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Etiqueta: Casa Real

La Pascua Militar

Fotografía: @hola

El rey Carlos III instauró la ceremonia de la Pascua Militar con motivo de la toma de Menorca a los británicos, realizada por una armada franco-española en 1782.

Esta ceremonia se ha transformado con el paso de los años. Ha pasado de ser un recuerdo histórico a un más que notable acto castrense con el que se inicia el año militar, en el que se realiza un balance del año anterior y se marcan las líneas de acción a desarrollar en el que comienza.

En la actualidad, esta ceremonia se celebra cada 6 de enero en el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid, y es presidida por Sus Majestades los Reyes. En la misma, el Rey recibe al Presidente del Gobierno, a los responsables del Estado Mayor de la Defensa, de los tres Ejércitos, de las Reales y Militares Órdenes de San Fernando y San Hermenegildo, de la Guardia Civil, y de la Hermandad de Veteranos.

En esa ceremonia, tanto el Rey como la Ministra de Defensa -en este caso- pronuncian sendos discursos ante el Gobierno, que está representado por el propio Presidente, y por los ministros de Defensa y de Interior, y una amplia representación de los tres ejércitos (Tierra, Aire y Armada). Estos discursos son una radiografía la situación social, política y geoestratégica española, y son objeto de análisis por los comentaristas políticos. En ese mismo acto se imponen diferentes condecoraciones a militares que se han distinguido en el año anterior.

Fotografía: @telecincoes

La Pascual Militar es una de las celebraciones anuales más importantes de las celebradas en el Palacio de la Capitanía General de Canarias en Santa Cruz de Tenerife. Esta fiesta es celebrada sobre todo por las Fuerzas Armadas de Canarias bajo la presencia del jefe del Mando Militar de Canarias, en representación del Rey de España.

Ayer, en el Palacio Real, el Rey don Felipe VI reconoció y agradeció el trabajo de nuestras Fuerzas Armadas en los diferentes escenarios que les tocó bregar el pasado año 2021: desde la borrasca Filomena, a los incendios forestales, pasando por la evacuación de la población civil en Afganistán y hacer frente a los efectos del volcán de La Palma. Todo ello, sin olvidarnos de la situación de la pandemia de la Covid-19.

Fotografía: @diezminutos_es

Un año más, una vez, nuestras Fuerzas Armadas, más allá del reconocimiento que ayer les tributó su Capitán General, en 2021 volvieron a demostrarnos que están ahí, que son un pilar más imprescindible de nuestro Estado de Derecho, que gracias a su contribución, España hoy es más libre que ayer. A veces incluso, a costa  de la vida de sus miembros. Toda una demostración de patriotismo, que no todos pueden decir lo mismo. Aunque asistan al acto de la Pascua Militar y vistan de chaqué.

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El discurso de Nochebuena

Desde niño recuerdo que en Nochebuena, jamás empezamos a cenar en Nochebuena hasta que no escuchábamos el discurso de Navidad del Rey; entonces el actual Rey Honorífico don Juan Carlos I. Una tradición no escrita que quedó impregnada, año tras año, en la historia familiar… Incluso en aquellas Nochebuenas que mis padres estaban ausentes, porque cada uno de ellos estaba en sus respectivo trabajo, y las pasábamos con mi tía y la ‘yayá’ (la madre de mi padre).

Esta tradición me ha acompañado hasta hoy. El hecho de escuchar en directo el discurso de Navidad del actual monarca don Felipe VI es una de esas tradiciones que pueden resultar absurdas, pero que, como cualquier otra tradición, hay que respetar, porque forman parte de nuestra historia personal y de nuestra historia familiar. Las tradiciones son el caldo de cultivo de nuestra historia -personal y colectiva-, y nos sirven para construir nuestro futuro desde el presente… a pesar de que algunos pretendan reventar en mil pedazos esa historia que tanto bien nos está regalando.

Como diría mi madre, la Nochebuena la pase ‘conmigo mismo’, aunque hubo alguna novedad con respecto a la anterior. Pero ello no fue obstáculo para que, siguiendo la tradición, respetará la tradición de seguir en directo a través de televisión el discurso de Navidad de don Felipe VI.

Fotografía: @rtve

Un discurso, por otro lado, que no dejó indiferente a nadie. Como siempre nos regaló indirectas muy directas para los que habitualmente tienen dificultades para escucharle y, en consecuencia, hacen de su capa un sayo.

Hubo una frase que marcó tendencia; una frase que fue un más que aviso a navegantes, y una notable declaración de intenciones «La Constitución ha sido y es la viga maestra que ha favorecido nuestro progreso, la que ha sostenido nuestra convivencia democrática frente a las crisis, serias y graves de distinta naturaleza, que hemos vivido, y merece por ello respeto, reconocimiento y lealtad». Poco más se puede añadir a esta magnífica frase. Únicamente cabe esperar que algunos que habitualmente pululan por el Congreso de los Diputados y que, a diario, le dan de comer a Pedro Sánchez, reflexionen al respecto, y la lleven a la práctica.

No hay duda.  Como ya es habitual, don Felipe VI ha hecho hincapié en los grandes problemas que nos afectan como sociedad y como país: el volcán de La Palma; la pandemia; la inflación y el paro juvenil; el pesimismo generalizado que nos afecta como sociedad; el cambio climático; la encrucijada en que nos encontramos como país: el futuro; el consenso entre partidos políticos; la reivindicación de los cuarenta años de democracia; la Constitución; los fondos europeos: recuerdo al personal sanitario y a nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado…

Fotografía: @abc_es

En resumen, de nuevo don Felipe VI en la noche de Nochebuena volvió a entrar en nuestros hogares para volver a darnos un empujoncito de entusiasmo y de esperanza a la vez de un pequeño de tirón de orejas a los listillos de turno…

Después de casi cuarenta y ocho horas, sería interesante una nueva lectura y observaremos que, en el fondo y en la forma, es un canto a una España mejor. Siempre que los españoles queramos, y estemos dispuestos a unir esfuerzos para lograrlo. De lo contrario, habrá pregonado en el desierto. Como siempre, la decisión es nuestra.

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Manoseando el español

El idioma español es el cuarto idioma más hablado del mundo con más de quinientos millones de personas hablantes en los cinco continentes. Se estudia en más de un centenar de países, siendo cada vez más personas las que muestran su interés por nuestra lengua.

Fotografía: @Fundeu

Estos datos se deben en una buena parte a instituciones como la Real Academia Española, el Instituto Cervantes o la Biblioteca Nacional de España que se dejan la piel para que nuestra lengua madre sea una de las lenguas más universales a lo largo y ancho del mundo.

Como diría un ‘nini’ que se lleva cada mes cinco mil eurazos exclusivamente por intentar destruir lo que nuestros padres y nuestros abuelos construyeron con su sangre, su trabajo y su esfuerzo, “esto no lo digo yo”, esto son datos constatables y referénciales.

Nuestro idioma es una de las mejores demostraciones de la llamada ‘marca España’. Como dijo Su Majestad don Felipe VI en el acto de conmemoración del 70º aniversario de la Asociación de Reales Academias «nuestra lengua común es el valor que más nos identifica y que suscita verdadero respeto y admiración en el mundo». Estas palabras del monarca, por sí mismas tendrían que llenarnos de orgullo y ser el mejor baluarte para defender nuestro idioma hasta en el rincón más minúsculo de España.

Si cada vez hay más ciudadanos en el mundo interesados por aprenderlo, ¿qué motivos hay para que los españoles, con independencia de nuestro lugar de residencia y de nuestro origen, no lo defendamos y lo protejamos?

Pero evidentemente esto es una utopía, ya que hay determinados lideres políticos que se dedican a jugar a virreyes de la época de Felipe II, y cada mañana nos regalan una estupidez nueva en forma de traición a nuestro idioma, y a nuestra Historia. En consecuencia, a nuestra cultura.

El escenario es poco decente por no decir nada, y muy mugriento,

Fotografía: @libertadddigital

Por un lado, tenemos a ese niñato llamado Gabriel Rufián, al que le gusta mucho los numeritos de circo en el Congreso de los Diputados. En estas haciendas es único; se las pinta sólo para montar el circo un día sí, y otro también. En un arrebato de arrogancia y soberbia inconmensurables, consciente por otro lado, que Pedro Sánchez y sus palmeros van a comer en su mano, pone una exigencia obscena para apoyar los Presupuestos Generales del Estado:  las plataformas digitales (Netflix, HBO, y otras) tienen que emitir el 6% de sus contenidos, doblaje y subtitulación en lenguas cooficiales. Y Sánchez cede…  asegurándose así, seguir calentando el asiento del Palacio de La Moncloa, al menos, un año más. Antes que sentarse con el Partido Populary escuchar su opinión, prefiere sentarse con los que un día sí y otro también dan patadas a la Caonstitución y escupen a la figura del Jefe del Estado y a los simbolos de nuestra nación. Ése es el nivel.

Fotografía: @expansioncom

En paralelo a esto, el compi yogui de Rufian que mangonea en Cataluña con los que en 2017 dieron una patada en la cara a la Constitución de 1978 dejan a los pies de los caballos a una familia de Canet. Pere Aragonés vuelve la espalda a una familia catalana, que sólo ha cometido un delito: defender el derecho legal de su hijo de cinco años a recibir el 25% de las asignaturas en castellano. Aragonés les ha negado este derecho y Pedro Sánchez les ha vuelto la espalda a cambio del respaldo de ERC para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado. Ésta es la decencia de unos y otros.

Y en medio de esta situación tan bucólica otro virrey autonómico quiere liarla manoseando el español, también por un puñado de votos. Hablo de Adrián Barbón, Presidente de Asturias, que quiere imponer una ‘cooficialidad amable’. Dicho en cristiano: quiere imponer una lengua que no existe. Otro que no se entera de nada. Y en este punto me acuerdo de lo que en 2017 dijo aquel agente de los Mossòs a un independentista. Pues eso…

Fotografia: @ESDiario_com

Una cooficialidad nunca puede ser amable. Según el diccionario de la Real Academia, en su primera acepción, define esta palabra como «digno de ser amado» y en su segunda acepción «afable, complaciente, afectuoso». ¿Alguien se imagina un idioma afectuoso? Otro ejemplo de la manera de actuar de los compis yoguis de Sánchez y de la ya jubilada Adriana Lastra…

La imposición de un idioma no es ética ni tampoco decente. Lo que está sucediendo en Asturias es vergonzoso a todas luces. Al igual que lo que está sucediendo en Cataluña. Es un atropello a las libertades.

