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Categoría: libros

En el Dia del Libro

Fotografía: @pixabay

Hoy celebramos el Día del Libro, una fecha que trasciende mucho más allá que un simple recordatorio para poner en valor a un sector económico tan pujante y decisivo en nuestra economía como es el sector del libro.

Es la gran oportunidad para dar visibilidad y poner en valor a todo un tejido productivo que en España que en el año 2020 tuvo unas pérdidas de 840 millones de euros, según datos de la Federación de Gremios de Editores de España. Pero en este sentido, también cabe pararse a reflexionar acerca de otro dato de la FGEE. El libro mueve 3.000 millones de euros, lo que supone el 0,8 por ciento del PIB, a lo que se suma el empleo directo e indirecto, o la presencia en el mercado exterior y una “balanza comercial importante”. Por ello, las organizaciones integradas en la Federación de Cámaras del Libro (FEDECALI) hacen un “llamamiento público” a los “gobernantes y al conjunto de los partidos políticos del arco parlamentario” para que establezcan entre sus objetivos prioritarios “una estrategia a largo plazo en favor del libro y la lectura” que permita convertir a España en un “país de lectores”.

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Sin dejar la perspectiva de todo lo expuesto desde un punto de vista económico, el Día del Libro también es el momento para reflexionar sobre la situación que atraviesan todos los agentes implicados en el sector, desde autores a editores; desde bibliotecarios a libreros, diseñadores, o correctores.

Tal día como hoy, el año pasado, en este mismo espacio publiqué un artículo titulado: «Autores, libreros y editores en el Día del Libro», en el que desmenuzaba todos los pormenores de un sector que ha logrado sobrevivir a la crisis derivadas de la pandemia de la Covid-19 gracias a la transformación digital, gracias a su irrupción en el mundo digital.

Entonces escribí:

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Grandes grupos editoriales con sus líneas de distribución y librerías propias siguen marcando el territorio. Y esto perjudica gravemente a las pequeñas librerías. A esas librerías, abrazadas al comercio de proximidad. Estas librerías no pueden competir en igual de condiciones con estas grandes marcas que acaparan un importante porcentaje de ventas por capacidad, distribución, medios y, sobre todo, poder.

(…) Hay que partir de la base de que la inmensa mayoría de las librerías son librerías pequeñas, con una facturación inferior a los 90.000 euros al año. Son comercio de proximidad. Comercios que se concentran en las comunidades más pobladas. Existe una mayor densidad de librerías en el norte de España. Esto unido al crecimiento de las librerías independientes nos sitúa ante un nuevo modelo de negocio. Con menos peso del libro escolar y universitario y más visibilidad en el mundo digital. Otro dato significativo es que el 45% de los libreros señalan que su problema principal estriba en la concentración de las ventas online por parte de grandes plataformas de venta en internet como Amazon, y en el cambio de hábitos en la población en relación con la lectura y la compra de libros en librerías.

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Alguien tiene que ponerle el cascabel al gato Amazon. Dicho de otra forma: el monopolio de ventas de este gigante online debe ser controlado porque ejerce una fuerte discriminación sobre el comercio de proximidad, sobre esas pequeñas librerías de barrio que se las ven y se las desean cada mes para que les cuadren los números.

Otra pata importante del sector del libro es el sector editorial. Sobre ellos, escribí lo siguiente:

“En el día que la UNESCO decidió crear el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, es importante poner el foco también sobre el sector editorial cuya problemática se asemeja en buena parte a la de los libreros. Muchos son autónomos o pymes. En otras palabras, carecen de la capacidad empresarial que tienen los grandes grupos editoriales con sellos de todos conocidos. Hay que poner en valor a esas editoriales independientes, pequeñas, no exentas de riesgos y de dificultades. Pero que, a pesar de eso, siguen apostando por nuevas voces narrativas. Como los agricultores que, a pesar del pedrisco, siguen mimando sus tierras y las trabajan día a día, en busca de un mañana mejor.

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Los editores independientes son esos pequeños héroes de la cadena del libro, muchas veces invisibles, sin cuya apuesta personal y económica (no nos olvidemos),  muchos manuscritos seguirían durmiendo para siempre en un cajón o en el disco duro de cualquier ordenador. Su trabajo es notable, porque en el mejor de los casos, detrás de ellos, hay una suerte de profesionales ‘invisibles’ que logran que el libro se convierta en objeto de codiciado deseo. Me refiero a correctores, ilustradores, maquetadores… cuyo trabajo es imprescindible en la cadena de edición. En la mayoría de los casos su trabajo queda entre bambalinas cuando no debería ser así. De sus procesos, de su esmero y cuidado, depende una buena parte del resultado final del libro. Por eso, el sector de las editoriales independientes es tan importante. Genera muchos puestos de trabajo y mucha riqueza. Y, sobre todo, crea cultura. Algo imprescindible”.

Las editoriales independientes son imprescindibles son el canal de luz necesario e ideal para dar visibilidad a nuevas voces narrativas que, en caso contrario, a pesar de su calidad literaria (manifiestamente contrastada), quedarían injustamente arrinconadas y sepultadas en el cajón del olvido- Por eso hacen un trabajo tan importante, y tan necesario.

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La tercera ‘pata’ del banco del Día del Libro son los autores, que merecen capítulo aparte por su ego desmedido, muchas veces acompañado de un egoísmo exacerbado, que no les deja ver más allá de su propio horizonte.

Sobre este colectivo escribí:

“En esta conmemoración tampoco podía olvidarme de analizar otro sector: el de los autores. Un sector en plena efervescencia continúa. Vivimos un momento de eclosión editorial, en el que todo el mundo quiere editar su obra al precio que sea, y cómo sea. En muchos casos, primando las ventas por encima de la calidad. Craso error. Hoy todo el mundo se auto denomina ‘escritor’. Eso es una falacia, un argumento casposo, una forma ignorante de insultarse a uno mismo. También de insultar a quienes llevan ya un dilatado recorrido a sus espaldas como autores, con contratos editoriales, con varios títulos editados, con visibilidad por parte de la crítica y del público. El mero hecho de publicar un libro (en el mejor de los casos, bajo una auto edición poco ética y menos legal), no te convierte en escritor.

¿Dónde está el contrato el contrato editorial? ¿Y las pruebas del ‘editing’? ¿Y el cruce de correos electrónicos con el corrector y maquetador de la editorial? Si no hay nada de eso, y encima no has puesto dinero, agradece al santo del día que no te hayan estafado. Pon una vela porque la editorial, o supuesta editorial, siga existiendo. En muchas ocasiones detrás de una supuesta ‘marca’ editorial hay empresas de servicios editoriales que en reiteradas ocasiones juegan con las ilusiones, el esfuerzo, y el dinero de los autores. Y una vez cubiertas sus expectativas económicas, sin ningún tipo de pudor ni respeto, se volatilizan sin dejar rastro. Eso sólo tiene un nombre, y no es el de editorial, precisamente.

No digas lo que no es. No presumas de lo que no eres. Se prudente, o la vida te obligará a serlo.   

Fotografía: @elcomerciodigit

Al igual que el médico, cuando acaba sus estudios, hace el MIR para poder ejercer la Medicina y la Cirugía legalmente, la persona que quiera dedicarse formalmente al viejo oficio de escritor debe formarse y conocer a fondo el mundo del libro. Debe aprender a escribir, conocer técnicas y trucos, saber documentarse, leer muchísimo, advertir cuando un texto ‘está rematado’ y cuando precisa una corrección, conocer la legislación en materia de derechos de autor y propiedad intelectual…  Esto es imprescindible en el proceso creativo.

Y luego están las segundas partes. Lo lógico es que la calificación como ‘escritor’ te la pongan. Nunca te la auto pongas. Lo sensato y prudente es que te la pusieran desde el sector editorial, desde la crítica, desde los medios de comunicación. Pero que una persona se auto denomine escritor por el mero hecho de auto publicarse –en el mejor de los casos en Amazon- es un insulto y una falta de respeto.

No se puede publicar cualquier texto por el mero hecho de alimentar el ego personal. Para eso, el personal tiene otras herramientas como Tinder. Para que un texto llegue a las manos de un lector existen dos premisas imprescindibles: la calidad literaria de la obra y la perfecta edición de la propia obra. Sin estas condiciones estamos construyendo demasiados castillos de arena. Y últimamente percibo excesivos egos superlativos en redes sociales y en los escaparates que acabarán estrellándose más pronto que tarde.

Fotografía: @covisn

“Para ser un buen escritor, hay que escribir por el mero hecho de escribir sin ansias de publicar”, decía un conocido poeta aragonés. Pero parece ser que esta teoría no va con  los que a diario te inundan tus perfiles sociales y tus buzones de correo, anunciándote que compres la mejor obra literaria jamás publicada. O sea su libro. No se dan cuenta que cada vez que pulsan el botón de ‘enviar’, con este tipo de hazañas están un paso más cerca del ostracismo más absoluto. Ya lo decía Agatha Christie: «Cuando no hay humildad las personas se degradan». Es la radiografía más evidente de muchos que se autodenominan escritores”.

Pero en el Día del Libro, dejando a un lado los egos personales,  es el momento de reivindicar de forma definitiva el hábito de lectura como terapia ante los problemas de nuestro día a día, pero también como costumbre de vida. Como dijo Ana María Matute, «la lectura es una fábrica de sueños». Seguro que compartiréis conmigo la teoría que el ser humano necesita soñar a diario para evadirse de su entorno, más próximo y más lejano. Pero sobre todo, como dice Covi Sánchez, Presidenta de la Asociación de Escritores Noveles, y miembro del Comité de Honor del V Congreso de Escritores porque «un libro es la puerta de acceso a la imaginación, dónde realidad y ficción se funden, y todo es posible…».

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«Volver a empezar», esa excelente película…

Fotografía: @rtve

El cine es esa expresión artística, junto a literatura, el arte  o  la música, que nos permiten viajar a otros universos cosmopolitas. Nos concede el don de adentrarnos en mundos que nos sumergen en aventuras inolvidables y maravillosas. ¿Quién no recuerda películas extraordinarias que atesoramos en nuestra mente y en nuestro corazón y que, por unas horas, nos han convertido en las personas más felices del universo? El cine nos permite disfrutar en la gran pantalla de actores y actrices que dan vida a historias inolvidables, que guardamos para siempre en nuestra mente y en nuestro corazón.

Una de esas películas es «Volver a empezar», esa excelente película dramática dirigida por José Luis Garcí en 1981, estrenada en 1982, y ambientada en Gijón. Como suele pasar habitualmente, en un principio fue repudiada por la crítica española, pero Estados Unidos la acogió con los brazos abiertos hasta el punto que obtuvo el premio Óscar a la mejor película extranjera, que hasta entonces ninguna producción española había ganado. Este galardón la catapultó en España, siendo un éxito de taquilla.

«Volver a empezar» cuenta la historia de un exiliado que tras la restauración de la democracia en España, regresa a su ciudad natal, en dónde se encuentra con la mujer que fue el amor de su vida.

Fotografía: @Elcomercio

Pero no estamos ante un exiliado cualquiera. Estamos ante un profesor de la Universidad de Berkeley, que ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Esta peculiaridad personal del protagonista confiere a la película muchos matices destacables que de otra forma no se darían.

Se han cumplido cuatro décadas de aquella ‘gesta’. Ayer en el diario El Comercio, José Luis Garci declaraba: «Lo curioso es que la película no gustó cuando se estrenó, pero luego ganó el Oscar y se veía de otra manera». Ayer, en Gijón, hubo una ausencia imprescindible. Él. José Luis Garcí. El argumento de que «porque no conozco a nadie. Toda la gente que conocía se ha muerto, empezando por mi padre, siguiendo por José Manuel Fernández, Juan Cueto, Juan José Plans, todos… No me queda ninguno» no sirve. No vale.

Fotografía: @abc_es

Ayer por la mañana, en la puerta del mítico Hotel Asturias, y, por la tarde, en el Teatro Jovellanos José Luis Garci no debía haber fallado a la ciudad que le hizo Hijo Adoptivo, pero principalmente a la ciudad que le catapultó al Oscar a la mejor película extranjera. En la vida hay que saber estar, y ayer Garci no supo estar. El cine, como la literatura, el arte,  o la música, están por encima de las ideologías o siglas políticas.

