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«Volver a empezar», esa excelente película…

Fotografía: @rtve

El cine es esa expresión artística, junto a literatura, el arte  o  la música, que nos permiten viajar a otros universos cosmopolitas. Nos concede el don de adentrarnos en mundos que nos sumergen en aventuras inolvidables y maravillosas. ¿Quién no recuerda películas extraordinarias que atesoramos en nuestra mente y en nuestro corazón y que, por unas horas, nos han convertido en las personas más felices del universo? El cine nos permite disfrutar en la gran pantalla de actores y actrices que dan vida a historias inolvidables, que guardamos para siempre en nuestra mente y en nuestro corazón.

Una de esas películas es «Volver a empezar», esa excelente película dramática dirigida por José Luis Garcí en 1981, estrenada en 1982, y ambientada en Gijón. Como suele pasar habitualmente, en un principio fue repudiada por la crítica española, pero Estados Unidos la acogió con los brazos abiertos hasta el punto que obtuvo el premio Óscar a la mejor película extranjera, que hasta entonces ninguna producción española había ganado. Este galardón la catapultó en España, siendo un éxito de taquilla.

«Volver a empezar» cuenta la historia de un exiliado que tras la restauración de la democracia en España, regresa a su ciudad natal, en dónde se encuentra con la mujer que fue el amor de su vida.

Fotografía: @Elcomercio

Pero no estamos ante un exiliado cualquiera. Estamos ante un profesor de la Universidad de Berkeley, que ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Esta peculiaridad personal del protagonista confiere a la película muchos matices destacables que de otra forma no se darían.

Se han cumplido cuatro décadas de aquella ‘gesta’. Ayer en el diario El Comercio, José Luis Garci declaraba: «Lo curioso es que la película no gustó cuando se estrenó, pero luego ganó el Oscar y se veía de otra manera». Ayer, en Gijón, hubo una ausencia imprescindible. Él. José Luis Garcí. El argumento de que «porque no conozco a nadie. Toda la gente que conocía se ha muerto, empezando por mi padre, siguiendo por José Manuel Fernández, Juan Cueto, Juan José Plans, todos… No me queda ninguno» no sirve. No vale.

Fotografía: @abc_es

Ayer por la mañana, en la puerta del mítico Hotel Asturias, y, por la tarde, en el Teatro Jovellanos José Luis Garci no debía haber fallado a la ciudad que le hizo Hijo Adoptivo, pero principalmente a la ciudad que le catapultó al Oscar a la mejor película extranjera. En la vida hay que saber estar, y ayer Garci no supo estar. El cine, como la literatura, el arte,  o la música, están por encima de las ideologías o siglas políticas.

En la edición de ayer viernes del diario El Comercio Miguel Rojo, responsable de la sección de cultura del diario, afirmaba que «el nombre de José Luis Garci (Madrid, 1944) quedará para siempre ligado a la historia del cine español, pues suyo es el honor de ser el primer director de este país en traerse un Oscar de Hollywood para casa. Y todo con una película muy alejada del cine comercial que se hace ahora, un film intimista, reflexivo, de personajes y sentimientos, sin efectos especiales. Un film con un protagonista de excepción, Antonio Ferrandis, pero no solo él y Encarna Paso se llevaron los aplausos: la ciudad de Gijón, que se adueña de la narración hasta compartir protagonismo con ellos, excepcionales, es también uno de los personajes principales». Todos esos valores, que comparto íntegramente, de principio a fin, quedaron ayer diluidos como la arena de la bahía de San Lorenzo, absorbida por una ola del Cantábrico ante una ‘espantá’ tan vacía de argumentos, como la que ha dado el director de cine ante un aniversario tan especial como éste. Mi padre siempre me dijo: «lo que bien se hace, bien parece». Pues eso…

Fotografía: @Elcomercio

Centrándonos en el Gijón que Antonio Miguel Albajara se encontró en su regreso a casa, es importante reflexionar cómo era aquella ciudad en 1981.  Hay que ser conscientes que Gijón no siempre fue una ciudad cómo la actual, articulada, conectada (más o menos), con espacios de ocio públicos, con una extensa red de bibliotecas, de centros municipales y de salud, con fachadas saneadas, y con un puerto deportivo activo, y un puerto de mercancías referencia nacional.

En 1981, Gijón se encontraba imbuida en plena crisis de la siderurgia, el sector naval y el sector textil.  El Gijón que tanto embelesó a Albarajara,  era un Gijón primitivo; un Gijón malsano, con muchos poblados chabolistas asentados en las inmediaciones de la ciudad y con muchas ciudadelas en los patios de manzanas de diferentes zonas de la ciudad (Cimadevilla; el callejón de las Fieras; de La Arena; las de Celestino Solar; y la Carpintería; y de El Natahoyo, como la de El Cortijo). Esto se acompañaba de unas pocas industrias incrustadas en el corazón de la ciudad, que realmente eran su lentísimo motor económico.

Fotografía: Noticias del Sporting

Como bien señaló ayer también el diario El Comercio, el estadio de El Molinón (hoy conocido por El Molinón Enrique Castro Quini), es la catedral laica de Gijón, el campo en activo más antiguo de España. Para Garcí, uno de sus lugares favoritos, por su color verde, por su significado. El estadio, la escuela de fútbol de Mareo, y el mismísimo equipo de fútbol tenían que tener su visibilidad argumental en la película. Y hablando del Sporting, es imposible no recordar a José Bódalo, que interpreta el papel de Roxu, el mejor amigo de Albajara, un médico que pertenece a la junta directiva del club.

¿Y qué decir del papel que interpreta Encarna Paso?  Elena, esa mujer que tenía guardada en su corazón y en mente a quien fue el verdadero amor de su vida: Antonio Albajara,

El Hotel Asturias es otro de los escenarios imprescindibles de la película. Junto a este enclave mítico de la ciudad, es imprescindible no olvidar a su gerente (en la película): el peculiar Gervasio Losada, interpretado magníficamente por el gran Agustín González.

Fotografía: @Elcomercio

En resumen, una película excelente, con unos actores de lujo,  en un Gijón, que se dejaba la piel por pasar del gris al color,  que envuelve, enamora,  y emociona a partes iguales.

Dice el periodista César Cajete que los medios de comunicación tienen la obligación de informar, formar y entretener. Me apropio de esa frase de mi amigo y maestro para trasladarla al cine, especialmente a «Volver a empezar». Esta gran película entretiene porque te distrae;  informa de que cómo era la sociedad gijonesa y asturiana de la época;, y forma porque cualquier película bien hecha, como ésta, siempre te impregna de ‘ciertos grumos’, que diría el Profesor Emilio Lledó, que te acompañan para siempre. Esta gran película reúne todos los ingredientes de una gran súper producción. Otro mérito de Garci y del elenco de actores que le acompañaron.