Pero lo más grave de Asturias es que para conseguir este logro tan corto como maloliente, Adrian Barbón, lo está intentando por la puerta de atrás. Para eso busca el apoyo de otro partido, de corto recorrido, que está en fase de liquidación. Foro Asturias ni está ni se les espera, a pesar de que mientras llega ese momento enredan, y enredan, y vuelven a enredan para enfangar todo lo que hay en su entorno. Barbón ha permitido que Foro tenga grupo parlamentario propio, con tan sólo dos diputados -que en realidad es uno, porque apenas se cruzan un triste ‘buenos días’  siquiera por whatsapp de escaño a escaño- dando una solemne patada a la norma que dice que no es posible que la Junta General tenga grupos parlamentarios con menos de tres diputados.

Pero para el Presidente de Asturias esta norma no existe. Todo a cambio de un puñado de votos. Todo a cambio del un mangoneo tan mohoso como deshonesto. A ver si se entera de una ve. En Asturias sólo vale la Ley de uso y promoción del bable/asturiano de 1998. Lo demás son ganas de enredar y de manipular.

Fotografía: @expansioncom

Da asco, y vergüenza, que se mercadee con un idioma como el español, a cambio de un puñado de votos, negociados en cuartos oscuros para seguir manteniendo calentito un sillón.

Podría seguir poniendo otros ejemplos de indecencia política, en donde el virrey de turno hace y deshace a cambio de un puñado de votos. Mientras tanto Pedro Sánchez sigue comiendo en sus manos, y sigue tocando el arpa muros adentro de La Moncloa. No lo voy a hacer. Estos ejemplos son suficientes para ilustrar hasta qué punto se manosea el español y se usa como un trapo sucio que se tira a la cara al más puro estilo barriobajero.

Cada cual puede hablar en la lengua que quiera pero sin imposiciones y con total libertad. En el momento que tropezamos en el piedra de la imposición y de la prohibición se vuela por los aires cualquier aroma de libertad que debe prevalecer en una democracia de verdad. Y esto tendría que tenerlo muy claro, y aplicarlo Pedro Sánchez, y todos los Presidentes autonómicos. Un ejemplo de esa libertad es Galicia, en donde mayoritariamente se habla gallego pero desde el respeto y la libertad.

Toda imposición lingüística sin argumentación cultural y jurídica es un atropello a los valores constitucionales del 78. Es una forma política de crear ‘chiringuitos’ y agradecer los servicios prestados a los amigos de turno. Pero lo más grave es una manifiesta falta de respeto a los más de quinientos millones de personas que hablan el español en el mundo, y a quienes se dejan la piel por cuidar, divulgar y enseñar nuestra lengua. Lo dijo nuestro monarca, lo han refrendado numerosos académicos de la Real Academia, “uno de nuestros valores como nación es nuestro idioma”. Para algunos es la diana perfecta para dividir y enfrentar a la sociedad.

También a las familias. Pero quienes dividen y separan no se dan cuenta de un pequeño detalle: la gente tiene memoria, especialmente a la hora de votar. Siempre se acuerda de quien ha aglutinado y ha trabajado en torno a los valores constituciones, y quienes han sembrado la división y la separación. Y hoy por hoy, Sánchez y sus palmeros dividen más que aglutinan. Es más,  sólo saben fragmentar y enfrentar. Únicamente por mantener calentito el asiento del Falcón.

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Ejea huele a protocolo

Ni me acuerdo ya los años que hace que nos conocemos Javier Carnicer y yo. Creo que ni habíamos nacido los dos que ya éramos amigos de verdad. Aunque él nació unos días antes; por eso es un poco más ‘viejico’; por eso ya peina canas.

Fotografía: @diariodeteruel

Desde el principio de los tiempos, como bien señala Ángel Pérez en su perfil de Facebook, en la época que Javier se dedicaba a jugar al fútbol con pelotas de papel en el hall del viejo edificio del Gobierno de Aragón de la zaragozana Plaza de los Sitios, Javier ya me demostró no sólo que tenía “muy buen caldo” (que diría mi madre), sino que apuntaba maneras para esto del Protocolo.

Pero desde aquella época siempre me he encontrado -vuelvo a referirme a mi madre-, una cabeza muy bien amueblada, que sabía muy bien que quería en el plano personal -evidentemente, su Marian del alma-, y en el profesional -su protocolo, que lleva tatuado, hasta en su corazón-. Y es que Javier es todo eso… y mucho más.

Javier es protocolo y ceremonial en estado puro. Pero también es comunicación y liderazgo. Es marca e imagen. Es humildad y determinación a partes iguales. Es valores y experiencia en cantidades industriales. Es presente y proyección de futuro. Es adelantarse a los acontecimientos antes que sucedan. Es organización, lógica, y sentido de la responsabilidad en estado puro… y otros mil valores más como persona y como profesional que no enumero para no cansar, pero quienes le conocemos de verdad sabemos que las aplica las veinticuatro horas del día y los trescientos sesenta y cinco días del año.

Fotografía @CARTV_

He sido un privilegiado. He sido testigo de excepción, y he vivido desde la barrera su fulgurante trayectoria profesional de la que me siento tan orgulloso como si fuera la mía propia, porque el hecho de que mi mejor amigo haya tenido está proyección profesional, me hace sentirme tan feliz y tan orgulloso como si la hubiera tenido yo mismo.

Pero también desde esa misma barrera he asistido a cientos de actos en los que él era el director de orquesta (permitidme la licencia). Y esa profesionalidad, ese buen hacer, ese trabajar “tras la cortina” (como él mismo dice), no sólo es envidiable, sino que es un espejo y un modelo para las generaciones que vienen detrás pisando fuerte y, lógicamente, para todo el sector.

Todo, absolutamente todo lo que he aprendido de ‘este mundo’ se lo debo. A su forma de trabajar. A sus opiniones, siempre sinceras y honestas, A su manera de ser y de actuar. Recuerdo como anécdota, cuando le anuncié que daba el salto a la junta directiva del Partido Popular de Gijón que me dijo: «ya sabes que cuando lo hagas mal te lo voy a decir». De momento voy librando…

Este ejeano emigrado a Zaragoza, cuyo color “pasional” es el azul, ya ha demostrado que es un referente en el sector, un referente con mayúsculas, que en su trayectoria profesional ha sabido no sólo trabajar pluscuamperfectamente bien, a pesar de estar sometido “a la dictadura del error”, sino tener excelentes relaciones profesionales con todos los lideres políticos aragoneses desde “antes de Pedro IV”. Y es que como dijo en su momento quien fuera el Jefe de Protocolo de la Casa del Rey, Alfredo Martínez Serrano, «el protocolo sirve para evitar tensiones». Y Javier lo ha llevado hasta su máxima expresión.

Pero su mente cana es tan lúcida que ha sido capaz de hacer magia y parir aplicaciones informáticas para hacer más cómodo el trabajo propio y de sus compañeros. En Aragón, en Asturias, y en el resto de España, a eso se le llama sumar. Lo demás son tonterias.

Fotografía @RProticolo

Su trayectoria vital y profesional se ha visto recompensada este pasado mes de octubre por toda una vida -y lo que le queda-, dedicada al protocolo y al ceremonial. Su Majestad el Rey Felipe VI le distinguió con la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica. Este reconocimiento, más que merecidísimo, lo recogió -como él mismo ha señalado- «con orgullo y en nombre de sus compañeros». Otro valor en su DAFO personal y profesional. Para Javier, el trabajo en equipo es prioritario. Sumar desde la individualidad a la colectividad para lograr el éxito es otro de sus ‘santo y seña’.

Podría seguir escribiendo líneas y líneas sobre Javier, y este texto no tendría no tendría fin. Pero no lo voy a hacer. Quiero acabar estas líneas con un deseo inalcanzable. Ojalá que cada institución privada, que cada Administración Pública (cada ayuntamiento, cada comunidad, cada ministerio…), sea capaz de poner un Javier Carnicer en su vida. Les irá mejor. Pero el Gobierno de Aragón es privilegiado. Tiene un intangible. Su Jefe de Protocolo. Un valor en alza.

Y algunas personas tenemos otro: disfrutar de su amistad con mayúsculas. Otro valor que, por cierto, hemos logrado que no cotice en Bolsa. Otro privilegio.

 

 

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Don Luis María

Hablar de don Luis María Anson es hablar de periodismo en estado puro. Es hablar de toda una época del mejor periodismo español del siglo XX y también del XXI.

Explicar en pocas líneas su trayectoria profesional, cultural y humanista es una labor muy complicada. Yo casi la definiría como imposible.

Fotografía: @eldiarioes

Luis María Anson es un referente del periodismo español. Del mejor periodismo de la Transición. Pero también de la democracia. Podríamos calificarlo sin lugar a ningún equívoco cómo “el padre” de los grandes, y buenos, periodistas que hoy pueblan el sector de la prensa española. Entre sus discípulos nos tropezamos con nombres como el de Paco Marhuenda, actual director del diario La Razón.

Pero si buceamos un poco en su trayectoria, nos daremos cuenta que don Luis María –como se le conoce en los ambientes periodísticos-, lo ha sido todo en el mundo del periodismo y de la cultura.

Miembro del Consejo Privado del Conde de Barcelona, en septiembre de 1971 fue nombrado subdirector de ABC para las páginas de huecograbado: en 1976 entra en el Consejo de Dirección de La Vanguardia. Ese mismo año es nombrado Presidente de la Agencia EFE. En 1983 le nombran director de ABC. A comienzos de 1998 ingresó como académico en la Real Academia Española. Ese año funda de la mano del Grupo Z el diario La Razón, en el cual ocupa la Presidencia del Consejo de Administración. En la calle desde noviembre de 1998 estábamos ante un periódico que defendía la monarquía y la unidad de España, con una orientación muy conservadora especialmente dirigida al ámbito de la cultura. En este periódico escribió una columna, “Canela fina” hasta el año 2005 que puso punto y final. Pasó a dirigir el suplemento El Cultural que se distribuye con el periódico El Mundo, en el que continúa escribiendo su columna. A finales de 2007 funda y preside, en colaboración con la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, el periódico digital El Imparcial.es, que nació en Internet el 21 de enero de 2008. En 1991 fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Con esta trayectoria (resumida) podemos imaginarnos que no se esconde de decir lo qué piensa cuándo le preguntan. Siempre desde la objetividad y la sensatez que ofrece la edad y, sobre todo, desde la atalaya de la experiencia y la posición de haber sido –o de ser- todo en el mundo del periodismo y de la cultura.