En la edición de ayer viernes del diario El Comercio Miguel Rojo, responsable de la sección de cultura del diario, afirmaba que «el nombre de José Luis Garci (Madrid, 1944) quedará para siempre ligado a la historia del cine español, pues suyo es el honor de ser el primer director de este país en traerse un Oscar de Hollywood para casa. Y todo con una película muy alejada del cine comercial que se hace ahora, un film intimista, reflexivo, de personajes y sentimientos, sin efectos especiales. Un film con un protagonista de excepción, Antonio Ferrandis, pero no solo él y Encarna Paso se llevaron los aplausos: la ciudad de Gijón, que se adueña de la narración hasta compartir protagonismo con ellos, excepcionales, es también uno de los personajes principales». Todos esos valores, que comparto íntegramente, de principio a fin, quedaron ayer diluidos como la arena de la bahía de San Lorenzo, absorbida por una ola del Cantábrico ante una ‘espantá’ tan vacía de argumentos, como la que ha dado el director de cine ante un aniversario tan especial como éste. Mi padre siempre me dijo: «lo que bien se hace, bien parece». Pues eso…

Fotografía: @Elcomercio

Centrándonos en el Gijón que Antonio Miguel Albajara se encontró en su regreso a casa, es importante reflexionar cómo era aquella ciudad en 1981.  Hay que ser conscientes que Gijón no siempre fue una ciudad cómo la actual, articulada, conectada (más o menos), con espacios de ocio públicos, con una extensa red de bibliotecas, de centros municipales y de salud, con fachadas saneadas, y con un puerto deportivo activo, y un puerto de mercancías referencia nacional.

En 1981, Gijón se encontraba imbuida en plena crisis de la siderurgia, el sector naval y el sector textil.  El Gijón que tanto embelesó a Albarajara,  era un Gijón primitivo; un Gijón malsano, con muchos poblados chabolistas asentados en las inmediaciones de la ciudad y con muchas ciudadelas en los patios de manzanas de diferentes zonas de la ciudad (Cimadevilla; el callejón de las Fieras; de La Arena; las de Celestino Solar; y la Carpintería; y de El Natahoyo, como la de El Cortijo). Esto se acompañaba de unas pocas industrias incrustadas en el corazón de la ciudad, que realmente eran su lentísimo motor económico.

Fotografía: Noticias del Sporting

Como bien señaló ayer también el diario El Comercio, el estadio de El Molinón (hoy conocido por El Molinón Enrique Castro Quini), es la catedral laica de Gijón, el campo en activo más antiguo de España. Para Garcí, uno de sus lugares favoritos, por su color verde, por su significado. El estadio, la escuela de fútbol de Mareo, y el mismísimo equipo de fútbol tenían que tener su visibilidad argumental en la película. Y hablando del Sporting, es imposible no recordar a José Bódalo, que interpreta el papel de Roxu, el mejor amigo de Albajara, un médico que pertenece a la junta directiva del club.

¿Y qué decir del papel que interpreta Encarna Paso?  Elena, esa mujer que tenía guardada en su corazón y en mente a quien fue el verdadero amor de su vida: Antonio Albajara,

El Hotel Asturias es otro de los escenarios imprescindibles de la película. Junto a este enclave mítico de la ciudad, es imprescindible no olvidar a su gerente (en la película): el peculiar Gervasio Losada, interpretado magníficamente por el gran Agustín González.

Fotografía: @Elcomercio

En resumen, una película excelente, con unos actores de lujo,  en un Gijón, que se dejaba la piel por pasar del gris al color,  que envuelve, enamora,  y emociona a partes iguales.

Dice el periodista César Cajete que los medios de comunicación tienen la obligación de informar, formar y entretener. Me apropio de esa frase de mi amigo y maestro para trasladarla al cine, especialmente a «Volver a empezar». Esta gran película entretiene porque te distrae;  informa de que cómo era la sociedad gijonesa y asturiana de la época;, y forma porque cualquier película bien hecha, como ésta, siempre te impregna de ‘ciertos grumos’, que diría el Profesor Emilio Lledó, que te acompañan para siempre. Esta gran película reúne todos los ingredientes de una gran súper producción. Otro mérito de Garci y del elenco de actores que le acompañaron.

Fotografía: @RTPAOficial

No en vano, un Oscar no se gana cada mañana. Hay demasiados potingues que convierten este film en la gran película española de la segunda mitad del siglo XX. Como todas las grandes súper producciones que están bien hechas (y subrayo esta última frase), nos dejó una excelente reflexión. La dedicatoria de su director. Ésta:

«Quiero rendir homenaje a los hombres y mujeres que empezaron a vivir su juventud en los años treinta; y en especial, a los que aún están aquí, dándonos ejemplo de esperanza, amor, entusiasmo, coraje y fe en la vida. A esa generación interrumpida, gracias».

 

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Paco Martínez Soria, cateto aragonés, que fue el rey de la comedia

Fotografía: @elmundoes

El cine es una de los mejores instrumentos para reflejar la sociedad en cualquiera de sus vertientes. No podemos negar que el cine, como cualquier medio de comunicación, tiene esa faceta tan necesaria y tan importante de formar y entretener a la población. Durante años, en España hemos tenido enormes ejemplos de grandes actores y actrices que, durante décadas y décadas, han reflejado la más pura esencia de nuestra sociedad.

Un claro exponente de ese elenco de esos actores es el turiasonense Paco Martínez Soria, del que ayer se conmemoró cuatro décadas de su fallecimiento. No cabe ninguna duda de que este aragonés no necesitaba alfombra roja alguna, ni apesebrarse al abrigo de ningún director vanidoso, para ser un excelente actor. Sus méritos le avalaban, y le convirtieron en un actor de referencia durante la década de los 60 y 70.

Sus comedias no sólo reflejaban una sociedad que, a duras penas intentaba transformar su color gris en multicolor. También nos dejaban magníficas lecciones de vida, de las que siempre había (o hay) mucho que aprender.

Sin ningún género de dudas, Paco Martínez Soria fue el rey de la mejor comedia española durante todo el tiempo que pisó los escenarios. Con más de 35 títulos a sus espaldas, ¿Quién no se acuerda de «La ciudad no es para mí» o «Abuelo made in Spain», por ejemplo…?

Fotografía: @YouTubeEspanol

Este gran actor fue un referente para muchos otros actores. Como bien dijo en cierta ocasión Paco León: «él todavía estaba en 1º de Don Paco» (como si Martínez Soria fuera en sí mismo una cátedra y los demás iban aprendiendo de él). Ayer esta anécdota fue recogida en la edición de Heraldo de Aragón.

Ese personaje pueblerino, con boina y con acento baturro, que caminaba por la ciudad de manera desconcertada y patidifusa se transformó en un protagonista adorable y querido por el gran público que lo catapultó de manera inmediata al pódium más alto del mejor cine español de la época.

Han pasado cuarenta años de su desaparición, y todavía hoy este gran actor continua en el imaginario colectivo de muchas personas, aunque sólo sea en su faceta cinematográfica. Paco Martínez Soria fue mucho más que un actor de comedia y de humor. Fue «un gran empresario de teatro que empieza desde abajo» escribe Oscar Abad, que acaba de publicar  «Don Paco Martínez Soria. Aplausos y mutis».

Fotografía: @rtve

Pantalones de pinza, abrigo largo, bufanda de cuadros y la boina. Carga en sus manos una maleta, una cesta de mimbre con unos “polluelos del pueblo” para su hijo el médico y cuadro de “la Antonia”, su mujer. Cansado y asombrado ante el bullicio y tráfico de la gran ciudad. Es Agustín Valverde que acaba de llegar en tren a Madrid para vivir una nueva vida junto a su hijo una vez que ha quedado viudo.

Es la imagen del ‘cateto de pueblo’ que llega a la ciudad en «La ciudad no es para mi» que ayer emitió Televisión Española en homenaje al gran actor de Tarazona.

Paco Martínez Soria falleció el 26 de febrero de 1982 en Madrid tras sufrir una angina de pecho. Este gran aragonés, al que por cierto Aragón no ha homenajeado todavía como se merece, se encontraba en la capital de España. Estaba ensayando la obra «¡Guárdame el secreto, Lucas!» que nunca llegó a estrenar.

Fotografía: @larazon_es

Como ya me he referido anteriormente, el valor añadido en todas sus películas era el mensaje subliminal que nos dejaba en los labios. Siempre detrás de cada titulo había una lección de vida, de cómo entender la sociedad del momento (también la del futuro), y de cómo gestionar valores, actitudes, y relaciones entre personas.

Personas como Paco Martínez Soria han marcado una etapa importante en la vida de muchos españoles, y, a través de su trabajo y de su manera de entender la vida, nos dieron las pautas y los instrumentos para hacer una sociedad más equilibrada, más justa, y mejor. La pregunta es: ¿lo hemos conseguido?

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Aderezando los recursos humanos con una brizna de literatura

Fotografía: @joseajarne

El pasado viernes, el edificio gijonés de la antigua Escuela de Comercio acogió la presentación de un libro singular, tanto por su contenido como por su continente. «RRetos HHumanos. Tiempos de pandemia» (Editorial Kolima) es un libro escrito desde un prisma literario pero con la visión de la empresa; que es lo mismo que decir que estamos ante un libro escrito desde los ojos de la vida misma. Once directivos y su asesor literario se han sumergido en el mar literario para plasmar, a través de otros tantos relatos, situaciones reales de la vida desde el reflejo de la empresa.

La presentación fue innovadora, transgresora de principio a fin, fresca, motivadora, emotiva,  y, sobre todo, ágil. Los protagonistas fueron muy hábiles al juntar todos los ingredientes que debe tener un buen acto. Los batieron y lograron el objetivo primero y último: mantener viva la atención de los invitados y que el evento no se perpetúe en el tiempo. Ello, unido a la naturalidad de Covi Sánchez, presidenta de la Asociación de Escritores Noveles, que presentaba el acto, envolvió la escenografía en una diadema de sobriedad y atrevimiento, de realidad y meticulosidad, que pocas veces se vislumbra en el sector literario.

En medio de esta explosión de sabores y colores, hubo también un momento para la emoción. Como bien dice mi amigo Gerardo Correas, Presidente de la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo y de la Escuela Internacional de Protocolo, «un evento tiene que emocionar y comunicar». De lo contrario, «habremos perdido el tiempo y los recursos». La presentación del viernes no sólo emocionó y comunicó, sino que dejó un muy buen sabor de boca por los motivos ya expuestos, y otros muchos.

Fotografía: @joseajarne

Me reitero. Hubo un momento para la emoción. No estaban todos los que eran. Faltaba  Juan Antonio Esteban, director de Recursos Humanos de ALSA. Falleció de cáncer el pasado día 28 de agosto, y no llegó a ver este libro editado. Su relato es un homenaje a su mujer, Lourdes Dorronzoro, fallecida en 2020 tras luchar contra esa misma enfermedad. Muchas veces la vida es cruelmente caprichosa, y destroza familias, como en este caso. Pero Juan Antonio Esteban estuvo el viernes en la Escuela de Comercio. Además de la fotografía que presidía la mesa de presidencia (eso es cuidar los detalles de un evento), el presidente de su empresa, Jacobo Cosmen Menéndez-Castañedo acompañado de otros directivos de la empresa de viajeros por carreteras acudió, e intervino en el acto, homenajeando a su directivo.

Pero si el acto fue maravilloso en cualquiera de sus planos, el libro no se queda atrás. Doce directivos, doce relatos, doce historias de vida no es fácil combinar este triunvirato. Como bien decían en tono irónico, la disciplina castrense de Manuel Pozo se encargó del resto. Y de esa disciplina, de esas ganas de contar historias de vida desde los ojos de un directivo, vieron la luz doce magníficos relatos. Unos textos que nos hablan de la España de 2034, del paso de la vida laboral a la jubilación, de los retos sociales de la pandemia de la Covid-19, de los reencuentro con el pasado, de la discapacidad, del cáncer, del miedo escénico, de la búsqueda de empleo a partir de los 50, del voluntariado con gente mayor, del divorcio, de la adaptación de las nuevas tecnologías a los mayores… Con un prologuista de lujo: Antonio Garrigues Walker. Con estos ingredientes nada podía salir mal.

Fotografía: @elcomerciodigit

Lo mejor del libro, además del mensaje implícito de cada relato que es para saborear despacio, como se saborean los buenos platos de la variada gastronomía asturiana, es el mensaje implícito y explicito que extraes en cada conversación hablando ‘en las distancias cortas’ con cada uno de los autores. En definitiva, te tropiezas con directivos que, con una habilidad asombrosa, son capaces de ir cambiándose de ropa a la velocidad de la luz. Tan pronto te hablan desde su experiencia empresarial y directiva, como te dan una opinión acerca de su experiencia literaria. Eso no sólo enriquece la conversación y anuda la amistad, sino que te da diferentes perspectivas sociales, empresariales, económicas o políticas en las que merece la pena detenerse.

Fotografía: @joseajarne

Esta aventura literaria no puede acabar aquí. Tienen mucho más que aportar como directivos. El mundo de la empresa necesita mentes despejadas, personas con ideas claras como las de ellos. Pero también es necesario, en un plano literario, dar visibilidad, a estas nuevas voces narrativas que, desde su doble vertiente, tienen tanto que aportar al sector del libro. Y, sobre todo, darán tanto que hablar por la riqueza de sus textos, y por lo que transmiten.