Fotografía: @RTPAOficial

No en vano, un Oscar no se gana cada mañana. Hay demasiados potingues que convierten este film en la gran película española de la segunda mitad del siglo XX. Como todas las grandes súper producciones que están bien hechas (y subrayo esta última frase), nos dejó una excelente reflexión. La dedicatoria de su director. Ésta:

«Quiero rendir homenaje a los hombres y mujeres que empezaron a vivir su juventud en los años treinta; y en especial, a los que aún están aquí, dándonos ejemplo de esperanza, amor, entusiasmo, coraje y fe en la vida. A esa generación interrumpida, gracias».

 

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Manuel Fraga, diez años después

Fotografía: @LaRegion_Int

La Historia de España, como la de cualquier otro país,  se escribe a base de los trazos de las personas que, con su esfuerzo, trabajo, generosidad, lealtad y compromiso, hicieron -y hacen- camino para que hoy los españoles disfrutemos del grado de democracia que disfrutamos. Por consiguiente, del grado de libertades que gozamos, aunque algunos crean lo contrario.

Manuel Fraga Iribarne es uno de los hombres que trabajaron infatigablemente para que hoy España goce del nivel de libertad y democracia que tiene. Sin ningún género de dudas, Manuel Fraga es un personaje único en la Historia España del pasado siglo XX;  con una capacidad de trabajo incombustible, y con una personalidad arrolladora, fue, por encima de cualquier otro calificativo, un político decente y honrado. Un espejo en el que algunos, que hoy pisan moqueta, deberían fijarse.

De su dilatadísima hoja de servicios a España, yo resaltaría dos aspectos, uno institucional, y el otro más honorifico, además de la Presidencia de la extinguida Alianza Popular y el actual Partido Popular. Fue presidente de la Xunta de Galicia entre los años 1990 y 2005; y fue uno de los llamados ‘padres de la Constitución’.

Fotografía: @zonaretiro

Como bien señala mi buen amigo David Cuesta García en su perfil de Facebook:  «Una vida entera dedicada al servicio de España, desde su primer nombramiento como secretario general del Instituto de Cultura Hispánica con poco más de treinta años; hasta cuando, ya octogenario, infatigable, seguía recorriendo todos y cada uno de los pueblos de Galicia, inclusive las aldeas más remotas, escuchando y solucionado los problemas de sus paisanos». ´

Éste es el modelo autentico de hacer política. El trabajo continuo, diario, sin descanso… y siempre poniendo a los ciudadanos en el eje de la acción política. Pero hay más.

Su altura de miras como político y como líder de la entonces Alianza Popular, le llevó en los albores de la Transición a poner la luz larga, a mirar y pensar en el futuro de España por delante de sus intereses y de los de su formación política. Y fue uno de los artífices de esa reconciliación política, entre los diferentes, para que lo que habían vivido nuestros padres y nuestros abuelos, no lo volviéramos a vivir nosotros.

Fotografía: @elperiodico

Procuró ‘ese abrazo’ y ‘ese olvido’ para que los españoles dejásemos de mirar hacia atrás, y empezásemos a mirar hacía adelante. Sin olvidar nuestro pasado, pero olvidando y perdonando; mirando al futuro con firmeza y esperanza. Esa actitud solo puede salir de una persona con la responsabilidad política y con la altura intelectual y moral de Manuel Fraga.

Manuel Fraga fue un hombre de ley y de autoridad, sí, pero también de consenso, de diálogo, y de cesiones, porque sólo desde estas atalayas, al final de la década de los setenta se lograban estos objetivos. Fue un político con mayúsculas, que siempre antepuso el bien general por delante de los intereses de su partido. Desde el año 1962 que asumió la cartera del entonces denominado Ministerio de Información y Turismo hasta el año 2011 que acabó siendo senador en las Cortes Generales. Y en este intervalo de tiempo, lo fue todo en la política española. Un referente incuestionable por su buen hacer y, algo que no está de moda, por su decencia y su honradez personal.

Fotografía: @lavozdegalicia

Mucho ha llovido desde entonces. Muchos políticos, y politiquillos, han pasado por el escenario político español. Pero muy pocos de la talla política, intelectual, y humana de este gallego universal cuyo objetivo no era otro que mejorar la vida de los españoles y, especialmente, de los gallegos.

Se acaban de cumplir diez años de su desaparición, y su figura se sigue recordando por su ejemplaridad y su honestidad. Valores de los que hoy día poquísimos políticos pueden presumir.

Manuel Fraga es una referencia incuestionable de la mejor política española. Un ejemplo para muchos.

Otros muchos también lo son. Pero de la peor. De la más nefasta, de la que no merece ni media línea ni en este blog ni en ninguno. Sin embargo, Manuel Fraga se merece todas las líneas. Es la diferencia entre los políticos honrados y los indecentes. Y como él diría, ‘haberlos hailos’. Por desgracia, demasiados.

 

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Francisco Laína, el Presidente provisional

Fotografía: @laopinioncoruna

La historia de los pueblos y de las sociedades se construye a base de las pinceladas que sus hombres y mujeres van dando en el lienzo de su historia, con enormes dosis de sacrificio, entrega, generosidad, lealtad y compromiso.

Si repasamos la Historia de España, observaremos que muchos pasajes se han escrito gracias a gestas más que brillantes de españoles que, con los valores antes citados, aportaron su granito de arena en su momento vital para que España siga escribiendo páginas y páginas en ese eterno libro de la Historia de la Humanidad.

Francisco Laína García es uno de esos innumerables españoles que tejieron, y tejen, la historia de España a base de entrega, generosidad, lealtad, y compromiso. A estos valores, añado otro más: el de la discreción.

Fotografía: @lanuevaespana

Paco Laína (como así se le conocía entre sus círculos más próximos) fue Presidente del Gobierno provisional durante el golpe de Estado de Tejero, en febrero de 1981. Tuvo que asumir esa delicada responsabilidad al ostentar en aquel momento el cargo de Director General de Seguridad. Precisamente con el rango de Secretario de Estado, y durante 14 horas actuó como jefe de la comisión permanente de secretarios de Estado y subsecretarios. Dicho de otro modo, presidió un Gobierno que asumió las funciones del Ejecutivo en aquellos momentos tan delicados para España.

Francisco Laína falleció la semana pasada a los 85 años. España, y especialmente, Ávila, no sólo ha perdido a uno de sus ciudadanos más ilustres, sino más ejemplares. En la vida, lo que de verdad importa por encima de cualquier otra cualidad es un ciudadano  ejemplar. Y Laína lo fue.

En su hoja de servicios, en otros méritos, junto a su paisano, el malogrado ex presidente Adolfo Suárez, reza haberse convertido en una de las personas que apostó por instalar en Ávila uno de los centros de formación policial más importantes de Europa: la Escuela Nacional de Policía del Cuerpo Nacional de Policía.

