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Categoría: sector del libro

En el Dia del Libro

Fotografía: @pixabay

Hoy celebramos el Día del Libro, una fecha que trasciende mucho más allá que un simple recordatorio para poner en valor a un sector económico tan pujante y decisivo en nuestra economía como es el sector del libro.

Es la gran oportunidad para dar visibilidad y poner en valor a todo un tejido productivo que en España que en el año 2020 tuvo unas pérdidas de 840 millones de euros, según datos de la Federación de Gremios de Editores de España. Pero en este sentido, también cabe pararse a reflexionar acerca de otro dato de la FGEE. El libro mueve 3.000 millones de euros, lo que supone el 0,8 por ciento del PIB, a lo que se suma el empleo directo e indirecto, o la presencia en el mercado exterior y una “balanza comercial importante”. Por ello, las organizaciones integradas en la Federación de Cámaras del Libro (FEDECALI) hacen un “llamamiento público” a los “gobernantes y al conjunto de los partidos políticos del arco parlamentario” para que establezcan entre sus objetivos prioritarios “una estrategia a largo plazo en favor del libro y la lectura” que permita convertir a España en un “país de lectores”.

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Sin dejar la perspectiva de todo lo expuesto desde un punto de vista económico, el Día del Libro también es el momento para reflexionar sobre la situación que atraviesan todos los agentes implicados en el sector, desde autores a editores; desde bibliotecarios a libreros, diseñadores, o correctores.

Tal día como hoy, el año pasado, en este mismo espacio publiqué un artículo titulado: «Autores, libreros y editores en el Día del Libro», en el que desmenuzaba todos los pormenores de un sector que ha logrado sobrevivir a la crisis derivadas de la pandemia de la Covid-19 gracias a la transformación digital, gracias a su irrupción en el mundo digital.

Entonces escribí:

Fotografía: @pixabay

Grandes grupos editoriales con sus líneas de distribución y librerías propias siguen marcando el territorio. Y esto perjudica gravemente a las pequeñas librerías. A esas librerías, abrazadas al comercio de proximidad. Estas librerías no pueden competir en igual de condiciones con estas grandes marcas que acaparan un importante porcentaje de ventas por capacidad, distribución, medios y, sobre todo, poder.

(…) Hay que partir de la base de que la inmensa mayoría de las librerías son librerías pequeñas, con una facturación inferior a los 90.000 euros al año. Son comercio de proximidad. Comercios que se concentran en las comunidades más pobladas. Existe una mayor densidad de librerías en el norte de España. Esto unido al crecimiento de las librerías independientes nos sitúa ante un nuevo modelo de negocio. Con menos peso del libro escolar y universitario y más visibilidad en el mundo digital. Otro dato significativo es que el 45% de los libreros señalan que su problema principal estriba en la concentración de las ventas online por parte de grandes plataformas de venta en internet como Amazon, y en el cambio de hábitos en la población en relación con la lectura y la compra de libros en librerías.

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Alguien tiene que ponerle el cascabel al gato Amazon. Dicho de otra forma: el monopolio de ventas de este gigante online debe ser controlado porque ejerce una fuerte discriminación sobre el comercio de proximidad, sobre esas pequeñas librerías de barrio que se las ven y se las desean cada mes para que les cuadren los números.

Otra pata importante del sector del libro es el sector editorial. Sobre ellos, escribí lo siguiente:

“En el día que la UNESCO decidió crear el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, es importante poner el foco también sobre el sector editorial cuya problemática se asemeja en buena parte a la de los libreros. Muchos son autónomos o pymes. En otras palabras, carecen de la capacidad empresarial que tienen los grandes grupos editoriales con sellos de todos conocidos. Hay que poner en valor a esas editoriales independientes, pequeñas, no exentas de riesgos y de dificultades. Pero que, a pesar de eso, siguen apostando por nuevas voces narrativas. Como los agricultores que, a pesar del pedrisco, siguen mimando sus tierras y las trabajan día a día, en busca de un mañana mejor.

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Los editores independientes son esos pequeños héroes de la cadena del libro, muchas veces invisibles, sin cuya apuesta personal y económica (no nos olvidemos),  muchos manuscritos seguirían durmiendo para siempre en un cajón o en el disco duro de cualquier ordenador. Su trabajo es notable, porque en el mejor de los casos, detrás de ellos, hay una suerte de profesionales ‘invisibles’ que logran que el libro se convierta en objeto de codiciado deseo. Me refiero a correctores, ilustradores, maquetadores… cuyo trabajo es imprescindible en la cadena de edición. En la mayoría de los casos su trabajo queda entre bambalinas cuando no debería ser así. De sus procesos, de su esmero y cuidado, depende una buena parte del resultado final del libro. Por eso, el sector de las editoriales independientes es tan importante. Genera muchos puestos de trabajo y mucha riqueza. Y, sobre todo, crea cultura. Algo imprescindible”.

Las editoriales independientes son imprescindibles son el canal de luz necesario e ideal para dar visibilidad a nuevas voces narrativas que, en caso contrario, a pesar de su calidad literaria (manifiestamente contrastada), quedarían injustamente arrinconadas y sepultadas en el cajón del olvido- Por eso hacen un trabajo tan importante, y tan necesario.

Fotografía: @pixabay

La tercera ‘pata’ del banco del Día del Libro son los autores, que merecen capítulo aparte por su ego desmedido, muchas veces acompañado de un egoísmo exacerbado, que no les deja ver más allá de su propio horizonte.

Sobre este colectivo escribí:

“En esta conmemoración tampoco podía olvidarme de analizar otro sector: el de los autores. Un sector en plena efervescencia continúa. Vivimos un momento de eclosión editorial, en el que todo el mundo quiere editar su obra al precio que sea, y cómo sea. En muchos casos, primando las ventas por encima de la calidad. Craso error. Hoy todo el mundo se auto denomina ‘escritor’. Eso es una falacia, un argumento casposo, una forma ignorante de insultarse a uno mismo. También de insultar a quienes llevan ya un dilatado recorrido a sus espaldas como autores, con contratos editoriales, con varios títulos editados, con visibilidad por parte de la crítica y del público. El mero hecho de publicar un libro (en el mejor de los casos, bajo una auto edición poco ética y menos legal), no te convierte en escritor.

¿Dónde está el contrato el contrato editorial? ¿Y las pruebas del ‘editing’? ¿Y el cruce de correos electrónicos con el corrector y maquetador de la editorial? Si no hay nada de eso, y encima no has puesto dinero, agradece al santo del día que no te hayan estafado. Pon una vela porque la editorial, o supuesta editorial, siga existiendo. En muchas ocasiones detrás de una supuesta ‘marca’ editorial hay empresas de servicios editoriales que en reiteradas ocasiones juegan con las ilusiones, el esfuerzo, y el dinero de los autores. Y una vez cubiertas sus expectativas económicas, sin ningún tipo de pudor ni respeto, se volatilizan sin dejar rastro. Eso sólo tiene un nombre, y no es el de editorial, precisamente.

No digas lo que no es. No presumas de lo que no eres. Se prudente, o la vida te obligará a serlo.   

Fotografía: @elcomerciodigit

Al igual que el médico, cuando acaba sus estudios, hace el MIR para poder ejercer la Medicina y la Cirugía legalmente, la persona que quiera dedicarse formalmente al viejo oficio de escritor debe formarse y conocer a fondo el mundo del libro. Debe aprender a escribir, conocer técnicas y trucos, saber documentarse, leer muchísimo, advertir cuando un texto ‘está rematado’ y cuando precisa una corrección, conocer la legislación en materia de derechos de autor y propiedad intelectual…  Esto es imprescindible en el proceso creativo.

Y luego están las segundas partes. Lo lógico es que la calificación como ‘escritor’ te la pongan. Nunca te la auto pongas. Lo sensato y prudente es que te la pusieran desde el sector editorial, desde la crítica, desde los medios de comunicación. Pero que una persona se auto denomine escritor por el mero hecho de auto publicarse –en el mejor de los casos en Amazon- es un insulto y una falta de respeto.

No se puede publicar cualquier texto por el mero hecho de alimentar el ego personal. Para eso, el personal tiene otras herramientas como Tinder. Para que un texto llegue a las manos de un lector existen dos premisas imprescindibles: la calidad literaria de la obra y la perfecta edición de la propia obra. Sin estas condiciones estamos construyendo demasiados castillos de arena. Y últimamente percibo excesivos egos superlativos en redes sociales y en los escaparates que acabarán estrellándose más pronto que tarde.

Fotografía: @covisn

“Para ser un buen escritor, hay que escribir por el mero hecho de escribir sin ansias de publicar”, decía un conocido poeta aragonés. Pero parece ser que esta teoría no va con  los que a diario te inundan tus perfiles sociales y tus buzones de correo, anunciándote que compres la mejor obra literaria jamás publicada. O sea su libro. No se dan cuenta que cada vez que pulsan el botón de ‘enviar’, con este tipo de hazañas están un paso más cerca del ostracismo más absoluto. Ya lo decía Agatha Christie: «Cuando no hay humildad las personas se degradan». Es la radiografía más evidente de muchos que se autodenominan escritores”.