No cabe duda que la calidad literaria es absolutamente necesaria para que un texto ‘sea redondo’. Pero si a eso le añadimos una visión profesional desacomplejada, objetiva, seria y rigurosa, el éxito está asegurado. Es lo que ha conseguido ‘Manuel Pozo y su ejército’ con este libro. Pero el viernes, cuando terminó la presentación nos quedamos con ganas de un nuevo libro. Sería justo y necesario.

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Arranca una semana de diez días…

Fotografía: @snegra

Hoy arranca una nueva edición de Semana Negra. Y vamos ya por la XXXIV edición desde que Tini Areces y Paco Taibo la pusieron en marcha en los aledaños de El Musel, allá a finales de los años ochenta.

Mucho llovió desde entonces. Mucho la manosearon desde entonces. Fue la novia del baile y el muerto en el entierro. También la muñeca de la tómbola que todo el mundo quiere y el feriante –en este caso, los gijoneses- no se la dejan arrebatar.

Se pueden contar por cientos y cientos los autores nacionales e internacionales que han pasado por los diferentes escenarios ‘gijonudos’ de esta semana de diez días, en dónde los libros, y el churro –para Taibo- conviven en armonía y sobre todo, en libertad.

Y no cabe duda, que como todo proyecto que nace, se consolida, y despega detrás hay una persona que es su ‘alma mater’, su espíritu suelto –o no tan suelto-  que le da alma, corazón y vida, de forma autónoma, sensata, y coherente a la vez. Semana Negra ha llegado a dónde ha llegado gracias a todo un equipo de personas que año a año se han remangado al sol y a la sombra. Gracias especialmente al tesón de Paco Ignacio Taibo. Fue él quien la impulsó, la consolidó. Catapultó hasta Gijón, a grandes plumas del panorama literario nacional e internacional que le han dado un plus de calidad literaria sobradamente reconocida. Sin este impulso personal del asturmexicano, claro que existiría Semana Negra, pero Gijón no estaría en el mapa mundial de festivales de género negro como referente indiscutible.

Fotografía: @elcomercio

Se echa mucho en falta a Taibo en la Semana Negra. Las tertulias de primera hora de la tarde, en la que aglutinaba a diez o quince autores cada tarde, y diseccionaba con maestría ejemplar cualquier materia del panorama literario o editorial. Y qué decir de los coloquios en los que participaba; la anécdota de toda una vida consagrada al mundo del libro estaba garantizada. O la presentación de un libro, cuya disección por su parte era tan minuciosa que por tu mente desfilaban personajes y escenas del libro de tal forma que parecía que los estabas viendo en directo.

Se ha cuestionado –y se cuestiona mucho- ciertos aspectos de la organización de este festival. Ciertamente, como decía mi madre, «este cocido lleva moscas». Quien tenga que entrar en ese jardín que entre; pero hoy yo no lo haré. Si es verdad, que cualquier vivienda necesita que sus vecinos se paren de vez en cuando y analicen cómo están haciendo las cosas. A partir de ahí, se debe actuar en consecuencia…

Fotografía: @libertaddigital

Hoy arranca de nuevo la Semana Negra, con una nueva ubicación, junto a los Jardines de la Reina y el Puerto Deportivo. Diez días de presentaciones de libros, debates, coloquios en los que Gijón volverá a oler a libros y a literatura. Pero volverá a lucir a nivel nacional e internacional como referente del género porque la Villa de Jovellanos será un carrusel de idas y venidas de autores, editores, libreros, ilustradores que, en libertad, pondrán en las manos de los gijoneses y foráneos su obra y su palabra. Un regalo en tiempos de tormenta.

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Darse a los demás es la esencia de la política

Cuando en el año 2016 tuve la fortuna de conocer al Prof. Emilio Lledó, con motivo del III Congreso de Escritores celebrado en Gijón, fue todo un baño de humanidad, humildad, continúo aprendizaje, sabiduría y sencillez sIn límites.

Sus palabras no dejan indiferente a nadie. Su opinión, prudente pero docta, culta pero actual, es todo un carrusel de sabiduría y conocimiento sIn final. Da igual hablar de libros, que de filosofía, que de educación, que de política… don Emilio tiene la palabra exacta siempre para la pregunta concreta.

Hace un rato he descubierto unas declaraciones suyas sobre la esencia de la política que son de candente actualidad; palabras sabias que debían escuchar alguno -y alguna- que a diario pisan moqueta y tendrían que tomar nota de las palabras de don Emilio. De éstas y otras.

Emile Lledó es la revolución de la palabra. Es sabiduría en estado puro. Es un viaje a la Grecia clásica pero también a Kant o a Voltaire. En resumen, es un sabio al que hay leer y escuchar. Su palabra y sus libros son el mejor antídoto ante la estupidez y el ruido. Y ante los palmeros envueltos en siglas y banderas. Da igual el color y la procedencia.

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Más Irene Vallejo y menos ruido…

Leo en el diario El País una entrevista que mantuvo recientemente la autora zaragozana Irene Vallejo en Matadero Madrid con la periodista Inés Martín. Como ya nos tiene acostumbrados la flamante autora de «El Infinito en un junco» no dejó indiferente a nadie, porque sus libros y sus palabras siempre calan como cala la lluvia en los eternos inviernos asturianos.

Fotografía: @madeinzaragoza

Entre otras muchas perlas, la premiada con el Premio Aragón 2021 y también galardonada con el Premio Nacional de Ensayo dejó infinidad de ‘regalos’ en forma de palabra, entre los que cabe destacar: «El conocimiento es un enorme poder y muchas veces, cuando se intenta apartar, es para tener el control. Las lecturas permiten que el saber abandone los círculos privilegiados y que se extienda». Esta reflexión tiene su aquel, ya que existen colectivos a los que nos les interesa que coexista una sociedad y, lógicamente, unos individuos con el ‘pensamiento crítico’ que ofrece la lectura, con la capacidad de opinar por si mismos que nos brinda la cultura.

Hay un sector social que esto no lo digiere, se les indigesta, y luego se envuelven en banderas rancias más típicas de la calle Rue del Percebe que de un país en libertad como España. Una sociedad libre y con capacidad crítica, como hemos visto estos últimos meses, es capaz de reconducir su destino. Pero a algunos esto no les interesa. Pomadita.

Irene Vallejo tiene muy claro, y lo demuestra de palabra y de obra, su amor por la escritura: «En los momentos de catástrofe la gente sigue buscando los libros. Tendemos a pensar que la cultura es algo ornamental para tiempos prósperos. Pero en las cuevas ahuyentaban al miedo, a la oscuridad y a los depredadores con historias. Junto al calor del fuego encontraron las palabras, que es otra forma de protección». Efectivamente… los libros, las palabras son ese elixir de paz para los momentos más difíciles de la vida, cuando ésta te muestra su arista más punzante para dejar la cicatriz más profunda. De sobras es conocida la importancia de la biblioterapia en la vida de las personas… Por esta razón, y otras muchas, los libros no morirán nunca. Son ese flotador que necesitamos en los momentos difíciles.

Fotografía: @elcultural

Y esto ha quedado reflejado durante la pandemia. La cultura, los libros, han sido esenciales y absolutamente necesarios para que la población pudiera digerir el confinamiento, la enfermedad, los adioses, la ausencia de abrazos, y las distancias en paz.

Es evidente que la sociedad necesita muchas más Irene Vallejo. Autoras (y autores)  como ella son absolutamente necesarias. Sepultan el ruido, y lo alejan. Son un rayo de esperanza y una luz que ilumina el túnel del dia a dia de los individuos,  dando brillo y esplendor allí donde algunos se empeñan en pintar las paredes de negro. Pero la autora zaragozana, con sus libros y sus palabras,  ilumina todo con luz propia. Brilla por si misma. Y no todos los autores pueden decir lo mismo. Y además lo hace desde la humildad, la sencillez, y sin likes. El mérito aún es mayor. Pese a quien pese.

 

 

Se puede leer todo el artículo aquí. de referencia. Merece la pena.

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Autores, libreros y editores en el Día del Libro

El viernes se celebró el Día del Libro. Fue una fecha de reivindicación de un sector que en esta pandemia no ha resultado demasiado dañado. La venta online ha frenado lo que podía haber sido un gran cataclismo para muchas librerías. Sin embargo no es cuestión de voltear las campanas al son de himnos victoriosos. Ni mucho menos.

Fotografía: @periodicoaragon

Grandes grupos editoriales con sus líneas de distribución y librerías propias siguen marcando el territorio. Y esto perjudica gravemente a las pequeñas librerías. A esas librerías, abrazadas al comercio de proximidad. Estas librerías no pueden competir en igual de condiciones con estas grandes marcas que acaparan un importante porcentaje de ventas por capacidad, distribución, medios y, sobre todo, poder.

Por esta razón, en el aniversario del fallecimiento de Cervantes y Shakespeare es el momento de  analizar diferentes cuestiones de vital importancia para un sector que, globalmente, si ha resultado muy perjudicado. No perdamos la perspectiva que detrás de muchas ‘marcas’ hay un autónomo o una Pyme.

Hay que partir de la base de que la inmensa mayoría de las librerías son librerías pequeñas, con una facturación inferior a los 90.000 euros al año. Son comercio de proximidad. Comercios que se concentran en las comunidades más pobladas. Existe una mayor densidad de librerías en el norte de España. Esto unido al crecimiento de las librerías independientes nos sitúa ante un nuevo modelo de negocio. Con menos peso del libro escolar y universitario y más visibilidad en el mundo digital. Otro dato significativo es que el 45% de los libreros señalan que su problema principal estriba en la concentración de las ventas online por parte de grandes plataformas de venta en internet como Amazon, y en el cambio de hábitos en la población en relación con la lectura y la compra de libros en librerías.

Esto nos lleva a una conclusión: el monopolio de ventas online que lidera Amazon tiene que ser controlado y vigilado de cerca. Esto redundará en beneficio de todos. De autores, que verán como los procesos editoriales online son más transparentes; y de libreros, que no se verán tan amenazados por el gigante del comercio electrónico.

Fotografía: MAPS123

En el día que la UNESCO decidió crear el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, es importante poner el foco también sobre el sector editorial cuya problemática se asemeja en buena parte a la de los libreros. Muchos son autónomos o pymes. En otras palabras, carecen de la capacidad empresarial que tienen los grandes grupos editoriales con sellos de todos conocidos. Hay que poner en valor a esas editoriales independientes, pequeñas, no exentas de riesgos y de dificultades. Pero que, a pesar de eso, siguen apostando por nuevas voces narrativas. Como los agricultores que, a pesar del pedrisco, siguen mimando sus tierras y las trabajan día a día, en busca de un mañana mejor.

Los editores independientes son esos pequeños héroes de la cadena del libro, muchas veces invisibles, sin cuya apuesta personal y económica (no nos olvidemos),  muchos manuscritos seguirían durmiendo para siempre en un cajón o en el disco duro de cualquier ordenador. Su trabajo es notable, porque en el mejor de los casos, detrás de ellos, hay una suerte de profesionales ‘invisibles’ que logran que el libro se convierta en objeto de codiciado deseo. Me refiero a correctores, ilustradores, maquetadores… cuyo trabajo es imprescindible en la cadena de edición. En la mayoría de los casos su trabajo queda entre bambalinas cuando no debería ser así. De sus procesos, de su esmero y cuidado, depende una buena parte del resultado final del libro. Por eso, el sector de las editoriales independientes es tan importante. Genera muchos puestos de trabajo y mucha riqueza. Y, sobre todo, crea cultura. Algo imprescindible.

En esta conmemoración tampoco podía olvidarme de analizar otro sector: el de los autores. Un sector en plena efervescencia continúa. Vivimos un momento de eclosión editorial, en el que todo el mundo quiere editar su obra al precio que sea, y cómo sea. En muchos casos, primando las ventas por encima de la calidad. Craso error. Hoy todo el mundo se auto denomina ‘escritor’. Eso es una falacia, un argumento casposo, una forma ignorante de insultarse a uno mismo. También de insultar a quienes llevan ya un dilatado recorrido a sus espaldas como autores, con contratos editoriales, con varios títulos editados, con visibilidad por parte de la crítica y del público. El mero hecho de publicar un libro (en el mejor de los casos, bajo una auto edición poco ética y menos legal), no te convierte en escritor.

¿Dónde está el contrato el contrato editorial? ¿Y las pruebas del ‘editing’? ¿Y el cruce de correos electrónicos con el corrector y maquetador de la editorial? Si no hay nada de eso, y encima no has puesto dinero, agradece al santo del día que no te hayan estafado. Pon una vela porque la editorial, o supuesta editorial, siga existiendo. En muchas ocasiones detrás de una supuesta ‘marca’ editorial hay empresas de servicios editoriales que en reiteradas ocasiones juegan con las ilusiones, el esfuerzo, y el dinero de los autores. Y una vez cubiertas sus expectativas económicas, sin ningún tipo de pudor ni respeto, se volatilizan sin dejar rastro. Eso sólo tiene un nombre, y no es el de editorial, precisamente.

No digas lo que no es. No presumas de lo que no eres. Se prudente, o la vida te obligará a serlo.

