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En el Dia del Libro

Fotografía: @pixabay

Hoy celebramos el Día del Libro, una fecha que trasciende mucho más allá que un simple recordatorio para poner en valor a un sector económico tan pujante y decisivo en nuestra economía como es el sector del libro.

Es la gran oportunidad para dar visibilidad y poner en valor a todo un tejido productivo que en España que en el año 2020 tuvo unas pérdidas de 840 millones de euros, según datos de la Federación de Gremios de Editores de España. Pero en este sentido, también cabe pararse a reflexionar acerca de otro dato de la FGEE. El libro mueve 3.000 millones de euros, lo que supone el 0,8 por ciento del PIB, a lo que se suma el empleo directo e indirecto, o la presencia en el mercado exterior y una “balanza comercial importante”. Por ello, las organizaciones integradas en la Federación de Cámaras del Libro (FEDECALI) hacen un “llamamiento público” a los “gobernantes y al conjunto de los partidos políticos del arco parlamentario” para que establezcan entre sus objetivos prioritarios “una estrategia a largo plazo en favor del libro y la lectura” que permita convertir a España en un “país de lectores”.

Fotografía: @pixabay

Sin dejar la perspectiva de todo lo expuesto desde un punto de vista económico, el Día del Libro también es el momento para reflexionar sobre la situación que atraviesan todos los agentes implicados en el sector, desde autores a editores; desde bibliotecarios a libreros, diseñadores, o correctores.

Tal día como hoy, el año pasado, en este mismo espacio publiqué un artículo titulado: «Autores, libreros y editores en el Día del Libro», en el que desmenuzaba todos los pormenores de un sector que ha logrado sobrevivir a la crisis derivadas de la pandemia de la Covid-19 gracias a la transformación digital, gracias a su irrupción en el mundo digital.

Entonces escribí:

Fotografía: @pixabay

Grandes grupos editoriales con sus líneas de distribución y librerías propias siguen marcando el territorio. Y esto perjudica gravemente a las pequeñas librerías. A esas librerías, abrazadas al comercio de proximidad. Estas librerías no pueden competir en igual de condiciones con estas grandes marcas que acaparan un importante porcentaje de ventas por capacidad, distribución, medios y, sobre todo, poder.

(…) Hay que partir de la base de que la inmensa mayoría de las librerías son librerías pequeñas, con una facturación inferior a los 90.000 euros al año. Son comercio de proximidad. Comercios que se concentran en las comunidades más pobladas. Existe una mayor densidad de librerías en el norte de España. Esto unido al crecimiento de las librerías independientes nos sitúa ante un nuevo modelo de negocio. Con menos peso del libro escolar y universitario y más visibilidad en el mundo digital. Otro dato significativo es que el 45% de los libreros señalan que su problema principal estriba en la concentración de las ventas online por parte de grandes plataformas de venta en internet como Amazon, y en el cambio de hábitos en la población en relación con la lectura y la compra de libros en librerías.

Fotografía: @pixabay

Alguien tiene que ponerle el cascabel al gato Amazon. Dicho de otra forma: el monopolio de ventas de este gigante online debe ser controlado porque ejerce una fuerte discriminación sobre el comercio de proximidad, sobre esas pequeñas librerías de barrio que se las ven y se las desean cada mes para que les cuadren los números.

Otra pata importante del sector del libro es el sector editorial. Sobre ellos, escribí lo siguiente:

“En el día que la UNESCO decidió crear el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, es importante poner el foco también sobre el sector editorial cuya problemática se asemeja en buena parte a la de los libreros. Muchos son autónomos o pymes. En otras palabras, carecen de la capacidad empresarial que tienen los grandes grupos editoriales con sellos de todos conocidos. Hay que poner en valor a esas editoriales independientes, pequeñas, no exentas de riesgos y de dificultades. Pero que, a pesar de eso, siguen apostando por nuevas voces narrativas. Como los agricultores que, a pesar del pedrisco, siguen mimando sus tierras y las trabajan día a día, en busca de un mañana mejor.