Pero en el Día del Libro, dejando a un lado los egos personales,  es el momento de reivindicar de forma definitiva el hábito de lectura como terapia ante los problemas de nuestro día a día, pero también como costumbre de vida. Como dijo Ana María Matute, «la lectura es una fábrica de sueños». Seguro que compartiréis conmigo la teoría que el ser humano necesita soñar a diario para evadirse de su entorno, más próximo y más lejano. Pero sobre todo, como dice Covi Sánchez, Presidenta de la Asociación de Escritores Noveles, y miembro del Comité de Honor del V Congreso de Escritores porque «un libro es la puerta de acceso a la imaginación, dónde realidad y ficción se funden, y todo es posible…».

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La visión global de la comunicación

Fotografía: @popularesgijon

En abril del año pasado, con motivo del nombramiento de Cristina Villanueva, como secretaria general del Partido Popular de Gijón, publiqué en este mismo espacio un artículo titulado «Ilusión, ganas y mucha frescura». En el mismo desmenuzaba, desde mi perspectiva, la importancia que tiene el hecho de que en cualquier organización hay que estar siempre ‘en la calle’. Palpar el día a día de los vaivenes de la sociedad en cualquiera de sus estructuras es absolutamente necesario. Desde ese día, hace ya prácticamente un año, el Partido Popular de Gijón, con su presidente Pablo González al frente viene haciendo, y cumpliendo uno de sus lema ‘a pie de calle’.

Pero esta teoría no sólo se aplica a los partidos políticos. Se debe aplicar a todas las organizaciones, tengan la naturaleza que tengan, y sean del tipo que sean: asociaciones, fundaciones, clubes de fútbol, empresas, instituciones (de todo tipo y condición).

Fotografía: @pixabay

Para llegar a esta cima, se necesitan una serie de herramientas imprescindibles. Resulta absolutamente necesario aplicar unos tratamientos ineludibles sin los cuales nada funciona como tiene que funcionar. Y más pronto que tarde todo huele a fracaso, a error, a desilusión, a decepción.

Para que una organización sea puntera y ejerza su liderazgo social y profesional, resulta totalmente necesario que reúna a los mejores. Aglutinar al mejor equipo, en los mejores puestos de responsabilidad es imprescindible. Pero eso no puede ser a cualquier precio. A cada cual hay que darle la responsabilidad que mejor sabe ejercer. Sólo y exclusivamente desde esa atalaya, y sumando desde la individualidad en favor de la colectividad, se lograrán los mejores resultados para las siglas que se representan.

Y para alcanzar esto, hay que empezar desde los cimientos, aplicando el mejor tratamiento. Construir un edificio desde el tejado implica un claro riesgo de derrumbe, y esto sucede frecuentemente.

Fotografía: @pixabay

Para empezar, hay que hacer una más que buena política de comunicación. La política de comunicación de cualquier entidad –la que sea- siempre se tiene que dirigir desde la experiencia, de forma limpia, transversal, transparente, teniendo muy en cuenta que cualquier organización no vive en soledad aislada en la sociedad, e incluso dentro o fuera del país. Vive interconectada con otras entidades de diferentes tipos y condiciones. Por eso, hay que comunicar interna y externamente correctamente.  Comunicar bien implicar potenciar tu marca. Comunicar mal implica destruir tu marca. Por eso cualquier entidad debe hacerse eco de aquellas realidades del día a día que preocupan al conjunto de la sociedad. Obviar esto no sólo es un error, es una falta de respeto y una manera muy torticera de comunicar.

Pero esto sucede cuando se permite que la gestión de la comunicación caiga en manos inexpertas, personas inhábiles para ejercer esta gestión interna y externa que es imprescindible para catapultar o enterrar la imagen de marca de tu entidad. No puedes dar cargos de responsabilidad a personas que desconocen cómo gestionar esta acción tan importante y estratégica, sólo para que cada día te pasen la mano por la espalda, diciéndote que ‘todo lo haces muy bien’.  Pero tampoco puedes dejar las riendas de la comunicación en manos de ‘palmeros’, especialmente si no saben qué llevan entre manos. Esas decisiones tan desafortunadas pueden ser la puerta al fracaso más estrepitoso que jamás hemos visto.

Fotografía: @pixabay

Del éxito o fracaso de la gestión de la comunicación dependerá que la marca de tu entidad se catapulte o caiga a un pozo, cuyo foso no se ve dada la profundidad que tiene.

Y este éxito tiene que venir también de la mano de dos herramientas fundamentales: una web potente que visibilice todas las actividades y toda la información de la entidad, y un buen equipo de redes sociales que sea proactivo, profesional, riguroso, objetivo, serio, implicado. Si fallan cualquiera de estas dos ‘muletas’, también nos abocamos al fracaso. Qué una entidad, sea del tipo que sea, no tenga una web ‘útil’ y eficaz, o su equipo de redes sociales no sean profesionales, es una patada a la marca de la entidad que no se puede consentir, porque eso únicamente es la antesala del fracaso.

En la web y en las redes sociales se debe comunicar de forma limpia, transversal, transparente, visibilizando todo lo que hace la entidad, pero también todo lo que le puede afectar directa o indirectamente. Una entidad no puede comunicar exclusivamente mirándose el ombligo. Hay que comunicar potenciando tu marca. Potenciar tu marca implica relacionarse digitalmente con otras entidades y manteniendo, también en redes sociales, unas más que excelentes relaciones institucionales con tu entorno social.

Fotografía: Adietine

Y todo estos valores, toda esta estrategia es responsabilidad del director de comunicación. El profesor Joan Costa lo define como «el líder de la reputación de la marca corporativa y de los valores de la empresa. Por eso, el dircom tiene una visión global y transversal de la empresa». (minuto 4,26’)

Comparto íntegramente las palabras del Profesor Joan Costa, porque el trabajo del director de comunicación es absolutamente necesario. De él depende esta estrategia y será el encargado de que la visión global de la empresa se engarce, no sólo con sus valores, sino con su marca. Por este motivo, las decisiones del director de comunicación son incuestionables porque es el estratega en materia de comunicación, de marca, de imagen, de reputación. De igual modo que las decisiones del director financiero, o tesorero, tampoco pueden cuestionarse porque de él dependerá la viabilidad económica y el futuro de la entidad en cuestión.

Fotografía: @pixabay

La comunicación es fundamental para que una marca despegue o se hunda. Se trata de gestionar los valores, la marca, la reputación de nuestras siglas. O sea el ‘todo’… Pero hay muchas personas que no lo ven. Y sólo tienen ojos para su ombligo y…ello sólo es  el NO-DO de esa gran película llamada ‘fracaso’,

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«Volver a empezar», esa excelente película…

Fotografía: @rtve

El cine es esa expresión artística, junto a literatura, el arte  o  la música, que nos permiten viajar a otros universos cosmopolitas. Nos concede el don de adentrarnos en mundos que nos sumergen en aventuras inolvidables y maravillosas. ¿Quién no recuerda películas extraordinarias que atesoramos en nuestra mente y en nuestro corazón y que, por unas horas, nos han convertido en las personas más felices del universo? El cine nos permite disfrutar en la gran pantalla de actores y actrices que dan vida a historias inolvidables, que guardamos para siempre en nuestra mente y en nuestro corazón.

Una de esas películas es «Volver a empezar», esa excelente película dramática dirigida por José Luis Garcí en 1981, estrenada en 1982, y ambientada en Gijón. Como suele pasar habitualmente, en un principio fue repudiada por la crítica española, pero Estados Unidos la acogió con los brazos abiertos hasta el punto que obtuvo el premio Óscar a la mejor película extranjera, que hasta entonces ninguna producción española había ganado. Este galardón la catapultó en España, siendo un éxito de taquilla.

«Volver a empezar» cuenta la historia de un exiliado que tras la restauración de la democracia en España, regresa a su ciudad natal, en dónde se encuentra con la mujer que fue el amor de su vida.

Fotografía: @Elcomercio

Pero no estamos ante un exiliado cualquiera. Estamos ante un profesor de la Universidad de Berkeley, que ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Esta peculiaridad personal del protagonista confiere a la película muchos matices destacables que de otra forma no se darían.

Se han cumplido cuatro décadas de aquella ‘gesta’. Ayer en el diario El Comercio, José Luis Garci declaraba: «Lo curioso es que la película no gustó cuando se estrenó, pero luego ganó el Oscar y se veía de otra manera». Ayer, en Gijón, hubo una ausencia imprescindible. Él. José Luis Garcí. El argumento de que «porque no conozco a nadie. Toda la gente que conocía se ha muerto, empezando por mi padre, siguiendo por José Manuel Fernández, Juan Cueto, Juan José Plans, todos… No me queda ninguno» no sirve. No vale.