Fotografía: @grupotecnoweb

Al igual que el médico, cuando acaba sus estudios, hace el MIR para poder ejercer la Medicina y la Cirugía legalmente, la persona que quiera dedicarse formalmente al viejo oficio de escritor debe formarse y conocer a fondo el mundo del libro. Debe aprender a escribir, conocer técnicas y trucos, saber documentarse, leer muchísimo, advertir cuando un texto ‘está rematado’ y cuando precisa una corrección, conocer la legislación en materia de derechos de autor y propiedad intelectual…  Esto es imprescindible en el proceso creativo.

Y luego están las segundas partes. Lo lógico es que la calificación como ‘escritor’ te la pongan. Nunca te la auto pongas. Lo sensato y prudente es que te la pusieran desde el sector editorial, desde la crítica, desde los medios de comunicación. Pero que una persona se auto denomine escritor por el mero hecho de auto publicarse –en el mejor de los casos en Amazon- es un insulto y una falta de respeto.

No se puede publicar cualquier texto por el mero hecho de alimentar el ego personal. Para eso, el personal tiene otras herramientas como Tinder. Para que un texto llegue a las manos de un lector existen dos premisas imprescindibles: la calidad literaria de la obra y la perfecta edición de la propia obra. Sin estas condiciones estamos construyendo demasiados castillos de arena. Y últimamente percibo excesivos egos superlativos en redes sociales y en los escaparates que acabarán estrellándose más pronto que tarde.

Fotografía: Librería Acuarel

“Para ser un buen escritor, hay que escribir por el mero hecho de escribir sin ansias de publicar”, decía un conocido poeta aragonés. Pero parece ser que esta teoría no va con  los que a diario te inundan tus perfiles sociales y tus buzones de correo, anunciándote que compres la mejor obra literaria jamás publicada. O sea su libro. No se dan cuenta que cada vez que pulsan el botón de ‘enviar’, con este tipo de hazañas están un paso más cerca del ostracismo más absoluto. Ya lo decía Agatha Christie: «Cuando no hay humildad las personas se degradan». Es la radiografía más evidente de muchos que se autodenominan escritores.

En el Día del Libro es el momento de continuar recorriendo el camino juntos editores, autores y libreros, sin vetos estúpidos (como hacen algunos). Sólo así, desde la unidad y desde la humildad más absoluta este colectivo conseguirá vencer los grandes retos que tiene por delante. Desde el trabajo conjunto. No podemos estar satisfechos con lo logrado hasta ahora. Queda mucho por hacer. Pero sólo se saborearán las mieles del éxito si los tres colectivos trabajan en un único objetivo. Dejando a un lado egos personales. Como dicen los gallegos, haberlos haílos. Especialmente por quienes siendo unos ‘don nadie’ se creen dioses. Urge humildad y decencia a partes iguales en vena.

 

 

 

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Gabo y Macondo, siete años después

Fotografía: @elcultural

Hoy se cumple el séptimo aniversario de la muerte de Gabo. Hoy se cumplen siete años de la desaparición de Gabriel García Márquez. El Premio Nobel está considerado uno de los más grandes escritores de toda la Historia de la Literatura universal. Gabo tuvo un don especial para para convertir el famoso realismo mágico en el mejor atajo a nuevas realidades, como bien ha señalado Alberto Piernas.

Gabo vio la luz de las estrellas por primera vez un 6 de marzo de 1927 en Aracataca, un lejano pueblo de la región de Magdalena, en el Caribe colombiano.

Era conocido como el “hijo del telegrafista” y desde niño  se crió con su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, un veterano de la Guerra de los Mil Días. No estaban solos. Con ellos, su abuela, Tranquilina Iguarán, una exclusiva Scherezade con problemas de ceguera cuyos cuentos marcarían la visión cósmica de su nieto.

A pesar de que en 1947 comenzó a estudiar Derecho en Bogotá para condescender ante su padre, el destino de Gabo estaba unido a la literatura: clubes intelectuales, trabajos como reportero y un primer cuento enviado al diario El Espectador. Así le demostraría a su editor jefe que la suya no era una generación de escritores perdidos y mediocres.

Tal fue el éxito que en 1955 se publicaba “La hojarasca, novela corta que ya mencionaba cierto pueblo llamado Macondo desligado del resto del mundo.

Durante dieciocho meses, entre 1965 y 1966, García Márquez escribió “Cien años de soledad” en un apartamento de Ciudad de México.

Fotografía: @el_pais

Preso de una inspiración tan desbordante como caprichosa, algunas noches lloraba desconsolado mientras su esposa, Mercedes Barcha, gran aliada y compañera, subía a la segunda planta para empujarlo a condensar quince años de creación en una sola obra. El proceso también contó con una red de amigos intelectuales que sugerían referencias y correcciones a modo de Telegram rústico. Era el plan definitivo para conectar el cordón umbilical de un continente con el mundo de los sueños.

Cuando la editorial Sudamericana, en Argentina, pidió a Gabo un primer borrador de seiscientas cuartillas de “Cien años de soledad”, su vida entraba en jaque al haber empeñado todas sus propiedades para escribir la novela. En menos de un mes se vendieron los 8.000 ejemplares impresos de la primera edición.

Para la crítica literaria, esta novela supuso ‘un espejo de América Latina’ a través del conocidísimo realismo mágico; esa corriente literaria que pasa por unir la realidad cotidiana con  la magia, y que alcanzó su esplendor con el boom latinoamericano de los 60. Gabo, en su discurso después de recoger el Nobel de Literatura en Estocolmo en 1982, dijo: ““la interpretación de nuestra realidad a través de esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.

La concesión del Premio Nobel al colombiano supuso el reconocimiento a esta revolución literaria a través de unas novelas que forman parte del inmaterial universal. Hablamos de obras como “Crónica de una muerte anunciada”, “El amor en los tiempos del cólera”, o “El coronel no tiene quien le escriba”.

Fotografía: @OkiDiario

Hoy, siete años después de su desaparición, el legado de Gabo queda más latente que nunca en nuestra memoria. Sus novelas resultan más vendidas por delante de cualquier otro libro en español, empezando por su novela “Cien años de soledad”, que llegó a ser traducida a más de 40 idiomas. Por esta razón, Gabo y su querida Macondo siguen más vivos que nunca. Aquí y allá. En una orilla y en la otra.

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Herso cumple 75 años

Herso es una mítica librería de Albacete que está de cumpleaños. Celebra sus bodas de diamante aportando buena literatura y sobre todo generando riqueza a mi ciudad, que tanta falta le hace con la que está cayendo a causa de la pandemia de la Covid-19. Desde hace muchísimos años recuerdo cómo mi madre siempre hablaba de Herso con cariño, devoción, y respeto a la vez, No en vano es una de esas libreras que no pasan desapercibidas en cualquiera ciudad. Pero los albacetenses hemos tenido la fortuna de tenerla en nuestro paisaje urbano. Herso forma parte de esas tiendas auténticas que son testigos fieles del día a día de las ciudades, de la vida de sus habitantes, del devenir de la vida… Tal y cómo ha dicho Antonio García en La Tribuna de Albacete, estamos ante una librería “guiada por el firme timón de los hermanos Herreros, que continúan la travesía inaugurada por su padre, José Herreros”. Una librería épica y mítica. Con sabor y olor.

No hay ningún secreto para que un negocio triunfe y depende de muchos factores. Sin embargo, el éxito de una librería tiene truco. Hay muchas variables que hacen inclinar esta balanza: desde el trato al lector hasta el hecho de su posicionamiento en el sector y la gestión de sus actividades. Herso es una gran librería-papelería, en la que se conjuga aquel famoso bolero de “alma, corazón y vida”, y yo me atrevería a añadir e historia… porque Herso es historia viva de Albacete. No se entendería la actividad cultural y literaria de la capital manchega sin Herso.  No estamos ante una librería-papelería al uso. Entrar en Herso es adentrarse en la historia más reciente pero también en la más vetusta de Albacete.

Cuando una librería cumple un hito de estas características es una inyección de luz y de riqueza para el entorno en el que se mueve el negocio, y no cabe ninguna duda que los 75 años de Herso simbolizan un carrusel de alegría, vida y sobre todo futuro para el sector literario albaceteño. Cuando un negocio se cuida bien, cuando se trabaja con esmero, cuando se mima a clientes, proveedores y producto el éxito está asegurado.

Todas mis felicitaciones y mis mejores deseos para los hermanos Herreros, en la confianza de que ‘mañana’ puedan celebrar el centenario de esta librería, y ‘pasado mañana’ otros 75 años ofreciendo a la capital de la cuchillería otro carrusel mezcla de riqueza, cultura y vida. Siempre, al traspasar el umbral de cualquier librería hay vida. Hay historias que leer y que contar, personajes que descubrir, historias por vivir…a través de las páginas de los libros que en ellas se acumulan.  Y Herso no es una excepción a esta regla. Al contrario. Es un orgullo para los albaceteños de dentro y de fuera. Para mí, mucho, muchísimo. Y si mi madre se enterase, también. La sangre manchega cunde demasiado. Con mucho orgullo.

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El debut de Leonor

Con mucha atención seguí ayer a través de Televisión Española desde el Instituto Cervantes el debut de Su Alteza Real la Princesa de Asturias en su primer acto oficial en solitario. Sin la compañía de sus padres, Sus Majestades, don Felipe y doña Letizia. Había mucha expectación en torno a este acto por varios motivos. En primer lugar por ver toda la escenografía del acto desde un punto de vista de protocolo, seguridad y comunicación; tres elementos indisolubles en la organización de cualquier acto de esta magnitud. Por otro, era importante conocer cómo se desenvolvía la Princesa Leonor en este acto sin ‘el apoyo’ directo de sus augustos padres. Es de justicia decir que el acto no ha defraudado y ha resultado un acto muy digno, ajustadísimo a protocolo y, sobre todo, tutelado en todo momento por la fontanería de la Casa Real que, como siempre, hace muy fáciles las cosas, a pesar de que en un principio parezcan el principio del fin del mundo.

No obstante, este acto tenía otra trascendía mayor a otros niveles. La primera aparición pública de la Princesa de Asturias en solitario en un acto oficial es un gesto y un símbolo a la vez. Es la señal de la cimentación de la institución monárquica en nuestra sociedad más si cabe, como una institución plenamente afianzada y por encima de otros condicionantes con proyección de futuro. Si ayer, era su abuelo el rey don Juan Carlos I quien estaba representando a todos los españoles, hoy lo es su nieta en una más que natural y normalizada sucesión al Trono de la Corona de España.

Esto a su vez va concatenado a otro elemento no menos importante. El primer acto en solitario de la Princesa Leonor ha sido al Instituto Cervantes con motivo del inicio de los actos conmemorativos de su trigésimo aniversario. Todo el apoyo, por tanto, de la Corona y de la Familia Real, al sector cultural y, especialmente, al sector del libro en España tan dañado con motivo de la pandemia de la Covid-19. Lo demás (depositar el ejemplar de la Constitución y del Quijote en la Caja de las Letras) son disculpas muy bien argumentadas para envolver la visita. Sea como fuere, lo cierto, es que este acto ha tenido más trascendencia histórica e institucional de lo que parece, y abre una puerta a su agenda como heredera a la Corona de España. Es lo lógico, lo normal, lo sensato. De igual forma que se ve como algo ya normalizado el hecho de que año a año Su Majestad doña Sofía acompañe a Sus Majestades don Felipe y doña Letizia, y ahora también a su nieta la Princesa de Asturias, a la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias en Oviedo.

Hay situaciones que hay que considerarlas normales desde un punto de vista institucional, constitucional, y social dentro de la actividad de la Familia Real y de la Familia del Rey. A quién no le guste o no esté de acuerdo tiene un problema. Éste es el modelo de Estado que nos dimos en 1978, a través de nuestra Constitución, y gracias a él, tenemos un Estado de libertades, democracia, progreso, y paz.

Hoy la Princesa de Asturias se ha estrenado, y ha dado toda una lección a los jóvenes españoles. Con una actitud más que sobresaliente, demostrando una madurez y un sosiego notables. Quizás al acto le faltó un pequeño matiz para terminar de bordarlo: unas palabras institucionales de doña Leonor, aunque hubiesen sido dos párrafos, a pesar del guiño que ha hecho a la profesión de su madre interesándose en directo por el personal del Instituto que, a consecuencia de la pandemia, se han encontrado de golpe alejados de sus hogares. En cualquier caso, estamos ante una Princesa preparadísima que hoy ha debutado demostrando que tenemos Corona y Monarquía en España para largo. Aunque algunos entiendan que su futuro debe ser el mismo que el de su tatarabuelo, el rey Alfonso XIII. De ilusiones algunos están viviendo hace años. Y ennegreciendo la moqueta que pisan.

