quedarnos. Así era Manolo, irrepetible.

El fútbol español hoy no conoce de colores rivales, ni de Primera ni Segunda División. Tampoco de fichajes. Hoy sólo tiene manos para entonar el Himno del Sporting mientras mira al cielo comprobando cómo en la Playa de San Lorenzo hoy no sobrevuelan las gaviotas. Marcharon al Sardinero para coger buen sitio y esperar la llegada del cuerpo del técnico cántabro.

Marchó Manolo Preciado. Un ejemplo de ser humano y de profesional del fútbol. Seguro que desde arriba, a finales del mes de Agosto volverá soltar más de un cagamento cuando vea jugar a su querido Sporting. Y al acabar el encuentro, se escabullirá por los rincones de la sala de prensa para poner la nota de color en sus declaraciones que nunca fueron broncas. Circunstancia ésta última que no todos los entrenadores pueden decir lo mismo, aunque se crean divinos, y se pregunten reiteradas veces por qué.

Y al día siguiente volví a escribir sobre el cántabro reconvertido en gijones de pura cepa. Esto:

Fotografía: @LaVanguardia

En torno a la media noche de ayer los aledaños de El Molinón eran un hervidero de personas, sportinguistas unos, deportistas otros, ciudadanos gijoneses todos, que se acercaban el altar improvisado que en la puerta 0 del estadio los seguidores rojiblancos habían elevado en torno a su mito más sportinguista: Manolo Preciado: bufandas, banderas, camnisetas rojiblancasm  mensajes de despedida, velas, lágrimas, emoción contenida.

 La noche era tibia, el aire azotaba con delicadeza y la lluvia caía tímidamente, pero ello no era obstáculo para que los allí presentes recordaran y homenajearan a quién tan abruptamente la vida les había arrebatado de su lado.  Decía Shakespeare que ser honrado tal como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido entre diez mil. Casualidades del destino es lo que ha sucedido con Manolo Preciado. Se le seleccionó entre todos por su honradez, su forma de ser, su carácter, y mil cosas más. Lo decía ayer en este mismo espacio. Era un paisano de verdad, de los que no entienden de prima de riesgo, ni de rescates bancarios, ni de huelgas de transporte. Pero sí, por el contrario, conocen perfectamente lo que significan las palabras amistad, honradez, espíritu deportivo y otras similares. Frases cómo Ni antes éramos la ultima mierda que cagó Pilatos, ni ahora somos el Bayer Leverkusen demuestran a todas luces cómo era este cántabro reconvertido asturiano y, últimamente con extensiones valencianas. Era transparente, sencillo, humilde. Era un paisano, me reitero.

La mejor forma de definirlo lo ha hecho Juanma Castaño. El periodista asturiano y declarado seguidor del Sporting ha escrito en su cuenta de Twitter que “no sé de que manera, pero el Sporting y la ciudad de Gijón tienen que rendir un homenaje inolvidable. Algo a la altura humana de Manolo”. Antes, dio la noticia y añadió: “Ha muerto Manolo Preciado. Él no se consideraba ejemplo de nada. Era mucho más humilde. Pasaba de etiquetas. Su pasión era viajar.”

Y será él precisamente, Juanma Castaño, quién ilustre mi reflexión de hoy viernes sobre el mito Preciado. Hoy ha publicado en varios diarios digitales una carta dirigida al propio Manolo Preciado:

Mi amigo siempre sonreía

Dos días buscándonos y no encontramos el momento. Sus dos últimos días. Él llamaba y yo volaba o presentaba en la tele. Yo llamaba y él comía con la gente del Villarreal para cerrar su contrato. Y venga a ver llamadas perdidas de Preciado yo, y llamadas perdidas de su amigo emigrante él. Y no hubo manera. No pude decirle lo mucho que me alegraba que cogiera un club como el Villarreal y de volver a tenerle en escena. Me daba igual que se convirtiera en rival número uno del Sporting, los amigos son los amigos y a los amigos se les desea lo mejor siempre.

Fotografía: @marca

Preciado, presentado ante la sociedad como un ejemplo de superación era, por encima de todo, un gran amigo. Un tío normal que no cambió ni con el éxito ni con el fracaso, ni con la felicidad ni con la desgracia. Era un vitalista convencido, un apasionado de los viajes, un tipo que esquivaba las etiquetas y que paseaba con la cabeza alta. Siempre sonreía.

Jamás hablé con Manolo de su desgraciada historia familiar. Cuando murió su padre le di el pésame muy rápido, evitando profundizar en el dolor y en los recuerdos que le traían a la cabeza otro tanatorio y otro funeral. De mis conversaciones con él saqué la conclusión de que le molestaba un poco la eterna historia de que era un luchador, un castigado por la vida. Él se presentaba como un entrenador más pero no era así: era una lección de vida para todos los que a diario nos ahogamos en un vaso de agua.

Algo que, por cierto, jamás le dije.

Manolo, cuando llegue a Gijón, antes de nada, lo primero que haré será ir a abrazar a tu amigo Víctor ‘Chaflán’ y a Alejandro ‘Bule’, que están hechos polvo. Comeremos lo de siempre, beberemos lo de siempre y seremos los de siempre. Son mis amigos, que los hiciste tuyos y que te adoraron en vida y te adorarán hasta el fin de sus días. Me dejo a todos los demás, la pandilla que ahora te llora como si hubieran nacido y crecido contigo y que sin embargo te conocieron cuando ese bigote ya estaba lleno de canas. Y qué suerte tuvieron, y qué suerte tuvimos, y cómo vamos a presumir a los cuatro vientos que nosotros fuimos amigos de Manolo Preciado.

Nunca te olvidaré.

Fuente: http://www.sportyou.es/blog/futbol/2012/06/07/mi-amigo-siempre-sonreia-415293.html

Apostillo: Yo tampoco.

 

(Fortagrafía destacada: MiGijón)

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