Fotografía: @abc_es

Ayer por la mañana, en la puerta del mítico Hotel Asturias, y, por la tarde, en el Teatro Jovellanos José Luis Garci no debía haber fallado a la ciudad que le hizo Hijo Adoptivo, pero principalmente a la ciudad que le catapultó al Oscar a la mejor película extranjera. En la vida hay que saber estar, y ayer Garci no supo estar. El cine, como la literatura, el arte,  o la música, están por encima de las ideologías o siglas políticas.

En la edición de ayer viernes del diario El Comercio Miguel Rojo, responsable de la sección de cultura del diario, afirmaba que «el nombre de José Luis Garci (Madrid, 1944) quedará para siempre ligado a la historia del cine español, pues suyo es el honor de ser el primer director de este país en traerse un Oscar de Hollywood para casa. Y todo con una película muy alejada del cine comercial que se hace ahora, un film intimista, reflexivo, de personajes y sentimientos, sin efectos especiales. Un film con un protagonista de excepción, Antonio Ferrandis, pero no solo él y Encarna Paso se llevaron los aplausos: la ciudad de Gijón, que se adueña de la narración hasta compartir protagonismo con ellos, excepcionales, es también uno de los personajes principales». Todos esos valores, que comparto íntegramente, de principio a fin, quedaron ayer diluidos como la arena de la bahía de San Lorenzo, absorbida por una ola del Cantábrico ante una ‘espantá’ tan vacía de argumentos, como la que ha dado el director de cine ante un aniversario tan especial como éste. Mi padre siempre me dijo: «lo que bien se hace, bien parece». Pues eso…

Fotografía: @Elcomercio

Centrándonos en el Gijón que Antonio Miguel Albajara se encontró en su regreso a casa, es importante reflexionar cómo era aquella ciudad en 1981.  Hay que ser conscientes que Gijón no siempre fue una ciudad cómo la actual, articulada, conectada (más o menos), con espacios de ocio públicos, con una extensa red de bibliotecas, de centros municipales y de salud, con fachadas saneadas, y con un puerto deportivo activo, y un puerto de mercancías referencia nacional.

En 1981, Gijón se encontraba imbuida en plena crisis de la siderurgia, el sector naval y el sector textil.  El Gijón que tanto embelesó a Albarajara,  era un Gijón primitivo; un Gijón malsano, con muchos poblados chabolistas asentados en las inmediaciones de la ciudad y con muchas ciudadelas en los patios de manzanas de diferentes zonas de la ciudad (Cimadevilla; el callejón de las Fieras; de La Arena; las de Celestino Solar; y la Carpintería; y de El Natahoyo, como la de El Cortijo). Esto se acompañaba de unas pocas industrias incrustadas en el corazón de la ciudad, que realmente eran su lentísimo motor económico.

Fotografía: Noticias del Sporting

Como bien señaló ayer también el diario El Comercio, el estadio de El Molinón (hoy conocido por El Molinón Enrique Castro Quini), es la catedral laica de Gijón, el campo en activo más antiguo de España. Para Garcí, uno de sus lugares favoritos, por su color verde, por su significado. El estadio, la escuela de fútbol de Mareo, y el mismísimo equipo de fútbol tenían que tener su visibilidad argumental en la película. Y hablando del Sporting, es imposible no recordar a José Bódalo, que interpreta el papel de Roxu, el mejor amigo de Albajara, un médico que pertenece a la junta directiva del club.

¿Y qué decir del papel que interpreta Encarna Paso?  Elena, esa mujer que tenía guardada en su corazón y en mente a quien fue el verdadero amor de su vida: Antonio Albajara,

El Hotel Asturias es otro de los escenarios imprescindibles de la película. Junto a este enclave mítico de la ciudad, es imprescindible no olvidar a su gerente (en la película): el peculiar Gervasio Losada, interpretado magníficamente por el gran Agustín González.

Fotografía: @Elcomercio

En resumen, una película excelente, con unos actores de lujo,  en un Gijón, que se dejaba la piel por pasar del gris al color,  que envuelve, enamora,  y emociona a partes iguales.

Dice el periodista César Cajete que los medios de comunicación tienen la obligación de informar, formar y entretener. Me apropio de esa frase de mi amigo y maestro para trasladarla al cine, especialmente a «Volver a empezar». Esta gran película entretiene porque te distrae;  informa de que cómo era la sociedad gijonesa y asturiana de la época;, y forma porque cualquier película bien hecha, como ésta, siempre te impregna de ‘ciertos grumos’, que diría el Profesor Emilio Lledó, que te acompañan para siempre. Esta gran película reúne todos los ingredientes de una gran súper producción. Otro mérito de Garci y del elenco de actores que le acompañaron.

Fotografía: @RTPAOficial

No en vano, un Oscar no se gana cada mañana. Hay demasiados potingues que convierten este film en la gran película española de la segunda mitad del siglo XX. Como todas las grandes súper producciones que están bien hechas (y subrayo esta última frase), nos dejó una excelente reflexión. La dedicatoria de su director. Ésta:

«Quiero rendir homenaje a los hombres y mujeres que empezaron a vivir su juventud en los años treinta; y en especial, a los que aún están aquí, dándonos ejemplo de esperanza, amor, entusiasmo, coraje y fe en la vida. A esa generación interrumpida, gracias».

 

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Paco Martínez Soria, cateto aragonés, que fue el rey de la comedia

Fotografía: @elmundoes

El cine es una de los mejores instrumentos para reflejar la sociedad en cualquiera de sus vertientes. No podemos negar que el cine, como cualquier medio de comunicación, tiene esa faceta tan necesaria y tan importante de formar y entretener a la población. Durante años, en España hemos tenido enormes ejemplos de grandes actores y actrices que, durante décadas y décadas, han reflejado la más pura esencia de nuestra sociedad.

Un claro exponente de ese elenco de esos actores es el turiasonense Paco Martínez Soria, del que ayer se conmemoró cuatro décadas de su fallecimiento. No cabe ninguna duda de que este aragonés no necesitaba alfombra roja alguna, ni apesebrarse al abrigo de ningún director vanidoso, para ser un excelente actor. Sus méritos le avalaban, y le convirtieron en un actor de referencia durante la década de los 60 y 70.

Sus comedias no sólo reflejaban una sociedad que, a duras penas intentaba transformar su color gris en multicolor. También nos dejaban magníficas lecciones de vida, de las que siempre había (o hay) mucho que aprender.

Sin ningún género de dudas, Paco Martínez Soria fue el rey de la mejor comedia española durante todo el tiempo que pisó los escenarios. Con más de 35 títulos a sus espaldas, ¿Quién no se acuerda de «La ciudad no es para mí» o «Abuelo made in Spain», por ejemplo…?

Fotografía: @YouTubeEspanol

Este gran actor fue un referente para muchos otros actores. Como bien dijo en cierta ocasión Paco León: «él todavía estaba en 1º de Don Paco» (como si Martínez Soria fuera en sí mismo una cátedra y los demás iban aprendiendo de él). Ayer esta anécdota fue recogida en la edición de Heraldo de Aragón.

Ese personaje pueblerino, con boina y con acento baturro, que caminaba por la ciudad de manera desconcertada y patidifusa se transformó en un protagonista adorable y querido por el gran público que lo catapultó de manera inmediata al pódium más alto del mejor cine español de la época.

Han pasado cuarenta años de su desaparición, y todavía hoy este gran actor continua en el imaginario colectivo de muchas personas, aunque sólo sea en su faceta cinematográfica. Paco Martínez Soria fue mucho más que un actor de comedia y de humor. Fue «un gran empresario de teatro que empieza desde abajo» escribe Oscar Abad, que acaba de publicar  «Don Paco Martínez Soria. Aplausos y mutis».

Fotografía: @rtve

Pantalones de pinza, abrigo largo, bufanda de cuadros y la boina. Carga en sus manos una maleta, una cesta de mimbre con unos “polluelos del pueblo” para su hijo el médico y cuadro de “la Antonia”, su mujer. Cansado y asombrado ante el bullicio y tráfico de la gran ciudad. Es Agustín Valverde que acaba de llegar en tren a Madrid para vivir una nueva vida junto a su hijo una vez que ha quedado viudo.

Es la imagen del ‘cateto de pueblo’ que llega a la ciudad en «La ciudad no es para mi» que ayer emitió Televisión Española en homenaje al gran actor de Tarazona.

Paco Martínez Soria falleció el 26 de febrero de 1982 en Madrid tras sufrir una angina de pecho. Este gran aragonés, al que por cierto Aragón no ha homenajeado todavía como se merece, se encontraba en la capital de España. Estaba ensayando la obra «¡Guárdame el secreto, Lucas!» que nunca llegó a estrenar.

Fotografía: @larazon_es

Como ya me he referido anteriormente, el valor añadido en todas sus películas era el mensaje subliminal que nos dejaba en los labios. Siempre detrás de cada titulo había una lección de vida, de cómo entender la sociedad del momento (también la del futuro), y de cómo gestionar valores, actitudes, y relaciones entre personas.