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El criminal y la novela negra

“Primero era un grito solo en mitad de la noche

y después más gritos y más gritos

y después un silencio…”

Ernesto Cardenal

 

Fotografía: @elEconomistaes

Hace años me decía un prestigioso forense español que en España sólo vende lo rosa y lo negro.  Y no iba desencaminado porque el auge que tiene la novela negra en la actualidad es tremendo.

El cainita que mata a su hermano siempre ha despertado especial atracción y curiosidad del por qué de su comportamiento.  Ello siempre quedó reflejado en la novela negra, escenario perfecto para la representación teatral, pero real a la vez, de las pasiones y sinrazones más oscuras del ser humano.

Al describir un criminal conviene realizar con una extraordinaria precisión todos sus rasgos psico biográficos.  Ello permitirá al lector conocer cómo era y quién era el sujeto en cuestión.

Es importante conocer nuestra historia más reciente y más pretérita, pero resultaría inacabada si desconociéramos la historia del crimen y del criminal, de cómo es nuestra sociedad asesina, de nuestras ofrendas y nuestros demonios tan maravillosamente reflejados en la novela negra.  La irrupción de los psicópatas criminales en este género no deja de resultar soberanamente seductor a la vez que morboso.

Fotografía: @zendalibros

Conviene, pues, utilizar una prosa ágil y fácil, alejada por completo de barroquismos y riquezas que no nos llevarán a ninguna parte.  En la novela negra es de gran interés acercar los criminales al lector, y hacerlo con ternura y facilidad, describiendo sus vidas y sus historias personales.  Sólo así llegaremos a conocer y a valorar psicopatológicamente sus conductas y el por qué de sus actos.

Por ello, en la novela negra es importante que predominen criterios científicos y psiquiátricos.  Dentro y fuera de este género literario, conviene acercarse al crimen de forma científica, cargada de humanismo no para castigar, sino para prevenir.  Ello nos llevará a entender que el crimen, la agresividad y la violencia están en la propia esencia del hombre y de sus demonios.  Luis Rojas Marcos señala que el hombre necesita la agresividad para vivir.  La novela negra no puede ni debe escapar a esta realidad.

Cualquier obra de este género que sea de calidad debe reunir, entre sus ingredientes imprescindibles, la intriga como motor de la historia.  Se va del quién al cómo.  Se debe arrastrar al lector, de la mano, página a página, hasta el desenlace final.  Sin respiro.  La acción es imprescindible.  Según se desmenuza la historia, la acción trepidante debe conducirnos inexorablemente a resolver los enigmas y rompecabezas hasta desentrañar el caso.

Fotografía: @YoutubeEspanol

Como acabamos de ver, el crimen siempre está presente; es decir, en la novela siempre se dibujan las cloacas del planeta con su indigencia, con toda su paupérrima existencia y su atormentada vida.  En este sentido, la psicología de los personajes, especialmente de sus protagonistas, es vital a la hora de contar una buena historia negra.

Dentro y fuera de nuestras fronteras no carecemos de héroes.  Al contrario.  Petra Delicado (Alicia Giménez-Bartlett), Carvalho (Manuel Vázquez Montalbán), Kurt Wallander  (Henning Mankell), Guido Brunetti (Donna Leon), Martina de Santo (Juan Bolea), Kay Scarpetta (Patricia Cornwell), y otros cuya lista seria interminable, son una pequeña representación de los protagonistas esenciales de este género tan apasionante como seductor que es la novela negra.

Fotografía: @voz_populi

Detrás de todos y de cada uno de estos investigadores siempre nos encontraremos con una caterva de psicópatas, sociópatas y criminales que pueblan la sociedad de nuestros días.  Una interesante muestra de limitadores cuyas variantes son interminables.  En cualquier novela negra, el lector puede tropezarse con asesinos apasionados, psicópatas en serie, paranoides en masa, locos homicidas, drogadictos en busca de nuevas dosis y depredadores que incluso ni ellos mismos conocen la razón de su violencia, pero sí sienten una extraña necesidad de matar.  Se trata de seres marginales que llevados al papel se convierten en héroes.

En cualquier obra de este género se debe analizar con meticulosidad extrema todos los aspectos criminales, los métodos de matar y los modus operandi, las coincidencias y las similitudes, las diferencias y las controversias que arrastrarán al lector de forma solapada hasta la atracción total de los personas y, por ende, de la trama.  Para ello utilizaremos unos diálogos precisos y técnicos, sin olvidar que cada personaje tiene su jerga particular.

La novela negra es esencialmente urbana, social y realista por los ambientes en que se mueve  y por la galería de personas ya enunciados que suelen poblarla.  Y este reflejo social es una manifestación viva de lo a diario acontece en nuestras ciudades.  El crimen está ahí, a la vuelta de la esquina.  En nuestros ambientes cotidianos es fácil tropezarnos con sujetos enajenados que han perdido la propiedad de sus actos y, por ende, se convierten en enfermos mentales.  Como tales la sociedad está obligada a tratarlos.  No son seres extraños, marginados, posesos o malditos, aunque sí pueden ser criminales.  La novela negra es el mejor teatro para poner en escena a estos seres que, despojados de todo prejuicio, son capaces de cometer los crímenes más horrendos que jamás pudiéramos imaginar.

El único modo que tiene el ser humano de evitar su degradación y, por consiguiente, su destrucción es recuperar la libertad como valor central de su existencia.  Quizás este planteamiento resulte demasiado utópico, pero considero que ha llegado el momento de liberar al sujeto de ese cúmulo de valores que alimentan la esclavitud.  Ello recuperará al ser humano y le ascenderá a los niveles más altos de desarrollo personal, y lo alejará del crimen.

Fotografía: @elconfidencial

Sin embargo, el criminal, disfrazado de psicópata, de asesino en serie o de violador, es imprescindible para que la novela negra continúe emergiendo con la calidad e impronta que lo hace actualmente.  Caín es imprescindible en nuestras ciudades.  El mal está dentro de nosotros y, sin socializar la agresividad, el hombre nunca podrá ser libre.

La novela negra no existiría.

La novela negra es la verdad.  En sus historias, desgarradas y animadas, lo que se busca a toda costa es sacar a la luz la verdad de sus protagonistas.  La verdad del cainita de turno.

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Luis Sepúlveda, el escritor chileno transformado en gijonés universal

Fotografía: @LaVanguardia

Fue un 29 de febrero. Fue Luis Sepúlveda el protagonista de aquella historia que acabó tan mal. Hace ya un año la pandemia del Covid entraba en Asturias, y lo hacía –como digo-, lamentablemente a través de un chileno de nacimiento reconvertido en un gijonés de adopción y universal. Hospitalizaban al escritor Luis Sepúlveda. Y el mundo de la cultura, de la literatura –dentro y fuera de Asturias-, más allá de las fronteras españolas, fruncía el ceño de preocupación. Uno de los mejores escritores de las últimas décadas tenía que librar la peor batalla de su vida. Y mira que libró batallas y batallitas si repasamos su biografía. Pero ésta era diferente. Se enfrentaba a un enemigo desconocido, tremendamente cruel, muy hábil y, sobre todo, espantosamente escurridizo.

El autor de ‘Un viejo que leía novelas de amor’, ‘Mundo de fin de mundo’, ‘La sombra de lo que fuimos’, ‘Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar’, entre otras novelas, debía ser fuerte, jugar bien las cartas, y, sobre todo, confiar en su sistema inmunológico para que le ayudase a ganar la batalla de todas las batallas. Lamentablemente no fue así, y el día 16 de abril Luis Sepúlveda emprendió su último viaje; nos quedamos más huérfanos, a pesar de dejarnos su vasta obra literaria, y su trayectoria como periodista y cineasta.

En sus novelas siempre aparece reflejada América Latina, tan convulsa como llena de oportunidades, tan esperanzada como trágica. Toda una lección de vida que sirve para no volver a cometer otra vez los mismos errores del pasado y esperar un presente y, sobre todo, un futuro mejor, digno de nuestras posibilidades.

Fotografía: @latercera

Hace unos días, Carmen Yáñez, viuda de Sepúlveda, concedió a El Comercio una entrevista cargada de emociones y vivencias, regadas de recuerdos y amor. Una entrevista concedida desde la paz que le ha dado a la poeta chilena el saber que se luchó hasta el último instante por devolverle a Lucho –como así se lo conocía popularmente en Gijón y en los ambientes literarios-. Su historia, la historia de Lucho y de Carmen es un historia de amor verdadero, pero también es una historia de renuncias, de entrega, de sacrificio, de vida… En resumen, una historia literaria, Tal y cómo han definido, una historia de novela.

Una demostración de esta historia de amor y de vida es el poema que Carmen Yáñez escribió con motivo del trágico desenlace, y que publicó en su día el diario El Comercio.

Éste:

Ignorantes de la luz que circundaba la inocencia

éramos tan felices amor mío

con el calor de nuestras manos juntas

cruzando todos los caminos

y riéndonos de los obstáculos de piedra o granizo

que nos intentaban parar esa carrera irresponsable de la felicidad.

Éramos tan felices

y no nos enterábamos de la dimensión de la vida.

De la invisible amenaza, de la larga sombra del miedo,

no lo sabíamos nosotros, irreverentes.

Amándonos con proyecciones de futuro.

Hoy ya no pienso más allá de mañana cuando espero

tu prueba de vida dicha por otros.

 

CARMEN YÁÑEZ

 

Fotografía: @el_pais

Dentro de poco más de un mes se cumplirá el primer aniversario de la desaparición de Lucho, un escritor que, en su calidad de gijonés adoptivo y universal,  aportó mucho y bueno a la vida literaria y cultural de la ciudad: unir “las dos orillas” bajo un cielo literario no era fácil, y él lo logró. Fue un hombre útil para Gijón y para Asturias. Nos descubrió buenos autores latinoamericanos que, a través de sus obras, y mientras pateaban Gijón podíamos descubrir la verdadera realidad de América Latina. Y también fue el artífice de que los autores españoles cruzaran el charco y fueran visibles en países hermanos, y sus obras fueran leídas y susceptibles de la crítica literaria latinoamericana. Todo esto bajo el armazón del Salón del Libro Iberoamericano.

Hoy ni se celebra el Salón del Libro Iberoamericano y Luis Sepúlveda casi hace un año que no está con nosotros, pero sí es el momento de reconocer su trayectoria literaria y periodística; y poner en valor que gracias a él, Gijón se proyectó en el mapa literario mundial. Y es que, queramos admitirlo o no, la Villa de Jovellanos respira literatura por todos los poros de su piel, literatura de calidad, de la buena. Más allá de otros condicionantes, la villa de Gijón le debe al escritor chileno el hecho de que, a través de un acto literario como el Salón del Libro Iberoamericano, fue capaz de generar riqueza en la ciudad e incentivar la actividad cultural dentro y fuera del concejo. Algo que no era fácil. Y él lo consiguió.

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‘¿Cómo voy a echarlos, si son mi familia?’

Hay mujeres valientes, mujeres adelantadas a su tiempo, mujeres  fascinantes, y mujeres cultas e innovadoras. Y Conchita Quirós, la librera por excelencia, reunía todos estos méritos en sí misma. Así la definió ayer, a las pocas horas de fallecer, otra mujer valiente e innovadora: Covi Sánchez, la Ceo de la Asociación de Escritores Noveles. Y a la de Gijón no le falta un pizca de razón porque Conchita fue –sigue siendo- un referente en el mundo del libro.

Fotografía: @lanuevaespana

Cuando el miércoles por la mañana saltó la noticia de su muerte nos sacudió en el rostro de forma abrupta, porque todos nos quedamos un poco huérfanos. Conchita, por su edad, y por su trayectoria vital y profesional, era la madre de muchos, de infinidad de libreros, de autores, de lectores; libreros que vieron en ella el camino en el que reflejarse en la sociedad; autores que, puertas adentro de la mítíca Librería Cervantes, encontraron a alguien más que una simple librera; de lectores, que Conchita les inyectó en sus manos y en su corazón el amor por la lectura y los libros.

Fotografía: @elcomercio

La Librería Cervantes es un bastión de resistencia literaria, y de calidad cultural, siempre moldeados por unas manos pequeñas, por una sonrisa achinada, y siempre omnipresente en cualquier rincón para recomendarte una lectura o un autor. Conchita Quirós era imprescindible e indispensable en el sector que conocía a fondo como pocos a nivel nacional.

Las libreras son ese recodo de paz, de viajes a mundos inimaginables de historias con finales increíbles, en dónde autores y lectores conectan y crean otros mundos aún más increíbles. Y Conchita Quirós lo hizo posible. Y se adelantó a su tiempo.

La que fue durante casi dos décadas su directora de comunicación, la periodista Susana Tejedor, ayer diseccionó en un gran artículo en el diario El Comercio, con excelente maestría, la relación con la que ella llamaba «amiga, jefa, compañera». Susana, a través de esas líneas, nos descubre la parte más oculta de Conchita, esa parte que tenemos todo ser humano y que pocas veces dejamos al aire. Conchita era el motor que movía el sector de las librerías, dentro y fueras de Asturias, pero también era un gran ser humano consagrada a los libros como se consagran las monjas de clausura a su retiro espiritual para toda su vida.