Fotografía: @pixabay

Los editores independientes son esos pequeños héroes de la cadena del libro, muchas veces invisibles, sin cuya apuesta personal y económica (no nos olvidemos),  muchos manuscritos seguirían durmiendo para siempre en un cajón o en el disco duro de cualquier ordenador. Su trabajo es notable, porque en el mejor de los casos, detrás de ellos, hay una suerte de profesionales ‘invisibles’ que logran que el libro se convierta en objeto de codiciado deseo. Me refiero a correctores, ilustradores, maquetadores… cuyo trabajo es imprescindible en la cadena de edición. En la mayoría de los casos su trabajo queda entre bambalinas cuando no debería ser así. De sus procesos, de su esmero y cuidado, depende una buena parte del resultado final del libro. Por eso, el sector de las editoriales independientes es tan importante. Genera muchos puestos de trabajo y mucha riqueza. Y, sobre todo, crea cultura. Algo imprescindible”.

Las editoriales independientes son imprescindibles son el canal de luz necesario e ideal para dar visibilidad a nuevas voces narrativas que, en caso contrario, a pesar de su calidad literaria (manifiestamente contrastada), quedarían injustamente arrinconadas y sepultadas en el cajón del olvido- Por eso hacen un trabajo tan importante, y tan necesario.

Fotografía: @pixabay

La tercera ‘pata’ del banco del Día del Libro son los autores, que merecen capítulo aparte por su ego desmedido, muchas veces acompañado de un egoísmo exacerbado, que no les deja ver más allá de su propio horizonte.

Sobre este colectivo escribí:

“En esta conmemoración tampoco podía olvidarme de analizar otro sector: el de los autores. Un sector en plena efervescencia continúa. Vivimos un momento de eclosión editorial, en el que todo el mundo quiere editar su obra al precio que sea, y cómo sea. En muchos casos, primando las ventas por encima de la calidad. Craso error. Hoy todo el mundo se auto denomina ‘escritor’. Eso es una falacia, un argumento casposo, una forma ignorante de insultarse a uno mismo. También de insultar a quienes llevan ya un dilatado recorrido a sus espaldas como autores, con contratos editoriales, con varios títulos editados, con visibilidad por parte de la crítica y del público. El mero hecho de publicar un libro (en el mejor de los casos, bajo una auto edición poco ética y menos legal), no te convierte en escritor.

¿Dónde está el contrato el contrato editorial? ¿Y las pruebas del ‘editing’? ¿Y el cruce de correos electrónicos con el corrector y maquetador de la editorial? Si no hay nada de eso, y encima no has puesto dinero, agradece al santo del día que no te hayan estafado. Pon una vela porque la editorial, o supuesta editorial, siga existiendo. En muchas ocasiones detrás de una supuesta ‘marca’ editorial hay empresas de servicios editoriales que en reiteradas ocasiones juegan con las ilusiones, el esfuerzo, y el dinero de los autores. Y una vez cubiertas sus expectativas económicas, sin ningún tipo de pudor ni respeto, se volatilizan sin dejar rastro. Eso sólo tiene un nombre, y no es el de editorial, precisamente.

No digas lo que no es. No presumas de lo que no eres. Se prudente, o la vida te obligará a serlo.   

Fotografía: @elcomerciodigit

Al igual que el médico, cuando acaba sus estudios, hace el MIR para poder ejercer la Medicina y la Cirugía legalmente, la persona que quiera dedicarse formalmente al viejo oficio de escritor debe formarse y conocer a fondo el mundo del libro. Debe aprender a escribir, conocer técnicas y trucos, saber documentarse, leer muchísimo, advertir cuando un texto ‘está rematado’ y cuando precisa una corrección, conocer la legislación en materia de derechos de autor y propiedad intelectual…  Esto es imprescindible en el proceso creativo.

Y luego están las segundas partes. Lo lógico es que la calificación como ‘escritor’ te la pongan. Nunca te la auto pongas. Lo sensato y prudente es que te la pusieran desde el sector editorial, desde la crítica, desde los medios de comunicación. Pero que una persona se auto denomine escritor por el mero hecho de auto publicarse –en el mejor de los casos en Amazon- es un insulto y una falta de respeto.