Personas como Paco Martínez Soria han marcado una etapa importante en la vida de muchos españoles, y, a través de su trabajo y de su manera de entender la vida, nos dieron las pautas y los instrumentos para hacer una sociedad más equilibrada, más justa, y mejor. La pregunta es: ¿lo hemos conseguido?

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Cuando la indecencia se transforma en best-seller

He dicho muchas veces a través de este portal que la ejemplaridad debe ser la bandera en la que se envuelva cualquier cargo institucional en todos sus actos oficiales, y también en los privados. Una persona no es alcalde, diputado o presidente de una comunidad a tiempo parcial lo es a tiempo completo, cuando se encuentra en un acto familiar. Siempre.

Fotografía: @el_pais

Pero este huracán de ejemplaridad no sólo debe afectar a nuestros cargos institucionales cuya nómina sale de los Presupuestos Generales del Estado; es decir, del bolsillo de todos los españoles. Esto afecta a cualquier cara publica, de cualquier faceta de la sociedad, que se convierte en un referente a nivel social, cultural, deportivo, económico, o de cualquier otra índole.

Ayer la Agencia Tributaria publicó la séptima lista de empresas y particulares con las deudas más abultadas con el fisco, por encima del millón de euros a 31 de diciembre de 2020. El listado de este año ofrece un descenso tanto en el número de morosos como en los importes que adeudan: 3.869 contribuyentes, un descenso del 1,6% frente a los 3.930 del año anterior, por un importe de casi 14.100 millones, un 1% menos respecto al listado precedente. Y en la lista de caras conocidos aparece en segundo lugar el autor Ildefonso Falcones, con una deuda de 1,3 millones.

Es en este punto en dónde quiero reflexionar con serenidad. De sobras es conocido, lo que significa un autor de la talla de Falcones –u otros similares- para los escritores que comienzan. Como diría alguno, “para los noveles”. Son referentes y ‘modelos’ por su trayectoria, su calidad, su modelo de trabajo, su volumen de ventas, y otros condicionantes más.

Pero ayer, tras la información de la Agencia Tributaria, Falcones no es referente de nada ni de nadie en el sector literario; bueno sí, referente para el director de su oficina bancaria y para su director editorial. Pero desde luego para las nuevas voces narrativas, Ildefonso Falcones, como diría mi madre ha quedado «a los pies de los caballos».

Puedo entender que se puede tener una deuda, y es perfectamente comprensible y entendible desde un punto de vista humano y, como autor, pero que esa deuda sea de esa cantidad estratosférica me parece vergonzoso. Pero aún resulta más bochornoso y más indecente que no se haya publicado ningún comentario por su parte en ninguna red social, ni en ningún medio de comunicación. Quien calla, otorga. Él calla mucho y otorga poco. Más bien nada.

Quien conozca el sector editorial o el sector del libro, podrá imaginarse que Falcones ha ingresado importantes cantidades de dinero por la venta de sus libros, y por las traducciones de los mismos. Si a eso añadimos, toda la “paraliteratura” que ello lleva implícita: conferencia, coloquios, asistencia a congresos, ferias del libro… sobra decir que sus emolumentos son más que considerables. Eso sí, no tiene un euro para amortiguar la deuda con la Agencia Tributaria. Esto sólo tiene un nombre en toda tierra de garbanzos. Ya se sabe cuál es. Y no es necesario recordarlo. Eso sí, igual hay que refrescar estas cosas al personal cuando entre en una librería. Yo lo haré. Y que cada cual aguante su palo.

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Más Irene Vallejo y menos ruido…

Leo en el diario El País una entrevista que mantuvo recientemente la autora zaragozana Irene Vallejo en Matadero Madrid con la periodista Inés Martín. Como ya nos tiene acostumbrados la flamante autora de «El Infinito en un junco» no dejó indiferente a nadie, porque sus libros y sus palabras siempre calan como cala la lluvia en los eternos inviernos asturianos.

Fotografía: @madeinzaragoza

Entre otras muchas perlas, la premiada con el Premio Aragón 2021 y también galardonada con el Premio Nacional de Ensayo dejó infinidad de ‘regalos’ en forma de palabra, entre los que cabe destacar: «El conocimiento es un enorme poder y muchas veces, cuando se intenta apartar, es para tener el control. Las lecturas permiten que el saber abandone los círculos privilegiados y que se extienda». Esta reflexión tiene su aquel, ya que existen colectivos a los que nos les interesa que coexista una sociedad y, lógicamente, unos individuos con el ‘pensamiento crítico’ que ofrece la lectura, con la capacidad de opinar por si mismos que nos brinda la cultura.

Hay un sector social que esto no lo digiere, se les indigesta, y luego se envuelven en banderas rancias más típicas de la calle Rue del Percebe que de un país en libertad como España. Una sociedad libre y con capacidad crítica, como hemos visto estos últimos meses, es capaz de reconducir su destino. Pero a algunos esto no les interesa. Pomadita.

Irene Vallejo tiene muy claro, y lo demuestra de palabra y de obra, su amor por la escritura: «En los momentos de catástrofe la gente sigue buscando los libros. Tendemos a pensar que la cultura es algo ornamental para tiempos prósperos. Pero en las cuevas ahuyentaban al miedo, a la oscuridad y a los depredadores con historias. Junto al calor del fuego encontraron las palabras, que es otra forma de protección». Efectivamente… los libros, las palabras son ese elixir de paz para los momentos más difíciles de la vida, cuando ésta te muestra su arista más punzante para dejar la cicatriz más profunda. De sobras es conocida la importancia de la biblioterapia en la vida de las personas… Por esta razón, y otras muchas, los libros no morirán nunca. Son ese flotador que necesitamos en los momentos difíciles.

Fotografía: @elcultural

Y esto ha quedado reflejado durante la pandemia. La cultura, los libros, han sido esenciales y absolutamente necesarios para que la población pudiera digerir el confinamiento, la enfermedad, los adioses, la ausencia de abrazos, y las distancias en paz.

Es evidente que la sociedad necesita muchas más Irene Vallejo. Autoras (y autores)  como ella son absolutamente necesarias. Sepultan el ruido, y lo alejan. Son un rayo de esperanza y una luz que ilumina el túnel del dia a dia de los individuos,  dando brillo y esplendor allí donde algunos se empeñan en pintar las paredes de negro. Pero la autora zaragozana, con sus libros y sus palabras,  ilumina todo con luz propia. Brilla por si misma. Y no todos los autores pueden decir lo mismo. Y además lo hace desde la humildad, la sencillez, y sin likes. El mérito aún es mayor. Pese a quien pese.

 

 

Se puede leer todo el artículo aquí. de referencia. Merece la pena.

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Diseñadores e ilustradores en su Día Mundial

El pasado martes se celebró el Día Mundial del Diseño Gráfico. Es el momento perfecto para dar visibilidad a un colectivo profesional absolutamente imprescindible actualmente. Un colectivo que a diario pasa excesivamente desapercibido. Muy inadvertido.

Fotografía: @enterate24

El diseño gráfico es una disciplina que interactúa con otras con el objetivo de comunicar, a través de un mensaje visual, expresiones de todo tipo para generar impacto en el público. El diseño gráfico también fusiona lo audiovisual con elementos textuales, imprescindibles para atraer y mantener la atención de la gente.

No olvidemos que no existiría el Día Mundial del Diseñador Gráfico sin la creación de la imprenta. Mucho hay que agradecerle a Gutemberg, el inventor de este fascinante método en el siglo XV, por su contribución tecnológica que dio lugar a diversas técnicas de impresión y reproducción de imágenes, textos y documentos.

Los diseñadores gráficos y los ilustradores son absolutamente necesarios en el sector editorial. Pero también en empresas y en grupos de comunicación y en las empresas editoras de diarios. Es en este momento me vienen a la cabeza nombres de sellos editoriales de literatura infantil y juvenil, que son santo y seña en el sector. Gracias en una buena parte al trabajo de sus diseñadores gráficos y de sus ilustradores. Nombres como Kalandraka o Pintar Pintar dan brillo y esplendor al panorama editorial gracias a estos profesionales. Sin el trabajo de estos profesionales,  los volúmenes de estos sellos no tendrían ningún sentido. Gracias a los ilustradores, sus libros son maravillosos.

Hablar de ilustradores es hablar de hablar de creativos, expresivos, apasionados, innovadores, observadores… estas son algunas de las características que definen a los diseñadores gráficos. Hoy en día, también resulta necesario contar con competencias tecnológicas para manejar diferentes plataformas digitales y programas para desplegar las ideas en el campo laboral.

Fotografía: Foto de Cottonbro en Pexels

Pero el trabajo de los ilustradores y los diseñadores gráficos también resulta absolutamente imprescindible en el otros escenarios empresariales. En los gabinetes de comunicaciones de grandes, y no tan grandes, marcas es esencial el trabajo de estos profesionales para visibilizar la actividad empresarial. Y también lo es, por ejemplo en las empresas de comunicación: en periódicos o diarios, o televisiones.

