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Etiqueta: muerte

26 años del Camping Las Nieves

Fotografía: @YouTube

Hoy se cumplen veintiséis años de una de las peores tragedias naturales que ha sufrido España, y previsiblemente, la mayor que ha sufrido Aragón.

Ocurrió un 7 de agosto de 1996 cuando Aragón rezumaba turismo por todos los poros de su piel, en especial el Pirineo. Una crecida extraordinaria y súbita del Torrente de Aras arrasó el Camping de Las Nieves, en la localidad de Biescas. En esa tragedia alrededor de noventa personas perdieron la vida, y cerca de otras doscientas resultaron heridas.

Esta fecha me acompaña desgraciadamente año a año por dos motivos importantísimos; uno personal y otro profesional. Ese mismo día, a primera hora a primera hora de la tarde, bajé a Zaragoza desde la localidad oscense de Senegüé (muy próxima a Biescas), tras concluir unos días de descanso vacacional.

Fotografía: @COPE

Esa misma noche, desde primeras horas de la madrugada participé,  directa e indirectamente, en el gabinete de crisis que el Gobierno de Aragón , que presidía el popular Santiago Lanzuela,  activó tras conocer la magnitud de la tragedia.

Esa fatídica tarde, alrededor de las 19:30, la lluvia dejó hasta quinientos litros por metro cuadrado durante cerca de diez minutos. ¿Nos imaginamos por sólo un instante qué significa esto a su paso por un camping?

El agua arrastró piedras, troncos barro… todo lo que cogió a su alcance, desbordando la canalización construida y barriendo por completo el camping, en el que había en ese momento más de seiscientas personas.

Y ante la magnitud de esa catástrofe, evidentemente los primeros en llegar fueron los vecinos de Biescas que dieron lo mejor de ellos mismos no sólo para socorrer a las víctimas, sino para organizarse y para organizar avituallamiento comida, ropa, bebidas, enseres de higiene personal y cualquier otra necesidad que fuese precisa…. E incluso para acoger en sus propias casas a quienes el agua había dejado absolutamente sin nada.

Fotografía: @diariovasco

Una vez más, la sociedad civil, en este caso, la aragonesa, mostró sus mejores ‘caldos’, que diría mi madre, poniéndose a trabajar horas y horas incansablemente junto a los servicios de protección civil y emergencias en un único equipo.

Recuerdo aquella noche cómo los teléfonos no dejaron de sonar en toda la madrugada. Cientos de instituciones públicas y privadas dando lo mejor de sí mismos y poniéndose a disposición del Gobierno de Aragón y del Ayuntamiento de Biescas. La solidaridad de toda España fue unánime… y también miles de llamadas anónimas preguntando por personas alojadas en el camping.

Una imagen dramática fue el Palacio de Hielo de Jaca,  que se habilitó para albergar los cuerpos fallecidos a la espera de su identificación por parte de las familias.

No voy a entrar en la parte legal ni judicial, porque considero que no me corresponde. Cada 7 de agosto, únicamente toca recordar una de las mayores tragedias naturales que ha sufrido España y la mayor de Aragón. Recordar a las víctimas, aprender correctamente la lección para evitar errores pretéritos y pensar que ya en 1996, la sociedad aragonesa nos dio toda una lección de solidaridad, de unidad, de compromiso…

Fotografía: @periodicoaragon

Durante esos días, y posteriormente, durante los funerales de lasTorrente d víctimas hubo millones de imágenes, pero hay una imagen que guardo en mi retina y que me acompaña siempre. La visita de Sus Majestades don Juan Carlos y doña Sofía al lugar de la catástrofe, acompañados del Presidente de Aragón Santiago Lanzuela (que los recibió en mangas de camisa) y del resto de autoridades que se encontraban en Biescas y en Jaca. Y todos de barro y lodo «hasta arriba». Un gesto más que evidencia que, en muchas ocasiones, la prioridad son las personas, por delante de las formas.

Ha transcurrido ya más de un cuarto de siglo de una catástrofe, que nos debe llevar a una reflexión: hasta qué punto somos justos con la naturaleza y hasta qué punto hacemos las cosas bien con el medio natural. La ola de incendios que está sacudiendo España este verano es un claro ejemplo de que, en muchas ocasiones, no aprendemos nada. A pesar de que, en momentos como el aniversario del camping Las Nieves, ejerzamos de piadosos y de sensibles.

 

(Fotografía de portada: El Español)

 

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25 años sin Miguel Ángel Blanco

Fotografía: @elmundoes

Se cumplen veinticinco años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, aquel joven concejal de Ermua, que cayó asesinado a manos de ETA solamente por defender la libertad y la convivencia en el País Vasco.

El asesinato de Miguel Ángel no fue uno más de la terrorífica y macabra lista de ETA. Fue un asesinato diferente, y lo fue por una serie de circunstancias que lo hicieron ‘diferente’. En primer lugar su secuestro, para intentar chantajear al Gobierno del entonces Presidente José María Aznar; exigencia que el Gobierno de España lógicamente no podía cumplir. Pero aquel secuestro también arrastró un movimiento social sin precedentes en democracia en el País Vasco y en el resto de España. La sociedad vasca, harta de tanta sangre vertida, de tanta viuda, huérfano, y de tanto dolor, se movilizó en contra de la banda terrorista para decir «¡Basta Ya!».

Las calles y plazas de Ermua, pero también en prácticamente todas localidades vascas y en infinidad de puntos de la geografía española, fueron un clamor popular de la sociedad española, unida por la rabia, la impotencia y el dolor, gritando por la vida del joven concejal ermuense. Los españoles, y especialmente, los vascos, estaban hartos de tanto crimen y de tanto secuestro impune. Y salieron a la calle, no sólo pidiendo la libertad de Miguel Ángel Blanco, sino exigiendo a ETA el cese inminente de la violencia.

Fotografía: @el_pais

Lamentablemente aquel movimiento social espontaneo y apolítico no sirvió para nada. ETA cumplió su hoja de ruta. A las 48 horas del secuestro del joven concejal, el edil popular apareció con dos disparos mortales, que acabaron con su vida. Una vida, la de un joven de 29 años, que cuando fue asesinado por ETA, acababa de encontrar su primer empleo como economista y planeaba comprarse un coche y casarse con Marimar, su novia de toda su vida. Hijo de inmigrantes gallegos; llegó a la política de la mano de un amigo de la universidad cuando pocos se atrevían y las listas se llenaban con gente de fuera. El partido cuadriplicó sus votos y entró en el consistorio de Ermua. Un joven normal que acabó convirtiéndose en el asesinado número 778 de la banda terrorista.

Fotografía: @diariosevilla

Su muerte no fue en vano. Hizo explosionar el llamado ‘espíritu de Ermua’, un punto de inflexión en la historia de la banda terrorista, pero sobre todo, una profunda respuesta ciudadana frente al terrorismo. La sociedad española se plantó frente al tiro en la nuca, frente a la extorsión, frente a ETA.

La sociedad vasca, y especialmente, de Ermua, pero también la de toda España, no sólo mostró su solidaridad con la familia de Miguel Ángel, sino que plantó cara a la barbarie terrorista que venía sembrando el terror impunemente por toda la geografía española desde hacía décadas.

Miguel Ángel Blanco se ha convertido en el símbolo de todas las víctimas del terrorismo; de quienes murieron y resultaron mal heridos, y de sus familias, que con el devenir de los años muchos quedaron en el olvido, pero también de aquellos que aunque la garra terrorista no logró su objetivo, si hubo dolor y sufrimiento, y de sus familias, que también somos muchas, y que siempre lo hemos vivido en silencio, con discreción y desconsuelo.

Fotografía: @FundMABlanco

Ha pasado un cuarto de siglo desde aquellas fatídicas cuarenta y ocho horas en las que todo el mundo se posicionó, y la sociedad española demostró hasta qué punto puede hacer cosas grandes cuando se une desde la solidaridad, la unidad y el respeto.

Después de un cuarto de siglo, la sociedad española asiste estupefacta y desconcertada a la mayor humillación y desvergüenza que se puede permitir desde un Gobierno. Quienes en el año 1997 cobijaron, defendieron y justificaron acciones como el asesinato de Miguel Ángel Blanco, hoy pisan moqueta en el Congreso de los Diputados. Pero lo más grave, no sólo no han pedido perdón, sino que el Gobierno que preside Pedro Sánchez compadrea con ellos un día si y otro también para mantenerse en La Moncloa cual soldado invicto que va ganando batallas.

Fotografía: @LaGacetaSA

¿Dónde queda el respeto por las victimas del terrorismo, y sus familias? ¿Dónde queda la dignidad y la responsabilidad del Gobierno?

Hoy más que nunca se necesita otro ‘Espiritu de Ermua’, pero en esta ocasión en contra de Pedro Sánchez y sus compañeros de viaje. Hay actitudes que no es que den vergüenza, son humillantes para la sociedad española. Pero poco se puede esperar de quien prefiere compadrear con filoterroristas e independentistas, antes que con políticos con experiencia, trayectoria en la gestión, y, sobre todo, proyección de futuro.

Fotografía: @elconfidencial

Un cuarto de siglo después la memoria de Miguel Ángel Blanco y del resto de víctimas del terrorismo es la memoria viva y verdadera de justicia y recuerdo, como ayer dijo en Ermua, precisamente, el presidente del Partido Popular, Alberto Nuñez Feijóo. Su recuerdo nunca puede caer en el olvido, aunque ahora algunos intenten reescribir la Historia, su Historia. No la de todos los españoles.