No se puede publicar cualquier texto por el mero hecho de alimentar el ego personal. Para eso, el personal tiene otras herramientas como Tinder. Para que un texto llegue a las manos de un lector existen dos premisas imprescindibles: la calidad literaria de la obra y la perfecta edición de la propia obra. Sin estas condiciones estamos construyendo demasiados castillos de arena. Y últimamente percibo excesivos egos superlativos en redes sociales y en los escaparates que acabarán estrellándose más pronto que tarde.

Fotografía: @covisn

“Para ser un buen escritor, hay que escribir por el mero hecho de escribir sin ansias de publicar”, decía un conocido poeta aragonés. Pero parece ser que esta teoría no va con  los que a diario te inundan tus perfiles sociales y tus buzones de correo, anunciándote que compres la mejor obra literaria jamás publicada. O sea su libro. No se dan cuenta que cada vez que pulsan el botón de ‘enviar’, con este tipo de hazañas están un paso más cerca del ostracismo más absoluto. Ya lo decía Agatha Christie: «Cuando no hay humildad las personas se degradan». Es la radiografía más evidente de muchos que se autodenominan escritores”.

Pero en el Día del Libro, dejando a un lado los egos personales,  es el momento de reivindicar de forma definitiva el hábito de lectura como terapia ante los problemas de nuestro día a día, pero también como costumbre de vida. Como dijo Ana María Matute, «la lectura es una fábrica de sueños». Seguro que compartiréis conmigo la teoría que el ser humano necesita soñar a diario para evadirse de su entorno, más próximo y más lejano. Pero sobre todo, como dice Covi Sánchez, Presidenta de la Asociación de Escritores Noveles, y miembro del Comité de Honor del V Congreso de Escritores porque «un libro es la puerta de acceso a la imaginación, dónde realidad y ficción se funden, y todo es posible…».

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Arranca una semana de diez días…

Fotografía: @snegra

Hoy arranca una nueva edición de Semana Negra. Y vamos ya por la XXXIV edición desde que Tini Areces y Paco Taibo la pusieron en marcha en los aledaños de El Musel, allá a finales de los años ochenta.

Mucho llovió desde entonces. Mucho la manosearon desde entonces. Fue la novia del baile y el muerto en el entierro. También la muñeca de la tómbola que todo el mundo quiere y el feriante –en este caso, los gijoneses- no se la dejan arrebatar.

Se pueden contar por cientos y cientos los autores nacionales e internacionales que han pasado por los diferentes escenarios ‘gijonudos’ de esta semana de diez días, en dónde los libros, y el churro –para Taibo- conviven en armonía y sobre todo, en libertad.

Y no cabe duda, que como todo proyecto que nace, se consolida, y despega detrás hay una persona que es su ‘alma mater’, su espíritu suelto –o no tan suelto-  que le da alma, corazón y vida, de forma autónoma, sensata, y coherente a la vez. Semana Negra ha llegado a dónde ha llegado gracias a todo un equipo de personas que año a año se han remangado al sol y a la sombra. Gracias especialmente al tesón de Paco Ignacio Taibo. Fue él quien la impulsó, la consolidó. Catapultó hasta Gijón, a grandes plumas del panorama literario nacional e internacional que le han dado un plus de calidad literaria sobradamente reconocida. Sin este impulso personal del asturmexicano, claro que existiría Semana Negra, pero Gijón no estaría en el mapa mundial de festivales de género negro como referente indiscutible.

Fotografía: @elcomercio

Se echa mucho en falta a Taibo en la Semana Negra. Las tertulias de primera hora de la tarde, en la que aglutinaba a diez o quince autores cada tarde, y diseccionaba con maestría ejemplar cualquier materia del panorama literario o editorial. Y qué decir de los coloquios en los que participaba; la anécdota de toda una vida consagrada al mundo del libro estaba garantizada. O la presentación de un libro, cuya disección por su parte era tan minuciosa que por tu mente desfilaban personajes y escenas del libro de tal forma que parecía que los estabas viendo en directo.