Vivimos en un una época en la que la palabra es importante, pero lo es mucho más cuando va acompañada de una imagen. El mundo de la imagen comunica más que la propia palabra, y si la imagen es creativa, mejor. ¿Quién mejor que un ilustrador para crear uma imagen gráfica de calidad, que ilustre y comunique en positivo?

En medio de una de las peores crisis que jamás ha vivido la sociedad, la necesidad de que el sector editorial tenga en plantilla ilustradores y diseñadores gráficos es más necesario que nunca. Además de generar riqueza y crear puestos de trabajo, que no es moco de pavo. La impronta que un diseñador imprime a un trabajo es más que trascendental. Por eso su trabajo en el sector editorial es más que imprescindible, si cabe.

Por eso, hoy y siempre, los creativos, los ilustradores son tan necesarios. La imagen lo es. Sin ellos. No hay imagen. No hay creación. Así de simple.

 

 

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Autores, libreros y editores en el Día del Libro

El viernes se celebró el Día del Libro. Fue una fecha de reivindicación de un sector que en esta pandemia no ha resultado demasiado dañado. La venta online ha frenado lo que podía haber sido un gran cataclismo para muchas librerías. Sin embargo no es cuestión de voltear las campanas al son de himnos victoriosos. Ni mucho menos.

Fotografía: @periodicoaragon

Grandes grupos editoriales con sus líneas de distribución y librerías propias siguen marcando el territorio. Y esto perjudica gravemente a las pequeñas librerías. A esas librerías, abrazadas al comercio de proximidad. Estas librerías no pueden competir en igual de condiciones con estas grandes marcas que acaparan un importante porcentaje de ventas por capacidad, distribución, medios y, sobre todo, poder.

Por esta razón, en el aniversario del fallecimiento de Cervantes y Shakespeare es el momento de  analizar diferentes cuestiones de vital importancia para un sector que, globalmente, si ha resultado muy perjudicado. No perdamos la perspectiva que detrás de muchas ‘marcas’ hay un autónomo o una Pyme.

Hay que partir de la base de que la inmensa mayoría de las librerías son librerías pequeñas, con una facturación inferior a los 90.000 euros al año. Son comercio de proximidad. Comercios que se concentran en las comunidades más pobladas. Existe una mayor densidad de librerías en el norte de España. Esto unido al crecimiento de las librerías independientes nos sitúa ante un nuevo modelo de negocio. Con menos peso del libro escolar y universitario y más visibilidad en el mundo digital. Otro dato significativo es que el 45% de los libreros señalan que su problema principal estriba en la concentración de las ventas online por parte de grandes plataformas de venta en internet como Amazon, y en el cambio de hábitos en la población en relación con la lectura y la compra de libros en librerías.

Esto nos lleva a una conclusión: el monopolio de ventas online que lidera Amazon tiene que ser controlado y vigilado de cerca. Esto redundará en beneficio de todos. De autores, que verán como los procesos editoriales online son más transparentes; y de libreros, que no se verán tan amenazados por el gigante del comercio electrónico.

Fotografía: MAPS123

En el día que la UNESCO decidió crear el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, es importante poner el foco también sobre el sector editorial cuya problemática se asemeja en buena parte a la de los libreros. Muchos son autónomos o pymes. En otras palabras, carecen de la capacidad empresarial que tienen los grandes grupos editoriales con sellos de todos conocidos. Hay que poner en valor a esas editoriales independientes, pequeñas, no exentas de riesgos y de dificultades. Pero que, a pesar de eso, siguen apostando por nuevas voces narrativas. Como los agricultores que, a pesar del pedrisco, siguen mimando sus tierras y las trabajan día a día, en busca de un mañana mejor.

Los editores independientes son esos pequeños héroes de la cadena del libro, muchas veces invisibles, sin cuya apuesta personal y económica (no nos olvidemos),  muchos manuscritos seguirían durmiendo para siempre en un cajón o en el disco duro de cualquier ordenador. Su trabajo es notable, porque en el mejor de los casos, detrás de ellos, hay una suerte de profesionales ‘invisibles’ que logran que el libro se convierta en objeto de codiciado deseo. Me refiero a correctores, ilustradores, maquetadores… cuyo trabajo es imprescindible en la cadena de edición. En la mayoría de los casos su trabajo queda entre bambalinas cuando no debería ser así. De sus procesos, de su esmero y cuidado, depende una buena parte del resultado final del libro. Por eso, el sector de las editoriales independientes es tan importante. Genera muchos puestos de trabajo y mucha riqueza. Y, sobre todo, crea cultura. Algo imprescindible.

En esta conmemoración tampoco podía olvidarme de analizar otro sector: el de los autores. Un sector en plena efervescencia continúa. Vivimos un momento de eclosión editorial, en el que todo el mundo quiere editar su obra al precio que sea, y cómo sea. En muchos casos, primando las ventas por encima de la calidad. Craso error. Hoy todo el mundo se auto denomina ‘escritor’. Eso es una falacia, un argumento casposo, una forma ignorante de insultarse a uno mismo. También de insultar a quienes llevan ya un dilatado recorrido a sus espaldas como autores, con contratos editoriales, con varios títulos editados, con visibilidad por parte de la crítica y del público. El mero hecho de publicar un libro (en el mejor de los casos, bajo una auto edición poco ética y menos legal), no te convierte en escritor.

¿Dónde está el contrato el contrato editorial? ¿Y las pruebas del ‘editing’? ¿Y el cruce de correos electrónicos con el corrector y maquetador de la editorial? Si no hay nada de eso, y encima no has puesto dinero, agradece al santo del día que no te hayan estafado. Pon una vela porque la editorial, o supuesta editorial, siga existiendo. En muchas ocasiones detrás de una supuesta ‘marca’ editorial hay empresas de servicios editoriales que en reiteradas ocasiones juegan con las ilusiones, el esfuerzo, y el dinero de los autores. Y una vez cubiertas sus expectativas económicas, sin ningún tipo de pudor ni respeto, se volatilizan sin dejar rastro. Eso sólo tiene un nombre, y no es el de editorial, precisamente.

No digas lo que no es. No presumas de lo que no eres. Se prudente, o la vida te obligará a serlo.

Fotografía: @grupotecnoweb

Al igual que el médico, cuando acaba sus estudios, hace el MIR para poder ejercer la Medicina y la Cirugía legalmente, la persona que quiera dedicarse formalmente al viejo oficio de escritor debe formarse y conocer a fondo el mundo del libro. Debe aprender a escribir, conocer técnicas y trucos, saber documentarse, leer muchísimo, advertir cuando un texto ‘está rematado’ y cuando precisa una corrección, conocer la legislación en materia de derechos de autor y propiedad intelectual…  Esto es imprescindible en el proceso creativo.

Y luego están las segundas partes. Lo lógico es que la calificación como ‘escritor’ te la pongan. Nunca te la auto pongas. Lo sensato y prudente es que te la pusieran desde el sector editorial, desde la crítica, desde los medios de comunicación. Pero que una persona se auto denomine escritor por el mero hecho de auto publicarse –en el mejor de los casos en Amazon- es un insulto y una falta de respeto.

No se puede publicar cualquier texto por el mero hecho de alimentar el ego personal. Para eso, el personal tiene otras herramientas como Tinder. Para que un texto llegue a las manos de un lector existen dos premisas imprescindibles: la calidad literaria de la obra y la perfecta edición de la propia obra. Sin estas condiciones estamos construyendo demasiados castillos de arena. Y últimamente percibo excesivos egos superlativos en redes sociales y en los escaparates que acabarán estrellándose más pronto que tarde.

Fotografía: Librería Acuarel

“Para ser un buen escritor, hay que escribir por el mero hecho de escribir sin ansias de publicar”, decía un conocido poeta aragonés. Pero parece ser que esta teoría no va con  los que a diario te inundan tus perfiles sociales y tus buzones de correo, anunciándote que compres la mejor obra literaria jamás publicada. O sea su libro. No se dan cuenta que cada vez que pulsan el botón de ‘enviar’, con este tipo de hazañas están un paso más cerca del ostracismo más absoluto. Ya lo decía Agatha Christie: «Cuando no hay humildad las personas se degradan». Es la radiografía más evidente de muchos que se autodenominan escritores.

En el Día del Libro es el momento de continuar recorriendo el camino juntos editores, autores y libreros, sin vetos estúpidos (como hacen algunos). Sólo así, desde la unidad y desde la humildad más absoluta este colectivo conseguirá vencer los grandes retos que tiene por delante. Desde el trabajo conjunto. No podemos estar satisfechos con lo logrado hasta ahora. Queda mucho por hacer. Pero sólo se saborearán las mieles del éxito si los tres colectivos trabajan en un único objetivo. Dejando a un lado egos personales. Como dicen los gallegos, haberlos haílos. Especialmente por quienes siendo unos ‘don nadie’ se creen dioses. Urge humildad y decencia a partes iguales en vena.