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Asturianos que construyen Asturias

Fotografía: @elconfidencial

Últimamente resulta demasiado frecuente que el Presidente del Gobierno del Principado de Asturias ‘sermonee’ a los asturianos a través de su perfil de twitter. Unas veces para no decir nada y, en consecuencia, para perder miserablemente el tiempo; otras, para rendir pleitesía a su amado líder, secretario general del partido, y actual inquilino del Palacio de la Moncloa; y otras, para decir algo sobre Asturias y los asturianos.

Esta semana que hoy acaba, Asturias pierde a dos asturianos de hecho y de derecho: al mítico José Luis Balbín y al Padre Fernando Fueyo. Dos asturianos de pro, que llevaban esta «Asturias verde de montes» tatuada en su alma, cada uno a su manera, pero Asturias era Asturias…

Y me sorprende que en este alardeo de seudo asturianismo que un día si y otro también nos cuenta el Presidente Barbón, no haya tenido espacio en su perfil de twitter para dedicarle dos líneas a un hombre que, por delante de cualquier otra circunstancia, era un hombre bueno. ¿Por qué Adrián Barbón no ha dado el pésame a la familia, a los amigos de Fernando Fueyo, al barrio de El Coto y al sportinguismo en su conjunto, a través de su perfil de twitter? La respuesta es muy sencilla: Fernando Fueyo era un sacerdote y Adrián Barbón no va a hacer nada que incomode a sus jefes en Madrid. Lamentable. Patético. Vergonzoso.

Fotografía: @elcomerciodigit

Pravia y Gijón han despedido esta semana a dos de sus hijos más ilustres; dos hombres buenos. Una gran periodista, un referente del mejor periodismo y de la televisión de la Transición. José Luis Balbín marcó el camino del mejor debate televisivo, que ahora tanto echamos de menos, con respeto, tolerancia, y empatía. Fernando Fueyo es la mejor imagen de lo que hoy podemos denominar un hombre bueno. Sencillo, afable, cordial, generoso… sportinguista hasta la médula.

El mejor asturianismo, que no necesitaban envolverse en ningún lema sobado y tendencioso ni en ningún perfil de twitter para demostrar qué eran, de dónde procedían y, sobre todo, por lo que luchaban. Esta semana les hemos despedido. A todos nos queda su recuerdo y, sobre todo, su legado. A la mayoría, el recuerdo de Balbín, empuñando la pipa ante las cámaras de televisión viernes a viernes, y los que tenemos un ápice de Gijón en la piel, no podremos olvidar a ese sacerdote socarrón, buena persona, humilde, y siempre con la bandera del Sporting a modo de estola.

Nadie que disfrutamos con La Clave podemos olvidarnos de esto: https://www.youtube.com/watch?v=3l6lFdrnGgQ.

Fotografía: @lanuevaespana

Ellos forman parte de esa lista interminable de asturianos anónimos que con su trabajo, esfuerzo, generosidad, compromiso, y humildad procuran a diario una Asturias mejor. Y no necesitan ni perfil de twitter ni rendir pleitesía a su jefe en Madrid, porque su jefe, sus jefes, son las gentes a las que a diario ayudaronn desde la entrega, el trabajo  y la discreción.

Balbin y Fueyo son sólo dos ejemplos del mejor asturianismo. Hay mucho más. Basta rascar un poco, porque no necesitan redes sociales ni titulares de prensa. Les avalan sus méritos. Tal cómo siempre les avaló a quien dirigiera el mítico programa de «La Clave» y la trayectoria social y humana del capellán del Sporting.

 

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La «Sevilla del norte»

Fotografía: @periodicoaragon

Hoy culmina la Semana Santa. Este año, después de dos años de silencio obligado a causa de la pandemia de la Covid19, las calles de las ciudades y pueblos españoles se han vuelto a inundar de olor a incienso, de tambores y capirotes, de peanas y saetas, de pasos penitentes, de velas, y de sentimiento procesional. Había ganas. Muchas ganas. En ocasiones, ni la lluvia pudo amedrentar a los cofrades para salir a la calle. He seguido atentamente la Semana Santa de la «Sevilla del norte», gracias a las magníficas retransmisiones televisivas que ha realizado Aragón Televisión.

Ciertamente me ha alegrado muchísimo al saber que a Zaragoza ya se la conoce como la «Sevilla del norte»: casi 30 cofradías y hermandades de penitencia, más de 16.000 cofrades, más de 4.000 bombos y tambores, más de 700 años de Historia, 53 procesiones, y declarada como Fiesta de Interés Turístico Internacional son ingredientes imprescindibles para que Zaragoza sea denominada así.

Fotografía: @heraldoes

Es un orgullo no sólo para todo aquel que cada Semana Santa tambor o bombo en mano se lanza a procesionar por las calles , sino también para todo aquel zaragozano –de dentro o de fuera-, que vive intensamente estos días de penitencia.

El año pasado, coincidiendo con la Semana Santa, publique un artículo en este mismo espacio titulado «Semana Santa es tradición e innovación». Me reitero en muchas reflexiones que hice entonces, y en otras nuevas. Empezando por la importancia del respeto a las tradiciones. La Semana Santa es tradición pura. Entonces escribí:

«Una tradición que no podemos perder, que más allá de ideologías y doctrinas, no podemos fumigar al amparo escusas huecas. La transmisión de estas tradiciones, y otras, es uno de los mejores legados que podemos dejar a las generaciones venideras. Es nuestra obligación. También nuestro compromiso como sociedad. Es nuestro valor más intangible que dejaremos a los nuestros».

Fotografía: @aragondigital

En este sentido,  la Semana Santa de Zaragoza no sólo es religiosidad, es tradición y plasticidad, es también arte y religión a partes iguales. Y ello lo atestiguan los 700 años de su historia.

He vivido estos días durante muchos años en directo sobre el terreno, y, ahora, siempre que puedo, regreso a Zaragoza para volver a revivirlos en directo. Son días mágicos porque la Semana Santa zaragozana es la unión del pasado con el futuro, y es vivir unos días mágicos desde el corazón con fuerza, ilusión y entusiasmo, más allá de las creencias religiosas. Por eso es tan importante el respeto, se crea o no. Situaciones como las vividas hace pocos días en El Vendrell son inaceptables e intolerables.

La Semana Santa zaragozana se ha adaptado a los nuevos tiempos. Ahora es fácil seguirla minuto a minuto a través de redes sociales prácticamente en tiempo real, eso acompañado de una excelente retransmisión televisiva cómo hace Aragón Televisión te hace vivirla intensamente aunque estés a cientos de kilómetros de distancia.

Fotografía: @zaragoza_es

Pero Zaragoza también disfruta de su particular ‘Madrugá’ la noche del Jueves Santo. En el año 1937 se creó la primera cofradía penitencial de la Semana Santa de Zaragoza, la de Nuestra Señora de la Piedad.  El 15 de abril de 1938, a las 00:00 horas, salió desde la Plaza del Justicia la primera procesión de esta cofradía, con un recorrido y un horario que se ha mantenido invariable desde entonces por el centro de la ciudad.  Esta procesión, conocida, como “la de Los Gitanos”, discurre en paralelo con la llegada a la Iglesia de Santa Isabel de Portugal, más conocida, como San Cayetano´,  de otras cofradías y hermandades de penitencia como La Columna o el Descendimiento. El Jueves Santo es un día de espiritualidad, fe, arte, y devoción, que en Zaragoza se vive de forma muy especial.

Pero la Semana Santa zaragozana también tiene sus curiosidades, que quizás mucha gente desconozca. Sin ninguna duda, es vibrante y brillante, colorista y religiosa, silenciosa y estruendosa…

Muchas personas estarán convencidas de que  el rugido de tambores y bombos es una tradición de siempre. Pero no. Es muy novedosa. No fue hasta 1940 cuando la recién fundada cofradía de las Siete Palabras decidió incorporar el sonido de los tambores a su procesión, imitando la tradición del Ruta del Tambor y el Bombo del Bajo Aragón. En 1945, fue también la primera cofradía zaragozana en incorporar los timbales, y en 1970, los bombos.

Fotografía: @guiadezaragoza

Aunque el sonido más habitual es el de tambores y bombos, hay cofradías que utilizan otros instrumentos como la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén, una cofradía en la que además de instrumentos de percusión, hay una sección de carracas, o carraclas, en aragonés.

En la Cofradía del Ecce Homo el sonido más característico es el de las matracas, instrumentos que se hacían sonar en los pueblos aragoneses anunciando la Pasión y Muerte de Cristo.

Los orígenes de la Semana Santa de Zaragoza están vinculados a la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís. Esta hermandad ya organizaba en el siglo XVIII tres procesiones, la del Encuentro el Martes Santo, la del Santo Entierro el Viernes Santo y la de Resurrección.

Fotografía: @aragondigital

Tras Los Sitios de Zaragoza, cobra protagonismo la Real Hermandad de la Sangre de Cristo, ya que desde 1827 es la encargada de organizar la procesión del Santo Entierro. La Real Hermandad tiene su sede en Zaragoza desde el siglo XVI en el convento de San Francisco, y se ha dedicado tradicionalmente a recoger los cadáveres abandonados en las calles de la ciudad.

La imagen más antigua de todas las que procesionan por las calles de Zaragoza en Semana Santa es la del Ecce Homo. Esta talla, procesionada por la cofradía del mismo nombre en la noche del miércoles Santo recorriendo las calles del Arrabal y atravesando el Puente de Piedra en dirección al Casco Histórico, es una escultura de autor anónimo del siglo XV.

Durante los Sitios de Zaragoza, los franceses volaron el convento de San Francisco, en la actual plaza de España. Allí se almacenaban las tallas que desfilaban en la procesión del Santo Entierro, y lamentablemente, todas quedaron destruidas.