Leo en ABC  un párrafo sobre su intervención la noche del ‘famoso’ 23-F, que por su importancia reproduzco íntegramente a continuación: «Aquel día no sólo lloró el Rey, yo también lloré cuando se liberó el Congreso de los Diputados». Palabras que pronunció Laína en 2011, durante un homenaje a Adolfo Suárez organizado por la Asociación para la Defensa de la Transición en el Museo de la Transición de Cebreros (Ávila), el pueblo natal de Suárez. Fue la primera vez que habló en un acto público sobre lo sucedido el 23-F. He ahí un ejemplo de su discreción y su modo de actuar.

Fotografía: @nortecastilla

Quienes le conocían bien afirman que una de sus principales virtudes era la discreción, y la ejerció desde siempre, y en todas las etapas de su vida. Fue objeto de diferentes distinciones. En 2011 recibió la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional, y en 2014 el Premio Castilla y León. «Es un motivo de satisfacción que se acuerden de uno cuando ya está en las últimas curvas del camino de su vida», reconoció el político abulense durante la entrega del galardón. Recordó el intento de golpe de Estado como momentos «de gran tensión», en los que «se actuó con absoluta lealtad y cumpliendo las órdenes que llegaban del Rey, el gran artífice de que se superaran».

Sin ninguna duda, la historia de los pueblos, de las sociedades, de las entidades (por pequeñas que sean) se escriben gracias a retazos y conquistas de los hombres y mujeres que acometen gestas brillantes, estando o no dentro de las mismas. Pero lo más brillante de todo, es ejecutar una empresa desde el corazón y con valores de verdad. Francisco Laina los tenía. Y demostró que los tenía. Eso es lo que verdaderamente importa.

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La Pascua Militar

Fotografía: @hola

El rey Carlos III instauró la ceremonia de la Pascua Militar con motivo de la toma de Menorca a los británicos, realizada por una armada franco-española en 1782.

Esta ceremonia se ha transformado con el paso de los años. Ha pasado de ser un recuerdo histórico a un más que notable acto castrense con el que se inicia el año militar, en el que se realiza un balance del año anterior y se marcan las líneas de acción a desarrollar en el que comienza.

En la actualidad, esta ceremonia se celebra cada 6 de enero en el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid, y es presidida por Sus Majestades los Reyes. En la misma, el Rey recibe al Presidente del Gobierno, a los responsables del Estado Mayor de la Defensa, de los tres Ejércitos, de las Reales y Militares Órdenes de San Fernando y San Hermenegildo, de la Guardia Civil, y de la Hermandad de Veteranos.

En esa ceremonia, tanto el Rey como la Ministra de Defensa -en este caso- pronuncian sendos discursos ante el Gobierno, que está representado por el propio Presidente, y por los ministros de Defensa y de Interior, y una amplia representación de los tres ejércitos (Tierra, Aire y Armada). Estos discursos son una radiografía la situación social, política y geoestratégica española, y son objeto de análisis por los comentaristas políticos. En ese mismo acto se imponen diferentes condecoraciones a militares que se han distinguido en el año anterior.

Fotografía: @telecincoes

La Pascual Militar es una de las celebraciones anuales más importantes de las celebradas en el Palacio de la Capitanía General de Canarias en Santa Cruz de Tenerife. Esta fiesta es celebrada sobre todo por las Fuerzas Armadas de Canarias bajo la presencia del jefe del Mando Militar de Canarias, en representación del Rey de España.

Ayer, en el Palacio Real, el Rey don Felipe VI reconoció y agradeció el trabajo de nuestras Fuerzas Armadas en los diferentes escenarios que les tocó bregar el pasado año 2021: desde la borrasca Filomena, a los incendios forestales, pasando por la evacuación de la población civil en Afganistán y hacer frente a los efectos del volcán de La Palma. Todo ello, sin olvidarnos de la situación de la pandemia de la Covid-19.

Fotografía: @diezminutos_es

Un año más, una vez, nuestras Fuerzas Armadas, más allá del reconocimiento que ayer les tributó su Capitán General, en 2021 volvieron a demostrarnos que están ahí, que son un pilar más imprescindible de nuestro Estado de Derecho, que gracias a su contribución, España hoy es más libre que ayer. A veces incluso, a costa  de la vida de sus miembros. Toda una demostración de patriotismo, que no todos pueden decir lo mismo. Aunque asistan al acto de la Pascua Militar y vistan de chaqué.

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Don Luis María

Hablar de don Luis María Anson es hablar de periodismo en estado puro. Es hablar de toda una época del mejor periodismo español del siglo XX y también del XXI.

Explicar en pocas líneas su trayectoria profesional, cultural y humanista es una labor muy complicada. Yo casi la definiría como imposible.

Fotografía: @eldiarioes

Luis María Anson es un referente del periodismo español. Del mejor periodismo de la Transición. Pero también de la democracia. Podríamos calificarlo sin lugar a ningún equívoco cómo “el padre” de los grandes, y buenos, periodistas que hoy pueblan el sector de la prensa española. Entre sus discípulos nos tropezamos con nombres como el de Paco Marhuenda, actual director del diario La Razón.

Pero si buceamos un poco en su trayectoria, nos daremos cuenta que don Luis María –como se le conoce en los ambientes periodísticos-, lo ha sido todo en el mundo del periodismo y de la cultura.

Miembro del Consejo Privado del Conde de Barcelona, en septiembre de 1971 fue nombrado subdirector de ABC para las páginas de huecograbado: en 1976 entra en el Consejo de Dirección de La Vanguardia. Ese mismo año es nombrado Presidente de la Agencia EFE. En 1983 le nombran director de ABC. A comienzos de 1998 ingresó como académico en la Real Academia Española. Ese año funda de la mano del Grupo Z el diario La Razón, en el cual ocupa la Presidencia del Consejo de Administración. En la calle desde noviembre de 1998 estábamos ante un periódico que defendía la monarquía y la unidad de España, con una orientación muy conservadora especialmente dirigida al ámbito de la cultura. En este periódico escribió una columna, “Canela fina” hasta el año 2005 que puso punto y final. Pasó a dirigir el suplemento El Cultural que se distribuye con el periódico El Mundo, en el que continúa escribiendo su columna. A finales de 2007 funda y preside, en colaboración con la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, el periódico digital El Imparcial.es, que nació en Internet el 21 de enero de 2008. En 1991 fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Con esta trayectoria (resumida) podemos imaginarnos que no se esconde de decir lo qué piensa cuándo le preguntan. Siempre desde la objetividad y la sensatez que ofrece la edad y, sobre todo, desde la atalaya de la experiencia y la posición de haber sido –o de ser- todo en el mundo del periodismo y de la cultura.

El pasado sábado, a sus 86 años y tras pelear y ganar a la Covid, pasó por el programa La Sexta Noche. De nuevo, volvió a dar toda una lección de sensatez, de periodismo –del bueno-, de honradez, y, sobre todo, de decencia. Un elemento que escasea últimamente en nuestra sociedad.