El pasado sábado, a sus 86 años y tras pelear y ganar a la Covid, pasó por el programa La Sexta Noche. De nuevo, volvió a dar toda una lección de sensatez, de periodismo –del bueno-, de honradez, y, sobre todo, de decencia. Un elemento que escasea últimamente en nuestra sociedad.

Nos dejó alguna ‘perla’ que otra que sorprendió pero que en su boca y analizada, como él suele analizar las situaciones socio políticas españolas, tiene su aquel.

Fotografía: @elcomercio

De esta entrevista, sorprendía las palabras que dedicó al ex vicepresidente y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. Se refería a él así: «tiene un pensamiento justo contrario al mío, pero que es perfectamente respetable. Un pensamiento que ha tratado de llevarlo con todos los medios adelante». Y lo ha calificado como «ejemplo de primer orden a la hora de dimitir».

Así, de entrada, estas palabras, pueden sorprender, pero leyendo entre líneas hay que considerar que sus palabras son un mensajes hacía aquellos lideres (o lideresas) que obteniendo los peores resultados de la historia de su partido, en vez de hacer un ejercicio de humildad y de responsabilidad, se ponen de espaldas y miran hacía otro lado. Toda una lección de comunicación  política y de decencia.

Otra opinión que sorprendería a muchos (desde luego, a mi no), fue la defensa cerrada hacía la figura del Rey Honorífico, don Juan Carlos I. Fue implacable en su planteamiento. Afirmó que era una injusticia el trato que se le había dispensado porque no está imputado por ninguno de los supuestos errores de los que se le acusa. Considera que en el fondo es un ataque hacía la Monarquía Parlamentaria que representa su hijo don Felipe VI y, sobre todo, porque esto tira por tierra todos los éxitos de las casi décadas de reinado de don Juan Carlos I. También defendió su regreso a España, a “su casa”, al Palacio de La Zarzuela cuanto antes porque considera que no debe estar un día más fuera de España.

Fotografía: @larazon_es

Dicho así podría sonar raro, pero en boca de don Luis Maria, tal y como lo explicó en directo el pasado sábado fue toda una lección de la Historia más reciente de la Monarquía española.

Ojalá esta nueva etapa que comienza en su periódico La Razón, sea una etapa larga, fructífera y buena. Muchos estamos deseando leerlo. Don Luis María no deja indiferente, estés o no de acuerdo con él y con sus análisis políticos y sociales. Su trayectoria y su forma de entender España, el periodismo y la cultura son sus mejores cartas de presentación. Su trayectoria vital, el mejor aval. Siempre.

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Alfredo, el hombre invisible

Fotografía: @aeprotocolo

El protocolo es esa disciplina que pasa por ordenar a las personas y a las cosas. No en vano, “mi hermano” de fatigas, mi amigo del alma, Javier Carnicer, a la sazón Jefe de Protocolo del Gobierno de Aragón, cuenta que cuando era un zagal ya se dedicaba a esto del protocolo. Su madre le mandaba a comprar; y al llegar a la tienda, él preguntaba quién era la última persona que había llegado, hacía fila. Las personas se estaban ordenando.   Y hoy… también hacemos fila en las tiendas, en las paradas del autobús, al parar en un semáforo. Y ahora, con la pandemia del coronavirus más todavía.

Todos hemos visto escenas de actos con los Reyes Honoríficos y con los actuales, con el Presidente del Gobierno (actual y los anteriores), con ministros, con Presidentes autonómicos, con alcaldes… incluso hemos visto imágenes de visitas de mandatarios extranjeros a España y de viajes de los Reyes a otros país. Siempre hemos visto que se colocaban de una manera determinada, que se organizaban de una forma concreta. En todo tipo de actos.

No se colocan así por arte de magia, o porque les apetece. El protocolo se sustenta sobre unas normas que se deben cumplir, y también sobre la tradición y las costumbres no escritas, esas que se transmiten de generación en generación como algo innato a la sociedad. Unas costumbres que se deben respetar, que forman parte del intangible de la sociedad y que pasan de generación en generación de forma inalterable como un tesoro.

Y todo esto se ejecuta desde el conocimiento, la lealtad, la discreción, el trabajo bien hecho, la eficacia, la ejemplaridad, la responsabilidad, el compromiso, la lealtad, y mil cualidades más que deben concentrarse en la figura del denominado «jefe de protocolo». Toda institución que se precie debe tener esta figura que organizará bien sus actos internos y externos. Con su trabajo potenciará su marca, y, lo más importante en el mundo del 5.0 comunicará y conectará con sus clientes, sus proveedores y la sociedad en general.

Fotografia: @vanitatis

La figura del jefe de protocolo es fundamental. Da brillo y esplendor a la marca. Desde la Casa Real al ayuntamiento más pequeño. También a las corporaciones privadas y entidades por pequeñas que sean. La organización de un acto lleva implícito el conocimiento de una legislación, una metodología, una producción y una ejecución que hay que conocer  y saber gestionar. Un acto mal organizado  puede ser un fracaso a nivel de comunicación y de marca. Por eso es tan importante la figura del profesional del protocolo, que pondrá en escena nuestros actos y ‘los blindará’ para evitar problemas posteriores.

Y de la importancia de tener un buen responsable de protocolo saben muy bien en la Casa Real. Hace doce años ‘ficharon’ a un asturiano con pedegrí para hacerse cargo de los servicios de protocolo de la Más Alta Institución de España. El fichaje de Alfredo Martinez Serrano por el Palacio de La Zarzuela no es baladí.

No cabe ninguna duda de que para los que nos dedicamos, en mayor o menor medida, a esto de organizar eventos, ostentar la Jefatura de Protocolo de la Jefatura del Estado, además de una grandísima responsabilidad, es un reto incalculable.   Un desafío plagado de responsabilidad, lealtad, eficacia, profesionalidad, dedicación, honestidad, y honradez a partes iguales. Y Alfredo Martinez Serrano reúne todas estas cualidades, y muchas más.

Fotografia: @lanuevaespana

Soy un privilegiado. He visto cómo trabajaba ‘en directo’ en varias ocasiones, y doy fe que Alfredo es el hombre invisible, que hace que los actos transcurran por la senda de la normalidad. No olvidemos, que estamos hablando de actos con miembros de la Familia Real, en dónde además de todos los ingredientes que se dan en cualquier evento, en éstos, por el hecho de  asistir los Reyes, la Princesa de Asturias o la Infanta doña Sofía, aún es mayor el grado de profesionalidad, rigor, cumplimiento de la norma, y mil aspectos más que hay que considerar, cuidar y prever.

Por eso, Alfredo logra que toda la maquinaria funcione sin ser visto. Qué esté, porque siempre está, sin ser visible. Qué todo ruede, pero que él no sea el epicentro de nada. Al contrario. Como él mismo afirmó en Murcia, «el protocolo sirve para evitar tensiones». Y Alfredo las evita desde que traspasó por primera vez el umbral de la puerta  su despacho en el Palacio de La Zarzuela.

Fotografia: @lanuevaespana

Su hoja de servicios huele a diplomacia y protocolo en estado puro. Este oventense afincado en Madrid rezuma asturiania por todos los poros de su piel. Fue el cerebro que maquinó con todos los aciertos que se pueden decir, y más, las apariciones públicas de la Princesa Leonor desde su histórica presentación en la Basílica de Covadonga.

Estamos ante un hombre moderno, ejemplar, transparente, austero, honesto. Estos cánones los ha impregnado en su día a día institucional. A nadie se le escapan  esos gestos, esas actitudes de los Reyes, de la Princesa y de la Infanta que han configurado un profundo toque de modernidad y renovación a la Institución.

Alfredo es un hombre de equipo; algo prioritario en este tipo de trabajo y particularmente en las más Altas Instituciones del Estado.

Alfredo es una de esas personas insustituibles. Que quieren pasar desapercibidas, pero su forma de ser, de trabajar, de entender la vida y a las personas, las convierten en únicas. Alfredo no sólo es un ‘buen paisano’, sino que ejerce del tal allí donde pone los piel. Un referente. Un lujo. Un privilegio de ser humano con sabor asturiano.

 

(En el siguiente enlace de La Nueva España se puede descubrir más sobre él: https://www.lne.es/asturias/2021/04/25/alfredo-martinez-serrano-ovetense-jefe-49128326.html)

 

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…como un pilar en la vida de la reina.

Fotografía: @el_pais

«Es con profundo dolor que Su Majestad la Reina anuncia la muerte de su amado esposo, Su Alteza Real el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, que falleció en paz esta mañana en el Castillo de Windsor. Se harán más anuncios a su debido tiempo. La Familia Real se une a la gente de todo el mundo en el duelo por su pérdida», así rezaba el comunicado oficial anunciando la muerte del Duque de Edimburgo. Sencillo, breve, espartano como es todos los movimientos de la familia real británica.

Felipe de Edimburgo, el marido de la Reina Isabel II, murió el viernes casi a los cien años. Una persona que nunca llegó a reinar pero que siempre ejerció el papel de Rey, de palanca necesaria para que la Corona británica, con luces y sombras, brillara con luz propia. Siempre desplegó el papel del tradicional ‘gentleman’ inglés. Siempre tres pasos detrás de la Reina, como marca el protocolo británico. Tal y como ha señalado el conde de Wessex, el Príncipe Eduardo a la BBC: «Siempre estuvo ahí, como un pilar en la vida de la reina». No en vano, asistir a más de veintidós mil actos oficiales en vida es toda una hoja de servicios que muy pocos miembros de otras Casas Reales mundiales pueden presumir.

Se había casado hace 75 años con la reina Isabel II (entonces la llamaban Lilibet). Sin embargo, aun estando casado con ella, el duque nunca fue considerado rey consorte a pesar de que al revés sí sucedía cuando una mujer se casa con el heredero al trono. Pero esta losa discriminatoria nunca le importó. Ejerció un  papel más que digno y representativo junto a Lilibet primero, y luego junto a la Reina Isabel II.

Fotografía: @el_pais

En este sentido, la ley es discriminatoria en el Reino Unido. El titulo ‘consorte’ es el que se confiere al marido o mujer del monarca en aquellos Estados que tienen una monarquía que encabeza la Jefatura del Estado. Pero en el Reino Unido pintan bastos, y esta ley no es igual para ambos géneros. De hecho, la ley obedece a un muy antiguo y raquítico ‘patriarcado’ en el que “el rey siempre reina mientras que la reina puede ser un título simbólico”.