Fotografía: @sangrecristozgz

Tan solo se salvó el Cristo de la Cama, una preciosa imagen articulada que podría haber sido tallada en el siglo XV. Fue una mujer, María Blázquez, la que salvó la talla de entre las ruinas, pasando de allí al Pilar hasta 1810, cuando fue traslada a la iglesia de 1813. Ese año, fue instalada definitivamente hasta San Cayetano, donde permanece hasta hoy.

Aunque los capirotes son la seña de identidad de buena parte de las cofradías zaragozanas, lo cierto es que la prenda tradicional para cubrirse la cabeza en la Semana Santa aragonesa son los terceroles. El origen de esta prenda hace referencia a la orden Tercera de San Francisco de Asís. Posteriormente, la Hermandad de la Sangre de Cristo la recuperó para los portadores de los pasos durante la procesión del Santo Entierro.

La mayor parte de las cofradías zaragozanas exigen a sus hermanos llevar la cara tapada,  pero lo cierto es que hay varias hermandades que no lo hacen. La Cofradía de la Crucifixión procesiona con la cara descubierta, ya que llevan tan solo una capucha, como parte del hábito franciscano.

Fotografía: @heraldoes

La cofradía de Cristo Resucitado procesiona el Domingo de Resurrección con la cara destapada, para mostrar su alegría en este día festivo (además, en lugar de llevar velas, los cofrades portan claveles). La Real Hermandad de la Sangre de Cristo también lleva el tercerol a cara descubierta.

La Hermandad de San Joaquín y de la Virgen de los Dolores fue creada en 1522 por un grupo de comerciantes del entono de la calle Cedería (actualmente forma parte de la Avenida de César Augusto) de  la capital aragonesa para pedir su protección ante una epidemia de peste que asolaba la ciudad en aquella época.

Como se observa, la Semana Santa zaragozana tiene mimbres suficientes no sólo de religiosidad, arte, y espiritualidad. Es también historia viva de la ciudad, y, sobre todo, es un pilar fundamental de sus tradiciones más arraigadas. Por eso es fundamental respetar y proyectar exteriormente todo lo que significa como una de los elementos más simbólicos de la ciudad. Una experiencia para los sentidos. Una experiencia para vivirla y repetirla.

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«Volver a empezar», esa excelente película…

Fotografía: @rtve

El cine es esa expresión artística, junto a literatura, el arte  o  la música, que nos permiten viajar a otros universos cosmopolitas. Nos concede el don de adentrarnos en mundos que nos sumergen en aventuras inolvidables y maravillosas. ¿Quién no recuerda películas extraordinarias que atesoramos en nuestra mente y en nuestro corazón y que, por unas horas, nos han convertido en las personas más felices del universo? El cine nos permite disfrutar en la gran pantalla de actores y actrices que dan vida a historias inolvidables, que guardamos para siempre en nuestra mente y en nuestro corazón.

Una de esas películas es «Volver a empezar», esa excelente película dramática dirigida por José Luis Garcí en 1981, estrenada en 1982, y ambientada en Gijón. Como suele pasar habitualmente, en un principio fue repudiada por la crítica española, pero Estados Unidos la acogió con los brazos abiertos hasta el punto que obtuvo el premio Óscar a la mejor película extranjera, que hasta entonces ninguna producción española había ganado. Este galardón la catapultó en España, siendo un éxito de taquilla.

«Volver a empezar» cuenta la historia de un exiliado que tras la restauración de la democracia en España, regresa a su ciudad natal, en dónde se encuentra con la mujer que fue el amor de su vida.

Fotografía: @Elcomercio

Pero no estamos ante un exiliado cualquiera. Estamos ante un profesor de la Universidad de Berkeley, que ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Esta peculiaridad personal del protagonista confiere a la película muchos matices destacables que de otra forma no se darían.

Se han cumplido cuatro décadas de aquella ‘gesta’. Ayer en el diario El Comercio, José Luis Garci declaraba: «Lo curioso es que la película no gustó cuando se estrenó, pero luego ganó el Oscar y se veía de otra manera». Ayer, en Gijón, hubo una ausencia imprescindible. Él. José Luis Garcí. El argumento de que «porque no conozco a nadie. Toda la gente que conocía se ha muerto, empezando por mi padre, siguiendo por José Manuel Fernández, Juan Cueto, Juan José Plans, todos… No me queda ninguno» no sirve. No vale.

Fotografía: @abc_es

Ayer por la mañana, en la puerta del mítico Hotel Asturias, y, por la tarde, en el Teatro Jovellanos José Luis Garci no debía haber fallado a la ciudad que le hizo Hijo Adoptivo, pero principalmente a la ciudad que le catapultó al Oscar a la mejor película extranjera. En la vida hay que saber estar, y ayer Garci no supo estar. El cine, como la literatura, el arte,  o la música, están por encima de las ideologías o siglas políticas.

En la edición de ayer viernes del diario El Comercio Miguel Rojo, responsable de la sección de cultura del diario, afirmaba que «el nombre de José Luis Garci (Madrid, 1944) quedará para siempre ligado a la historia del cine español, pues suyo es el honor de ser el primer director de este país en traerse un Oscar de Hollywood para casa. Y todo con una película muy alejada del cine comercial que se hace ahora, un film intimista, reflexivo, de personajes y sentimientos, sin efectos especiales. Un film con un protagonista de excepción, Antonio Ferrandis, pero no solo él y Encarna Paso se llevaron los aplausos: la ciudad de Gijón, que se adueña de la narración hasta compartir protagonismo con ellos, excepcionales, es también uno de los personajes principales». Todos esos valores, que comparto íntegramente, de principio a fin, quedaron ayer diluidos como la arena de la bahía de San Lorenzo, absorbida por una ola del Cantábrico ante una ‘espantá’ tan vacía de argumentos, como la que ha dado el director de cine ante un aniversario tan especial como éste. Mi padre siempre me dijo: «lo que bien se hace, bien parece». Pues eso…

Fotografía: @Elcomercio

Centrándonos en el Gijón que Antonio Miguel Albajara se encontró en su regreso a casa, es importante reflexionar cómo era aquella ciudad en 1981.  Hay que ser conscientes que Gijón no siempre fue una ciudad cómo la actual, articulada, conectada (más o menos), con espacios de ocio públicos, con una extensa red de bibliotecas, de centros municipales y de salud, con fachadas saneadas, y con un puerto deportivo activo, y un puerto de mercancías referencia nacional.

En 1981, Gijón se encontraba imbuida en plena crisis de la siderurgia, el sector naval y el sector textil.  El Gijón que tanto embelesó a Albarajara,  era un Gijón primitivo; un Gijón malsano, con muchos poblados chabolistas asentados en las inmediaciones de la ciudad y con muchas ciudadelas en los patios de manzanas de diferentes zonas de la ciudad (Cimadevilla; el callejón de las Fieras; de La Arena; las de Celestino Solar; y la Carpintería; y de El Natahoyo, como la de El Cortijo). Esto se acompañaba de unas pocas industrias incrustadas en el corazón de la ciudad, que realmente eran su lentísimo motor económico.

Fotografía: Noticias del Sporting

Como bien señaló ayer también el diario El Comercio, el estadio de El Molinón (hoy conocido por El Molinón Enrique Castro Quini), es la catedral laica de Gijón, el campo en activo más antiguo de España. Para Garcí, uno de sus lugares favoritos, por su color verde, por su significado. El estadio, la escuela de fútbol de Mareo, y el mismísimo equipo de fútbol tenían que tener su visibilidad argumental en la película. Y hablando del Sporting, es imposible no recordar a José Bódalo, que interpreta el papel de Roxu, el mejor amigo de Albajara, un médico que pertenece a la junta directiva del club.

¿Y qué decir del papel que interpreta Encarna Paso?  Elena, esa mujer que tenía guardada en su corazón y en mente a quien fue el verdadero amor de su vida: Antonio Albajara,

El Hotel Asturias es otro de los escenarios imprescindibles de la película. Junto a este enclave mítico de la ciudad, es imprescindible no olvidar a su gerente (en la película): el peculiar Gervasio Losada, interpretado magníficamente por el gran Agustín González.

Fotografía: @Elcomercio

En resumen, una película excelente, con unos actores de lujo,  en un Gijón, que se dejaba la piel por pasar del gris al color,  que envuelve, enamora,  y emociona a partes iguales.

Dice el periodista César Cajete que los medios de comunicación tienen la obligación de informar, formar y entretener. Me apropio de esa frase de mi amigo y maestro para trasladarla al cine, especialmente a «Volver a empezar». Esta gran película entretiene porque te distrae;  informa de que cómo era la sociedad gijonesa y asturiana de la época;, y forma porque cualquier película bien hecha, como ésta, siempre te impregna de ‘ciertos grumos’, que diría el Profesor Emilio Lledó, que te acompañan para siempre. Esta gran película reúne todos los ingredientes de una gran súper producción. Otro mérito de Garci y del elenco de actores que le acompañaron.

Fotografía: @RTPAOficial

No en vano, un Oscar no se gana cada mañana. Hay demasiados potingues que convierten este film en la gran película española de la segunda mitad del siglo XX. Como todas las grandes súper producciones que están bien hechas (y subrayo esta última frase), nos dejó una excelente reflexión. La dedicatoria de su director. Ésta:

«Quiero rendir homenaje a los hombres y mujeres que empezaron a vivir su juventud en los años treinta; y en especial, a los que aún están aquí, dándonos ejemplo de esperanza, amor, entusiasmo, coraje y fe en la vida. A esa generación interrumpida, gracias».

 

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Cincomarzada, en la historia y en el corazón de los zaragozanos

Fotografía: @zaragenda

La Cincomarzada es una de las fiestas más típicas de la ciudad de Zaragoza. Una fiesta que lleva en su ADN un componente importante de controversia si echamos mano de sus orígenes. Con los años, sin embargo, ha quedado, impregnada en la idiosincrasia de la sociedad zaragozana como una de las fiestas más populares que se celebran a lo largo del año en la ciudad.