Se ha cuestionado –y se cuestiona mucho- ciertos aspectos de la organización de este festival. Ciertamente, como decía mi madre, «este cocido lleva moscas». Quien tenga que entrar en ese jardín que entre; pero hoy yo no lo haré. Si es verdad, que cualquier vivienda necesita que sus vecinos se paren de vez en cuando y analicen cómo están haciendo las cosas. A partir de ahí, se debe actuar en consecuencia…

Fotografía: @libertaddigital

Hoy arranca de nuevo la Semana Negra, con una nueva ubicación, junto a los Jardines de la Reina y el Puerto Deportivo. Diez días de presentaciones de libros, debates, coloquios en los que Gijón volverá a oler a libros y a literatura. Pero volverá a lucir a nivel nacional e internacional como referente del género porque la Villa de Jovellanos será un carrusel de idas y venidas de autores, editores, libreros, ilustradores que, en libertad, pondrán en las manos de los gijoneses y foráneos su obra y su palabra. Un regalo en tiempos de tormenta.

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Diseñadores e ilustradores en su Día Mundial

El pasado martes se celebró el Día Mundial del Diseño Gráfico. Es el momento perfecto para dar visibilidad a un colectivo profesional absolutamente imprescindible actualmente. Un colectivo que a diario pasa excesivamente desapercibido. Muy inadvertido.

Fotografía: @enterate24

El diseño gráfico es una disciplina que interactúa con otras con el objetivo de comunicar, a través de un mensaje visual, expresiones de todo tipo para generar impacto en el público. El diseño gráfico también fusiona lo audiovisual con elementos textuales, imprescindibles para atraer y mantener la atención de la gente.

No olvidemos que no existiría el Día Mundial del Diseñador Gráfico sin la creación de la imprenta. Mucho hay que agradecerle a Gutemberg, el inventor de este fascinante método en el siglo XV, por su contribución tecnológica que dio lugar a diversas técnicas de impresión y reproducción de imágenes, textos y documentos.

Los diseñadores gráficos y los ilustradores son absolutamente necesarios en el sector editorial. Pero también en empresas y en grupos de comunicación y en las empresas editoras de diarios. Es en este momento me vienen a la cabeza nombres de sellos editoriales de literatura infantil y juvenil, que son santo y seña en el sector. Gracias en una buena parte al trabajo de sus diseñadores gráficos y de sus ilustradores. Nombres como Kalandraka o Pintar Pintar dan brillo y esplendor al panorama editorial gracias a estos profesionales. Sin el trabajo de estos profesionales,  los volúmenes de estos sellos no tendrían ningún sentido. Gracias a los ilustradores, sus libros son maravillosos.

Hablar de ilustradores es hablar de hablar de creativos, expresivos, apasionados, innovadores, observadores… estas son algunas de las características que definen a los diseñadores gráficos. Hoy en día, también resulta necesario contar con competencias tecnológicas para manejar diferentes plataformas digitales y programas para desplegar las ideas en el campo laboral.

Fotografía: Foto de Cottonbro en Pexels

Pero el trabajo de los ilustradores y los diseñadores gráficos también resulta absolutamente imprescindible en el otros escenarios empresariales. En los gabinetes de comunicaciones de grandes, y no tan grandes, marcas es esencial el trabajo de estos profesionales para visibilizar la actividad empresarial. Y también lo es, por ejemplo en las empresas de comunicación: en periódicos o diarios, o televisiones.

Vivimos en un una época en la que la palabra es importante, pero lo es mucho más cuando va acompañada de una imagen. El mundo de la imagen comunica más que la propia palabra, y si la imagen es creativa, mejor. ¿Quién mejor que un ilustrador para crear uma imagen gráfica de calidad, que ilustre y comunique en positivo?

En medio de una de las peores crisis que jamás ha vivido la sociedad, la necesidad de que el sector editorial tenga en plantilla ilustradores y diseñadores gráficos es más necesario que nunca. Además de generar riqueza y crear puestos de trabajo, que no es moco de pavo. La impronta que un diseñador imprime a un trabajo es más que trascendental. Por eso su trabajo en el sector editorial es más que imprescindible, si cabe.