Resulta simbólico desde varios puntos de vista –monárquico, histórico, sociológico, fundamentalmente- que la vida de Felipe de Edimburgo se apagara intramuros del castillo de Windsor. Fue el lugar en el que nació su madre, la Princesa Alicia de Grecia y Dinamarca.

Y era tal la comunión que tenían con la Reina Isabel II que, tal y como explica la prensa británica, la Reina estaba junto a la cama de su marido cuando este falleció. En los días previos se cambiaron las horas de las comidas para que pudiera cenar con ella cuando se encontrara bien y algunas veces salió de su habitación, con vistas a East Terrace y adornada con fotos familiares, para sentarse al sol en los jardines de este castillo que está vinculado a la realeza británica desde hace más de 1000 años. Por estos motivos y otros muchos, cuando en la noche del pasado jueves empeoró gravemente su salud, la Reina no quiso que lo trasladasen a ningún centro sanitario, consciente de que el Duque había manifestado que no volvería de nuevo al hospital. Dicho de otro modo, deseaba morir en Windsor, y ella lo respetó.

En paralelo a todo esto, la prensa más amarilla no ha tardado en abrir un melón que, de entrada, huele demasiado. Algunos medios de comunicación  ya se han atrevido a anunciar las primeras noticias sobre quien va a heredar los títulos del Duque de Edimburgo, así como un rumor rancio acerca s de una posible abdicación de la Reina Isabel II no ha tardado en plantearse en algunas redacciones británicas. Sea como fuere, lo cierto es que todas las miradas están puestas en el Príncipe Eduardo, el más joven, el más discreto, el hijo menor de la Reina y del Duque. Será él quien a partir de ahora ostentará el título de Duque de Edimburgo, el título más simbólico que ostentó su padre.

La verdad es que el fallecimiento del marido de Isabel II no afecta a la línea sucesoria británica por varias razones. Él no era el Jefe de Estado. Llevaba apartado de la vida pública desde el año 2017 y estaba a punto de cumplir 100 años. Debido a su avanzada edad y a sus problemas de salud, su fallecimiento no ha causado demasiada sorpresa en muchos sectores británicos ni tampoco en otras casas reales reinantes y no reinantes. Pero si abre otras incógnitas. La herencia de sus títulos nobiliarios, la primera.

Fotografía: @el_pais

El título de Duque de Edimburgo se lo concedió el Rey Jorge VI, días antes del enlace matrimonial de su hija Lilibet. Entonces, el monarca hablaba así del que luego sería su yerno: «Me pregunto si sabe realmente dónde se está metiendo. Un día, Lilibet será reina y él será consorte. Y eso es más difícil que ser rey, pero creo que es el hombre adecuado para ello». El rey Jorge VI no se equivocó Felipe de Edimburgo ha sido el hombre adecuado para estar al lado de Isabel II… siempre tres pasos detrás de ella.

La Reina, a su vez, nunca le han dolido prendas en calificar al Duque de Edimburgo como su “fortaleza” y “guía”. Nunca ha sido una persona de expresar sus sentimientos en público, pero durante su aniversario de bodas de oro en 1997 hizo una excepción y ante los 300 invitados se refirió a su marido así: «No acepta fácilmente elogios, pero ha sido mi apoyo durante todos estos años. Yo, toda su familia, este y muchos otros países le debemos una deuda mayor de lo que jamás reclamaría o sabremos alguna vez».

En cualquier caso, Felipe de Edimburgo ha sido esa tecla imprescindible de la monarquía británica que, tanto de puertas adentro como hacía el exterior, manejaba los hilos para que los Windsor siempre brillarán con luz propias, especialmente su esposa, la Reina Isabel II.

Felipe de Edimburgo ya ha entrado en la Historia. Lo ha hecho por la puerta grande. A pesar de su temperamento, en el fondo ha sido un hombre discreto, amante de la naturaleza y el medio ambiente, marino hasta la médula, cuyo objetivo era siempre el mismo: el esplendor discreto de la Reina Isabel II. Fue su marido. Pero también fue su apoyo más férreo y discreto a la vez. Su más fiel consejero y su más leal colaborador. Siempre detrás de ella, pendiente de ella y de The Royal Family, a pesar de que ello le exigiera, a veces, ejercer el rol de ‘el malo de la película’. Nunca le importó. Por encima de todo estaba la imagen de la Reina Isabel II. Era una prioridad absoluta.

 

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El debut de Leonor

Con mucha atención seguí ayer a través de Televisión Española desde el Instituto Cervantes el debut de Su Alteza Real la Princesa de Asturias en su primer acto oficial en solitario. Sin la compañía de sus padres, Sus Majestades, don Felipe y doña Letizia. Había mucha expectación en torno a este acto por varios motivos. En primer lugar por ver toda la escenografía del acto desde un punto de vista de protocolo, seguridad y comunicación; tres elementos indisolubles en la organización de cualquier acto de esta magnitud. Por otro, era importante conocer cómo se desenvolvía la Princesa Leonor en este acto sin ‘el apoyo’ directo de sus augustos padres. Es de justicia decir que el acto no ha defraudado y ha resultado un acto muy digno, ajustadísimo a protocolo y, sobre todo, tutelado en todo momento por la fontanería de la Casa Real que, como siempre, hace muy fáciles las cosas, a pesar de que en un principio parezcan el principio del fin del mundo.

No obstante, este acto tenía otra trascendía mayor a otros niveles. La primera aparición pública de la Princesa de Asturias en solitario en un acto oficial es un gesto y un símbolo a la vez. Es la señal de la cimentación de la institución monárquica en nuestra sociedad más si cabe, como una institución plenamente afianzada y por encima de otros condicionantes con proyección de futuro. Si ayer, era su abuelo el rey don Juan Carlos I quien estaba representando a todos los españoles, hoy lo es su nieta en una más que natural y normalizada sucesión al Trono de la Corona de España.

Esto a su vez va concatenado a otro elemento no menos importante. El primer acto en solitario de la Princesa Leonor ha sido al Instituto Cervantes con motivo del inicio de los actos conmemorativos de su trigésimo aniversario. Todo el apoyo, por tanto, de la Corona y de la Familia Real, al sector cultural y, especialmente, al sector del libro en España tan dañado con motivo de la pandemia de la Covid-19. Lo demás (depositar el ejemplar de la Constitución y del Quijote en la Caja de las Letras) son disculpas muy bien argumentadas para envolver la visita. Sea como fuere, lo cierto, es que este acto ha tenido más trascendencia histórica e institucional de lo que parece, y abre una puerta a su agenda como heredera a la Corona de España. Es lo lógico, lo normal, lo sensato. De igual forma que se ve como algo ya normalizado el hecho de que año a año Su Majestad doña Sofía acompañe a Sus Majestades don Felipe y doña Letizia, y ahora también a su nieta la Princesa de Asturias, a la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias en Oviedo.

Hay situaciones que hay que considerarlas normales desde un punto de vista institucional, constitucional, y social dentro de la actividad de la Familia Real y de la Familia del Rey. A quién no le guste o no esté de acuerdo tiene un problema. Éste es el modelo de Estado que nos dimos en 1978, a través de nuestra Constitución, y gracias a él, tenemos un Estado de libertades, democracia, progreso, y paz.

Hoy la Princesa de Asturias se ha estrenado, y ha dado toda una lección a los jóvenes españoles. Con una actitud más que sobresaliente, demostrando una madurez y un sosiego notables. Quizás al acto le faltó un pequeño matiz para terminar de bordarlo: unas palabras institucionales de doña Leonor, aunque hubiesen sido dos párrafos, a pesar del guiño que ha hecho a la profesión de su madre interesándose en directo por el personal del Instituto que, a consecuencia de la pandemia, se han encontrado de golpe alejados de sus hogares. En cualquier caso, estamos ante una Princesa preparadísima que hoy ha debutado demostrando que tenemos Corona y Monarquía en España para largo. Aunque algunos entiendan que su futuro debe ser el mismo que el de su tatarabuelo, el rey Alfonso XIII. De ilusiones algunos están viviendo hace años. Y ennegreciendo la moqueta que pisan.

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Siete años sin Adolfo

Hoy se cumple el séptimo aniversario de la desaparición del arquitecto de nuestra democracia. Hoy hace siete años que España perdió a Adolfo Suarez, el primer presidente de nuestra democracia.  Es en este momento de tanta polarización política e institucional siempre desencadenada por los mismos, cuando urge más que nunca reivindicar su legado político y su figura histórica. Adolfo Suárez fue un gran político, un Presidente ejemplar, que junto a Su Majestad Juan Carlos I no le tembló el pulso para transformar el país: de la España más oscura a la España del progreso, las libertades y de la democracia.

No lo tuvo (tuvieron) fácil. Había demasiados obstáculos en el camino; dificultades ideológicas, sociales, políticas, económicas, culturales… Pero su objetivo era claro y su hoja de ruta también. Así aplicaron la ley, siguiendo el consejo de otra figura imprescindible de la Transición, Torcuato Fernández-Miranda: «de la ley a la ley pasando por la ley». De esta manera, paso a paso, ladrillo a ladrillo, Adolfo Suárez fue desmontando el régimen franquita para abrir las puertas a un régimen en el que nadie se sintiera extraño debajo de un paraguas llamado Constitución de 1978.

Uno de los obstáculos más conflictos que debió sortear fue el del Ejercito. Unas Fuerzas Armadas muy pobres en cuanto a recursos, formación y estructura pero con una filosofía y una lealtad absolutas a todo lo que aún quedaba del régimen franquista. Por ello, tuvo que lidiar con no pocos problemas ante una cúpula militar que no concebía un nuevo modelo social y, mucho menos, una regeneración y una transformación total en el propio seno de las Fuerzas Armadas. Gracias a aquello, hoy el Ejército Español es un ejército moderno, avanzado, plural, desarrollado, tecnológicamente innovador y, sobre todo, renovado que no tiene absolutamente nada que ver con aquel Ejercito del año 1976 y anteriores.

El denominador común de la gestión de Adolfo Suárez pasa por una sola palabra: consenso. Suárez fue un hombre de palabra, y esta forma de actuar la llevó hasta sus últimas consecuencias. Hoy, la reivindicación de su figura es más importante que nuca. España necesita hombre como él, que sepan consensuar, que sepan pactar, que sepan dialogar; hombres que les preocupen los problemas de la sociedad… que sepan  llegar a acuerdos en beneficio de España y de los españoles.  Por desgracia, hay demasiada polarización y crispación que, casualidades o no, siempre llegan desde el mismo lado.