Desde hace muchos años, recuerdo esta fiesta como un día de ambiente popular en la calle y de celebración familiar y entre amigos, especialmente en el entorno del famoso Parque del Tío Jorge.

Fotografía: @BIOGRAFAS

Pongámonos en su contexto histórico. En 1837 el ejército carlista de la Expedición Real había sido derrotado por las tropas de Espartero pero el general carlista Ramón Cabrera seguía controlando el área del Maestrazgo y sus opciones tácticas pasaban por ampliar su presencia en las áreas contiguas, bien a zonas de Tarragona, Castellón o Teruel o bien hacia el noroeste, lo que situaba a la ciudad de Zaragoza y sus comarcas próximas dentro de este horizonte. La posición estratégica de la ciudad, además, era muy importante, por estar a medio camino entre el Maestrazgo y el área vasco-navarra y por ser centro administrativo, militar y logístico.

Otra motivación que tenían los carlistas para intentar tomar Zaragoza por sorpresa era atraer hacia la ciudad a una parte de las tropas isabelinas y así tratar de aliviar la presión que podían ejercer estas sobre las fuerzas carlistas que en aquellos momentos sitiaban Gandesa. Así pues, Juan Cabañero y Esponera ​ se dirigió a asaltar la ciudad, que en aquellos momentos se hallaba casi desprotegida, con dos mil ochocientos infantes y trescientos hombres de caballería.

Las tropas de Juan Cabañero, que hasta el 24 de febrero de 1838 habían estado en Gandesa, partieron el 3 de marzo desde Alloza, pasaron por Ariño, Lécera, Belchite, Codo (Zaragoza) y Mediana,​ y llegaron a las inmediaciones de Zaragoza la noche del 4 de marzo.

Fotografía: Valdecara

Durante la madrugada del 5 de marzo, aprovechando la noche, un destacamento asaltó la muralla y destrozó un sector de la misma para facilitar la entrada del resto de las tropas. Después, se repartieron por distintas zonas de la ciudad para controlar una serie de puntos estratégicos. Inicialmente consiguieron sus objetivos, ayudados probablemente por algunos partidarios del carlismo que había dentro de la ciudad, sin apenas derramamiento de sangre, pero cuando fueron descubiertos y se dio la voz de alarma tuvieron que enfrentarse a la resistencia de los milicianos, pero también de civiles de la ciudad, que respondieron al ataque armados con cuchillos, utensilios de cocina y agricultura, armas de caza, así como aceite y agua hirviendo.

Al amanecer los combates se intensificaron y, dado que no conseguían tomar la ciudad en su totalidad, parte de las tropas carlistas se refugiaron en la  iglesia de San Pablo y en el convento de Santa Inés, donde se rindieron, y el resto huyeron y abandonaron la ciudad. Las bajas en el bando carlista se cifraron en 217 muertos y unos 300 heridos, mientras en el bando liberal se contaron 11 muertos y 50 heridos. Tras el fracaso carlista, se añadió al escudo de la ciudad la titulación de «Siempre Heroica».

En 1839 el ayuntamiento de Zaragoza declaró el 5 de marzo como festivo y se instauró la costumbre de organizar una comida o merienda campestre en la arboleda de Macanaz o en la orilla del río Gállego.

Fotografía: @Flickr

Por otra parte, en 1860 se le dio el nombre de “Cinco de Marzo” a una calle de la ciudad. Durante la dictadura del general Franco esta fiesta quedó prohibida. Incluso la calle cambió de nombre, adoptando el de “Requete Aragonés”, circunstancia de la que me acuerdo de mi infancia y primeros años de juventud.  En el año 1977 se recuperó la denominación original.

En 1979, por iniciativa de la Federación de Asociaciones de Barrio de Zaragoza, una minoría lo celebró en el parque Tío Jorge, aunque inicialmente estaba previsto hacerlo en el parque Macanaz y, como fue de manera improvisada, se realizó en un 4 de marzo, ya que el 5 era lunes, día laborable. En 1980, con un programa más amplio de actividades, se celebró el domingo 9 de marzo.​ En 1981, el Ayuntamiento de Zaragoza otorgó nuevamente carácter oficial a la festividad y, a partir de entonces, se celebra los días 5 de marzo en el parque Tío Jorge, aunque algunos años la celebración ha tenido lugar en otros parques de la ciudad.

Sea como fuere, lo cierto es que esta fiesta popular ha quedado ya impregnada en la sociedad zaragozana como un referente popular. Es importante recordar el pasado, analizar los errores, y, utilizando palabras de actualizar, cavar las trincheras necesarias para evitar repetirlos en el futuro. Las generaciones futuras nos lo agradecerán por lo que fuimos y por lo que somos. También por lo que hemos construido conjuntamente.

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Paco Martínez Soria, cateto aragonés, que fue el rey de la comedia

Fotografía: @elmundoes

El cine es una de los mejores instrumentos para reflejar la sociedad en cualquiera de sus vertientes. No podemos negar que el cine, como cualquier medio de comunicación, tiene esa faceta tan necesaria y tan importante de formar y entretener a la población. Durante años, en España hemos tenido enormes ejemplos de grandes actores y actrices que, durante décadas y décadas, han reflejado la más pura esencia de nuestra sociedad.

Un claro exponente de ese elenco de esos actores es el turiasonense Paco Martínez Soria, del que ayer se conmemoró cuatro décadas de su fallecimiento. No cabe ninguna duda de que este aragonés no necesitaba alfombra roja alguna, ni apesebrarse al abrigo de ningún director vanidoso, para ser un excelente actor. Sus méritos le avalaban, y le convirtieron en un actor de referencia durante la década de los 60 y 70.

Sus comedias no sólo reflejaban una sociedad que, a duras penas intentaba transformar su color gris en multicolor. También nos dejaban magníficas lecciones de vida, de las que siempre había (o hay) mucho que aprender.

Sin ningún género de dudas, Paco Martínez Soria fue el rey de la mejor comedia española durante todo el tiempo que pisó los escenarios. Con más de 35 títulos a sus espaldas, ¿Quién no se acuerda de «La ciudad no es para mí» o «Abuelo made in Spain», por ejemplo…?

Fotografía: @YouTubeEspanol

Este gran actor fue un referente para muchos otros actores. Como bien dijo en cierta ocasión Paco León: «él todavía estaba en 1º de Don Paco» (como si Martínez Soria fuera en sí mismo una cátedra y los demás iban aprendiendo de él). Ayer esta anécdota fue recogida en la edición de Heraldo de Aragón.

Ese personaje pueblerino, con boina y con acento baturro, que caminaba por la ciudad de manera desconcertada y patidifusa se transformó en un protagonista adorable y querido por el gran público que lo catapultó de manera inmediata al pódium más alto del mejor cine español de la época.

Han pasado cuarenta años de su desaparición, y todavía hoy este gran actor continua en el imaginario colectivo de muchas personas, aunque sólo sea en su faceta cinematográfica. Paco Martínez Soria fue mucho más que un actor de comedia y de humor. Fue «un gran empresario de teatro que empieza desde abajo» escribe Oscar Abad, que acaba de publicar  «Don Paco Martínez Soria. Aplausos y mutis».

Fotografía: @rtve

Pantalones de pinza, abrigo largo, bufanda de cuadros y la boina. Carga en sus manos una maleta, una cesta de mimbre con unos “polluelos del pueblo” para su hijo el médico y cuadro de “la Antonia”, su mujer. Cansado y asombrado ante el bullicio y tráfico de la gran ciudad. Es Agustín Valverde que acaba de llegar en tren a Madrid para vivir una nueva vida junto a su hijo una vez que ha quedado viudo.

Es la imagen del ‘cateto de pueblo’ que llega a la ciudad en «La ciudad no es para mi» que ayer emitió Televisión Española en homenaje al gran actor de Tarazona.

Paco Martínez Soria falleció el 26 de febrero de 1982 en Madrid tras sufrir una angina de pecho. Este gran aragonés, al que por cierto Aragón no ha homenajeado todavía como se merece, se encontraba en la capital de España. Estaba ensayando la obra «¡Guárdame el secreto, Lucas!» que nunca llegó a estrenar.

Fotografía: @larazon_es

Como ya me he referido anteriormente, el valor añadido en todas sus películas era el mensaje subliminal que nos dejaba en los labios. Siempre detrás de cada titulo había una lección de vida, de cómo entender la sociedad del momento (también la del futuro), y de cómo gestionar valores, actitudes, y relaciones entre personas.

Personas como Paco Martínez Soria han marcado una etapa importante en la vida de muchos españoles, y, a través de su trabajo y de su manera de entender la vida, nos dieron las pautas y los instrumentos para hacer una sociedad más equilibrada, más justa, y mejor. La pregunta es: ¿lo hemos conseguido?

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Lardero merece una reflexión…

Fotografia: @lariojacom

Una de las cosas que más graves que le pueden suceder a una persona es que pierda a un hijo, pero aún lo es más grave que muera asesinado. Pero la situación todavía reviste más atrocidad, dolor, y crueldad si partimos de la base que este crimen se podía haber evitado.

Se nos llena la boca, y se nos ensancha el pecho cuando hablamos de Estado de Derecho, y no es para menos. Pero lo sucedido en Lardero hubiera sido perfectamente evitable si el Estado de Derecho hubiera funcionado correctamente. Algo ha fallado cuando una persona con delitos de sangre a sus espaldas sale en libertad, y sabiendo que puede ser reincidente, no se le somete a ninguna medida de vigilancia permanente.

Pero a eso hay que añadir que a un tipo como Francisco Javier Almeida, con su ‘hoja de servicios’, que ha confesado literalmente que «tengo un instinto que no puedo dominar», se le permita vivir a doscientos metros de un colegio sin ninguna medida de vigilancia.