Nos dejó alguna ‘perla’ que otra que sorprendió pero que en su boca y analizada, como él suele analizar las situaciones socio políticas españolas, tiene su aquel.

Fotografía: @elcomercio

De esta entrevista, sorprendía las palabras que dedicó al ex vicepresidente y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. Se refería a él así: «tiene un pensamiento justo contrario al mío, pero que es perfectamente respetable. Un pensamiento que ha tratado de llevarlo con todos los medios adelante». Y lo ha calificado como «ejemplo de primer orden a la hora de dimitir».

Así, de entrada, estas palabras, pueden sorprender, pero leyendo entre líneas hay que considerar que sus palabras son un mensajes hacía aquellos lideres (o lideresas) que obteniendo los peores resultados de la historia de su partido, en vez de hacer un ejercicio de humildad y de responsabilidad, se ponen de espaldas y miran hacía otro lado. Toda una lección de comunicación  política y de decencia.

Otra opinión que sorprendería a muchos (desde luego, a mi no), fue la defensa cerrada hacía la figura del Rey Honorífico, don Juan Carlos I. Fue implacable en su planteamiento. Afirmó que era una injusticia el trato que se le había dispensado porque no está imputado por ninguno de los supuestos errores de los que se le acusa. Considera que en el fondo es un ataque hacía la Monarquía Parlamentaria que representa su hijo don Felipe VI y, sobre todo, porque esto tira por tierra todos los éxitos de las casi décadas de reinado de don Juan Carlos I. También defendió su regreso a España, a “su casa”, al Palacio de La Zarzuela cuanto antes porque considera que no debe estar un día más fuera de España.

Fotografía: @larazon_es

Dicho así podría sonar raro, pero en boca de don Luis Maria, tal y como lo explicó en directo el pasado sábado fue toda una lección de la Historia más reciente de la Monarquía española.

Ojalá esta nueva etapa que comienza en su periódico La Razón, sea una etapa larga, fructífera y buena. Muchos estamos deseando leerlo. Don Luis María no deja indiferente, estés o no de acuerdo con él y con sus análisis políticos y sociales. Su trayectoria y su forma de entender España, el periodismo y la cultura son sus mejores cartas de presentación. Su trayectoria vital, el mejor aval. Siempre.

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Ser alcalde de tu ciudad es un honor

Fotografía: @elcomerciodigit

La prensa asturiana ponía ayer, como plato principal, una polémica innecesaria, baldía y, si se me apura, hasta estúpida en su esencia y en su forma. Una de las calles, en este caso avenida, más emblemática de Gijón le van a cambiar el nombre porque sí. Y hay un consenso unánime en el fondo de la cuestión. Quieren cambiar el nombre de la avenida Juan Carlos I por el nombre de José Manuel Palacio, quien fuera el primer alcalde democrático de esta villa marinera entre 1979 y 1987. La polémica planteada está tan manoseada como torticera; es tan absurda como revolucionaria y sectaria.

Dentro de la oposición, nadie, absolutamente nadie, se opone a que José Manuel Palacio sea reconocido con una calle con su nombre. Al contrario. Ser alcalde de tu ciudad es honor, y si eres el primer alcalde de la democracia ni te cuento. En este asunto no hay debate. No hay discusión.

La discusión es otra. Las casualidades no existen. Y… ¡qué casualidad qué la avenida que sustituyan el nombre lleve el nombre del actual Rey Honorífico, don Juan Carlos I! ¿No es demasiada casualidad? ¿No se percibe una manifiesta intencionalidad política detrás? ¿Por qué no se ha propuesto el cambio de nombre de las calles Carlos Marx o Dolores Ibarruri? ¡Ah, no! Hay que arrebatar el nombre a quien llevó a España a la democracia, le otorgó una Constitución, la llevó a Europa, la catapultó en el mundo y paró en seco el golpe de Estado de 1981. ¡Qué casualidad!

Fotografía: @OkiDiario

A todo esto hay que añadir otro problema no menos grave que lo anterior. Dentro de la Junta de Gobierno Municipal. ¿a alguna lumbrera se le ha ocurrido sentarse con los vecinos y comerciantes de la zona? ¿Se les ha consultado los problemas que esta medida les acarrea? ¿No, verdad? De nuevo, el equipo municipal hace y deshace al margen de los gijoneses, sin escucharles, sin atender a sus necesidades. Actuar a golpe de ocurrencia política es una táctica taciturna, radical y trasnochada. Una política caducada como los yogures.

En el fondo de esta cuestión, el problema es otro. No es que José Manuel Palacio tenga una calle en Gijón. El problema es atacar la primera Institución del Estado. Un intento flagrante de desestabilización de la imagen de la Casa Real Española. Pero lo grave es que este intento de desestabilización se proyecte desde un equipo de gobierno municipal que presume de demócrata. No les vale ni la presunción de inocencia, ni la hoja de servicios, gracias a la cual ellos hoy pueden hacer de Gijón su cortijo. Nada. Sólo utilizan la máxima de ‘acoso y derribo’, creyéndose así lo más güays y los más maravillosos, cuando realmente se convierten en grises, taciturnos y opacos.

Se habla de 4.000 firmas y 50 entidades que suscriben esta iniciativa municipal… La verdad, estos datos dan más risa que otra cosa, si los comparamos con los casi 280.000 habitantes y las cientos y cientos de asociaciones y fundaciones que constituyen el tejido social gijonés, y que tienen su sede social en el concejo.

Fotografía: elcomerciodigit

La Junta de Gobierno municipal aprobará próximamente este cambio en una nueva cacicada de proporciones estratosféricas, sin ninguna lógica y haciendo más daño a los vecinos que ‘el beneficio’ social  que esta medida pueda originar.

Un gobierno municipal debe ser parte de la solución a los problemas de sus ciudadanos, y  nunca el problema principal a sus propios problemas. Eso no es gobernar una ciudad es desgobernarla. Desde el pasado año 2019 la villa de Gijón vive en un continuo desgobierno municipal que se dedica a no dar soluciones, y crea más problemas de los que ya existen en la ciudad. El problema generado con el cambio de nombre a la avenida Juan Carlos I es un botón de muestra de un gobierno municipal sectario, radical, que gobierna desde los despachos, a espaldas de los vecinos. Pésimas prácticas para quienes se autodenominan demócratas y antifascistas.

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El debut de Leonor

Con mucha atención seguí ayer a través de Televisión Española desde el Instituto Cervantes el debut de Su Alteza Real la Princesa de Asturias en su primer acto oficial en solitario. Sin la compañía de sus padres, Sus Majestades, don Felipe y doña Letizia. Había mucha expectación en torno a este acto por varios motivos. En primer lugar por ver toda la escenografía del acto desde un punto de vista de protocolo, seguridad y comunicación; tres elementos indisolubles en la organización de cualquier acto de esta magnitud. Por otro, era importante conocer cómo se desenvolvía la Princesa Leonor en este acto sin ‘el apoyo’ directo de sus augustos padres. Es de justicia decir que el acto no ha defraudado y ha resultado un acto muy digno, ajustadísimo a protocolo y, sobre todo, tutelado en todo momento por la fontanería de la Casa Real que, como siempre, hace muy fáciles las cosas, a pesar de que en un principio parezcan el principio del fin del mundo.