La figura de Adolfo Suárez es imprescindible. Es un espejo perpetuo, en el que tendrían que mirarse muchos gobernantes, de un lado y de otro. Pero también otros aprendices a políticos que, aunque pisan moqueta, no saben ni quieren saber cuánto sudó el Presidente abulense para lograr una Transición pacífica, sin derramamientos de sangre, cicatrizando las tan manoseadas “dos Españas” para abrir las puertas a una nueva España prometedora, llena de libertades, de prosperidad, y de un futuro en paz. ¿Con errores? ¡Por supuesto! Pero el papel que jugó fue absolutamente imprescindible y necesario. Su figura hay que recordarla siempre. Hoy, siete años después de su marcha, la elección no es dudosa. Mucho más Adolfo Suárez y mucho menos Echenique, Rufián, Borràs, y Otegui. Éstos representarán el fracaso. Suárez el futuro. Siempre.

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Un día de reconocimientos, reivindicaciones… y faltas de respeto.

Como esperábamos, hoy, el Congreso de los Diputados ha sido el escenario para conmemorar el cuarenta aniversario del golpe de Estado del 23F, sucedido a las 18:23 h del 23 de febrero de 1981.

En el acto de hoy, dominado por las restricciones que impone la pandemia de la Covid19, estaban las más Altas Instituciones del Estado, encabezadas por S.M.. el Rey Felipe VI, y con una ausencia más que significativa: la de su padre, S.M., el Rey Juan Carlos I, artífice, junto al general Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa del Rey, de que aquella “locura” fracasara a la vuelta de unas pocas horas.

Fotografía @joseajarne

Y, hoy, como no podía ser de otra manera, el Rey Felipe Vi ha reivindicado el papel de su padre aquella noche «por su firmeza y su autoridad» de defensa de la democracia. Y esto, más allá de las palabras del propio monarca, hay que ponerlo en valor, y reconocerlo. Aquel 1981 la democracia española era aún muy frágil y don Juan Carlos sabía perfectamente que, con un gobierno y un parlamento secuestrados, él, en su calidad de Capitán General de las Fuerzas Armadas y como Jefe del Estado-junto a la Comisión de Subsecretarios que presidió Francisco Laína- tenía el difícil papel de parar la intentona golpista sin derramamientos de sangre. Y a pesar de los minúsculos ruidos de sables que en paralelo al Congreso se dieron en Valencia, el trabajo que se hizo entre bastidores de la Jefatura del Estado fue imprescindible, impecable, absolutamente necesario y, sobre todo, rápido, y coordinado. En dieciocho horas todo había acabado.

Cómo ha dicho Miguel Roca, uno de los padres de la Constitución, y aquel día diputado en el Congreso, hoy conmemoramos un hecho histórico; el fracaso de una intentona golpista contra la democracia, y el triunfo de la libertad.

Y justamente por eso, porque conmemoramos el triunfo de la libertad y democracia, personalmente el acto me ha resultado pequeño. Reitero mi comprensión de las limitaciones que exige la pandemia. Dicho esto, si conmemoramos el triunfo de la democracia y de la libertad deberían haber estado los ex Presidentes del Gobierno y la Presidenta de la Comunidad de Madrid y el Alcalde de Madrid en nombre de todos los Presidentes autonómicos y de todos los alcaldes de España. E insisto, también S.M. don Juan Carlos I acompañando a su hijo. Basta ya de fariseismo con los temas de la Corona. La sociedad española, el pueblo español, le debe, a quien fue su Rey casi durante cuatro décadas que hoy viva en una democracia plena (aunque algunos necesiten gafas), en paz, y libertad. Qué las instituciones y la Carta Magna pueden renovarse, nadie lo discute. Pero si aquel fatídico 23 de febrero el Rey don Juan Carlos no desmonta de raíz la intentona, ¿de verdad nos creemos que hoy viviríamos en democracia? Por eso hay que dejar a un lado los argumentarios bolivarianos y respetar y poner en valor su trabajo como Jefe del Estado y Capitán General de las Fuerzas Armadas.

Fotografía: @joseajarne

Por esta razón, me parece una desvergüenza y un despropósito absoluto, el hecho de que en un acto como en el de esta mañana se hayan dado gestos de menosprecio y faltas de respeto y educación al Rey Felipe VI. Revolviendo en el diccionario de mi madre me tropiezo con una frase que viene como anillo al dedo «para estas albardas no necesitamos mulas». Pues eso… Pero algunos, que hace muy pocos años creían que iban a asaltar los cielos y hoy pisan coche oficial con escolta, deberían saber que cuando ocupas un cargo institucional, el respeto a la figura del Jefe del Estado se aprende en Primero. Y si no se quiere aprender, como ellos mismos dicen «cierren la puerta al salir». Pero beber y sorber, no. O lo que es lo mismo: no puede ejercer de Judas y de Pedro a la vez. Aunque ellos estén mas cómodos siendo Judas.

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Cerrando cuatro décadas de Historia de España

Fotografía: @el_pais

Hoy se cumplen cuatro décadas de un acto que heló la sangre a la mayor parte de los españoles. Hoy se cumplen cuarenta años del golpe de Estado del 23F.

Y hoy, S.M. Felipe VI pondrá punto y final, cerrando ese libro en un acto en el Congreso de los Diputados. Fantástica la idea. Aunque tengamos que esperar a la escenografía y a las palabras del acto.

Ciertamente, aquel día de 1981 hay que recordarlo, y como ha dicho la Presidenta del Congreso, así, “mostrar la fortaleza de las instituciones democráticas” y “la vigencia de los valores de nuestra Constitución”. Comparto las palabras de Meritxell Batet porque lo sucedido en el Congreso de los Diputados aquella fatídica tarde de 1981 tiene que pasar a nuestra historia para siempre. Debemos recordarlo como un hecho nefasto que, gracias a S.M. Juan Carlos I, fue desmontado en pocas horas, y la sociedad volvió a respirar tranquila aires de libertad y democracia.

No cabe ninguna duda que aquella locura, fue toda una hazaña militar, en la que pudo haber derramamientos de sangre y, afortunadamente, no se vertió ni una gota, aunque los vestigios de aquella gesta hayan quedado inmortalizados para siempre en la techumbre del Hemiciclo del Congreso.

Aquellas horas fueron horas de preocupación, miedo e incertidumbre, en dónde los mayores temieron retroceder décadas atrás y los no tan mayores creímos que todo lo que se estaba construyendo se desmoronaba como un castillo de arena.

Fotografía: @elespanolcom

Pero, afortunadamente, la sociedad española demostró, con su Jefe de Estado, con el Capitán General de sus Fuerzas Armadas a la cabeza, ser más madura y mucho más seria que un grupo de locos que, al abrigo de un uniforme y utilizando de forma torticera los símbolos de España, se autoproclamaban los nuevos salvadores de la Patria.

Nombres de los entonces artífices del golpe como Antonio Tejero, Alfonso Armada, o Jaime Miláns del Bosch son nombres que no nos toca juzgar. Lo hará la Historia, o ya lo ha hecho. En su momento fueron desautorizados de forma contundente por don Juan Carlos y conminados a deponer su actitud de forma inminente.

Aquellas horas de temores, dudas, y preguntas nos dejaron imágenes grabadas en nuestra retina para siempre cómo fueron el enfrentamiento del Vicepresidente del Gobierno y Ministro de Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado con los golpistas, o el propio Presidente sentado en su escaño mientras todos los diputados permanecían agazapados mientras los guardias civiles a las órdenes de Tejero disparaban a todo lo que se meneaba llenando el Congreso de miedo, terror, e incertidumbre.

Fotografía: @el_pais

Y aquella noche, además de la madurez y responsabilidad de los españoles, hubo otra persona que jugó un papel imprescindible, alguien clave para que el golpe fracasara cuanto antes. El general Sabino Fernández Campo, que en aquel momento ostentaba el cargo de Secretario General de la Casa del Rey. No le dolieron prendas en descolgar el teléfono, llamar a todas las capitanías generales, regiones aéreas y zonas marítimas, así cómo a otros mandos militares. Para él era prioritario conocer cómo estaba la situación en el seno de las Fuerzas Armadas, y si estábamos ante un golpe de unos pocos ‘locos irracionales’, o, por el contrario, la situación trascendía más allá. Su olfato como mando de las propias Fuerzas Armadas y su lealtad al propio Rey Juan Carlos y «a la Casa» no le pedían otra cosa. A él le debemos la famosa frase «Ni está, ni se le espera», que sirvió de contestación a una pregunta del general José Juste (general de la División Acorazada Brunete) sobre si el general Alfonso Armada había llegado al Palacio de la Zarzuela. Aquella frase, que pareció insignificante, fue el comienzo del fin del golpe de Estado. Su artífice, un asturiano. El fiel escudero que durante tantos años estuvo en La Zarzuela, y manejó con delicadeza extrema , junto a don Juan Carlos y doña Sofía, el bisturí de la trastienda de la Jefatura del Estado.

En el acto de hoy en el Congreso de los Diputados habrá dos ausencias significativas. Por un lado, la del General Sabino Fernández Campo fallecido en el año 2009; y la otra obviamente la de S.M. don Juan Carlos I que, con todos los honores, debería entrar junto a su hijo por la Puerta de Los Leones. Que a nadie se le olvide que, gracias a los dos, el golpe de Estado no prosperó y la democracia española y el Estado de Derecho triunfaron. Los españoles pudimos seguir viviendo en paz, democracia y libertad.

Han pasado ya cuarenta años, y hoy estoy expectante esperando el discurso del Rey Felipe VI que será notable, y no dejará indiferente a nadie. Me Y lo demás, el resto ya es Historia, cada vez más lejana… afortunadamente. Por el bien de España y de los españoles.

 

 

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Coherencia, coherencia… y decencia

Hace pocos días hablaba en este mismo espacio de la ejemplaridad que deben demostrar todas las personas que ejercen cargos de responsabilidad pública, sea en entidades públicas o privadas.

Pero esta ejemplaridad va más allá del hecho de vacunarse o no, o de “atizar” una mordida a una comisión. Va de esto, y de mucho más.  Dice el Profesor Emilio Lledó que «lo triste es un indecente con poder». Y no le falta razón al académico y Premio Princesa de Asturias porque un indecente con poder no tiene escrúpulos. Los estamos viendo a diario desde el día 13 de enero del año 2020.