Es evidente que el detenido en Lardero, además de un criminal, es un psicópata, y hay que tratarlo como tal. Dicho de otro modo, si bien tiene que caer sobre él todo el peso de la ley para que jamás vuelva a cometer una matanza así, también es bien cierto que de inmediato se le debe someter a un tratamiento psiquiátrico.

Fotografia: @elpais_espana

En su libro «Raíces de la Violencia: Un estudio sobre el mundo del delito», el Profesor José Antonio García-Andrade afirma que “A lo sorprendente del asalto, a su hiperhostilidad incomprensible y a su ‘inmotivación’, hay que unir otro aspecto que aumenta el miedo social, y es que, una vez cometida la agresión, la indiferencia afectiva del acto es tal, que no surge nunca el arrepentimiento, salvo en aquellos casos en que el cuadro clínico remita casi en su totalidad, sin defecto importante, en cuyo momento sí puede surgir el arrepentimiento, y si ocurre esto la reacción del enfermo puede ser tan dramática que desencadene a su vez una nueva tragedia”.

La reflexión clínica y forense del doctor García-Andrade se ha hecho realidad en Lardero. El ‘protagonista’ de esta historia es un reincidente.  Estamos ante un hombre de 54 años, vecino de Lardero, y con antecedentes por agresión sexual en 1993, por la que se le sentenció a 7 años de prisión, y por asesinato y agresión sexual, en agosto de 1998, sentenciado a veinte años y diez años, respectivamente.

Según informa la Delegación de Gobierno en La Rioja, en 2020 fue trasladado desde otra prisión a Centro Penitenciario de Logroño y obtuvo la libertad condicional el 8 de abril de 2020, a pesar de que la condena se le extinguía el 17 de agosto de 2023.

Fotografia: @europapress

A esto hay que añadir que el 25 de octubre de 2021, se denuncia ante la Guardia Civil en el Puesto de Villamediana de Iregua que en el Colegio Villa Patro de Lardero un varón invitó a una niña a ir a jugar con su hija, a lo que no accedió.

Por tanto, y ante esto, la primera reflexión que cabe hacerse es qué ha fallado para que un individuo con este ‘historial’ delictivo quedase en libertad sin ninguna medida cautelar…

Pero, además, como sociedad debemos tener claro qué podemos hacer con estos ‘pobres diablos’ porque la prisión no es la salida, y la libertad tampoco. Como se ve en este caso, y en otros, no son capaces de reinsertarse con normalidad.

La salida natural es el ingreso en psiquiátricos penitenciarios, con los recursos necesarios, en dónde puedan cumplir la condena judicial y a la vez puedan individuos no pueden estar en libertad. Son un peligro público. Son un riesgo para la sociedad, y para ellos mismos.

Otra reflexión al hilo de todo esto es si España cuenta con una túpida red de psiquiátricos penitenciarios con todos los recursos necesarios para tratar a Almeida y a otros individuos de su estirpe.

En el libro anteriormente citado, el Profesor García-Andrade se refiere a los centros penitenciarios y hace referencia a internamientos de individuos tras haber cometido hechos muy graves y son rechazados incluso por sus familiares que tienen autentico miedo a las altas hospitalarias y al retorno al hogar.

Fotografia: @DiarioDeNavarra

Imaginemos por un instante… si las propias familias tienen miedo, ¿cómo lo vivirán los vecinos y el entorno social en cuestión del individuo?

Lo sucedido en Lardero no puede volver a repetirse. El Estado de Derecho debe funcionar perfectamente. No puede haber nuevos fallos. de estas características. No nos podemos permitir la licencia de perder más víctimas inocentes. Son demasiadas las lágrimas vertidas ya. Es el momento de actuar, y rápido. Mañana podría ser tarde. Dejemos de mirar a otro lado. Ya no valen las excusas de patio de colegio. Y si hay dudas, pregunten, pregunten… Pregunten a la familia del pequeño Álex.

 

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Demasiados Martin Ezequiel sueltos…

Hace muchos años el famoso psiquiatra forense García-Andrade me decía que todo ser humano tiene ‘un límite’, y que si se sobrepasa el individuo es capaz de cometer la atrocidad más grande inimaginable.

Fotografía: @elmundoes

Y como él mismo escribió, esto es así porque «el hombre no es una suma psicosomática más cuerpo, sino una integración en cuyos límites lo orgánico y lo psíquico no pueden separarse; por ello, los límites del crimen son imprecisos, como son imprecisos los límites de sexo y del poder, las dos grandes motivaciones de la violencia».

Estas palabras del prestigioso forense vienen muy al hilo tras la terrible noticia a la que nos hemos enfrentado esta semana.

Un niño de dos años había aparecido muerto en la habitación de un hotel de Barcelona. Al parecer asfixiado. Y todo apunta a que el autor de ese crimen execrable fue su propio padre: Martín Ezequiel Álvarez Giaccio, un argentino huido, y actualmente perseguido por los Mossos y por el resto de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Desgraciadamente, mucho se habla últimamente de violencia vicaria.  Es obvio que la violencia vicaria es aquella que tiene como objetivo dañar a la mujer a través de sus seres queridos y especialmente de sus hijas e hijos. Pero más allá de esta teoría, cabe otra reflexión más profunda, más seria. ¿Qué les pasa por la cabeza a estos individuos para acabar con la vida de sus hijos sólo con el único fin de hacer daño a sus ex mujeres? Es a la mujer a la que se quiere dañar y el daño se hace a través de terceros. El maltratador sabe que dañar, asesinar a los hijos, es asegurarse de que la mujer no se recuperará nunca, Estamos ante la expresión más extrema de daño que podemos imaginar.

Fotografía: @abc_es

Normalmente antes de ‘ejecutarse’ estas sentencias, siempre suelen existir mensajes de advertencia de los asesinos ‘informando o dando pistas’ de lo qué va a suceder. Y cuando estas amenazas se cumplen, los niños se convierten en indefensas víctimas de esta monstruosa cara de la violencia machista. Y es también en este momento cuando vuelve a fracasar el sistema, otra vez. ¿Qué falla para que los servicios sociales y las Fuerzas de Seguridad del Estado no lleguen antes y neutralicen la situación? Y con esta pregunta no responsabilizo a nadie, simplemente reflexiono en voz alta, porque desde la reflexión y el análisis se puede mejorar el sistema. Es el camino.

La violencia vicaria es una expresión del maltrato de género extremadamente cruel y sádico, en la que la muerte del menor es utilizada como un mero instrumento de tortura y venganza que nada tiene que ver con esos niños. La violencia se ejerce, en estos casos, en su grado extremo sobre los hijos para hacer daño a la madre.

De aquí se deriva otra pregunta importante. ¿Qué hacemos con ellos, tanto desde un punto de vista penal como social? Su medio natural es la prisión. Pero con una condena tajante y contundente. Hay delitos sobre los que la sociedad no debe –ni puede- pasar de puntillas. No caben los paños calientes. Las condenas deben ser ejemplares y ejemplarizantes. Sin anestesia. Pero a la vez, el Estado debe prever los recursos necesarios, no sólo para proteger a las víctimas –las madres y su familia-, que han visto que les han arrebatado su bien más preciado, sino, que debe tener recursos suficientes para que, cuando los individuos queden en libertad en un futuro lejano les resulte materialmente imposible acercarse a sus víctimas.

Carece de sentido que un individuo salga de la cárcel, y al día siguiente se presente en casa de su ex mujer sin que ella pueda hacer nada por evitarlo. Pero también soy consciente, que el Estado no puede prever cincuenta millones de agentes de la Policía Nacional o de la Guardia Civil, para que den protección de forma individualizada a cada uno de los españoles. Pero el Estado debe reaccionar. Tiene mecanismos y capacidad de reacción. No puede quedarse de perfil.

Fotografía: @rtve

Y tampoco valen ciertos movimientos ni ‘salseos’ que sólo buscan su minuto de gloria, y su fotografía en los medios de comunicación. Mi padre diría que “en toda tierra de garbanzos”, eso solo tiene un nombre: postureo barato.

En este terreno, urge un cambio urgente de la forma de proceder del sistema. Este camino ya no sirve. Las pruebas del fracaso son evidentes. Demasiados Martin Ezequiel sueltos… y lo peor no es eso –que también-. Lo peor es que en este conglomerado, de nuevo, las víctimas, como siempre, son ya demasiadas. Y no nos podemos permitir el lujo de perder más inocentes a manos de descarriados y de lunáticos…

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En el Dia Internacional de la Enfermera

En el sector sanitario y médico, una de sus columnas verticales es la enfermería. Es el núcleo central del sistema sanitario –sin despreciar al resto, evidentemente-, que pivota toda la maquinaria del sistema. Aunque en el gran traslatlántico del sector sanitario y médico, todo el mundo es imprescindible para que la nave haga una buena travesía, sin duda el colectivo de enfermería es el eje central de todo el sistema.

Fotografía: @ICNurses

Sobre este colectivo gira una gran parte de todo el trabajo sanitario. Hagamos un ejercicio literario por un instante. Pensemos en un hospital sin enfermeras. ¿Verdad que sería un caos? Imaginemos un centro de salud sin enfermeras. ¿Alguien se imagina una pandemia, como la que estamos viviendo de la Covid19 sin enfermeras? ¿Impensable, verdad?

Este colectivo es absolutamente imprescindible siempre, pero especialmente cuando vienen mal dadas como ahora. Las enfermeras son necesarias para miles de procesos sanitarios, cuya formación, experiencia, metodología, y trato con el paciente son imprescindibles para salvarle la vida. Las enfermeras son esa primera línea de fuego ante las urgencias sanitarias y médicas; son ese cortafuegos que tan maravillosamente tiene articulado el sistema sanitario para llegar al paciente cuanto antes. Con las enfermeras somos todo. Sin ellas, no somos nada.