Decía Rafa Gutiérrez, presidente de la Asociación de Libreros de Asturias, propietario de la librería de Buena Letra, que “hoy los libros se han quedado un poco huérfanos (…) Seguiremos leyendo, Concha”. Ése era precisamente su objetivo: la promoción de la lectura, y lo consiguió haciendo centenaria a “La Cervantes” que, lamentablemente no lo podrá festejar… o sí.

Fotografía: @elcomercio

Quién sabe si desde algún rincón, allá en lo alto, reunirá a Lucho Sepúlveda, Carlos Ruiz Zafón, Amparo Dávila, a Quino, entre otros muchos, y los pondrá a ver los actos de su centenaria librería.  Y es que como también señala Ángeles Caso, en otro artículo, también en El Comercio: «Conchita Quirós era una de esas personas. Irradiaba inteligencia, alegría y ganas. Ganas de hacer cosas, de estar muy viva, con los pies bien puestos en el suelo y la cabeza siempre allá en lo alto, en las nubes de lo-imposible-que-hay-que-volver-posible».

Y en esta vida sólo existe un instrumento que lo imposible lo transforma en posible: los libros. Y Conchita lo sabía bien. No en vano eran su familia. Y ella, el motor cultural de Asturias.  Era excepcionalmente extraordinaria. Muy huérfanos nos quedamos. Nos quedan sus hijos: los autores y los libros.  Aprovechémoslos.

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Javier Lambán, un presidente culto en una encrucijada salvable

Un político, sea municipal, autonómico o nacional, debe reunir muchas cualidades para desarrollar su tarea con éxito, considerando que a diario no resulta nada fácil estar expuesto a los golpes de los ciudadanos, de otros políticos, también de tus compañeros de partido, de diferentes capas de la sociedad, y de los medios de comunicación. A esta retahíla de sentencias, ahora hay que añadir también a la jauría tuitera, esa manada de jueces inmisericordes que todo lo saben y cuyo escenario es exclusivamente las redes social, pero cuyo nivel cultural y social deja muchísimo que desear.

Fotografía: @el_pais

Todo esto es el pan nuestro de cada diría, que diría mi madre. Pero lo que no es habitual, es encontrarte con un político, en este caso, con un presidente autonómico, que cuando sus obligaciones institucionales se lo permiten, utiliza su perfil de twitter para exponer pequeñas píldoras literarias de sus últimas lecturas, y nos va descubriendo autores y obras literarias de una calidad notable, o nos comenta cualquier otro detalle que considera de interés para sus ciudadanos y para su comunidad.

Cualquier político debe tener un valor añadido, además de ser un hombre (o mujer) últil, como dice el periodista aragonés Lisardo de Felipe, es el hecho de ser un hombre culto: un amante de la lectura, del arte, de la música, del cine, del teatro… de cualquier manifestación cultural o artística, o de todas. Esta maleta no sólo enriquece la calidad del propio ser humano, sino que otorga un valor intangible al cargo institucional, a la “cara pública”, Como decía el escritor británico W. Somerset Maugham “la lectura no da al hombre sabiduría; le da conocimientos”. Qué a nadie le quepa la menor duda, cualquier cargo institucional, desde el concejal del pueblo más pequeño de España a nuestro Rey Felipe VI, todos debe tener conocimientos y formación para ejercer mejor su labor institucional. Y la lectura es una fuente inagotable de conocimientos para descubrir mundos distintos a los que nos transporta cada libro de forma totalmente inconsciente.

En este sentido, el Presidente del Gobierno de Aragón, el ejeano Javier Lambán  es un gran lector, y basta con repasar el timeline de su perfil de twitter para darnos cuenta de la vasta trayectoria lectora que lleva sobre sus espaldas. Y no le duelen prendas en alabar un libro cuando le gusta. Política y lectura no son incompatibles. Al contrario. Se percibe en sus parlamentos este torrente de lecturas que lleva en consonancia con su edad y su bagaje formativo. Me gusta mucho comprobar cuando un político hace gala, sin estridencias ni sudor, de su bagaje cultural públicamente y sin ruido. Javier Lambán es uno de ellos.

Probablemente más de uno que lea estas líneas se sorprenderá ante  estas palabras, pero Lambán es un político de ésos de raza, que conoce la política desde sus entresijos más pequeños, como es ser concejal y, posteriormente alcalde de su pueblo, Ejea de los Caballeros, la capital de la comarca zaragozana de las Cinco Villas hasta llegar a ocupar el despacho de la Presidencia del Gobierno de Aragón en el Edificio Pignatelli, sede del Gobierno. Esta trayectoria, su  Doctorado en Historia, y su carácter, estoy seguro que ha configurado su vida política y le ha hecho tener una visión más global, y más constitucionalista de la política española, y, lógicamente aragonesa. La cultura, la lectura, estoy convencido, que fue uno de los mejores compañeros de viaje para ayudarle a tener una visión más profunda de las situaciones y de las personas en muchos momentos vitales. Decía un escritor norteamericano que “en muchas ocasiones la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un hombre, decidiendo el curso de su vida”. Estoy completamente seguro que es lo que habrá sucedido al Presidente Lamban en reiteradas ocasiones.

Y en medio de todo esto, la semana pasada, en el Hospital Miguel Servet, al que tanto cariño tengo por razones familiares, le detectaron un cáncer de colon. Y ayer, en un ejercicio de responsabilidad institucional, de transparencia, de humanidad, y. sobre todo, de sentido común, convocó una comparecencia de prensa para anunciar la noticia.

La vi en directo, a través de La Sexta. Y, una vez más, vi al Lambán más humano, más sincero, más honesto –consigo mismo, con su Gobierno y con Aragón-, y más honrado también.

Javier Lambán forma parte de esa hornada de políticos que, estés o no de acuerdo con su ideología, pero lo cierto es que cae bien. No en vano, no había acabado la rueda de prensa en el Edificio Pignatelli que twitter, uno de sus medios naturales, ya echaba humo. Y no había siglas políticas: Pablo Casado, Jorge Azcón, Luis M. Beamonte, Inés Arrimadas, Daniel Pérez Calvo, Pedro Sánchez, Isabel Díaz-Ayuso, Emiliano García-Page, Ana Pastor, Edmundo Bal, Concha Andreu, Salvador Illá, Adrián Barbón, María Navarro Viscasillas, Maritxell Batet, Mario Garcés, JuanMa Moreno… la lista es eterna. Pero también personas de la sociedad civil han mostrado su respaldo, su solidaridad y han enviado palabras de ánimo al presidente aragonés.

Fotografía: @heraldoes:

Y es en estos momentos cuando te das cuenta de los políticos que son útiles y los que no lo son. Lambán se encuentra en el primer grupo. Ahora está librando una de las peores batallas de su vida, pero juega con una ventaja importante: tiene el apoyo de los suyos –de su familia-, de su equipo de Gobierno, y de sus más estrechos colaboradores, entre los que siempre se encuentra una persona que brilla con luz propia desde hace… ni se sabe cuántos años (el referente,  el ‘maestro’ de todos),  y, además,  lleva consigo la confianza ciega en la sanidad pública, y una maleta cargada de conocimientos y de cultura. Todos los vientos le soplan a su favor.

Desde aquí le deseo toda la suerte y todo el ánimo del mundo, y estoy convencido que le irá bien. En este tipo de batallas hay algo importante para ganarlas, y Lambán lo tiene: la detección temprana, por un lado. Y a su vez, siempre tendrá a mano un objeto muy preciado  que, aunque ayer no lo tenía, estoy convencido, que si llegan malos momentos, le ayudará a superarlos en paz y con tranquilidad: un libro… o varios.

La vida acaba de atizar un revés a Lambán, a un buen tipo; estés o no de acuerdo ideológicamente con él, lo cierto es que estamos ante un político necesario, e insisto, útil a Aragón y a los aragoneses. Y lógicamente, a España. Podía haberse retirado de escena, a sus cuarteles de inviernos a Ejea de los Caballeros, y dedicarse exclusivamente a cuidarse y a luchar contra el cáncer, entre lecturas varias.  Pero en su ADN está seguir trabajando para vencer a la Covid y sacar a los aragoneses de la crisis más pronto que tarde. Esa es la diferencia de su DAFO personal e institucional. Por eso, en algunos aspectos envidio a los aragoneses. La diferencia entre unos presidentes y otros es notable, y se nota en detalles como éste. Se llama responsabilidad. Y Lambán lo es. Y también es honrado.

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José Luis Sampedro y el arte de comunicar

Tal día como hoy, en el año 1917, nació José Luis Sampedro, escritor, economista, académico de la Real Academia Española, pero sobre todo, un comunicador nato que en sus intervenciones públicas era capaz de embelesar al más pintado con sus mensajes, estuviera o no próximo desde un punto de vista ideológico.

Fotografía: @RTVE

Afortunadamente, él no fue el único referente que comunica con sus palabras. Hay muchos otros nombres, como Emilio Lledó, Valentín Fuster, Fernando Onega o la difunta Margarita Salas. Todos ellos tienen un denominador común: son autenticas autoridades a novel nacional e internacional en su espacio profesional.

Pero hoy quiero hablar de José Luis Sampedro. No pude conocerlo, pero si he podido leer «La sonrisa etrusca», y es un libro que sólo lo podía haber escrito él.

Por encima de cualquier otro calificativo, José Luis Sampedro fue un humanista comprometido con los problemas de su tiempo, profundamente preocupado por la sociedad en que le tocó vivir. En este sentido, defendió siempre una economía más humana y solidaria que fuera de desarrollar la dignidad de los pueblos.

Para conocer en profundidad la figura y obra de este gran escritor, humanista, intelectual, profesor, economista y académico, os invito a ver el siguiente video:

https://www.youtube.com/watch?v=q3eYMVCwg3I&t=10s

Gracias a TVE por este magnífico programa.

 

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¡Feliz cumpleaños, maestro!

Hoy se cumplen 212 años del nacimiento de uno de los más grandes genios de la literatura universal, Edgar Allan Poe, el padre del relato, conocido y reconocido por sus magistrales relatos de terror.

Poe ha pasado a la historia de la literatura universal por sus espléndidos relatos detectivescos, al que se le considera el inventor de los mismos. Y también  se le considera el padre del relato policiaco y de ciencia ficción.

La originalidad y la genialidad literaria de Poe tuvieron su máxima expresión en los cuentos, que permiten una lectura sin interrupciones. La mayoría se desarrolla en un ambiente gótico y siniestro, plagado de intervenciones sobrenaturales, y en muchos casos son obras maestras de la literatura de terror. Poe basó su estilo tanto en la atmósfera opresiva que creaba durante el inicio y desarrollo del relato como en los efectos sorpresivos del final.

Fue el ‘padre’ de C. Auguste Dupin, un detective de ficción. Hizo su primera aparición en ”Los crímenes de la calle Morgue” en 1941. Vuelve a aparecer en “El misterio de Marie Rogêt” en 1842 y en “La carta robada” en 1844.

Las motivaciones de Dupin para resolver los misterios van cambiando a través de los tres relatos. Haciendo uso del raciocinio, combina su considerable intelecto y creatividad ya vista en el nombrado libro, incluso poniéndose a sí mismo en la mente del criminal. Estas capacidades están tan desarrolladas que parece leer la mente de su acompañante, el narrador anónimo de las tres historias.

Poe creó a Dupin incluso antes de que fuera conocido el término detective. No se sabe a ciencia cierta qué lo inspiró, pero el apellido Dupin parece provenir del inglés duping, engañar o timar. Este personaje sentó las bases para la creación de nuevos detectives ficticios, incluyendo a Sherlock Holmes y Hércules Poirot, y estableció los elementos más comunes del género policial clásico.

En resumen, estamos ante un grande de la literatura universal de todos los tiempos, que hay que leer y sumergirse en sus historias de terror y ciencia-ficción. Tal y como fue su corta y vertiginosa vida.

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“Pienso, luego existo”

El filósofo Emilio Lledó (Sevilla, 1927), catedrático de Historia de la Filosofía, miembro de la Real Academia de la Lengua, Premio Nacional de las Letras 2014 y Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2015, hace un repaso de su larga carrera como filósofo y profesor incidiendo en la importancia de transmitir un mensaje positivo sobre el ser humano y lo hace con la colaboración de colegas como Manuel Cruz, el periodista Juan Cruz o el poeta Joan Margarit..

 

En el año 2016 tuve ocasión de compartir con él 48 horas, coincidiendo con el III Congreso de Escritores, en Gijón, y doy fe, que es una delicia hablar con él en “las distancias cortas”. Estamos ante un grande la cultura española de las últimas décadas.

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El criminal y la novela negra

La revista Y Latina es la revista oficial de la Asociación de Escritores Noveles. En el año 2008 publiqué el siguiente artículo de opinión sobre la novela negra y el crimen. Espero que sea de vuestro interés.