 

 

 

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Gabo y Macondo, siete años después

Fotografía: @elcultural

Hoy se cumple el séptimo aniversario de la muerte de Gabo. Hoy se cumplen siete años de la desaparición de Gabriel García Márquez. El Premio Nobel está considerado uno de los más grandes escritores de toda la Historia de la Literatura universal. Gabo tuvo un don especial para para convertir el famoso realismo mágico en el mejor atajo a nuevas realidades, como bien ha señalado Alberto Piernas.

Gabo vio la luz de las estrellas por primera vez un 6 de marzo de 1927 en Aracataca, un lejano pueblo de la región de Magdalena, en el Caribe colombiano.

Era conocido como el “hijo del telegrafista” y desde niño  se crió con su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, un veterano de la Guerra de los Mil Días. No estaban solos. Con ellos, su abuela, Tranquilina Iguarán, una exclusiva Scherezade con problemas de ceguera cuyos cuentos marcarían la visión cósmica de su nieto.

A pesar de que en 1947 comenzó a estudiar Derecho en Bogotá para condescender ante su padre, el destino de Gabo estaba unido a la literatura: clubes intelectuales, trabajos como reportero y un primer cuento enviado al diario El Espectador. Así le demostraría a su editor jefe que la suya no era una generación de escritores perdidos y mediocres.

Tal fue el éxito que en 1955 se publicaba “La hojarasca, novela corta que ya mencionaba cierto pueblo llamado Macondo desligado del resto del mundo.

Durante dieciocho meses, entre 1965 y 1966, García Márquez escribió “Cien años de soledad” en un apartamento de Ciudad de México.

Fotografía: @el_pais

Preso de una inspiración tan desbordante como caprichosa, algunas noches lloraba desconsolado mientras su esposa, Mercedes Barcha, gran aliada y compañera, subía a la segunda planta para empujarlo a condensar quince años de creación en una sola obra. El proceso también contó con una red de amigos intelectuales que sugerían referencias y correcciones a modo de Telegram rústico. Era el plan definitivo para conectar el cordón umbilical de un continente con el mundo de los sueños.

Cuando la editorial Sudamericana, en Argentina, pidió a Gabo un primer borrador de seiscientas cuartillas de “Cien años de soledad”, su vida entraba en jaque al haber empeñado todas sus propiedades para escribir la novela. En menos de un mes se vendieron los 8.000 ejemplares impresos de la primera edición.

Para la crítica literaria, esta novela supuso ‘un espejo de América Latina’ a través del conocidísimo realismo mágico; esa corriente literaria que pasa por unir la realidad cotidiana con  la magia, y que alcanzó su esplendor con el boom latinoamericano de los 60. Gabo, en su discurso después de recoger el Nobel de Literatura en Estocolmo en 1982, dijo: ““la interpretación de nuestra realidad a través de esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.

La concesión del Premio Nobel al colombiano supuso el reconocimiento a esta revolución literaria a través de unas novelas que forman parte del inmaterial universal. Hablamos de obras como “Crónica de una muerte anunciada”, “El amor en los tiempos del cólera”, o “El coronel no tiene quien le escriba”.

Fotografía: @OkiDiario

Hoy, siete años después de su desaparición, el legado de Gabo queda más latente que nunca en nuestra memoria. Sus novelas resultan más vendidas por delante de cualquier otro libro en español, empezando por su novela “Cien años de soledad”, que llegó a ser traducida a más de 40 idiomas. Por esta razón, Gabo y su querida Macondo siguen más vivos que nunca. Aquí y allá. En una orilla y en la otra.

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Herso cumple 75 años

Herso es una mítica librería de Albacete que está de cumpleaños. Celebra sus bodas de diamante aportando buena literatura y sobre todo generando riqueza a mi ciudad, que tanta falta le hace con la que está cayendo a causa de la pandemia de la Covid-19. Desde hace muchísimos años recuerdo cómo mi madre siempre hablaba de Herso con cariño, devoción, y respeto a la vez, No en vano es una de esas libreras que no pasan desapercibidas en cualquiera ciudad. Pero los albacetenses hemos tenido la fortuna de tenerla en nuestro paisaje urbano. Herso forma parte de esas tiendas auténticas que son testigos fieles del día a día de las ciudades, de la vida de sus habitantes, del devenir de la vida… Tal y cómo ha dicho Antonio García en La Tribuna de Albacete, estamos ante una librería “guiada por el firme timón de los hermanos Herreros, que continúan la travesía inaugurada por su padre, José Herreros”. Una librería épica y mítica. Con sabor y olor.

No hay ningún secreto para que un negocio triunfe y depende de muchos factores. Sin embargo, el éxito de una librería tiene truco. Hay muchas variables que hacen inclinar esta balanza: desde el trato al lector hasta el hecho de su posicionamiento en el sector y la gestión de sus actividades. Herso es una gran librería-papelería, en la que se conjuga aquel famoso bolero de “alma, corazón y vida”, y yo me atrevería a añadir e historia… porque Herso es historia viva de Albacete. No se entendería la actividad cultural y literaria de la capital manchega sin Herso.  No estamos ante una librería-papelería al uso. Entrar en Herso es adentrarse en la historia más reciente pero también en la más vetusta de Albacete.

Cuando una librería cumple un hito de estas características es una inyección de luz y de riqueza para el entorno en el que se mueve el negocio, y no cabe ninguna duda que los 75 años de Herso simbolizan un carrusel de alegría, vida y sobre todo futuro para el sector literario albaceteño. Cuando un negocio se cuida bien, cuando se trabaja con esmero, cuando se mima a clientes, proveedores y producto el éxito está asegurado.

Todas mis felicitaciones y mis mejores deseos para los hermanos Herreros, en la confianza de que ‘mañana’ puedan celebrar el centenario de esta librería, y ‘pasado mañana’ otros 75 años ofreciendo a la capital de la cuchillería otro carrusel mezcla de riqueza, cultura y vida. Siempre, al traspasar el umbral de cualquier librería hay vida. Hay historias que leer y que contar, personajes que descubrir, historias por vivir…a través de las páginas de los libros que en ellas se acumulan.  Y Herso no es una excepción a esta regla. Al contrario. Es un orgullo para los albaceteños de dentro y de fuera. Para mí, mucho, muchísimo. Y si mi madre se enterase, también. La sangre manchega cunde demasiado. Con mucho orgullo.

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El criminal y la novela negra

“Primero era un grito solo en mitad de la noche

y después más gritos y más gritos

y después un silencio…”

Ernesto Cardenal

 

Fotografía: @elEconomistaes

Hace años me decía un prestigioso forense español que en España sólo vende lo rosa y lo negro.  Y no iba desencaminado porque el auge que tiene la novela negra en la actualidad es tremendo.

El cainita que mata a su hermano siempre ha despertado especial atracción y curiosidad del por qué de su comportamiento.  Ello siempre quedó reflejado en la novela negra, escenario perfecto para la representación teatral, pero real a la vez, de las pasiones y sinrazones más oscuras del ser humano.

Al describir un criminal conviene realizar con una extraordinaria precisión todos sus rasgos psico biográficos.  Ello permitirá al lector conocer cómo era y quién era el sujeto en cuestión.

Es importante conocer nuestra historia más reciente y más pretérita, pero resultaría inacabada si desconociéramos la historia del crimen y del criminal, de cómo es nuestra sociedad asesina, de nuestras ofrendas y nuestros demonios tan maravillosamente reflejados en la novela negra.  La irrupción de los psicópatas criminales en este género no deja de resultar soberanamente seductor a la vez que morboso.

Fotografía: @zendalibros

Conviene, pues, utilizar una prosa ágil y fácil, alejada por completo de barroquismos y riquezas que no nos llevarán a ninguna parte.  En la novela negra es de gran interés acercar los criminales al lector, y hacerlo con ternura y facilidad, describiendo sus vidas y sus historias personales.  Sólo así llegaremos a conocer y a valorar psicopatológicamente sus conductas y el por qué de sus actos.

Por ello, en la novela negra es importante que predominen criterios científicos y psiquiátricos.  Dentro y fuera de este género literario, conviene acercarse al crimen de forma científica, cargada de humanismo no para castigar, sino para prevenir.  Ello nos llevará a entender que el crimen, la agresividad y la violencia están en la propia esencia del hombre y de sus demonios.  Luis Rojas Marcos señala que el hombre necesita la agresividad para vivir.  La novela negra no puede ni debe escapar a esta realidad.

Cualquier obra de este género que sea de calidad debe reunir, entre sus ingredientes imprescindibles, la intriga como motor de la historia.  Se va del quién al cómo.  Se debe arrastrar al lector, de la mano, página a página, hasta el desenlace final.  Sin respiro.  La acción es imprescindible.  Según se desmenuza la historia, la acción trepidante debe conducirnos inexorablemente a resolver los enigmas y rompecabezas hasta desentrañar el caso.

Fotografía: @YoutubeEspanol

Como acabamos de ver, el crimen siempre está presente; es decir, en la novela siempre se dibujan las cloacas del planeta con su indigencia, con toda su paupérrima existencia y su atormentada vida.  En este sentido, la psicología de los personajes, especialmente de sus protagonistas, es vital a la hora de contar una buena historia negra.