Fotografía: @ICNurses

Y este colectivo, muchas veces abandonado a su suerte o verdad (como hemos visto en las primeras olas de la pandemia), calla y otorga; y siguen estando en la cabeza del paciente, porque tienen vocación de servicio –público o privado, eso es lo de menos-, de ganar batallas a la enfermedad, de adelantarle sin intermitentes, de procurar el bienestar de los pacientes, de ser esa mano amiga, esa sonrisa eterna, y esas palabras de ánimo cuando la luz se intenta apagar al final del túnel. El colectivo de enfermería es mucho que un conjunto de profesionales que desarrolla su trabajo. Además de vocación y servicio, es alegría, es vida, es esperanza… Sacrificio, ganas de trabajar y profesionalidad y dedicación a partes iguales.

En el Día Internacional de la Enfermera, es el momento de visibilidad es papel primordial que vienen desarrollando desde siempre, pero especialmente desde el inicio de la pandemia. En hospitales, en centros de salud, en residencias, en los servicios médicos de urgencias y emergencias…  Han sido, siguen siendo, serán indispensables para que la sociedad siga rodando.

Fotografía: @ICNurses

Desde que nací estoy vinculado a la enfermería, y es un colectivo al que admiro, respeto, y mucho más que aprecio desde siempre. Más que nunca hay que reconocer su trabajo, su esfuerzo, su dedicación de servicio y su vocación. Sin este magnífico colectivo de profesionales seríamos mucho más débiles como sociedad, y como seres humanos, Gracias a estos profesionales, estamos más y mejor protegidos. Nos sobran los motivos para admirarles y quererles, aunque desde algunos despachos se les menosprecie y se les ningunee. Pero el tiempo pondrá a cada uno en su sitio. Hoy mejor que mañana.

#IND2021

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En el aniversario de Manuel Giménez Abad

Fotografía: @Twitter

Eran las 18,45 horas del domingo 6 de mayo de 2001. Como de costumbre, el entonces Presidente del Partido Popular de Aragón, Manuel Giménez Abad acudía al Estadio de La Romareda para presenciar un partido del Real Zaragoza. Como siempre, le acompañaba su hijo Manuel.  Pero unos terroristas malnacidos (a los cuales, ahora el Gobierno de Pedro Sánchez les invita a café, copa y puro), tenían otros planes para él. En plena calle, sin mediar palabra, le asestaron tres disparos: dos en la nuca y otro en el estómago. Su muerte fue prácticamente instantánea. Los zaragozanos volvimos a enmudecer de nuevo. De nuevo, el zarpazo, traidor y asesino de ETA volvía a imponer su ley en nuestra ciudad.  ETA no terminaba de entender que no tenía cabida en Aragón.

Hoy se cumplen veinte años de aquel asesinato despiadado y es obligatorio recordarle. También hay que recordar la figura de un gran constitucionalista, una de las grandes figuras que nos ha regalado la política aragonesa de las últimas décadas.

Fotografía: @el_pais

Quienes, de una forma u otra,  conocimos a Giménez Abad sabemos que este ‘navarrico’ criado en Jaca y afincado en Zaragoza tenía un denominador común con el Presidente Santiago Lanzuela, de cuyo Gobierno ocupó el Departamento de Presidencia y Relaciones Institucionales.  Su prioridad, Aragón y España. Siempre bajo el paraguas de la Constitución de 1978 y del Estatuto de Autonomía de Aragón. Sus señas de identidad eran la decencia, la ética, la responsabilidad,  la honradez, la ejemplaridad… No entendía otro lenguaje. No conocía otro modus vivendi. Esta hoja de ruta la aplicó siempre. Como Consejero del Gobierno de Aragón. Como Diputado en las Cortes de Aragón. Como Senador en las Cortes Generales. Como Presidente del Partido Popular de Aragón.

Como jurista fue todo un referente de carácter nacional. Sus reflexiones sobre Administración Pública se vieron reflejadas en diversos trabajos, que se plasmaron en publicaciones de gran calado: la Revista Española de Derecho Administrativo, Documentación Administrativa, Revista Vasca de Administración Pública, Autonomies (Revista Catalana de Derecho Público) o la Revista Aragonesa de Administración Pública. De esta última fue miembro de su Consejo de Redacción. En otro orden de cosas, fue coordinador de la obra colectiva Derecho de las Instituciones Públicas Aragonesas. En esta última publicó dos trabajos: El Presidente y el Gobierno de Aragón y La Administración de la Comunidad Autónoma de Aragón. Como se observa era un jurista nato cuyos estudios y trabajos impregnaron toda su actividad institucional, política y legislativa.

Fotografía: @AragonNoticias_

Al día siguiente de su asesinato, la ciudad de Zaragoza salió en masa a la calle. Más de trescientas cincuenta mil personas en una única voz de repulsa. Bajo una unidad política sin fisuras. Una condena unánime de toda la sociedad aragonesa ante el asesinato de un hombre bueno, un político imprescindible, un político necesario.

Su funeral, y posterior entierro en Jaca, en dónde había pasado una buena parte de su juventud, fue otro baño de multitudes. Presidido por el Presidente José María Aznar, y al que también asistió el entonces Ministro del Interior Mariano Rajoy, volvió a ser una nueva manifestación de repulsa de la sociedad aragonesa ante la barbarie terrorista. Una más.

Han transcurrido ya veinte años de la muerte de Manuel Giménez Abad. Su recuerdo sigue muy vivo. Además de sus trabajos como jurista, se creó la Fundación Manuel Giménez Abad de Estudios Parlamentarios y del Estado Autonómico, fundada por las Cortes de Aragón, el Ayuntamiento de Jaca, Ibercaja y la Caja Inmaculada; las Cortes de Aragón le impusieron a título póstumo la Medalla de la Institución; en la ciudad de Zaragoza se inauguró el Puente Manuel Giménez Abad sobre el Ebro; el Real Zaragoza entregó a sus hijos la máxima distinción del club: la insignia de oro y brillantes, concedida a su padre a titulo póstumo…

Fotografía: @NoticiasdeAlava

Hoy, veinte años después se van a celebrar tres actos de homenaje organizados por otras tantas entidades. El Ayuntamiento de Zaragoza le recordará con el descubrimiento de un placa conmemorativa en la zaragozana calle de Cortes de Aragón, en el punto exacto en el cayó asesinado a manos de los terroristas de ETA; las Cortes de Aragón, junto a la Fundación Manuel Giménez Abad, como ya es tradicional, celebrarán un homenaje en el marco del ya tradicional ‘Homenaje a la Palabra’, que este año será más significativo si cabe; y el Partido Popular de Aragón está trabajando también en un homenaje, posterior a estos dos actos, en los que participará la familia, líderes de la dirección nacional del Partido Popular, y de aquellos que le acompañaron en su trayectoria.

Como ya he dicho en varias ocasiones, parafraseando a Lisardo de Felipe, Manuel Giménez Abad era un “político útil” para Aragón. Yo añado, y decente. Algo que escasea bastante en la actualidad.

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En el Día de la Madre

Hoy es el Día de la Madre.

Fotografía @joseajarne

Lo primero que quiero es felicitar a todas las madres. Siempre estáis ahí, sin preguntar, dando la mano, aun a sabiendas de que vamos a volver a caer, que vamos a tropezar otra vez, que vamos a repetir errores… pero estáis hechas de otra pasta. Y sin inmutaros, seguís a nuestro lado diciendo: ¡Venga, nene, (o nena), que tu puedes. No te rindas. Sigue adelante!

Pero para mí es un día muy especial. Posiblemente sea el último año que escriba un post así.

Mira que #LaNavalón se ha hundido veces, y, como un ave fénix, siempre ha resurgido de entre las cenizas y ha seguido ahí, mal, deteriorándose, pero a nuestro lado. Seguía con nosotros, aunque cada vez las fuerzas fueran menos, y su estado cognitivo fuera poco deteriorándose más. Pero seguía aquí, como una jabata.

Lamentablemente desde hace quince días las cosas han cambiado radicalmente. Ha empeorado a todos los niveles. Se ha deteriorado notablemente, y su organismo ya no responde absolutamente a ningún estímulo. Sabemos que no sufre, que no tiene ningún dolor. Pero, como ella misma nos diría, «es una báscula que no da para más», ya que su organismo tampoco responde, como sí sucedía en ocasiones anteriores. Lentamente se está apagando…

Así, pues, en los próximos días, viajaré a Barcelona para verla, antes que se produzca el fatal desenlace. Según dice mi hermano y los propios servicios médicos de la residencia, calculan que esta situación no se prolongue más allá de un mes, o como máximo mes y medio. (con mucha suerte).

Se preparan unas semanas complicadas. Afortunadamente que tengo mucha actividad para “no pensar”.

Feliz #DiadelaMadre para todos los que podéis celebrarlo en compañía y con salud.

 

 

 

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Un año sin Lanzuela

Fotografía: @abc_es

Hoy hace un año que Aragón perdía a uno de sus hombres más útiles, que diría el periodista Lisardo de Felipe. Hoy hace un año que Aragón perdía al Presidente Santiago Lanzuela, un hombre moderado, un Presidente necesario, un político de altura. En resumen, un gestor eficaz que durante su trayectoria política e institucional le tocó lidiar en no pocas plazas complicadas. Siempre puso la decencia, la ética, la política con mayúsculas, a Aragón y a España por delante cualquier otro interés.