No obstante, este acto tenía otra trascendía mayor a otros niveles. La primera aparición pública de la Princesa de Asturias en solitario en un acto oficial es un gesto y un símbolo a la vez. Es la señal de la cimentación de la institución monárquica en nuestra sociedad más si cabe, como una institución plenamente afianzada y por encima de otros condicionantes con proyección de futuro. Si ayer, era su abuelo el rey don Juan Carlos I quien estaba representando a todos los españoles, hoy lo es su nieta en una más que natural y normalizada sucesión al Trono de la Corona de España.

Esto a su vez va concatenado a otro elemento no menos importante. El primer acto en solitario de la Princesa Leonor ha sido al Instituto Cervantes con motivo del inicio de los actos conmemorativos de su trigésimo aniversario. Todo el apoyo, por tanto, de la Corona y de la Familia Real, al sector cultural y, especialmente, al sector del libro en España tan dañado con motivo de la pandemia de la Covid-19. Lo demás (depositar el ejemplar de la Constitución y del Quijote en la Caja de las Letras) son disculpas muy bien argumentadas para envolver la visita. Sea como fuere, lo cierto, es que este acto ha tenido más trascendencia histórica e institucional de lo que parece, y abre una puerta a su agenda como heredera a la Corona de España. Es lo lógico, lo normal, lo sensato. De igual forma que se ve como algo ya normalizado el hecho de que año a año Su Majestad doña Sofía acompañe a Sus Majestades don Felipe y doña Letizia, y ahora también a su nieta la Princesa de Asturias, a la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias en Oviedo.

Hay situaciones que hay que considerarlas normales desde un punto de vista institucional, constitucional, y social dentro de la actividad de la Familia Real y de la Familia del Rey. A quién no le guste o no esté de acuerdo tiene un problema. Éste es el modelo de Estado que nos dimos en 1978, a través de nuestra Constitución, y gracias a él, tenemos un Estado de libertades, democracia, progreso, y paz.

Hoy la Princesa de Asturias se ha estrenado, y ha dado toda una lección a los jóvenes españoles. Con una actitud más que sobresaliente, demostrando una madurez y un sosiego notables. Quizás al acto le faltó un pequeño matiz para terminar de bordarlo: unas palabras institucionales de doña Leonor, aunque hubiesen sido dos párrafos, a pesar del guiño que ha hecho a la profesión de su madre interesándose en directo por el personal del Instituto que, a consecuencia de la pandemia, se han encontrado de golpe alejados de sus hogares. En cualquier caso, estamos ante una Princesa preparadísima que hoy ha debutado demostrando que tenemos Corona y Monarquía en España para largo. Aunque algunos entiendan que su futuro debe ser el mismo que el de su tatarabuelo, el rey Alfonso XIII. De ilusiones algunos están viviendo hace años. Y ennegreciendo la moqueta que pisan.

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Siete años sin Adolfo

Hoy se cumple el séptimo aniversario de la desaparición del arquitecto de nuestra democracia. Hoy hace siete años que España perdió a Adolfo Suarez, el primer presidente de nuestra democracia.  Es en este momento de tanta polarización política e institucional siempre desencadenada por los mismos, cuando urge más que nunca reivindicar su legado político y su figura histórica. Adolfo Suárez fue un gran político, un Presidente ejemplar, que junto a Su Majestad Juan Carlos I no le tembló el pulso para transformar el país: de la España más oscura a la España del progreso, las libertades y de la democracia.

No lo tuvo (tuvieron) fácil. Había demasiados obstáculos en el camino; dificultades ideológicas, sociales, políticas, económicas, culturales… Pero su objetivo era claro y su hoja de ruta también. Así aplicaron la ley, siguiendo el consejo de otra figura imprescindible de la Transición, Torcuato Fernández-Miranda: «de la ley a la ley pasando por la ley». De esta manera, paso a paso, ladrillo a ladrillo, Adolfo Suárez fue desmontando el régimen franquita para abrir las puertas a un régimen en el que nadie se sintiera extraño debajo de un paraguas llamado Constitución de 1978.

Uno de los obstáculos más conflictos que debió sortear fue el del Ejercito. Unas Fuerzas Armadas muy pobres en cuanto a recursos, formación y estructura pero con una filosofía y una lealtad absolutas a todo lo que aún quedaba del régimen franquista. Por ello, tuvo que lidiar con no pocos problemas ante una cúpula militar que no concebía un nuevo modelo social y, mucho menos, una regeneración y una transformación total en el propio seno de las Fuerzas Armadas. Gracias a aquello, hoy el Ejército Español es un ejército moderno, avanzado, plural, desarrollado, tecnológicamente innovador y, sobre todo, renovado que no tiene absolutamente nada que ver con aquel Ejercito del año 1976 y anteriores.

El denominador común de la gestión de Adolfo Suárez pasa por una sola palabra: consenso. Suárez fue un hombre de palabra, y esta forma de actuar la llevó hasta sus últimas consecuencias. Hoy, la reivindicación de su figura es más importante que nuca. España necesita hombre como él, que sepan consensuar, que sepan pactar, que sepan dialogar; hombres que les preocupen los problemas de la sociedad… que sepan  llegar a acuerdos en beneficio de España y de los españoles.  Por desgracia, hay demasiada polarización y crispación que, casualidades o no, siempre llegan desde el mismo lado.

La figura de Adolfo Suárez es imprescindible. Es un espejo perpetuo, en el que tendrían que mirarse muchos gobernantes, de un lado y de otro. Pero también otros aprendices a políticos que, aunque pisan moqueta, no saben ni quieren saber cuánto sudó el Presidente abulense para lograr una Transición pacífica, sin derramamientos de sangre, cicatrizando las tan manoseadas “dos Españas” para abrir las puertas a una nueva España prometedora, llena de libertades, de prosperidad, y de un futuro en paz. ¿Con errores? ¡Por supuesto! Pero el papel que jugó fue absolutamente imprescindible y necesario. Su figura hay que recordarla siempre. Hoy, siete años después de su marcha, la elección no es dudosa. Mucho más Adolfo Suárez y mucho menos Echenique, Rufián, Borràs, y Otegui. Éstos representarán el fracaso. Suárez el futuro. Siempre.

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Un día de reconocimientos, reivindicaciones… y faltas de respeto.

Como esperábamos, hoy, el Congreso de los Diputados ha sido el escenario para conmemorar el cuarenta aniversario del golpe de Estado del 23F, sucedido a las 18:23 h del 23 de febrero de 1981.