La decencia tiene que empezar por la responsabilidad, la ética y la dignidad. Y lamentablemente hay muchas personas que desconocen el significado de estas palabras.

Pero no voy a hablar de estas cuestiones. Hoy quiero abrir otro melón.

Fotografía: @20m

Hace pocos días, el portavoz del Partido Popular, y alcalde de Madrid, José Luis Martinez-Almeida, un referente y un decente de la política española, decía en relación al carrusel de vacunados a dedo con derecho a coche oficial, que era partidario que la cúpula del Estado se vacunara, porque el Estado no podía estar descabezado, y teníamos que tener una estructura de Estado segura y fuerte. No puedo estar más de acuerdo con este planteamiento. Es evidente, que el concejalillo de turno, el cura de no sé dónde, o el alcalde de yo qué están fuera de toda cúpula del Estado y, en consecuencia, si se cuelan, si se saltan la fila, me parece perfecto que los metan en cintura y que los pongan  en orden.

Pero, lo lógico, es que S.M., el Rey, Felipe VI, el Presidente del Gobierno, la Presidenta del Congreso, la del Senado, las Ministras de Sanidad, y de Defensa, y los Ministros de Transportes, Interior, y Política Territorial, así como la Vicepresidenta Primera deberían vacunarse. De igual modo que deben vacunarse el Presidente del Partido Popular, la de Ciudadanos y los Portavoces de los Grupos Parlamentarios del Congreso y del Senado.

Pero, como siempre hacemos las cosas por el tejado, y en vez de hacer una propuesta parlamentaria, nos cruzamos de brazos, y luego el fango rebosa, las redes sociales sentencian estúpidamente, y los platós de televisión echan humo.

Si las cosas se explican con sentido común, consenso, y coherencia, la gente lo va a entender, pero no sé puede ir siempre de guapo por la vida, tocando el arpa, y haciendo el ridículo. Sigue sin darse cuenta que el enemigo lo tiene en casa, y cada martes se sienta a su lado en la mesa del Consejo de Ministros. Así nos va.

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En el día de su cumpleaños

Hoy, S.M., el Rey Juan Carlos I cumple 83 años. Y lo hará lejos de su casa, escondido, repudiado y vilipendiado por quienes hace unas décadas babeaban cada vez que hacía una aparición pública, y también por aquellos que, sin tener la más miníma vivencia histórica, se han convertido en jueces y verdugos a golpe de twiiter y de plató televisivo o de columna periodística sin la más mínima opción a la presunción de inocencia.

Recuerdo siendo niño tal día como hoy, siempre se celebrara un concierto en el Teatro Real de Madrid como homenaje a Su Majestad. Eso ya es historia.

(Fotografía: @elcorreo_com)

Como también es historia toda la arquitectura que él gestionó de forma impoluta gracias a la cual, con aciertos y errores, los Echenique, los Rufian,los Aizpurua, o los Matute, y los Iglesias y Montero, hoy cabalgan sin control en el Congreso de los Diputados. Pero eso no cuenta. Como tampoco vale su firmeza y contundencia, junto al malogrado Sabino Fernández Campo para detener el golpe de Estado del año 1981. Y por supuesto que tampoco valen todas las puertas políticas, económicas, diplomáticas e internacionales que abrió fuera de España durante sus innumerables viajes que realizó durante su reinado más allá de nuestras fronteras… Y como estos ejemplos podría poner miles de todo lo que ha hecho don Juan Carlos I por España en sus cuatro décadas de reinado. Y antes de llegar al trono también.

Por eso, hay que ser objetivos. También agradecidos. Cualquier español,con dos dedos de frente, que vivimos la Transición y el final del franquismo, hay cosas que no terminamos de entender porque esas falsedades que se han dicho de “máquinas de contar dinero”, “comisiones” y otras lindezas nunca pueden ser creíbles, especialmente viniendo una mujer despechada que tiene mucho que ocultar y más que callar y de un comisario que representa la más fiel imagen que puede ofrecer todo lo que no significa nunca un verdadero policía.

Ha sido una vergüenza que don Juan Carlos se haya tenido que ir de España, especialmente en un momento tan delicado para nuestro país. Y espero que regrese pronto y se le reciba con los honores que merece.

(Fotografía: @Diario_16)

De igual modo que entiendo las medidas adoptadas en su día por don Felipe VI. El objetivo estaba claro. Había una cacería muy bien orquestada –que aún sigue en marcha- en contra de la Institución Monárquica, de sus padres, y de él. Y había que cerrar y preservar la institución. Sin más.

Y para terminar de rizar el rizo, la última imagen aparecida hace escasamente 24 ó 48 horas. La imagen de un monarca anciano, dependiente, y con un frágil estado de salud pero con una más que brillante hoja de servicios a España y los españoles. Consideró que desde la actual Casa del Rey se tenía gestionar su vuelta a España antes que sea tarde.

Hoy 5 de enero, hay que felicitar a don Juan Carlos en su 83 cumpleaños y, sobre todo, agradecerle todo lo que ha hecho por España y desearle que más pronto que tarde regrese a La Zarzuela, a su casa, de donde nunca debió salir. Más bien al contrario.

Otros sobran en el Congreso de los Diputados. Muchos y de varios partidos. Unos por acción y otros por omisión. Dicho de otro modo, por no ser firmes y no poner a sus compañeros de viaje en su sitio.

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Tumores que hay que extirpar

Un partido que forma parte de un Gobierno a nivel nacional tiene que tener sentido de Estado. Eso implica una responsabilidad, y un respeto hacia las Instituciones del Estado. Por todas. Sin excepción.

(Fotografía: @lasprovincias)

La deriva que durante los últimos meses ha cogido Podemos, dentro y fuera del Gobierno, resulta tan grave como preocupante. Y la guinda del pastel ha sido el video que han colgado en sus redes sociales acusando a la Familia Real de corruptos. Si la Fiscalia no fuera la que es, ya tendría que haber instruido diligencias, pero ya conocemos cómo está el patio.

Resulta gravísimo el comportamiento de este partido político. No es de recibo porque, que nadie se olvide, en medio de todo esto, está el vicepresidente segundo del Gobierno al que se le supone decencia, honorabilidad, respeto y, sobre todo, sentido de Estado. Pero no, él a su “lío”, que parece ser no tiene absolutamente nada que ver con una buena parte del Gobierno. Eso sí, está haciendo una grandísimo favor a republicanos, separatistas, filoetarras, y otras especies para que Pedro Sánchez siga tragando y aguantando todo lo que se les antoje.

Lo que previsiblemente nadie se ha dado cuenta de la imagen tan vergonzosa que estamos ofreciendo en Bruselas, en Washington y en mil lugares más a lo largo y ancho de los cinco continentes.

Un ejemplo. ¿Por qué se suspendió la cumbre Marruecos – España que se iba a celebrar en Rabat y a la que iba asistir Pedro Sánchez? Pablo Iglesias largó lo que no debía y sus palabras incomodaron a las autoridades marroquíes. Lo mejor, la suspensión de la cumbre. O sea, España importa cada vez menos en el Exterior. Y ésta es una prueba, aderezada por las declaraciones de Gabriel Rufián y Pablo Echenique, palanganeros oficiales del vicepresidente.

Está comprobado que todo lo que tocan lo destruyen. La pregunta es: ¿hasta cuándo el PSOE y, lógicamente, Pedro Sánchez y los ministros socialistas aguantarán estar manoseando tanta basura por mantener un Gobierno inerte, hueco, sin rumbo  y con tan corto recorrido? Y voy a ir más allá, ¿hasta cuándo durará la paciencia de los barones del partido como Lambán, García-Page o Fernández Vara, que ya han mostrado su descontento con la deriva del Gobierno a consecuencia de las cesiones podemitas. Atentos.

Está claro. Podemos, y quienes lo dirigen, solo buscan algo inalcanzable: cargarse el Régimen del 78 y construir un nuevo Régimen “a su medida”. Pero los números no les salen. La sociedad está cabreada y hartita de sus mangoneos. Las cuatro décadas de paz y prosperidad del grandísimo reinado de Juan Carlos I pesan mucho más que el nuevo mundo que estos iluminados quieren hacernos creer. Y como saben que la sociedad, pasito a pasito, los está devolviendo al lugar del que nunca debieron salir, a sus casas, actúan  en modelo psicópata. Las encuestas cada vez son más evidentes.

Sólo espero que Pedro Sánchez caiga pronto del árbol y se dé de bruces con la realidad para que ponga a cada cual en su sitio. Si él no lo hace, quizás otros lo harán por él. Pero que Sanchez tenga cuidado porque sdi alguien agita el nogal no será el de Moncloa, sino el de Ferraz, y se repetirá la historia. Como dicen en Aragón, no le arriendo las ganancias,

Resulta evidente, que Podemos es un tumor para el Gobierno, para la sociedad y para España. Un buen amigo mío, cirujano de profesión, siempre dice que los tumores hay que extirparlos de raíz antes de que se conviertan en metástasis. En este caso, que hay, este tumor hay que extirparlo antes que gangrene a toda la sociedad. Y además, hay que hacerlo sin anestesia y, a ser posible, sin “pomadita”.

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En el cuarenta y dos cumpleaños de la Constitución

Conmemoramos el cuarenta y dos cumpleaños de nuestra Carta Magna, de nuestra Constitución, de ese texto que une a todos los españoles desde Cataluña a Galicia, desde el País Vasco a las Islas Canarias.

Pero hoy es una conmemoración especial. Ha sido un año más que difícil por esta cruel y devastadora pandemia del Covid que ha dejado miles de fallecidos, miles de afectados, y cientos y cientos de miles de afectos en las diferentes aristas que nos muestra a diario esta epidemia. Sin embargo a esta situación tan caótica, hay que añadir un hecho inusual, desatinado, mezquino, y cruel haya dónde los haya. Recientemente se acaban de aprobar los Presupuestos Generales del Estados cuya tramitación está en el Senado. Y el Gobierno no ha tenido escrúpulo alguno ni pudor para apuntalarlos con el apoyo de aquellas fuerzas políticas cuyo objetivo prioritario es precisamente es volar por los aires el consenso y el abrazo que se dieron los padres constituyentes para dar paso a la Constitución que nos abocara a los mejores años de paz, progreso, libertades, y democracia que jamás vivió España en el último siglo.