Éste era su ADN político. Su modo de entender la gestión política tanto a nivel autonómico como a nivel nacional. Bajo estos parámetros estuvo al frente del Gobierno de Aragón entre 1995 y 1999. Fue el gran impulsor del desarrollo económico y social de la comunidad y. más particularmente, el propulsor más tenaz de la tan famosa y más que necesaria Autovía Múdejar entre Zaragoza, Huesca y Teruel; un nudo de comunicaciones por carretera que vertebra la comunidad y la transforma, sacando a la provincia de Teruel del ostracismo que supone el hecho de estar aislada por autovía.

Como se dice vulgarmente, Lanzuela no daba puntada sin hilo, y cualquier acción siempre la encaminaba al mismo objetivo: Aragón y España. En su prolífica hoja de servicios podemos destacar para Aragón y los aragoneses que fue fundador del Instituto Aragonés de Fomento en 1990, del que fue su primer presidente. Impulsó y presidió el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Aragón. También fue el primer presidente de la Fundación Santa María de Albarracín. Entre otros reconocimientos, fue nombrado Hijo adoptivo de Albarracín, recibió la Orden del Mérito Civil (Encomienda de número) y la Orden de Rubén Darío de Nicaragua.

Fotografía: @heraldoes

No hay ninguna duda de que este cellano es lo que popularmente se llama “un hombre bueno”, un tipo dialogante. No en vano, Aragón es tierra de pactos. El pacto es la identidad de los aragoneses y él lo llevaba en los genes. Un año después de su partida se le sigue echando de menos porque Lanzuela pertenecía a ese club exclusivo de personas que dejaban huella allí por dónde pasaran debido a su talante, a su forma de trabajar, de entender la política, el territorio, su partido, el Partido Popular que llegó a presidir en Aragón, y por otras muchas cuestiones cuya lista sería interminable. Como decía el Presidente Lambán en su perfil de twitter con motivo de su fallecimiento «fue con mucha dignidad el Presidente de todos los aragoneses».

La pandemia de la Covid19 nos ha arrancado infinidad de personas de nuestro entorno, unas muy próximas y otras no tanto. Pero, en términos generales, siempre nos unían vínculos afectivos, familiares, profesionales… de cualquier índole. A mí, con el Presidente Lanzuela me unió un vínculo profesional. Y, aunque parecía una persona distante, la verdad es que no lo era. Ya lo he comentado, y no me duelen prendan en repetirlo. De él, guardo en mi retina una imagen para el recuerdo.

Fotografía: @periodicoaragon

Fue en el año 1996, durante la riada del camping Las Nieves, en la localidad oscense de Biescas. Recibió a Sus Majestades don Juan Carlos y doña Sofía en mangas de camisa y, como se dice coloquialmente, ‘de barro hasta las orejas’. Lo importante, las victimas, sus familias y la magnitud de catástrofe, que se había cobrado alrededor de noventa victimas mortales y doscientos heridos.

Hoy, un año después de su adiós es importante reivindicar la figura política y el legado de Santiago Lanzuela. Su impronta ha quedado bajo las paredes del Edificio Pignatelli, esa antigua Casa de Misericordia, luego transformada en Hospital Real, y hoy convertido en la sede institucional del Gobierno de Aragón.

Nuestra memoria es frágil. Pero no conviene perder la perspectiva del tiempo. En el año 1982 se aprobó el Estatuto de Autonomía de Aragón. Entonces, como decía Machado, no había camino, sólo estelas en la mar. Hoy, gracias a hombres como Santiago Lanzuela, los aragoneses tienen el compromiso de hacer camino al andar.

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Semana Santa es tradición e innovación

Estamos sumergidos en plena Semana Santa. Una Semana Santa que va a ser diferente, en el que el olor a incienso, los tambores y capirotes, las peanas y saetas, los pasos penitentes, las velas, y demás elementos procesionales de nuevo quedan en sus cuarteles de invierno por segundo año consecutivo a la espera de que nuestra comunidad científica y sanitaria ponga al hilo a la pandemia del Covid-19 y a todas de sus variantes conocidas y por conocer.

Para cualquier individuo estos días son días de inflexión. No en vano son muchos los que habitualmente no pisan un templo pero estos días se calzan túnica y tercerol, y tambor en mano, patean calles y plazas para rendir honores al Jesucristo de turno penitente. España es un país privilegiado. Un país de lujo, en el que habitualmente cuidamos hasta la extenuación nuestras tradiciones. Y estos días, en circunstancias normales, serían infinidad los pueblos y ciudades que inundarían sus calles de cofrades y pasos penitentes. Una tradición que no podemos perder, que más allá de ideologías y doctrinas, no podemos fumigar al amparo escusas huecas. La transmisión de estas tradiciones, y otras, es uno de los mejores legados que podemos dejar a las generaciones venideras. Es nuestra obligación. También nuestro compromiso como sociedad. Es nuestro valor más intangible que dejaremos a los nuestros.

Pero dicho esto también existe otro componente social no menos importante, que no podemos perder de vista. La sociedad española ha evolucionado. Atrás ha quedado aquella sociedad gris y artrítica de hace cincuenta o sesenta años. Hoy, España es una nación moderna, innovadora, plural, democrática, madura, con una población responsable que sabe muy bien lo que quiere y lo que no. Y desde este plano todo es perfectamente compatible y respetable. Desde la mayoría de la población que vive la Semana Santa con devoción, manteniendo la tradición, siguiendo el triduo sacro desde su lugar de residencia (o desde su lugar de descanso), pero empapándose –como decía antes- de esos olores tradicionales a tercerol e incienso, a tambores y velas, a saetas y estación de penitencia… desde esta perspectiva… hasta los ciudadanos que aprovechan estos días para desconectar en la playa, en la montaña, en un viaje al extranjero, o simplemente visitando a la familia. Todo es posible y respetable si se realiza siendo consciente de nuestros valores y sin vulnerar los ajenos. Vivir en libertad tiene estas ventajas.

Debemos ser tolerantes y sin perder de vista la perspectiva de nuestra obligación como sociedad, respetar a quienes celebran la Semana Santa de forma diferente. Siempre le escuché decir a mi madre que «en la vida no sólo hay blanco y negro, que también existe el gris». Ella, como todas las madres, muy sabia, tenía toda la razón. Debemos festejar la Semana Santa de la mejor manera que sepamos o debamos, pero sobre todo, bajo un ingrediente imprescindible: el respeto a quien no la celebra como nosotros. Siempre la Semana Santa se mantendrá entre la tradición impertérrita y la innovación. Nosotros mantendremos la tradición, y respetaremos a quienes la celebran desde otras ópticas. Pero, a su vez, sería bueno, que este respeto fuera mutuo. Sin duda, sería la mejor demostración de la evolución de nuestra sociedad. Debemos ser responsables todos. De lo contrario se quiebra nuestra sociedad. Y lo que sobran son grietas.

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Dignidad no es sinónimo de gobernar

Fotografía: @bbcmundo

Hoy se cumplen 17 años de los trágicos atentados terroristas de Madrid; atentados que la explosión de diez mochilas bomba en coches de pasajeros de la red de Cercanías. Ocasionaron el fallecimiento de 192 personas y más de 1800 resultaron heridas.

Aquel atentado fue el más brutal que ha padecido España en toda su historia, y mira que hemos sufrido atentados.

En un acto así es necesario recordar la unidad y la solidaridad del pueblo español (salvo evidentes excepciones de todos conocidas), frente a la barbarie terrorista, frente a la sinrazón de las armas, y a la inquina del tiro en la nunca o del coche-bomba.  La piel de los españoles está más que curtida en estas lindes. Son innumerables las lágrimas vertidas ya de la década de los sesenta ante estos crímenes repugnantes y salvajes. Y siempre la sociedad española ha reaccionado de forma unánime y sin fisuras.

Pero los atentados de Madrid sobrepasaron cualquier experiencia anterior. ¿Se imaginan lo que significa para una red de hospitales públicos la llegada en avalancha de casi dos mil personas en estado sumamente grave? ¿y qué me dicen de los casi doscientos muertos?

Fotografía: @el_pais

De nuevo la sociedad española, en este caso la madrileña, volvió a mostrar lo mejor de sí misma, y a remar juntos, unidos, dando lo mejor de cada individuo y de sus posibilidades junto a los servicios de emergencias y cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Unidos frente a las instituciones del Estado.

Somos un gran país. Una gran nación que se reinventa día a día, especialmente en sus momentos más difíciles, como lo fue aquel día aciago de marzo de 2004, o en 2020 cuando la pandemia de la Covid19 golpeó en el alma de su sociedad.

Fotografía: @elmundoes

Es el momento de recordar a todas las víctimas del terrorismo. No en vano, hoy es el  Día Europeo de las Victimas del Terrorismo. Y esta efeméride nos tiene que llevar a una reflexión muy profunda y sincera como nación. Durante décadas España fue golpeada de manera indiscriminada por la banda terrorista ETA, y también por su primos, el GRAPO y el FRAP. Dejaron tras de sí un eterno reguero de mil víctimas, infinidad de heridos, huérfanos a puñados, viudas y padres y madres hartos de llorar perdidas injustificadas, familias rotas, almas resquebrajadas, destrozos y vidas resquebrajadas, hechas añicos… En resumen, una sociedad herida en lo más profundo de su ser.

Ahora, a la vuelta de años y años de aquel carrusel de víctimas, de esas viudas, de esos padres y esas madres, de esos huérfanos, de esas familias observan con rabia, impotencia, y dolor cómo un Gobierno que se autodenomina ‘demócrata’ y apoya la Monarquía Parlamentaria y la Constitución del 78, pacta lo que sea y al precio que sea con los herederos de los asesinos de sus familiares. Su objetivo no es otro que perpetuarse en el Gobierno sin escrúpulos, sin memoria, sin decencia, olvidándose del pasado, y, lo peor, sin dignidad y sin escrúpulos. Es una desvergüenza total de principio a fin.