Por eso, hoy y siempre, los creativos, los ilustradores son tan necesarios. La imagen lo es. Sin ellos. No hay imagen. No hay creación. Así de simple.

 

 

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Autores, libreros y editores en el Día del Libro

El viernes se celebró el Día del Libro. Fue una fecha de reivindicación de un sector que en esta pandemia no ha resultado demasiado dañado. La venta online ha frenado lo que podía haber sido un gran cataclismo para muchas librerías. Sin embargo no es cuestión de voltear las campanas al son de himnos victoriosos. Ni mucho menos.

Fotografía: @periodicoaragon

Grandes grupos editoriales con sus líneas de distribución y librerías propias siguen marcando el territorio. Y esto perjudica gravemente a las pequeñas librerías. A esas librerías, abrazadas al comercio de proximidad. Estas librerías no pueden competir en igual de condiciones con estas grandes marcas que acaparan un importante porcentaje de ventas por capacidad, distribución, medios y, sobre todo, poder.

Por esta razón, en el aniversario del fallecimiento de Cervantes y Shakespeare es el momento de  analizar diferentes cuestiones de vital importancia para un sector que, globalmente, si ha resultado muy perjudicado. No perdamos la perspectiva que detrás de muchas ‘marcas’ hay un autónomo o una Pyme.

Hay que partir de la base de que la inmensa mayoría de las librerías son librerías pequeñas, con una facturación inferior a los 90.000 euros al año. Son comercio de proximidad. Comercios que se concentran en las comunidades más pobladas. Existe una mayor densidad de librerías en el norte de España. Esto unido al crecimiento de las librerías independientes nos sitúa ante un nuevo modelo de negocio. Con menos peso del libro escolar y universitario y más visibilidad en el mundo digital. Otro dato significativo es que el 45% de los libreros señalan que su problema principal estriba en la concentración de las ventas online por parte de grandes plataformas de venta en internet como Amazon, y en el cambio de hábitos en la población en relación con la lectura y la compra de libros en librerías.

Esto nos lleva a una conclusión: el monopolio de ventas online que lidera Amazon tiene que ser controlado y vigilado de cerca. Esto redundará en beneficio de todos. De autores, que verán como los procesos editoriales online son más transparentes; y de libreros, que no se verán tan amenazados por el gigante del comercio electrónico.

Fotografía: MAPS123

En el día que la UNESCO decidió crear el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, es importante poner el foco también sobre el sector editorial cuya problemática se asemeja en buena parte a la de los libreros. Muchos son autónomos o pymes. En otras palabras, carecen de la capacidad empresarial que tienen los grandes grupos editoriales con sellos de todos conocidos. Hay que poner en valor a esas editoriales independientes, pequeñas, no exentas de riesgos y de dificultades. Pero que, a pesar de eso, siguen apostando por nuevas voces narrativas. Como los agricultores que, a pesar del pedrisco, siguen mimando sus tierras y las trabajan día a día, en busca de un mañana mejor.

Los editores independientes son esos pequeños héroes de la cadena del libro, muchas veces invisibles, sin cuya apuesta personal y económica (no nos olvidemos),  muchos manuscritos seguirían durmiendo para siempre en un cajón o en el disco duro de cualquier ordenador. Su trabajo es notable, porque en el mejor de los casos, detrás de ellos, hay una suerte de profesionales ‘invisibles’ que logran que el libro se convierta en objeto de codiciado deseo. Me refiero a correctores, ilustradores, maquetadores… cuyo trabajo es imprescindible en la cadena de edición. En la mayoría de los casos su trabajo queda entre bambalinas cuando no debería ser así. De sus procesos, de su esmero y cuidado, depende una buena parte del resultado final del libro. Por eso, el sector de las editoriales independientes es tan importante. Genera muchos puestos de trabajo y mucha riqueza. Y, sobre todo, crea cultura. Algo imprescindible.