Dentro y fuera de nuestras fronteras no carecemos de héroes.  Al contrario.  Petra Delicado (Alicia Giménez-Bartlett), Carvalho (Manuel Vázquez Montalbán), Kurt Wallander  (Henning Mankell), Guido Brunetti (Donna Leon), Martina de Santo (Juan Bolea), Kay Scarpetta (Patricia Cornwell), y otros cuya lista seria interminable, son una pequeña representación de los protagonistas esenciales de este género tan apasionante como seductor que es la novela negra.

Fotografía: @voz_populi

Detrás de todos y de cada uno de estos investigadores siempre nos encontraremos con una caterva de psicópatas, sociópatas y criminales que pueblan la sociedad de nuestros días.  Una interesante muestra de limitadores cuyas variantes son interminables.  En cualquier novela negra, el lector puede tropezarse con asesinos apasionados, psicópatas en serie, paranoides en masa, locos homicidas, drogadictos en busca de nuevas dosis y depredadores que incluso ni ellos mismos conocen la razón de su violencia, pero sí sienten una extraña necesidad de matar.  Se trata de seres marginales que llevados al papel se convierten en héroes.

En cualquier obra de este género se debe analizar con meticulosidad extrema todos los aspectos criminales, los métodos de matar y los modus operandi, las coincidencias y las similitudes, las diferencias y las controversias que arrastrarán al lector de forma solapada hasta la atracción total de los personas y, por ende, de la trama.  Para ello utilizaremos unos diálogos precisos y técnicos, sin olvidar que cada personaje tiene su jerga particular.

La novela negra es esencialmente urbana, social y realista por los ambientes en que se mueve  y por la galería de personas ya enunciados que suelen poblarla.  Y este reflejo social es una manifestación viva de lo a diario acontece en nuestras ciudades.  El crimen está ahí, a la vuelta de la esquina.  En nuestros ambientes cotidianos es fácil tropezarnos con sujetos enajenados que han perdido la propiedad de sus actos y, por ende, se convierten en enfermos mentales.  Como tales la sociedad está obligada a tratarlos.  No son seres extraños, marginados, posesos o malditos, aunque sí pueden ser criminales.  La novela negra es el mejor teatro para poner en escena a estos seres que, despojados de todo prejuicio, son capaces de cometer los crímenes más horrendos que jamás pudiéramos imaginar.

El único modo que tiene el ser humano de evitar su degradación y, por consiguiente, su destrucción es recuperar la libertad como valor central de su existencia.  Quizás este planteamiento resulte demasiado utópico, pero considero que ha llegado el momento de liberar al sujeto de ese cúmulo de valores que alimentan la esclavitud.  Ello recuperará al ser humano y le ascenderá a los niveles más altos de desarrollo personal, y lo alejará del crimen.

Fotografía: @elconfidencial

Sin embargo, el criminal, disfrazado de psicópata, de asesino en serie o de violador, es imprescindible para que la novela negra continúe emergiendo con la calidad e impronta que lo hace actualmente.  Caín es imprescindible en nuestras ciudades.  El mal está dentro de nosotros y, sin socializar la agresividad, el hombre nunca podrá ser libre.

La novela negra no existiría.

La novela negra es la verdad.  En sus historias, desgarradas y animadas, lo que se busca a toda costa es sacar a la luz la verdad de sus protagonistas.  La verdad del cainita de turno.

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Luis Sepúlveda, el escritor chileno transformado en gijonés universal

Fotografía: @LaVanguardia

Fue un 29 de febrero. Fue Luis Sepúlveda el protagonista de aquella historia que acabó tan mal. Hace ya un año la pandemia del Covid entraba en Asturias, y lo hacía –como digo-, lamentablemente a través de un chileno de nacimiento reconvertido en un gijonés de adopción y universal. Hospitalizaban al escritor Luis Sepúlveda. Y el mundo de la cultura, de la literatura –dentro y fuera de Asturias-, más allá de las fronteras españolas, fruncía el ceño de preocupación. Uno de los mejores escritores de las últimas décadas tenía que librar la peor batalla de su vida. Y mira que libró batallas y batallitas si repasamos su biografía. Pero ésta era diferente. Se enfrentaba a un enemigo desconocido, tremendamente cruel, muy hábil y, sobre todo, espantosamente escurridizo.

El autor de ‘Un viejo que leía novelas de amor’, ‘Mundo de fin de mundo’, ‘La sombra de lo que fuimos’, ‘Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar’, entre otras novelas, debía ser fuerte, jugar bien las cartas, y, sobre todo, confiar en su sistema inmunológico para que le ayudase a ganar la batalla de todas las batallas. Lamentablemente no fue así, y el día 16 de abril Luis Sepúlveda emprendió su último viaje; nos quedamos más huérfanos, a pesar de dejarnos su vasta obra literaria, y su trayectoria como periodista y cineasta.

En sus novelas siempre aparece reflejada América Latina, tan convulsa como llena de oportunidades, tan esperanzada como trágica. Toda una lección de vida que sirve para no volver a cometer otra vez los mismos errores del pasado y esperar un presente y, sobre todo, un futuro mejor, digno de nuestras posibilidades.

Fotografía: @latercera

Hace unos días, Carmen Yáñez, viuda de Sepúlveda, concedió a El Comercio una entrevista cargada de emociones y vivencias, regadas de recuerdos y amor. Una entrevista concedida desde la paz que le ha dado a la poeta chilena el saber que se luchó hasta el último instante por devolverle a Lucho –como así se lo conocía popularmente en Gijón y en los ambientes literarios-. Su historia, la historia de Lucho y de Carmen es un historia de amor verdadero, pero también es una historia de renuncias, de entrega, de sacrificio, de vida… En resumen, una historia literaria, Tal y cómo han definido, una historia de novela.

Una demostración de esta historia de amor y de vida es el poema que Carmen Yáñez escribió con motivo del trágico desenlace, y que publicó en su día el diario El Comercio.

Éste:

Ignorantes de la luz que circundaba la inocencia

éramos tan felices amor mío

con el calor de nuestras manos juntas

cruzando todos los caminos

y riéndonos de los obstáculos de piedra o granizo

que nos intentaban parar esa carrera irresponsable de la felicidad.

Éramos tan felices

y no nos enterábamos de la dimensión de la vida.

De la invisible amenaza, de la larga sombra del miedo,

no lo sabíamos nosotros, irreverentes.

Amándonos con proyecciones de futuro.

Hoy ya no pienso más allá de mañana cuando espero

tu prueba de vida dicha por otros.

 

CARMEN YÁÑEZ

 

Fotografía: @el_pais

Dentro de poco más de un mes se cumplirá el primer aniversario de la desaparición de Lucho, un escritor que, en su calidad de gijonés adoptivo y universal,  aportó mucho y bueno a la vida literaria y cultural de la ciudad: unir “las dos orillas” bajo un cielo literario no era fácil, y él lo logró. Fue un hombre útil para Gijón y para Asturias. Nos descubrió buenos autores latinoamericanos que, a través de sus obras, y mientras pateaban Gijón podíamos descubrir la verdadera realidad de América Latina. Y también fue el artífice de que los autores españoles cruzaran el charco y fueran visibles en países hermanos, y sus obras fueran leídas y susceptibles de la crítica literaria latinoamericana. Todo esto bajo el armazón del Salón del Libro Iberoamericano.

Hoy ni se celebra el Salón del Libro Iberoamericano y Luis Sepúlveda casi hace un año que no está con nosotros, pero sí es el momento de reconocer su trayectoria literaria y periodística; y poner en valor que gracias a él, Gijón se proyectó en el mapa literario mundial. Y es que, queramos admitirlo o no, la Villa de Jovellanos respira literatura por todos los poros de su piel, literatura de calidad, de la buena. Más allá de otros condicionantes, la villa de Gijón le debe al escritor chileno el hecho de que, a través de un acto literario como el Salón del Libro Iberoamericano, fue capaz de generar riqueza en la ciudad e incentivar la actividad cultural dentro y fuera del concejo. Algo que no era fácil. Y él lo consiguió.

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‘¿Cómo voy a echarlos, si son mi familia?’

Hay mujeres valientes, mujeres adelantadas a su tiempo, mujeres  fascinantes, y mujeres cultas e innovadoras. Y Conchita Quirós, la librera por excelencia, reunía todos estos méritos en sí misma. Así la definió ayer, a las pocas horas de fallecer, otra mujer valiente e innovadora: Covi Sánchez, la Ceo de la Asociación de Escritores Noveles. Y a la de Gijón no le falta un pizca de razón porque Conchita fue –sigue siendo- un referente en el mundo del libro.