 

Primero era un grito solo en mitad de la noche

y después más gritos y más gritos

y después un silencio…”

Ernesto Cardenal

 

Hace unos días me decía un prestigioso forense español que en España actualmente sólo vende lo rosa y lo negro.  Y no va desencaminado porque el auge que tiene la novela negra en la actualidad es tremendo.

El cainita que mata a su hermano siempre ha despertado especial atracción y curiosidad del por qué de su comportamiento.  Ello siempre quedó reflejado en la novela negra, escenario perfecto para la representación teatral, pero real a la vez, de las pasiones y sinrazones más oscuras del ser humano.

Al describir un criminal conviene realizar con una extraordinaria precisión todos sus rasgos psicobiográficos.  Ello permitirá al lector conocer cómo era y quién era el sujeto en cuestión.

Es importante conocer nuestra historia más reciente y más pretérita, pero resultaría inacabada si desconociéramos la historia del crimen y del criminal, de cómo es nuestra sociedad asesina, de nuestras ofrendas y nuestros demonios tan maravillosamente reflejados en la novela negra.  La irrupción de los psicópatas criminales en este género no deja de resultar altamente seductor a la vez que morboso.

 

Conviene, pues, utilizar una prosa ágil y fácil, alejada por completo de barroquismos y riquezas que no nos llevarán a ninguna parte.  En la novela negra es de gran interes acercar los criminales al lector, y hacerlo con ternura y facilidad, describiendo sus vidas y sus historias personales.  Sólo así llegaremos a conocer y a valorar psicopatológicamente sus conductas y el por qué de sus actos.

Por ello, en la novela negra es importante que predominen criterios científicos y psiquiátricos.  Dentro y fuera de este género literario, conviene acercarse al crimen de forma científica, cargada de humanismo no para castigar, sino para prevenir.  Ello nos llevará a entender que el crimen, la agresividad y la violencia están en la propia esencia del hombre y de sus demonios.  Luis Rojas Marcos señala que el hombre necesita la agresividad para vivir.  La novela negra no puede ni debe escapar a esta realidad.

Cualquier obra de este género que sea de calidad debe reunir, entre sus ingredientes imprescindibles, la intriga como motor de la historia.  Se va del quién al cómo.  Se debe arrastrar al lector, de la mano, página a página, hasta el desenlace final.  Sin respiro.  La acción es imprescindible.  Según se desmenuza la historia, la acción trepidante debe conducirnos inexorablemente a resolver los enigmas y rompecabezas hasta desentrañar el caso.  Como acabamos de ver, el crimen siempre está presente; es decir, en la novela siempre se dibujan las cloacas del planeta con su indigencia, con toda su paupérrima existencia y su atormentada vida.  En este sentido, la psicología de los personajes, especialmente de sus protagonistas, es vital a la hora de contar una buena historia negra.

Dentro y fuera de nuestras fronteras no carecemos de héroes.  Al contrario.  Petra Delicado (Alicia Giménez-Bartlett), Carvalho (Manuel Vázquez Montalbán), Kurt Wallander  (Henning Mankell), Guido Brunetti (Donna Leon), Martina de Santo (Juan Bolea), Kay Scarpetta (Patricia Cornwell), y otros cuya lista seria interminable, son una pequeña representación de los protagonistas esenciales de este género tan apasionante como seductor que es la novela negra.  Detrás de todos y de cada uno de estos investigadores siempre nos encontraremos con una caterva de psicópatas, sociópatas y criminales que pueblan la sociedad de nuestros días.  Una interesante muestra de limitadores cuyas variantes son interminables.  En cualquier novela negra, el lector puede tropezarse con asesinos apasionados, psicópatas en serie, paranoides en masa, locos homicidas, drogadictos en busca de nuevas dosis y depredadores que incluso ni ellos mismos conocen la razón de su violencia, pero sí sienten una extraña necesidad de matar.  Se trata de seres marginales que llevados al papel se convierten en héroes.

En cualquier obra de este género se debe analizar con meticulosidad extrema todos los aspectos criminales, los métodos de matar y los modus operandi, las coincidencias y las similitudes, las diferencias y las controversias que arrastrarán al lector de forma solapada hasta la atracción total de los personas y, por ende, de la trama.  Para ello utilizaremos unos diálogos precisos y técnicos, sin olvidar que cada personaje tiene su jerga particular.

La novela negra es esencialmente urbana, social y realista por los ambientes en que se mueve  y por la galería de personas ya enunciados que suelen poblarla.  Y este reflejo social es una manifestación viva de lo a diario acontece en nuestras ciudades.  El crimen está ahí, a la vuelta de la esquina.  En nuestros ambientes cotidianos es fácil tropezarnos con sujetos enajenados que han perdido la propiedad de sus actos y, por ende, se convierten en enfermos mentales.  Como tales la sociedad está obligada a tratarlos.  No son seres extraños, marginados, posesos o malditos, aunque sí pueden ser criminales.  La novela negra es el mejor teatro para poner en escena a estos seres que, despojados de todo prejuicio, son capaces de cometer los crímenes más horrendos que jamás pudiéramos imaginar.

El único modo que tiene el ser humano de evitar su degradación y, por consiguiente, su destrucción es recuperar la libertad como valor central de su existencia.  Quizás este planteamiento resulte demasiado utópico, pero considero que ha llegado el momento de liberar al sujeto de ese cúmulo de valores que alimentan la esclavitud.  Ello recuperará al ser humano y le ascenderá a los niveles más altos de desarrollo personal, y lo alejará del crimen.

 

Sin embargo, el criminal, disfrazado de psicópata, de asesino en serie o de violador, es imprescindible para que la novela negra continúe emergiendo con la calidad e impronta que lo hace actualmente.  Caín es imprescindible en nuestras ciudades.  El mal está dentro de nosotros y, sin socializar la agresividad, el hombre nunca podrá ser libre.

La novela negra no existiría.

La novela negra es la verdad.  En sus historias, desgarradas y animadas, lo que se busca a toda costa es sacar a la luz la verdad de sus protagonistas.  La verdad del cainista de turno.

                                                                  José Á. Jarne.

                                               (©. Publicado en Y Latina. Marzo del 2008)

 

 

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Una recomendación

Hoy voy a ser muy breve, quizás excesivamente breve, en la columna diaria, porque sólo quiero hacer una recomendación. Una recomendación que en el fondo y en la forma no deja de ser un bálsamo en este momento.

Escuchar, y leer, a referentes literarios como es el Premio Nobel Mario Vargas Llosa es un elixir para pacificar al personal y conducirlo hacía la moderación y la sensatez que tanto necesita la sociedad española. La literatura y la cultura son ese tratamiento farmacéutico que tanto bien a los ciudadanos por los protege frente a los nostálgicos de las estupideces crónicas y de las tonterías patológicas, aunque estén revestidas de modernidades, que de verdad no son tales.

Resulta imprescindible escuchar a intelectuales de la talla intelectual, humanista, y literaria de este gran peruano, académico y humanista, que cuyas palabras calan y empapan. Aunque no nos demos cuenta.

Atentos a esta entrevista de la BBC: https://youtu.be/pMm4X-5zGY4

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Hombres útiles a Aragón: Lanzuela, Varea, Carbonell, Torreblanca, Solsona, Vidal…

A través del perfil de facebook del periodista aragonés Lisardo de Felipe

Fernando Solsona (Fotografía @periodicoaragon)

me entero del fallecimiento del doctor zaragozano  Fernando Solsona; personaje ilustre y peculiar allí donde los haya.

Este radiólogo brillante, tuvo, durante décadas,  otra faceta no menos resplandeciente: su compromiso con la cultura, y especialmente, con las letras y con la jota aragonesa por lo que brilló y mucho aportó a la sociedad aragonesa, y especialmente, zaragozana. El propio doctor Solsona, desde la presidencia del Ateneo de Zaragoza, impulsó el descubrimiento de una placa en memoria de Juan Lacasa que decía así: «Hombre útil a Aragón».

Este horribilis 2020 nos ha arrebatado muchos “hombres útiles a Aragón”, como Santiago Lanzuela, Pilar Torreblanca, Joaquín Carbonell, Darío Vidal, Luciano Varea, el propio Fernando Solsona, Cristina Ruiz-Galbe, Darío Vidal, o Antonio Herráiz… No son un número en la estadística de la pandemia del Covi-19. Son nombres que por su calado humano y profesional han sido útiles a Aragón y, en algunos casos, concretos, a Zaragoza, y ahora se les llora, se les recuerda, se les echa de menos. Y la historia recuerda su obra que quedará para siempre.

A alguno de ellos, como el caso del Presidente Lanzuela, el doctor Solsona, o el periodista y escritor Luciano Varea tuve la oportunidad de conocer y de tratar directamente.

Santiago Lanzuela (Fotografia: @LaVanguardia)

En caso de Santiago Lanzuela, estábamos ante  la discreción y la educación en forma humana, pero sobre todo era alguien con un profundo sentido del compromiso político hacía las siglas que representaba, tanto de las siglas políticas como institucionales, y hacía este proyecto común llamado España.

En el segundo caso, era un persona de fina ironía pero muy culto y de un conocimiento vastísimo del mundo de la jota aragonesa, a la que aportó todo lo que pudo, supo y más. Fue un hombre consagrado a la medicina y a la cultura. 

Para mí, mención aparte merece el periodista y escritor Luciano Varea. Éramos muy amigos durante muchos años. Él fue útil a Aragón, a la radio, al mundo de la educación, al sector del libro… Por dónde pasaba Luciano dejaba su estela, porque Luciano era un pozo de sabiduría sin fondo.

Lucuano Varea (Fotografía: (@periodicoaragon)

Recuerdo tardes enteras de domingo en su casa, acompañado de sus hijas: Mireya y Aida, y también de su hijo Mario hablando de literatura, de música, de cultura, del mundo de la universidad, de la radio, de los libros; en medio de todos estaba Ana, ”su Ana”, con esa sempiterna sonrisa que todo lo envolvía, y que después de que llevásemos 4 ó 5 horas escuchando a Luciano, explotaba con la mejor de sus expresiones:

-Luciano, vamos a dar un paseo, que ellos querrán salir a tomar un café y a airearse…

A él debo una parte de lo que he sido, de una apuesta literaria que fue brevísima, pero fue él el primero que me dijo aquello de «nene, tu vales para esto». Luego, mi camino ha seguido por la senda de la comunicación literaria y editorial, y no por la senda de la escritura. Pero si es de justicia reconocer, que él fue el primero que me ayudó, confió, e incluso me dio consejos que hoy, veinte años después, estoy escuchando en boca de otro dirigido a terceros.

Santiago, Luciano, Fernando, Joaquín, Pilar, Darío, Cristina, o Antonio han sido útiles a Aragón. Seguramente me habré dejado alguno más. Mis disculpas por ello. Y si nos ponemos a pensar con racionalidad, los casi dos mil aragoneses fallecidos hasta hoy a causa de la pandemia del Covid-19 han sido útiles a Aragón desde su particular atalaya y anonimato.

Ojalá su obra perduré muchos años. Y su recuerdo también. Será la mejor manera de crear un futuro mejor para los aragoneses del mañana.

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La democratización de la literatura…

Esta semana asistí a una sesión de zoom con una escritora de referencia en Asturias, que pronunció una frase muy importante que no puede dejar indiferente a nadie, especialmente a quienes se dedican a escribir.

Verónica García-Peña es una autora joven, con un futuro muy prometedor y que no tiene problemas en decir las cosas como las piensa o como las siente. Una autora que ahora ya edita con una editorial de referencia a nivel nacional pero que se consciente que el camino hasta aquí no ha sido fácil y justamente por eso no puede dormirse en los laureles y debe trabajar “a pico y pala” cada día.

Precisamente por esta situación y porque empezó su trayectoria editorial autoeditando en la plataforma Amazon se mostró a favor de compatibilizar la edición tradicional en papel con la edición digital en Amazón porque ella considera que «Amazón ha venido a democratizar la literatura», y a hacer posible un mundo literario en el que las dos formas de edición sean posible.

(Fotografía: @

Y fue en ese momento cuando me vino a la cabeza las palabras de la actual alcaldesa de Gijón, a la sazón se supone que es profesora de literatura. Hace unos días hacía un llamamiento para que no se comprara en Amazón. Hay que tener muy pocos escrúpulos y muy poca decencia para hacer gestos de este tipo. Si hay un instrumento que hoy por hoy a los individuos no se,les puede robar es la libertad: libertad de elección, libertad de decisión, libertad de gustos… libertad, en resumen. Y una alcaldesa (o alcalde) -y mucho menos ésta-no es quién para decirle a sus ciudadanos en donde deben o no comprar. Es un gesto más de los batidos de ranciedad, sectarismo, y estupideces sublimes a los que la de Oviedo nos tiene acostumbrados desde que llegó a la alcaldía.