En esta conmemoración tampoco podía olvidarme de analizar otro sector: el de los autores. Un sector en plena efervescencia continúa. Vivimos un momento de eclosión editorial, en el que todo el mundo quiere editar su obra al precio que sea, y cómo sea. En muchos casos, primando las ventas por encima de la calidad. Craso error. Hoy todo el mundo se auto denomina ‘escritor’. Eso es una falacia, un argumento casposo, una forma ignorante de insultarse a uno mismo. También de insultar a quienes llevan ya un dilatado recorrido a sus espaldas como autores, con contratos editoriales, con varios títulos editados, con visibilidad por parte de la crítica y del público. El mero hecho de publicar un libro (en el mejor de los casos, bajo una auto edición poco ética y menos legal), no te convierte en escritor.

¿Dónde está el contrato el contrato editorial? ¿Y las pruebas del ‘editing’? ¿Y el cruce de correos electrónicos con el corrector y maquetador de la editorial? Si no hay nada de eso, y encima no has puesto dinero, agradece al santo del día que no te hayan estafado. Pon una vela porque la editorial, o supuesta editorial, siga existiendo. En muchas ocasiones detrás de una supuesta ‘marca’ editorial hay empresas de servicios editoriales que en reiteradas ocasiones juegan con las ilusiones, el esfuerzo, y el dinero de los autores. Y una vez cubiertas sus expectativas económicas, sin ningún tipo de pudor ni respeto, se volatilizan sin dejar rastro. Eso sólo tiene un nombre, y no es el de editorial, precisamente.

No digas lo que no es. No presumas de lo que no eres. Se prudente, o la vida te obligará a serlo.

Fotografía: @grupotecnoweb

Al igual que el médico, cuando acaba sus estudios, hace el MIR para poder ejercer la Medicina y la Cirugía legalmente, la persona que quiera dedicarse formalmente al viejo oficio de escritor debe formarse y conocer a fondo el mundo del libro. Debe aprender a escribir, conocer técnicas y trucos, saber documentarse, leer muchísimo, advertir cuando un texto ‘está rematado’ y cuando precisa una corrección, conocer la legislación en materia de derechos de autor y propiedad intelectual…  Esto es imprescindible en el proceso creativo.

Y luego están las segundas partes. Lo lógico es que la calificación como ‘escritor’ te la pongan. Nunca te la auto pongas. Lo sensato y prudente es que te la pusieran desde el sector editorial, desde la crítica, desde los medios de comunicación. Pero que una persona se auto denomine escritor por el mero hecho de auto publicarse –en el mejor de los casos en Amazon- es un insulto y una falta de respeto.

No se puede publicar cualquier texto por el mero hecho de alimentar el ego personal. Para eso, el personal tiene otras herramientas como Tinder. Para que un texto llegue a las manos de un lector existen dos premisas imprescindibles: la calidad literaria de la obra y la perfecta edición de la propia obra. Sin estas condiciones estamos construyendo demasiados castillos de arena. Y últimamente percibo excesivos egos superlativos en redes sociales y en los escaparates que acabarán estrellándose más pronto que tarde.

Fotografía: Librería Acuarel

“Para ser un buen escritor, hay que escribir por el mero hecho de escribir sin ansias de publicar”, decía un conocido poeta aragonés. Pero parece ser que esta teoría no va con  los que a diario te inundan tus perfiles sociales y tus buzones de correo, anunciándote que compres la mejor obra literaria jamás publicada. O sea su libro. No se dan cuenta que cada vez que pulsan el botón de ‘enviar’, con este tipo de hazañas están un paso más cerca del ostracismo más absoluto. Ya lo decía Agatha Christie: «Cuando no hay humildad las personas se degradan». Es la radiografía más evidente de muchos que se autodenominan escritores.

En el Día del Libro es el momento de continuar recorriendo el camino juntos editores, autores y libreros, sin vetos estúpidos (como hacen algunos). Sólo así, desde la unidad y desde la humildad más absoluta este colectivo conseguirá vencer los grandes retos que tiene por delante. Desde el trabajo conjunto. No podemos estar satisfechos con lo logrado hasta ahora. Queda mucho por hacer. Pero sólo se saborearán las mieles del éxito si los tres colectivos trabajan en un único objetivo. Dejando a un lado egos personales. Como dicen los gallegos, haberlos haílos. Especialmente por quienes siendo unos ‘don nadie’ se creen dioses. Urge humildad y decencia a partes iguales en vena.