En el acto de hoy, dominado por las restricciones que impone la pandemia de la Covid19, estaban las más Altas Instituciones del Estado, encabezadas por S.M.. el Rey Felipe VI, y con una ausencia más que significativa: la de su padre, S.M., el Rey Juan Carlos I, artífice, junto al general Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa del Rey, de que aquella “locura” fracasara a la vuelta de unas pocas horas.

Fotografía @joseajarne

Y, hoy, como no podía ser de otra manera, el Rey Felipe Vi ha reivindicado el papel de su padre aquella noche «por su firmeza y su autoridad» de defensa de la democracia. Y esto, más allá de las palabras del propio monarca, hay que ponerlo en valor, y reconocerlo. Aquel 1981 la democracia española era aún muy frágil y don Juan Carlos sabía perfectamente que, con un gobierno y un parlamento secuestrados, él, en su calidad de Capitán General de las Fuerzas Armadas y como Jefe del Estado-junto a la Comisión de Subsecretarios que presidió Francisco Laína- tenía el difícil papel de parar la intentona golpista sin derramamientos de sangre. Y a pesar de los minúsculos ruidos de sables que en paralelo al Congreso se dieron en Valencia, el trabajo que se hizo entre bastidores de la Jefatura del Estado fue imprescindible, impecable, absolutamente necesario y, sobre todo, rápido, y coordinado. En dieciocho horas todo había acabado.

Cómo ha dicho Miguel Roca, uno de los padres de la Constitución, y aquel día diputado en el Congreso, hoy conmemoramos un hecho histórico; el fracaso de una intentona golpista contra la democracia, y el triunfo de la libertad.

Y justamente por eso, porque conmemoramos el triunfo de la libertad y democracia, personalmente el acto me ha resultado pequeño. Reitero mi comprensión de las limitaciones que exige la pandemia. Dicho esto, si conmemoramos el triunfo de la democracia y de la libertad deberían haber estado los ex Presidentes del Gobierno y la Presidenta de la Comunidad de Madrid y el Alcalde de Madrid en nombre de todos los Presidentes autonómicos y de todos los alcaldes de España. E insisto, también S.M. don Juan Carlos I acompañando a su hijo. Basta ya de fariseismo con los temas de la Corona. La sociedad española, el pueblo español, le debe, a quien fue su Rey casi durante cuatro décadas que hoy viva en una democracia plena (aunque algunos necesiten gafas), en paz, y libertad. Qué las instituciones y la Carta Magna pueden renovarse, nadie lo discute. Pero si aquel fatídico 23 de febrero el Rey don Juan Carlos no desmonta de raíz la intentona, ¿de verdad nos creemos que hoy viviríamos en democracia? Por eso hay que dejar a un lado los argumentarios bolivarianos y respetar y poner en valor su trabajo como Jefe del Estado y Capitán General de las Fuerzas Armadas.

Fotografía: @joseajarne

Por esta razón, me parece una desvergüenza y un despropósito absoluto, el hecho de que en un acto como en el de esta mañana se hayan dado gestos de menosprecio y faltas de respeto y educación al Rey Felipe VI. Revolviendo en el diccionario de mi madre me tropiezo con una frase que viene como anillo al dedo «para estas albardas no necesitamos mulas». Pues eso… Pero algunos, que hace muy pocos años creían que iban a asaltar los cielos y hoy pisan coche oficial con escolta, deberían saber que cuando ocupas un cargo institucional, el respeto a la figura del Jefe del Estado se aprende en Primero. Y si no se quiere aprender, como ellos mismos dicen «cierren la puerta al salir». Pero beber y sorber, no. O lo que es lo mismo: no puede ejercer de Judas y de Pedro a la vez. Aunque ellos estén mas cómodos siendo Judas.

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Cerrando cuatro décadas de Historia de España

Fotografía: @el_pais

Hoy se cumplen cuatro décadas de un acto que heló la sangre a la mayor parte de los españoles. Hoy se cumplen cuarenta años del golpe de Estado del 23F.

Y hoy, S.M. Felipe VI pondrá punto y final, cerrando ese libro en un acto en el Congreso de los Diputados. Fantástica la idea. Aunque tengamos que esperar a la escenografía y a las palabras del acto.

Ciertamente, aquel día de 1981 hay que recordarlo, y como ha dicho la Presidenta del Congreso, así, “mostrar la fortaleza de las instituciones democráticas” y “la vigencia de los valores de nuestra Constitución”. Comparto las palabras de Meritxell Batet porque lo sucedido en el Congreso de los Diputados aquella fatídica tarde de 1981 tiene que pasar a nuestra historia para siempre. Debemos recordarlo como un hecho nefasto que, gracias a S.M. Juan Carlos I, fue desmontado en pocas horas, y la sociedad volvió a respirar tranquila aires de libertad y democracia.

No cabe ninguna duda que aquella locura, fue toda una hazaña militar, en la que pudo haber derramamientos de sangre y, afortunadamente, no se vertió ni una gota, aunque los vestigios de aquella gesta hayan quedado inmortalizados para siempre en la techumbre del Hemiciclo del Congreso.

Aquellas horas fueron horas de preocupación, miedo e incertidumbre, en dónde los mayores temieron retroceder décadas atrás y los no tan mayores creímos que todo lo que se estaba construyendo se desmoronaba como un castillo de arena.

Fotografía: @elespanolcom

Pero, afortunadamente, la sociedad española demostró, con su Jefe de Estado, con el Capitán General de sus Fuerzas Armadas a la cabeza, ser más madura y mucho más seria que un grupo de locos que, al abrigo de un uniforme y utilizando de forma torticera los símbolos de España, se autoproclamaban los nuevos salvadores de la Patria.

Nombres de los entonces artífices del golpe como Antonio Tejero, Alfonso Armada, o Jaime Miláns del Bosch son nombres que no nos toca juzgar. Lo hará la Historia, o ya lo ha hecho. En su momento fueron desautorizados de forma contundente por don Juan Carlos y conminados a deponer su actitud de forma inminente.

Aquellas horas de temores, dudas, y preguntas nos dejaron imágenes grabadas en nuestra retina para siempre cómo fueron el enfrentamiento del Vicepresidente del Gobierno y Ministro de Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado con los golpistas, o el propio Presidente sentado en su escaño mientras todos los diputados permanecían agazapados mientras los guardias civiles a las órdenes de Tejero disparaban a todo lo que se meneaba llenando el Congreso de miedo, terror, e incertidumbre.