Por esta razón, las palabras Verónica García-Peña son un bálsamo de esperanza y un canto a la sensatez de alguien que sabe muy bien lo qué dice, por qué lo dice.

Voces como la suya son más necesarias que nunca. Son imprescindibles. Igual que resultan perfectamente prescindibles las estupideces de quienes se creen con capacidad de arrastrar y convencer a las masas -aunque la realidad no sea así-, transformándose en una perfecta vocera de la nada. Cada vez más desoída y más despreciable.

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Si volviera a nacer, sería profesor.

Hoy os traigo esta entrevista de un grande la educación, y de la cultura en España, porque en los momentos tan difíciles como el actual, remansos de paz cómo produce escuchar al Profesor Emilio Lledó, académico de la Real Academia y Premio Princesa de Comunicación y Humanidades.

Hay que leerle y escucharle:

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Dia de las librerias

Popular Libros (Albacete)

El huracán #Covid19 es poliédrico. La arista más dura es la sanitaria y de salud, que está dejando en España, a fecha de hoy, cerca de setenta mil vidas en el camino y miles de personas afectadas.

Pero esta borrasca tiene otras facetas, como la económica, que posiblemente tenga consecuencias tan dramáticas como las sanitarias. No en vano, hay muchos sectores profesionales, muy diversos, que se han visto afectados de forma directa o indirecta por las consecuencias de esta pandemia.

Hoy es el Dia de las librerías. Y este sector es uno de los más perjudicados. Cuando me refiero a librerías, me estoy refiriendo a pequeñas librerías de barrio que tienen que hacer auténticos malabarismos para llegar a fin de mes, y para cubrir gastos. En su inmensa mayoría son autónomos, cuyos establecimientos no están considerados esenciales, aunque el libro sea un “producto esencial” desde la óptica psicológica y de salud.

Roy Librería (Gijón)

Partiendo de la base de que las librerías se nutren de otro sector no menos dañado que ellos, que son las editoriales, y cuya cartera anual de productos quedó totalmente congelada a principios de 2020.

Lógicamente, si las editoriales no apuestan por autores, y no editan, tampoco distribuyen, y en consecuencia, las librerías no pueden vender. La ecuación es muy simple y muy sencilla.

Las librerías son esos pequeños oasis en medio del caos,  en donde el librero se convierte en tu amigo, y te conoce, y le conoces. Y conoce tus gustos de lectura, y antes que le preguntes, te recomienda el libro correcto, y puedes cambiar impresiones sobre novedades editoriales o sobre críticas literarias.

Pero ahora, en este momento en el que las nuevas tecnologías se convierten en compañero inseparable e imprescindible de viaje de las librerías, este sector ha levantado la voz para visibilizarse más si cabe y poner sobre la mesa los graves problemas que este sector tiene sobre la mesa.

Que nadie pierda la perspectiva de que estamos ante un sector que facturó en España en los nueve primeros meses del año 232 millones de euros.

Librería Paris (Zaragoza)

Por estos datos, y el papel sociológico tan decisivo que juegan las librerías, es imprescindible volver a recuperar el hábito de compra en la librería de barrio. Este gesto tiene su trascendencia. Por un lado, ayudas al pequeño comercio; por otro, potencias el hábito de lectura como instrumento de formación del individuo; y tener un buen libro entre las manos es el único ejercicio de libertad que hoy por hoy le queda al ser humano.

En consecuencia, apoyar hoy, Dia de las liberias, pero también mañana y dentro de un mes, y dentro de un año, a estos comercios no sólo es un acto de compromiso con la lectura y la cultura, es la mejor manera que existe para culturizarse y para evitar que estos comercios echen el cierre, y así evitamos que las ciudades sean más tristes.

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#CentenarioDelibes

Recientemente la Asociación de Escritores Noveles ha organizado un acto de homenaje al escritor Miguel Delibes, coincidiendo con el centenario de su nacimiento.

Para llevar a cabo este acto, la asociación pidió la colaboración, y la consiguiente autorización de la Fundación Miguel Delibes, que preside Elisa Delibes, una de las hijas del autor.

Desde el primer momento, todo fueron facilidades por parte de la fundación: se consensuaron las agendas, se concretó el formato del acto, y se confirmó la presencia de ambas presidentas, de Elisa Delibes por parte de la fundación, y de Covadonga Sánchez, presidenta de la asociación de escritores noveles. Y también participó Amparo Medina-Bocos, doctora en Filología Hispanica y una de las mayores expertas en la obra de Delibes.

Lo primero que quiero, a través de estas líneas, es agradecer a la propia presidenta de la fundación, a su director, y al resto del personal de gestión las innumerables facilidades que ofrecieron para que acto se organizara con facilidad desde la asociación, con apenas una cuenta de usuario de zoom, y una limitada base de datos de contacto, así como la cesión de uso de algunas fotografías del autor.

Esto me lleva a una reflexión importante: cuando dos entidades coinciden en su camino, y se cruzan sus maneras de ser y de entenderse, los actos se organizan solos. (permítanme la expresión), y las sinergias fluyen y comunican por sí solas. Es cuestión de voluntad, y de profesionalidad.

Cierto es que «el idilio» entre Delibes y la asociación viene ya del año 2008, como bien explicó nuestra presidenta en el propio homenaje, y previamente ya había publicado en un artículo de opinión en el diario El Comercio el pasado día 16 de octubre. Cuando presentamos la asociación en Valladolid, las circunstancias hicieron que la autora Felicitas Rebaque, nuestra delegada en la capital pucelana, fuera vecina del propio Delibes. Sin pensárnoslo dos veces, se le pidió al autor de «El camino» o «Cinco horas con Mario» que apadrinase el acto. Pero lamentablemente su salud ya no era buena. Sin embargo, nos escribió una carta que decía así: Estimados amigos: Me alegra la noticia que me dais; los escritores noveles unidos no dejan de ser una fuerza. En los años 40, en Valladolid, yo escribía más solo que la una. ¡Cuánto hubiera deseado unos compañeros! Lamento no poder estar con vosotros el 12 de febrero en el acto de presentación de la Asociación en Valladolid, pero os apoyo y os deseo muchos éxitos. Un cordial saludo, Miguel Delibes.

Si Delibes era así, era de “esta pasta”, que a una asociación tan incipiente como la nuestra entonces merecía una respuesta, no es de extrañar que hoy, doce años después, quienes preservan su legado cultural y literario bajo el abanico de su fundación sean personas cercanas, entrañables, profesionales, y, sobre todo, facilitadoras, para que todo salga bien. Se nota en seguida quien tiene voluntad de facilitar el trabajo y en la Fundación Miguel Delibes se respira a través del teléfono y del correo electrónico.

En medio de esta pandemia que parece que no tenga fin, conmemoraciones como el #CentenarioDelibes es un elixir necesario e imprescindible, que sirve para relajar y, volviendo a referirme a Covadonga Sánchez, y nos transporta a los escenarios de «Nini, Mario, Pedro, Daniel “El Mochuelo”, Roque “El Moñigo” y “Germán el Tiñoso”, o Lorenzo el cazador».

Termino este agradecimiento a Elisa, a Fernando –director de la fundación-, y al resto del equipo con un video que es necesario que nadie deje de ver, que permite dibujar una escena muy evidente de Delibes y, especialmente de MAX, y su familia. Se trata del programa Imprescindibles, que TVE emitió en homenaje el propio día 17 de octubre fecha exacta del centenario de su nacimiento.   https://youtu.be/uYoMiqKHHUk

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Los libros nos leen

A lo largo de la vida,  el ser humano se cruza con personas que pasan con absoluta y total indiferencia. Son como las hojas de los árboles, que una bocanada de aire las tira al suelo y desaparecen.

Otras, sin embargo, calan, hacen poso, y se quedan para siempre, de una forma u otra, en la vida y en el alma de las personas.

En el año 2016 tuve la oportunidad de conocer, y tratar en el plano personal y profesional, al Profesor Emilio Lledó, académico de la Real Académico Española, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, atenísta del Ateneo de Madrid, profesor en las universidades de Heidelberg, La Laguna, Barcelona y de la UNED, y mil cosas más que no cito por razones de espacio.

Desde el primer momento me pareció una persona increíble en todos los aspectos. En el plano personal, me tropecé con una persona totalmente sencilla, que huía –y huye- de cualquier homenaje multitudinario, de cualquier reconocimiento popular, y que su bandera era, y sigue siendo, pasar lo más desapercibido posible. Esta forma de ser y de actuar ya lo hace un ser especial. No todas las personas con su trayectoria vital, humanista, y cultural renuncian a un grado de protagonismo de este calado. Seguramente no me equivocaré si digo que el Prof. Lledó es de las personas más humildes que he conocido. Lo dijo Confuncio: «la humildad es el sólido fundamento de todas las virtudes». Y en la figura y obra de este académico se hace especialmente presente.

Esta sencillez le exige huir continuamente de cualquier situación que le obligue encorsetarse en contextos que no le permitan ser él mismo y actuar en consecuencia. Por esta razón sus apariciones públicas son contadas, y su presencia en actos está muy medida.

En el plano cultural y académico, estamos ante una de las figuras imprescindibles del panorama cultural español. España necesita más figuras de su talla intelectual, moral, y cultural. Sus enseñanzas son un perfecto espejo en el que la comunidad educativa debería fijarse a diario. Pero también la clase política, económica, empresarial… En resumen, la sociedad.

En las distancias cortas, su cercanía, su cultura, su humildad, su sabiduría emanan por todos los poros de su piel. En el mes de octubre de aquel 2016 pude compartir con él apenas cuarenta y ocho horas ininterrumpidas, y fue todo un océano de aprendizaje continuo que me llevo conmigo para siempre.

Alguien que lo conoce bien es su discípulo Juan Cruz. El editor y periodista se refiere a él con estas palabras en un artículo en el diario El País, titulado “Lledó y la amistad”, y que recomiendo fervientemente su lectura: «Hijo de una generación que vio cómo la miseria y la guerra deterioraban la libertad de aprender y de enseñar bajo una dictadura que le repugnó siempre, Lledó se fue a Alemania (como decía Blas de Otero) para orientarse un poco; tuvo allí los mejores maestros, y de ellos aprendió a enseñar, a amar las bibliotecas y a no perder el tiempo. Cuando volvió a España, se negó a enseñar según los viejos cánones, convirtió su cátedra de Historia de la Filosofía (en Tenerife, Barcelona y Madrid) en una especie de foro público en el que alternaba las esencias de Fichte o de Aristóteles con las novedades del teatro o de la política, y pasó de ser tan sólo un profesor (con ser esto muchísimo) a ser un ciudadano. Enrabietado, feroz contra el lugar común».

Sinceramente, Emilio Lledó es esto: libertad de pensamiento por encima de todo, y esta libertad se trasluce en cada uno de sus textos y de sus palabras, en un dominio absoluto del pensamiento, de la cultura y de la educación. Como él suele decir, son ‘grumos’.

Defensor acérrimo de la educación en libertad, el Prof. Lledó apuesta por la lectura y por las Humanidades. Decía el también académico Luis María Ansón en un artículo en El Cultural titulado ‘Emilio Lledó, la lectura como principio de libertad’: «Emilio Lledó propugna, en contra de las cerriles políticas al uso, la recuperación plena del estudio de las Humanidades. Es el David de la inteligencia lanzando ideas desde su onda sobre el Goliat de una clase política mediocre y moribunda. Werner von Braun afirmó tras la llegada del hombre a la Luna: “Este logro se ha conseguido porque hubo un humanismo grecolatino”. Lección magistral de un hombre de ciencia. Sin la filosofía griega, sin el derecho romano, la ciencia ni hubiera sido respetada ni habría podido prosperar». Como se deduce de sus palabras, el derecho a la libertad de educación y a las Humanidades es uno de sus signos de identidad que lleva a más arraigo como educador y cómo filósifo. En resumen, estamos ante un humanista con hambre constante de conocimiento.

Y si ya nos adentramos en el mundo del libro propiamente dicho, sus reflexiones y su modo de entender los libros dicen mucho de él. Nunca se sintió escritor, porque afirma, no exento de humildad y pudor, que conocimientos de filosofía y de educación sí tiene, pero no se siente escritor… aunque su vasta producción literaria –especialmente, ensayo-, diga lo contrario. Y se refiere a los libros como objetos que hablan y que nos hablan. Qué dialogan entre ellos, y con nosotros, y que esperan impacientes a que los tomemos entre las manos… Todo un canto a lectura y a la pasión por el libro.

Hoy, el Prof. Emilio Lledó cumple años. Sigue al pie del cañón, quizás con menos intensidad. Pero sigue aportando calidad y pasión a las Humanidades y a la cultura. Y yo me siento en el deber y en la obligación de redactar esta felicitación pública y desearle otros tantos años de vida.

Personalmente fue un placer conocerle, tratarle, y compartir con él aquellas cuarenta y ocho horas. Un descubrimiento y una persona a quien admiro, sigo, y leo siempre y para siempre.

#FelicidadesProfesor

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