 

 

 

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Una recomendación

Hoy voy a ser muy breve, quizás excesivamente breve, en la columna diaria, porque sólo quiero hacer una recomendación. Una recomendación que en el fondo y en la forma no deja de ser un bálsamo en este momento.

Escuchar, y leer, a referentes literarios como es el Premio Nobel Mario Vargas Llosa es un elixir para pacificar al personal y conducirlo hacía la moderación y la sensatez que tanto necesita la sociedad española. La literatura y la cultura son ese tratamiento farmacéutico que tanto bien a los ciudadanos por los protege frente a los nostálgicos de las estupideces crónicas y de las tonterías patológicas, aunque estén revestidas de modernidades, que de verdad no son tales.

Resulta imprescindible escuchar a intelectuales de la talla intelectual, humanista, y literaria de este gran peruano, académico y humanista, que cuyas palabras calan y empapan. Aunque no nos demos cuenta.

Atentos a esta entrevista de la BBC: https://youtu.be/pMm4X-5zGY4

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Dia de las librerias

Popular Libros (Albacete)

El huracán #Covid19 es poliédrico. La arista más dura es la sanitaria y de salud, que está dejando en España, a fecha de hoy, cerca de setenta mil vidas en el camino y miles de personas afectadas.

Pero esta borrasca tiene otras facetas, como la económica, que posiblemente tenga consecuencias tan dramáticas como las sanitarias. No en vano, hay muchos sectores profesionales, muy diversos, que se han visto afectados de forma directa o indirecta por las consecuencias de esta pandemia.

Hoy es el Dia de las librerías. Y este sector es uno de los más perjudicados. Cuando me refiero a librerías, me estoy refiriendo a pequeñas librerías de barrio que tienen que hacer auténticos malabarismos para llegar a fin de mes, y para cubrir gastos. En su inmensa mayoría son autónomos, cuyos establecimientos no están considerados esenciales, aunque el libro sea un “producto esencial” desde la óptica psicológica y de salud.

Roy Librería (Gijón)

Partiendo de la base de que las librerías se nutren de otro sector no menos dañado que ellos, que son las editoriales, y cuya cartera anual de productos quedó totalmente congelada a principios de 2020.

Lógicamente, si las editoriales no apuestan por autores, y no editan, tampoco distribuyen, y en consecuencia, las librerías no pueden vender. La ecuación es muy simple y muy sencilla.

Las librerías son esos pequeños oasis en medio del caos,  en donde el librero se convierte en tu amigo, y te conoce, y le conoces. Y conoce tus gustos de lectura, y antes que le preguntes, te recomienda el libro correcto, y puedes cambiar impresiones sobre novedades editoriales o sobre críticas literarias.

Pero ahora, en este momento en el que las nuevas tecnologías se convierten en compañero inseparable e imprescindible de viaje de las librerías, este sector ha levantado la voz para visibilizarse más si cabe y poner sobre la mesa los graves problemas que este sector tiene sobre la mesa.

Que nadie pierda la perspectiva de que estamos ante un sector que facturó en España en los nueve primeros meses del año 232 millones de euros.

Librería Paris (Zaragoza)

Por estos datos, y el papel sociológico tan decisivo que juegan las librerías, es imprescindible volver a recuperar el hábito de compra en la librería de barrio. Este gesto tiene su trascendencia. Por un lado, ayudas al pequeño comercio; por otro, potencias el hábito de lectura como instrumento de formación del individuo; y tener un buen libro entre las manos es el único ejercicio de libertad que hoy por hoy le queda al ser humano.

En consecuencia, apoyar hoy, Dia de las liberias, pero también mañana y dentro de un mes, y dentro de un año, a estos comercios no sólo es un acto de compromiso con la lectura y la cultura, es la mejor manera que existe para culturizarse y para evitar que estos comercios echen el cierre, y así evitamos que las ciudades sean más tristes.

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