(Fotografía: @el_pais)

¿Dónde quedó la decencia del PSOE para afianzarse en la poltrona de La Moncloa y de los ni se sabe cuántos ministerios? ¿Tan pronto se les ha olvidado el dolor de las víctimas de ETA y la fragmentación social, económica, y política vivida en Cataluña en el año 2017? ¿Dónde está el PSOE que fue capaz de consensuar con todas las fuerzas políticas del Congreso de los Diputados la abdicación a la Corona de España de S.M. don Juan Carlos I y la proclamación al Trono de S.M., don Felipe VI en la normalidad democrática más ejemplar?

Es absolutamente indecente la actitud del actual Gobierno, que les ha importado muy poco la más reciente Historia de España para llevar de compañeros de viaje a la banda que tienen, despreciando todo y a todos los que no piensan como ellos.

(Fotografía: Hispagenda)

Hoy es el día para reivindicar la figura de hombres imprescindibles como Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, José Pedro Pérez-Llorca, Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé Tura, o Miguel Roca… Pero también es el día de reivindicar el papel que jugaron los arquitectos de nuestra Constitución: S.M. don Juan Carlos I y Adolfo Suárez. Sin su proyecto institucional y su legado político, hoy los españoles no disfrutaríamos –a pesar de la Covid19-, del estado del bienestar que disfrutamos.

Todo gracias a la Constitución de 1978, y al impecable trabajo de sus padres que supieron aparcar sus posicionamientos políticos para pensar en el bien común y en el futuro de España. Eran tiempos convulsos como ahora. Pero con una notable diferencia. Entonces teníamos políticos decentes que nos les importaba renunciar a lo propio en favor de la colectividad. Ahora prefieren hundir a la colectividad con tal de mantener su despacho, su secretaria, su coche oficial y su escolta. Vergüenza, si la tuvieran, tendría que darles. A los españoles nos produce asco, porque se les llena la boca con la palabra “Constitución”, y en realidad la están abandonando. De palabra y de obra.

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45 años de un reinado ejemplar

Hoy adelanto unas horas la publicación de mi columna diaria porque el día y el motivo lo merecen.

(Fotografía: @VanityFairSpain)

Hoy se cumplen 45 años de la llegada al trono del rey Juan Carlos I. Casi medio siglo de un reino ejemplar y ejemplarizante, a pesar de que ahora algunos, con derecho a coche oficial y escolta, estén manejando la batuta para intentar desmontar el Régimen que en 1975 trajo las libertades, el Estado de Derecho, la democracia, y nos permitió salir de un túnel más que negro para acomodarnos en un país en el que nadie se iba a sentir extraño. Y el arquitecto de aquella operación fue Juan Carlos I, ayudado hasta la extenuación, lógicamente, por otro nombre imprescindible en esta etapa: Adolfo Suárez. Pero fue el propio Juan Carlos I el artificie de aquella gesta heróica.

Igual que fue el artificie, aunque lo ejecutasen otras manos, de la modernización del país, de su democratización y pluralización, de la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea, (hoy Unión Europea), de la legalización de sindicatos y partidos políticos, del derecho a la huelga, del derecho a voto, de la libertad religiosa… En resumen, de una España nueva, moderna, transformada, en la que nadie se sentiría extraño.

Pero por desgracia no todo ha sido bueno. ETA dejó un reguero de casi mil muertos que también le quitó el sueño. Y un minúsculo grupo de militares enloquecidos intentaron acabar con la democracia en 1981, y una noche de febrero junto a su fiel escudero Sabino Fernández Campo tuvo que ponerlos en cintura, y conseguir que todo el país recobrara la paz, la calma y la tranquilidad que se había intentado truncar aquel 23F a las 18,25 h de la tarde.

(Fotografía: @antena3com)

En suma, casi cuatro décadas de un reino de paz, de tranquilidad, de consenso, y, sobre todo, de prosperidad para el pueblo español.

El reinado de Juan Carlos I ha pasado ya a la Historia de España por ser uno de los reinados más brillantes, y de más éxitos dentro y fuera de nuestro país, a pesar de que se tropezó con no pocas dificultades. Pero ahí está su obra y su legado. Sin ellos, hoy España no sería lo que es ni estaríamos donde estamos.

Por ello, y por cualquiera de los que recordamos los años de la Transición, quiero hacer una reflexión importante.

Que nadie pierda una perspectiva histórica importante. Los padrinos de bautismo del Rey don Juan Carlos I fueron su abuela paterna, la reina Victoria Eugenia, y su abuelo materno, Carlos Tancredo de Borbón-Dos Sicilias, príncipe de las Dos Sicilias e infante de España.

(Fotografía: @hola)

Y contrajo matrimonio con Sofía de Grecia, hija del rey Pablo I de Grecia y de la Princesa Federica de Hannover. Reflexionemos, entonces, bien sobre lo que significó ese matrimonio en el plano histórico.

Por tanto, insisto, quienes hemos vivido la Transición, el famoso abrazo entre Manuel Fraga y Santiago Carrillo, y demás gestos de reconciliación, ¿de verdad nos creemos que el Rey Emérito tenía en el Palacio de la Zarzuela una máquina de contar dinero? ¿De verdad, damos como cierta la información de que Juan Carlos I tiene cuentas bancarias en paraísos fiscales? Seamos serios y respetuosos con la primer Institución del Estado. No demos pábulo a la propaganda de un comisario corrupto, a una fiscal indeseable y a una villana que nunca debió pisar alfombra.

(Fotografía: @hola)

La sociedad española siempre estará endeudada por el gran legado del rey Juan Carlos I en diferentes aspectos. Por eso, urge que regrese a España y que se reinstale en su casa, en el Palacio de la Zarzuela hoy mejor que mañana. Y al día siguiente que vuelva a pisar la calle con la cabeza bien alta porque, después de casi cuatro décadas ejerciendo de capitán general de los tres ejércitos, ningún español decente y de bien ve con buenos ojos que haya tenido que salir de España por la puerta falsa, y muchos menos nos creemos llas fake news de la “máquina de contar dinero” o de las cuentas en paraísos fiscales. Si tuvieran, que ni siquiera saben lo que es, vergüenza tendría que darles.

Sólo los corruptos, los indecentes, y los indignos, aunque pisen moqueta y vayan en coche oficial con escolta, se alegran de que nuestro Rey Emérito esté fuera de España.

(Fotografía: @hola)

La inmensa mayoría de españoles estamos deseando verle de nuevo en su España, de la que nunca tuvo que marchar. Sólo los mugrientos desean lo contrario. Pero afortunadamente, hoy, en el cuarenta y cinco cumpleaños de su reinado, somos mayoría los que le agradecemos su obra, y deseamos que vuelva a casa.

A los tiñosos les queda un recorrido muy corto. Todo lo contrario que al propio rey Juan Carlos I. Estoy seguro que volverá a casa, y bastante más pronto de lo que nos creemos. Lo estamos deseando y lo estamos esperando.

 

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La Pascua Militar

El próximo domingo, mientras nuestros más pequeños se envuelven en la bandera de la felicidad y la ilusión más inocentes, una amplísima representación de nuestras Fuerzas Armadas y de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se darán cita en el Palacio Real en torno a la figura del Primer Soldado de España, de Su Majestad, Felipe VI y probablemente de Su Alteza Real doña Leonor de Botbón, Princesa de Asturias, para celebrar lo que popularmente se denomina la «Pascua Militar».

Una ceremonia instaurada por el Rey Carlos III, con ocasión de la toma de Menorca a los británicos, realizada por una armada franco-española de 52 navíos en 1782 y fuerzas de Infantería de Marina española. 

Con este acto arranca el año militar propiamente dicho, y es uno de los actos más solemnes de todo el año dentro de la agenda institucional de la Familia Real y del propio Gobierno de España.

Las Fuerzas Armadas son una de las instituciones más valoradas, queridas y respetadas por los españoles. Afortunadamente, atrás quedaron aquellas mugrientas épocas en que se intentaba vilipendiar y dar la espalda a quienes de manera discreta, silenciosa y con destacado valor defienden a diario a España, a los españoles y a ese imprescindible marco legal que todos los españoles nos dimos en 1978.

Los tres Ejércitos y las Fuerzas de Seguridad del Estado cada vez son más queridas y respetadas por todos los españoles.

El acto de mañana en el Palacio Real será una manifestación de respeto y afecto de España a quienes nos cuidan y nos defienden a diario, aunque no lo veamos ni seamos conscientes de ello. Un acto cargado de simbolismo que encabezará quien hoy encarna en nuestro país, el futuro, la concordia, la unidad y la paz entre todos los españoles. Algo que una inmensa mayoría de españoles no sólo agradeceremos, sino que valoramos y entendemos como el único tratamiento válido, necesario e imprescindible para salvar a España de esta tumoración a la que algunos partidos están abocando a nuestra nación.

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Mensaje de Nochebuena

Como reza la tradición, a las 21,00 h. del día de Nochebuena, y con una puntualidad británica, el Rey Felipe VI se adentró en todos los hogares españoles. Sí, en todos, incluidos en aquellos que queman sus fotografías y escupen a la bandera de España. Y así, año a año, desde que su padre el Rey Emérito don Juan Carlos I accedió al trono en el año 1975.

Durante estos cuarenta y cuatro años, muchos y variados temas han salido desde el Palacio de la Zarzuela para llegar al corazón de cada hogar español pero también para dar algún que otro tirón de orejas a nuestra clase política, y también a nuestra sociedad, siempre con una exquisitez y un respeto absolutos.

Pero este año, si algo ha llamado la atención con la que está cayendo en Cataluña y como n la deriva del Partido Socialista, su secretario general y actual Presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez para mantenerse en La Moncloa, ha sido la mesura de sus palabras y la disminución del tono de sus mensajes hacia el pulso independentista que Quim Torra y sus cachorros están echando a España.

Su mensaje, desde el salón de audiencias del Palacio de la Zarzuela, fue un mensaje a la unidad, a los valores… a la Constitución, a todo lo que representamos los españoles, nuestras instituciones y, sobre todo, apeló, al orgullo de sentirse español sin dejarse arrastrar por extremismos radicales. Avisos navegantes.

Todo un mensaje de respeto a la Constitución y a la unidad territorial. Un mensaje que, como españoles nos tendría que hacer sentir muy orgullosos.