Fotografía: @el_pais

Y aquella noche, además de la madurez y responsabilidad de los españoles, hubo otra persona que jugó un papel imprescindible, alguien clave para que el golpe fracasara cuanto antes. El general Sabino Fernández Campo, que en aquel momento ostentaba el cargo de Secretario General de la Casa del Rey. No le dolieron prendas en descolgar el teléfono, llamar a todas las capitanías generales, regiones aéreas y zonas marítimas, así cómo a otros mandos militares. Para él era prioritario conocer cómo estaba la situación en el seno de las Fuerzas Armadas, y si estábamos ante un golpe de unos pocos ‘locos irracionales’, o, por el contrario, la situación trascendía más allá. Su olfato como mando de las propias Fuerzas Armadas y su lealtad al propio Rey Juan Carlos y «a la Casa» no le pedían otra cosa. A él le debemos la famosa frase «Ni está, ni se le espera», que sirvió de contestación a una pregunta del general José Juste (general de la División Acorazada Brunete) sobre si el general Alfonso Armada había llegado al Palacio de la Zarzuela. Aquella frase, que pareció insignificante, fue el comienzo del fin del golpe de Estado. Su artífice, un asturiano. El fiel escudero que durante tantos años estuvo en La Zarzuela, y manejó con delicadeza extrema , junto a don Juan Carlos y doña Sofía, el bisturí de la trastienda de la Jefatura del Estado.

En el acto de hoy en el Congreso de los Diputados habrá dos ausencias significativas. Por un lado, la del General Sabino Fernández Campo fallecido en el año 2009; y la otra obviamente la de S.M. don Juan Carlos I que, con todos los honores, debería entrar junto a su hijo por la Puerta de Los Leones. Que a nadie se le olvide que, gracias a los dos, el golpe de Estado no prosperó y la democracia española y el Estado de Derecho triunfaron. Los españoles pudimos seguir viviendo en paz, democracia y libertad.

Han pasado ya cuarenta años, y hoy estoy expectante esperando el discurso del Rey Felipe VI que será notable, y no dejará indiferente a nadie. Me Y lo demás, el resto ya es Historia, cada vez más lejana… afortunadamente. Por el bien de España y de los españoles.

 

 

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Pablo Iglesias, Pablo Hásel, y el arte de incendiar las calles

Fotografía: @LaVanguardia

Hace ya varios días que quien se supone ocupa la vicepresidencia segunda del Gobierno viene haciendo llamamientos incendiarios y guerrilleros sobre la calidad democrática de nuestra sociedad y de nuestra Constitución. No entraré a fondo en la cuestión porque el tema requiere un titular y una columna, y cómo decía no sé quién, ‘hoy no toca’. Aseguro que tocará en breve.

Pero al hilo de estas sandeces, por llamarlo suavemente, o al hilo de ellas, ayer varias ciudades catalanas, y otras de diversas comunidades autónomas asistieron a una guerra de guerrillas a la más pura imagen y semejanza del País Vasco en las décadas de los años setenta y ochenta.

Barcelona, Girona, Lleida, Vic y Valencia vivieron el pasado martes enfrentamientos entre los manifestantes y la policía de forma ingobernable y sin medida. El motivo ya lo sabemos.

España es un país democrático, robusto, serio, y sobre todo, cohesionado, aunque la imagen sea otra. Y sobre estos cimientos se sustenta nuestro Estado de Derecho, nuestra separación de poderes. Por tanto, si la Justicia manda “al cuarto de pensar” a alguien por decir lo que no debe decir en sus canciones, una cosa es manifestarse pacíficamente y, si me apuran, exigir su liberación, y otra, muy diferente, completamente distintas, reventar la vida de las ciudades, quemando contendores, poniendo barricadas, reventando cristales, echando abajo semáforos, intentando asaltar comisarias, llevándote por delante todo el mobiliario urbano que está a tu alcance (y el que no también) y lanzando piedras y objetos contundentes contra las fuerzas de orden público de tamaño más que considerable. Sr. Iglesias, ¿cómo llamaría usted a estos sucesos vandálicos? No es necesario que me responda. Su cinismo y su ineptitud es el mejor ejemplo de la peor imagen de nuestro país.

Fotografía: @LaVanguardia

Las consecuencias una noche de carreras, incidentes, destrozos y violencias se puede cuantificar numéricamente. Más de una treintena de protestas en Cataluña por el encarcelamiento de Hásel que se saldaron con 25 policías y 30 manifestantes heridos, 18 manifestantes detenidos y desperfectos y saqueos en sedes bancarias y tiendas de varias ciudades.

Y estos datos que cuantifican la gravedad de lo sucedido, máximo cuando en varios casos, los Mossos tuvieron que recurrir a las unidades de UIP de Policía Nacional, porque se encontraban desbordados, aún resultan más graves y más preocupantes cuando leemos que el conseller d’Interior de la Generalitat de Catalunya, Miquel Sàmper indica que “la violencia no es el camino”; la líder de Compromís, Mónica Oltra, nos vende que “no es un buen síntoma para una democracia que se encarcele a la gente por sus creaciones artísticas”; o la alcaldesa de Barcelona dijera textualmente que «hubo manifestaciones multitudinarias pacíficas». Lamentablemente estas declaraciones en boca de representantes institucionales son manifiestamente indecentes, máxime cuando ninguno condena la violencia máxima sucedida en las calles, considerando que hubo 17 agentes heridos, y un intento de asalto a la comisaria de los Mossos en Vic. Esto es inaceptable en unos cargos institucionales, y lo es porque vienen con el aval de Pablo Iglesias y el beneplácito del doctor Bacterio, que diría Federico. O sea, con las bendiciones de Ferraz. Un despropósito sublime y una desvergüenza institucional de primer orden.

Fotografía: @elmundoes

Confiemos que el Estado de Derecho funcione y no se amilane ante las presiones de desvergonzados, y Pablo Hasel siga a la sombra. Todos somos de responsables de nuestros actos. Él también. Y sus cachorros, que intentaron el martes reventar la convivencia en nuestras calles, espero que le acompañen por una larga temporada.

A ver si de una vez por todas nos enteramos que cuando se hacen tonterías y cuando se cruzan líneas que no se deben cruzan, hay que asumir responsabilidades. Y me importa poco si te apellidas Echenique, Montero, Monedero, Hásel, o Iglesias. Lo dijo el Rey Juan Carlos I, y es una verdad absoluta: La Justicia es igual para todos. También para los delincuentes reconvertidos a ninis que se creen que la calle es suya. Debajo de un pasamontañas son muy valientes, pero frente a un juez o a un fiscal necesitan un Dodotis… o quizás muchos.

 

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En el cuarenta y dos cumpleaños de la Constitución

Conmemoramos el cuarenta y dos cumpleaños de nuestra Carta Magna, de nuestra Constitución, de ese texto que une a todos los españoles desde Cataluña a Galicia, desde el País Vasco a las Islas Canarias.

Pero hoy es una conmemoración especial. Ha sido un año más que difícil por esta cruel y devastadora pandemia del Covid que ha dejado miles de fallecidos, miles de afectados, y cientos y cientos de miles de afectos en las diferentes aristas que nos muestra a diario esta epidemia. Sin embargo a esta situación tan caótica, hay que añadir un hecho inusual, desatinado, mezquino, y cruel haya dónde los haya. Recientemente se acaban de aprobar los Presupuestos Generales del Estados cuya tramitación está en el Senado. Y el Gobierno no ha tenido escrúpulo alguno ni pudor para apuntalarlos con el apoyo de aquellas fuerzas políticas cuyo objetivo prioritario es precisamente es volar por los aires el consenso y el abrazo que se dieron los padres constituyentes para dar paso a la Constitución que nos abocara a los mejores años de paz, progreso, libertades, y democracia que jamás vivió España en el último siglo.