Fotografía: @lanuevaespana

Cuando el miércoles por la mañana saltó la noticia de su muerte nos sacudió en el rostro de forma abrupta, porque todos nos quedamos un poco huérfanos. Conchita, por su edad, y por su trayectoria vital y profesional, era la madre de muchos, de infinidad de libreros, de autores, de lectores; libreros que vieron en ella el camino en el que reflejarse en la sociedad; autores que, puertas adentro de la mítíca Librería Cervantes, encontraron a alguien más que una simple librera; de lectores, que Conchita les inyectó en sus manos y en su corazón el amor por la lectura y los libros.

Fotografía: @elcomercio

La Librería Cervantes es un bastión de resistencia literaria, y de calidad cultural, siempre moldeados por unas manos pequeñas, por una sonrisa achinada, y siempre omnipresente en cualquier rincón para recomendarte una lectura o un autor. Conchita Quirós era imprescindible e indispensable en el sector que conocía a fondo como pocos a nivel nacional.

Las libreras son ese recodo de paz, de viajes a mundos inimaginables de historias con finales increíbles, en dónde autores y lectores conectan y crean otros mundos aún más increíbles. Y Conchita Quirós lo hizo posible. Y se adelantó a su tiempo.

La que fue durante casi dos décadas su directora de comunicación, la periodista Susana Tejedor, ayer diseccionó en un gran artículo en el diario El Comercio, con excelente maestría, la relación con la que ella llamaba «amiga, jefa, compañera». Susana, a través de esas líneas, nos descubre la parte más oculta de Conchita, esa parte que tenemos todo ser humano y que pocas veces dejamos al aire. Conchita era el motor que movía el sector de las librerías, dentro y fueras de Asturias, pero también era un gran ser humano consagrada a los libros como se consagran las monjas de clausura a su retiro espiritual para toda su vida.

Decía Rafa Gutiérrez, presidente de la Asociación de Libreros de Asturias, propietario de la librería de Buena Letra, que “hoy los libros se han quedado un poco huérfanos (…) Seguiremos leyendo, Concha”. Ése era precisamente su objetivo: la promoción de la lectura, y lo consiguió haciendo centenaria a “La Cervantes” que, lamentablemente no lo podrá festejar… o sí.

Fotografía: @elcomercio

Quién sabe si desde algún rincón, allá en lo alto, reunirá a Lucho Sepúlveda, Carlos Ruiz Zafón, Amparo Dávila, a Quino, entre otros muchos, y los pondrá a ver los actos de su centenaria librería.  Y es que como también señala Ángeles Caso, en otro artículo, también en El Comercio: «Conchita Quirós era una de esas personas. Irradiaba inteligencia, alegría y ganas. Ganas de hacer cosas, de estar muy viva, con los pies bien puestos en el suelo y la cabeza siempre allá en lo alto, en las nubes de lo-imposible-que-hay-que-volver-posible».

Y en esta vida sólo existe un instrumento que lo imposible lo transforma en posible: los libros. Y Conchita lo sabía bien. No en vano eran su familia. Y ella, el motor cultural de Asturias.  Era excepcionalmente extraordinaria. Muy huérfanos nos quedamos. Nos quedan sus hijos: los autores y los libros.  Aprovechémoslos.

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Una recomendación

Hoy voy a ser muy breve, quizás excesivamente breve, en la columna diaria, porque sólo quiero hacer una recomendación. Una recomendación que en el fondo y en la forma no deja de ser un bálsamo en este momento.

Escuchar, y leer, a referentes literarios como es el Premio Nobel Mario Vargas Llosa es un elixir para pacificar al personal y conducirlo hacía la moderación y la sensatez que tanto necesita la sociedad española. La literatura y la cultura son ese tratamiento farmacéutico que tanto bien a los ciudadanos por los protege frente a los nostálgicos de las estupideces crónicas y de las tonterías patológicas, aunque estén revestidas de modernidades, que de verdad no son tales.

Resulta imprescindible escuchar a intelectuales de la talla intelectual, humanista, y literaria de este gran peruano, académico y humanista, que cuyas palabras calan y empapan. Aunque no nos demos cuenta.

Atentos a esta entrevista de la BBC: https://youtu.be/pMm4X-5zGY4

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La democratización de la literatura…

Esta semana asistí a una sesión de zoom con una escritora de referencia en Asturias, que pronunció una frase muy importante que no puede dejar indiferente a nadie, especialmente a quienes se dedican a escribir.

Verónica García-Peña es una autora joven, con un futuro muy prometedor y que no tiene problemas en decir las cosas como las piensa o como las siente. Una autora que ahora ya edita con una editorial de referencia a nivel nacional pero que se consciente que el camino hasta aquí no ha sido fácil y justamente por eso no puede dormirse en los laureles y debe trabajar “a pico y pala” cada día.

Precisamente por esta situación y porque empezó su trayectoria editorial autoeditando en la plataforma Amazon se mostró a favor de compatibilizar la edición tradicional en papel con la edición digital en Amazón porque ella considera que «Amazón ha venido a democratizar la literatura», y a hacer posible un mundo literario en el que las dos formas de edición sean posible.

(Fotografía: @

Y fue en ese momento cuando me vino a la cabeza las palabras de la actual alcaldesa de Gijón, a la sazón se supone que es profesora de literatura. Hace unos días hacía un llamamiento para que no se comprara en Amazón. Hay que tener muy pocos escrúpulos y muy poca decencia para hacer gestos de este tipo. Si hay un instrumento que hoy por hoy a los individuos no se,les puede robar es la libertad: libertad de elección, libertad de decisión, libertad de gustos… libertad, en resumen. Y una alcaldesa (o alcalde) -y mucho menos ésta-no es quién para decirle a sus ciudadanos en donde deben o no comprar. Es un gesto más de los batidos de ranciedad, sectarismo, y estupideces sublimes a los que la de Oviedo nos tiene acostumbrados desde que llegó a la alcaldía.

Por esta razón, las palabras Verónica García-Peña son un bálsamo de esperanza y un canto a la sensatez de alguien que sabe muy bien lo qué dice, por qué lo dice.

Voces como la suya son más necesarias que nunca. Son imprescindibles. Igual que resultan perfectamente prescindibles las estupideces de quienes se creen con capacidad de arrastrar y convencer a las masas -aunque la realidad no sea así-, transformándose en una perfecta vocera de la nada. Cada vez más desoída y más despreciable.

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Dia de las librerias

Popular Libros (Albacete)

El huracán #Covid19 es poliédrico. La arista más dura es la sanitaria y de salud, que está dejando en España, a fecha de hoy, cerca de setenta mil vidas en el camino y miles de personas afectadas.

Pero esta borrasca tiene otras facetas, como la económica, que posiblemente tenga consecuencias tan dramáticas como las sanitarias. No en vano, hay muchos sectores profesionales, muy diversos, que se han visto afectados de forma directa o indirecta por las consecuencias de esta pandemia.

Hoy es el Dia de las librerías. Y este sector es uno de los más perjudicados. Cuando me refiero a librerías, me estoy refiriendo a pequeñas librerías de barrio que tienen que hacer auténticos malabarismos para llegar a fin de mes, y para cubrir gastos. En su inmensa mayoría son autónomos, cuyos establecimientos no están considerados esenciales, aunque el libro sea un “producto esencial” desde la óptica psicológica y de salud.

Roy Librería (Gijón)

Partiendo de la base de que las librerías se nutren de otro sector no menos dañado que ellos, que son las editoriales, y cuya cartera anual de productos quedó totalmente congelada a principios de 2020.

Lógicamente, si las editoriales no apuestan por autores, y no editan, tampoco distribuyen, y en consecuencia, las librerías no pueden vender. La ecuación es muy simple y muy sencilla.

Las librerías son esos pequeños oasis en medio del caos,  en donde el librero se convierte en tu amigo, y te conoce, y le conoces. Y conoce tus gustos de lectura, y antes que le preguntes, te recomienda el libro correcto, y puedes cambiar impresiones sobre novedades editoriales o sobre críticas literarias.

Pero ahora, en este momento en el que las nuevas tecnologías se convierten en compañero inseparable e imprescindible de viaje de las librerías, este sector ha levantado la voz para visibilizarse más si cabe y poner sobre la mesa los graves problemas que este sector tiene sobre la mesa.

Que nadie pierda la perspectiva de que estamos ante un sector que facturó en España en los nueve primeros meses del año 232 millones de euros.

Librería Paris (Zaragoza)

Por estos datos, y el papel sociológico tan decisivo que juegan las librerías, es imprescindible volver a recuperar el hábito de compra en la librería de barrio. Este gesto tiene su trascendencia. Por un lado, ayudas al pequeño comercio; por otro, potencias el hábito de lectura como instrumento de formación del individuo; y tener un buen libro entre las manos es el único ejercicio de libertad que hoy por hoy le queda al ser humano.

En consecuencia, apoyar hoy, Dia de las liberias, pero también mañana y dentro de un mes, y dentro de un año, a estos comercios no sólo es un acto de compromiso con la lectura y la cultura, es la mejor manera que existe para culturizarse y para evitar que estos comercios echen el cierre, y así evitamos que las ciudades sean más tristes.

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