Debemos, pues sentirnos muy orgullosos de la más Alta Magistratura del Estado que en los momentos más difíciles es la única Institución con capacidad de aglutinar al pueblo español, dar estabilidad, generar confianza y sobre todo, seguir generando paz y concordia entre todos por encima de credos e ideologías.

En resumen, el mensaje de Nochebuena es un mensaje de estabilidad, moderación, concordia, y sobre todo, unidad entre TODOS los españoles cuando algunos políticos con cargos institucionales están intentando pactar con quienes no creen en el Estado de Derecho y con quienes han apadrinado a la banda terrorista ETA.

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La cumbre del clima, Greta y otros circos

Partiendo de la base que el cambio climático es un hecho, y que nadie con dos dedos de frente lo puede negar, también es un hecho innegable que España ha hecho un inmenso ridiculo en la Cumbre del Clima celebrada estos días en el recinto de IFEMA.

Una vez más, España ha demostrado que es un gran país con unas capacidades impresionantes y unas posibilidades de reacción incomparables, que ha logrado, en tiempo récord, organizar una cumbre mundial en donde todos los elementos básicos de la organización de cualquier evento de estas características estuvieron perfectamente encajados: logística, alojamientos, transportes, seguridad…

Sin embargo, hemos vuelto a hacer el mayor de los ridiculos mundiales con este evento, en el que perfectamente «podríamos ensanchar pecho» y hemos sido burdos, grotescos e irrisorios.

Con la Constitución en la mano, una de las funciones del Rey es representar a España en aquellas situaciones, actos y eventos que por su importancia y trascendencia, nacional e internacional, así se requieran.

Me encantaría que alguien en el Palacio de la Moncloa explicase a todos los españoles qué motivos existieron para que SM, el Rey Felipe VI , en calidad de Jefe de Estado del país anfitrión de la cumbre, no presidiera la ceremonia inaugural de dicho acto, y si lo hizo el Presidente en funciones Pedro Sánchez, atribuyéndose él y su mujer unas prebendas que para nada les correspondían. Y, lo más grave, ninguneando la figura del mismísimo Rey Felipe VI. Sencillamente, indecente, rastrero y de una ínfima catadura moral, humana e institucional.

Pero no contento con esta «hazaña», nuestro ‘héroe’ permite que una adolescente cursi, progre, manipulada y manipuladora, y muy ignorante se pasee por la cumbre a coste del bolsillo de todos los españoles.

De nuevo Moncloa se cubre de gloria.

Estas situaciones, la humillación al Rey y el peloteo a Greta, son una demostración más de la ignorancia y la falta de respeto institucional que reina puertas adentro de Moncloa.

Hace unos minutos he escuchado decir a la vicepresidenta en funciones Carmen Calvo que «claro que hay que hablar», en evidente referencia a las conversaciones que están teniendo PSOE y ERC para que Sánchez, “y su banda” que diría Albert Rivera, mantengan el pesebre. Claro que hay que hablar, vicepresidenta, pero no vale todo ni ceder a todo con tal de mantener el sillón. Y menos con quienes volaron por los aires la Constitución en su comunidad, y están dispuestos a repetir, y con quienes han aplaudido hasta con las orejas cada vez que ETA regaba de sangre inocente nuestras plazas y calles. Así nunca. Memoria, Dignidad y Justicia.

Es evidente que en la cumbre del clima nuestro Rey fue vilipendiado y la niñata ésta subida a los altares. Y todo esto perfectamente orquestado en una operación dirigida desde Moncloa con el visto bueno de Pablito e Irenita. Todo muy indecente.

Si Pedro Sánchez consigue la investidura, solo le deseo una cosa: que cuando presente el proyecto de presupuestos toda la oposición se lo eche atrás y no se los apruebe. Igual viene Greta a salvarlo. A ver…

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Hablando de fechas…

Si repasamos el calendario, nos tropezamos con la fecha del 23F, una fecha que conviene no recordar por diferentes y variopintos motivos.
Ayer se cumplieron 38 años que España entera se conmovió ante un intentó de golpe de Estado, que dio lugar al fortalecimiento más férreo de nuestras estructuras democráticas en torno a la figura del Rey Juan Carlos, y la Constitución de 1978.
Aquel golpe, más allá de una buena estrategia militar, no dejó de ser una locura de unos cuantos militares que, abducidos desde los más profundos sentimientos híper conservadores, no veían con buenos ojos la deriva a la que se estaba llevando a España.
Afortunadamente se cumplió esa frase que dice que ni son todos los que están, ni están todos los que son.
Y también existe una figura clave para desestabilizar el golpe, y restaurar a la mayor brevedad posible, como dijo el propio Rey Juan Carlos, “el orden constitucional”. Me estoy refiriendo a un asturiano de pro (oventense, para más señas), que entonces ostentaba la graduación de Teniente General del Arma de Intendencia, y ocupaba la Secretaría General de la Casa de Su Majestad, el Rey. Efectivamente, me refiero a Sabino Fernández Campo, una figura clave e imprescindible en la fontanería del Palacio de La Zarzuela durante muchas décadas. Desde el primer momento, se remangó y se puso manos a la obra para desmontar más pronto que tarde aquella “locura”, que podría derivar en consecuencias incalculables para los españoles. Y actuó con firmeza, serenidad, seguridad y autoridad. Y ahí están los resultados.
Pero en esta fecha también es importante que los españoles reflexionemos sobre otra cuestión no menos importante que la anterior. Con posterioridad al golpe, los españoles salimos a la calle masivamente respaldando y consolidando el gran pacto democrático que nos dieron el propio Rey Juan Carlos y Adolfo Suárez en la Transición, transformando a España en un país democrático, con una Constitución votada en 1978, en donde la soberanía nacional quedaba perfectamente representada y limitada, y los poderes del Estado, independientes.
Los primeros años, de aquella frágil democracia, fueron refrendados de nuevo mayoritariamente por los españoles que no querían volver a vista atrás, y anhelaban un país democrático, libre, fuerte, respetado, y plural.
Cuatro décadas después soplan malos vientos, y es necesario más que nunca que los españoles volvamos a reflexionar y a pensar qué es lo que queremos para nosotros y nuestras generaciones y lo que no. Debemos ser firmes, fuertes y unánimes ante los peligros que acechan a una parte del territorio nacional, y el Estado de Derecho tendrá que actuar con todas sus consecuencias. Pero esta cuestión es sumamente grave, delicada y trascendental, y no da lugar a ni a titubeos ni a divisiones absurdas. Los españoles debemos estar unidos y firmes en torno a nuestro Estado de Derecho y a nuestra Constitución; lo demás son pamplinas a las que no hay lugar.
Y que nadie se llame a engaño. Aquel respaldo firme y unánime de la sociedad civil, sin diferencias ni fisuras que tras el golpe de 1981 recibieron todas las Instituciones del Estado en el que se reclamaba la consolidación de la democracia y la libertad, comenzando por el propio Rey Juan Carlos, el Gobierno de la Nación, y el Congreso de los Diputados resultó decisivo para catapultar nuestra democracia y nuestra soberanía nacional. Y lo hicimos todos juntos, al unísono, empuñando un único grito de libertad y esperanza, y enarbolando una única bandera.
Si en 1981 fuimos capaces, hoy, casi cuarenta años después también tenemos la misma obligación. porque hemos madurado, porque hemos corregido errores, porque sabemos qué queremos para nuestro país y para nuestras comunidades y también lo que no queremos. Y hoy tenemos la obligación de estar en la calle juntos, unidos sin fisuras, enarbolando en una mano la bandera de España y en la otra la de nuestra comunidad. A eso le llama pluralismo. Y nadie se rasga las vestiduras por eso.
Urge hoy más que nunca la unidad de los españoles frente a lo que de verdad nos separa, y siempre alrededor y empujando esa Constitución que acaba de cumplir también su cuarenta cumpleaños. Sin ella no seríamos lo que somos. Ni jamás hubiésemos llegado hasta aquí. ¿Seremos tan imbéciles de perder este triunfo?

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40 años de Constitución

Hoy, España está de celebración. Nuestra Carta Magna ha cumplido 40 años y se ha celebrado en nuestra casa, en el Congreso de los Diputados, la casa de todos los españoles.

Como era preceptivo, el homenaje ha sido justo y necesario. Y estaban todos, menos ausencias evidentes como los malogrados Adolfo Suárez, Manuel Fraga, Gabriel Cisneros, o Gregorio Peces Barba… y ha servido, además, para que el Estado en su conjunto y los tres poderes individualmente rindieran homenaje al arquitecto de aquella Constitución de 1978, al Rey Juan Carlos I que junto a la Reina Sofía condujeron a España desde el blanco y negro de 1975 al color de 1978 en tiempo récord.

Un acto, por cierto, perfectamente organizado y ajustado a Protocolo, en el que se ha palpado el mimo y cuidado que ha prestado un magnífico profesional de la materia, Alfredo Martínez Serrano, Jefe de Protocolo de la Casa de Su Majestad El Rey, al que aprovechó este espacio para felicitarle y enviarle un abrazo.

Cuatro décadas de concordia, de paz, de progreso económico y social, de estabilidad, que han hecho de España un país moderno, y a la vanguardia de la tecnología a nivel mundial.

También es verdad que para llegar hasta aquí los españoles hemos tenido que sortear dificultades y problemas por doquier, como el terrorismo, las graves crisis económicas y sociales, el golpe de Estado del 23F, los problemas territoriales de las distintas comunidades autónoma pero hay algo que siempre nos ha unido: la firme defensa de la unidad territorial de España.

Y ahora, cuando nos enfrentamos al desafío más grave después del golpe de Estado de 1981, la Constitución de 1978 sigue aglutinando a la inmensa mayoría de los españoles que quieren otras cuatro décadas de libertad, concordia, paz, y progreso.

Por eso hoy no cabe mirar de perfil ni posicionamientos tibios. Esa Carta Magna que nos sigue aglutinando es la que se debe aplicar con suma firmeza sobre aquellos territorios que se han atrevido a desafiar a nuestro Estado de Derecho.

Se habla mucho de dialogo y efectivamente es importante el diálogo pero dentro del marco constitucional. Fuerte de este escenario, sólo cabe que hable la Justicia con toda su estructura.

Por eso, porque cuatro décadas de paz, libertad, progreso y convivencia no podemos tirarlas por la borda, es necesario respaldar a aquellos partidos políticos que tienen en la Constitución su guía y sobre consideran que es la única manera que tenemos los españoles para resolver nuestras diferencias. Pese a quien le pese.

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