(Fotografía: @el_pais)

¿Dónde quedó la decencia del PSOE para afianzarse en la poltrona de La Moncloa y de los ni se sabe cuántos ministerios? ¿Tan pronto se les ha olvidado el dolor de las víctimas de ETA y la fragmentación social, económica, y política vivida en Cataluña en el año 2017? ¿Dónde está el PSOE que fue capaz de consensuar con todas las fuerzas políticas del Congreso de los Diputados la abdicación a la Corona de España de S.M. don Juan Carlos I y la proclamación al Trono de S.M., don Felipe VI en la normalidad democrática más ejemplar?

Es absolutamente indecente la actitud del actual Gobierno, que les ha importado muy poco la más reciente Historia de España para llevar de compañeros de viaje a la banda que tienen, despreciando todo y a todos los que no piensan como ellos.

(Fotografía: Hispagenda)

Hoy es el día para reivindicar la figura de hombres imprescindibles como Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, José Pedro Pérez-Llorca, Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé Tura, o Miguel Roca… Pero también es el día de reivindicar el papel que jugaron los arquitectos de nuestra Constitución: S.M. don Juan Carlos I y Adolfo Suárez. Sin su proyecto institucional y su legado político, hoy los españoles no disfrutaríamos –a pesar de la Covid19-, del estado del bienestar que disfrutamos.

Todo gracias a la Constitución de 1978, y al impecable trabajo de sus padres que supieron aparcar sus posicionamientos políticos para pensar en el bien común y en el futuro de España. Eran tiempos convulsos como ahora. Pero con una notable diferencia. Entonces teníamos políticos decentes que nos les importaba renunciar a lo propio en favor de la colectividad. Ahora prefieren hundir a la colectividad con tal de mantener su despacho, su secretaria, su coche oficial y su escolta. Vergüenza, si la tuvieran, tendría que darles. A los españoles nos produce asco, porque se les llena la boca con la palabra “Constitución”, y en realidad la están abandonando. De palabra y de obra.

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La Pascua Militar

El próximo domingo, mientras nuestros más pequeños se envuelven en la bandera de la felicidad y la ilusión más inocentes, una amplísima representación de nuestras Fuerzas Armadas y de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se darán cita en el Palacio Real en torno a la figura del Primer Soldado de España, de Su Majestad, Felipe VI y probablemente de Su Alteza Real doña Leonor de Botbón, Princesa de Asturias, para celebrar lo que popularmente se denomina la «Pascua Militar».

Una ceremonia instaurada por el Rey Carlos III, con ocasión de la toma de Menorca a los británicos, realizada por una armada franco-española de 52 navíos en 1782 y fuerzas de Infantería de Marina española. 

Con este acto arranca el año militar propiamente dicho, y es uno de los actos más solemnes de todo el año dentro de la agenda institucional de la Familia Real y del propio Gobierno de España.

Las Fuerzas Armadas son una de las instituciones más valoradas, queridas y respetadas por los españoles. Afortunadamente, atrás quedaron aquellas mugrientas épocas en que se intentaba vilipendiar y dar la espalda a quienes de manera discreta, silenciosa y con destacado valor defienden a diario a España, a los españoles y a ese imprescindible marco legal que todos los españoles nos dimos en 1978.

Los tres Ejércitos y las Fuerzas de Seguridad del Estado cada vez son más queridas y respetadas por todos los españoles.

El acto de mañana en el Palacio Real será una manifestación de respeto y afecto de España a quienes nos cuidan y nos defienden a diario, aunque no lo veamos ni seamos conscientes de ello. Un acto cargado de simbolismo que encabezará quien hoy encarna en nuestro país, el futuro, la concordia, la unidad y la paz entre todos los españoles. Algo que una inmensa mayoría de españoles no sólo agradeceremos, sino que valoramos y entendemos como el único tratamiento válido, necesario e imprescindible para salvar a España de esta tumoración a la que algunos partidos están abocando a nuestra nación.

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40 años de Constitución

Hoy, España está de celebración. Nuestra Carta Magna ha cumplido 40 años y se ha celebrado en nuestra casa, en el Congreso de los Diputados, la casa de todos los españoles.

Como era preceptivo, el homenaje ha sido justo y necesario. Y estaban todos, menos ausencias evidentes como los malogrados Adolfo Suárez, Manuel Fraga, Gabriel Cisneros, o Gregorio Peces Barba… y ha servido, además, para que el Estado en su conjunto y los tres poderes individualmente rindieran homenaje al arquitecto de aquella Constitución de 1978, al Rey Juan Carlos I que junto a la Reina Sofía condujeron a España desde el blanco y negro de 1975 al color de 1978 en tiempo récord.

Un acto, por cierto, perfectamente organizado y ajustado a Protocolo, en el que se ha palpado el mimo y cuidado que ha prestado un magnífico profesional de la materia, Alfredo Martínez Serrano, Jefe de Protocolo de la Casa de Su Majestad El Rey, al que aprovechó este espacio para felicitarle y enviarle un abrazo.

Cuatro décadas de concordia, de paz, de progreso económico y social, de estabilidad, que han hecho de España un país moderno, y a la vanguardia de la tecnología a nivel mundial.

También es verdad que para llegar hasta aquí los españoles hemos tenido que sortear dificultades y problemas por doquier, como el terrorismo, las graves crisis económicas y sociales, el golpe de Estado del 23F, los problemas territoriales de las distintas comunidades autónoma pero hay algo que siempre nos ha unido: la firme defensa de la unidad territorial de España.

Y ahora, cuando nos enfrentamos al desafío más grave después del golpe de Estado de 1981, la Constitución de 1978 sigue aglutinando a la inmensa mayoría de los españoles que quieren otras cuatro décadas de libertad, concordia, paz, y progreso.

Por eso hoy no cabe mirar de perfil ni posicionamientos tibios. Esa Carta Magna que nos sigue aglutinando es la que se debe aplicar con suma firmeza sobre aquellos territorios que se han atrevido a desafiar a nuestro Estado de Derecho.

Se habla mucho de dialogo y efectivamente es importante el diálogo pero dentro del marco constitucional. Fuerte de este escenario, sólo cabe que hable la Justicia con toda su estructura.

Por eso, porque cuatro décadas de paz, libertad, progreso y convivencia no podemos tirarlas por la borda, es necesario respaldar a aquellos partidos políticos que tienen en la Constitución su guía y sobre consideran que es la única manera que tenemos los españoles para resolver nuestras diferencias. Pese a quien le pese.

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