Fotografía: @LaVanguardia

En el  Día Europeo de las Victimas del Terrorismo hay que reconocer y dar visibilidad a las familias de las víctimas del terrorismo que se ven despreciadas y humilladas por un Gobierno  que situado en la peana de los bilduetarras, independentistas y republicanos no hace ascos a nada con tal de calentar el asiento. ¿Dónde quedaron los pactos constitucionales del 78? ¿Y el trabajo de Pérez Rubalcaba? ¿Y la memoria de Ernest Lluch?

También es el momento de reconocer y poner el valor a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que, muchas veces con medios más que precarios, hacen un trabajo excepcional y brillante por defender las libertades, la democracia y la Constitución.

Fotografía: @elmundoes

Hace 17 años que España padeció en su alma el peor atentado terrorista de su Historia. Como país debemos dar toda una lección de sensatez, responsabilidad y democracia. Las urnas deben hablar más pronto que tarde. La decencia debe ocupar de nuevo el banco azul del Congreso de los Diputados cuanto antes. Se lo debemos a las víctimas y a sus familias. También a los españoles que a diario se dejan la piel por sacar a adelante el país. Son muchos más de los que nos creemos. Y mucho mejores que algunos de los que hoy pisan moqueta. No basta con ir cada miércoles a la sesión de control. En política hay que tener dignidad. Y muchos no la conocen. Ni la conocerán.

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El criminal y la novela negra

“Primero era un grito solo en mitad de la noche

y después más gritos y más gritos

y después un silencio…”

Ernesto Cardenal

 

Fotografía: @elEconomistaes

Hace años me decía un prestigioso forense español que en España sólo vende lo rosa y lo negro.  Y no iba desencaminado porque el auge que tiene la novela negra en la actualidad es tremendo.

El cainita que mata a su hermano siempre ha despertado especial atracción y curiosidad del por qué de su comportamiento.  Ello siempre quedó reflejado en la novela negra, escenario perfecto para la representación teatral, pero real a la vez, de las pasiones y sinrazones más oscuras del ser humano.

Al describir un criminal conviene realizar con una extraordinaria precisión todos sus rasgos psico biográficos.  Ello permitirá al lector conocer cómo era y quién era el sujeto en cuestión.

Es importante conocer nuestra historia más reciente y más pretérita, pero resultaría inacabada si desconociéramos la historia del crimen y del criminal, de cómo es nuestra sociedad asesina, de nuestras ofrendas y nuestros demonios tan maravillosamente reflejados en la novela negra.  La irrupción de los psicópatas criminales en este género no deja de resultar soberanamente seductor a la vez que morboso.

Fotografía: @zendalibros

Conviene, pues, utilizar una prosa ágil y fácil, alejada por completo de barroquismos y riquezas que no nos llevarán a ninguna parte.  En la novela negra es de gran interés acercar los criminales al lector, y hacerlo con ternura y facilidad, describiendo sus vidas y sus historias personales.  Sólo así llegaremos a conocer y a valorar psicopatológicamente sus conductas y el por qué de sus actos.

Por ello, en la novela negra es importante que predominen criterios científicos y psiquiátricos.  Dentro y fuera de este género literario, conviene acercarse al crimen de forma científica, cargada de humanismo no para castigar, sino para prevenir.  Ello nos llevará a entender que el crimen, la agresividad y la violencia están en la propia esencia del hombre y de sus demonios.  Luis Rojas Marcos señala que el hombre necesita la agresividad para vivir.  La novela negra no puede ni debe escapar a esta realidad.

Cualquier obra de este género que sea de calidad debe reunir, entre sus ingredientes imprescindibles, la intriga como motor de la historia.  Se va del quién al cómo.  Se debe arrastrar al lector, de la mano, página a página, hasta el desenlace final.  Sin respiro.  La acción es imprescindible.  Según se desmenuza la historia, la acción trepidante debe conducirnos inexorablemente a resolver los enigmas y rompecabezas hasta desentrañar el caso.

Fotografía: @YoutubeEspanol

Como acabamos de ver, el crimen siempre está presente; es decir, en la novela siempre se dibujan las cloacas del planeta con su indigencia, con toda su paupérrima existencia y su atormentada vida.  En este sentido, la psicología de los personajes, especialmente de sus protagonistas, es vital a la hora de contar una buena historia negra.

Dentro y fuera de nuestras fronteras no carecemos de héroes.  Al contrario.  Petra Delicado (Alicia Giménez-Bartlett), Carvalho (Manuel Vázquez Montalbán), Kurt Wallander  (Henning Mankell), Guido Brunetti (Donna Leon), Martina de Santo (Juan Bolea), Kay Scarpetta (Patricia Cornwell), y otros cuya lista seria interminable, son una pequeña representación de los protagonistas esenciales de este género tan apasionante como seductor que es la novela negra.

Fotografía: @voz_populi

Detrás de todos y de cada uno de estos investigadores siempre nos encontraremos con una caterva de psicópatas, sociópatas y criminales que pueblan la sociedad de nuestros días.  Una interesante muestra de limitadores cuyas variantes son interminables.  En cualquier novela negra, el lector puede tropezarse con asesinos apasionados, psicópatas en serie, paranoides en masa, locos homicidas, drogadictos en busca de nuevas dosis y depredadores que incluso ni ellos mismos conocen la razón de su violencia, pero sí sienten una extraña necesidad de matar.  Se trata de seres marginales que llevados al papel se convierten en héroes.

En cualquier obra de este género se debe analizar con meticulosidad extrema todos los aspectos criminales, los métodos de matar y los modus operandi, las coincidencias y las similitudes, las diferencias y las controversias que arrastrarán al lector de forma solapada hasta la atracción total de los personas y, por ende, de la trama.  Para ello utilizaremos unos diálogos precisos y técnicos, sin olvidar que cada personaje tiene su jerga particular.

La novela negra es esencialmente urbana, social y realista por los ambientes en que se mueve  y por la galería de personas ya enunciados que suelen poblarla.  Y este reflejo social es una manifestación viva de lo a diario acontece en nuestras ciudades.  El crimen está ahí, a la vuelta de la esquina.  En nuestros ambientes cotidianos es fácil tropezarnos con sujetos enajenados que han perdido la propiedad de sus actos y, por ende, se convierten en enfermos mentales.  Como tales la sociedad está obligada a tratarlos.  No son seres extraños, marginados, posesos o malditos, aunque sí pueden ser criminales.  La novela negra es el mejor teatro para poner en escena a estos seres que, despojados de todo prejuicio, son capaces de cometer los crímenes más horrendos que jamás pudiéramos imaginar.

El único modo que tiene el ser humano de evitar su degradación y, por consiguiente, su destrucción es recuperar la libertad como valor central de su existencia.  Quizás este planteamiento resulte demasiado utópico, pero considero que ha llegado el momento de liberar al sujeto de ese cúmulo de valores que alimentan la esclavitud.  Ello recuperará al ser humano y le ascenderá a los niveles más altos de desarrollo personal, y lo alejará del crimen.

Fotografía: @elconfidencial

Sin embargo, el criminal, disfrazado de psicópata, de asesino en serie o de violador, es imprescindible para que la novela negra continúe emergiendo con la calidad e impronta que lo hace actualmente.  Caín es imprescindible en nuestras ciudades.  El mal está dentro de nosotros y, sin socializar la agresividad, el hombre nunca podrá ser libre.

La novela negra no existiría.

La novela negra es la verdad.  En sus historias, desgarradas y animadas, lo que se busca a toda costa es sacar a la luz la verdad de sus protagonistas.  La verdad del cainita de turno.

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Luis Sepúlveda, el escritor chileno transformado en gijonés universal

Fotografía: @LaVanguardia

Fue un 29 de febrero. Fue Luis Sepúlveda el protagonista de aquella historia que acabó tan mal. Hace ya un año la pandemia del Covid entraba en Asturias, y lo hacía –como digo-, lamentablemente a través de un chileno de nacimiento reconvertido en un gijonés de adopción y universal. Hospitalizaban al escritor Luis Sepúlveda. Y el mundo de la cultura, de la literatura –dentro y fuera de Asturias-, más allá de las fronteras españolas, fruncía el ceño de preocupación. Uno de los mejores escritores de las últimas décadas tenía que librar la peor batalla de su vida. Y mira que libró batallas y batallitas si repasamos su biografía. Pero ésta era diferente. Se enfrentaba a un enemigo desconocido, tremendamente cruel, muy hábil y, sobre todo, espantosamente escurridizo.

El autor de ‘Un viejo que leía novelas de amor’, ‘Mundo de fin de mundo’, ‘La sombra de lo que fuimos’, ‘Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar’, entre otras novelas, debía ser fuerte, jugar bien las cartas, y, sobre todo, confiar en su sistema inmunológico para que le ayudase a ganar la batalla de todas las batallas. Lamentablemente no fue así, y el día 16 de abril Luis Sepúlveda emprendió su último viaje; nos quedamos más huérfanos, a pesar de dejarnos su vasta obra literaria, y su trayectoria como periodista y cineasta.

En sus novelas siempre aparece reflejada América Latina, tan convulsa como llena de oportunidades, tan esperanzada como trágica. Toda una lección de vida que sirve para no volver a cometer otra vez los mismos errores del pasado y esperar un presente y, sobre todo, un futuro mejor, digno de nuestras posibilidades.

Fotografía: @latercera

Hace unos días, Carmen Yáñez, viuda de Sepúlveda, concedió a El Comercio una entrevista cargada de emociones y vivencias, regadas de recuerdos y amor. Una entrevista concedida desde la paz que le ha dado a la poeta chilena el saber que se luchó hasta el último instante por devolverle a Lucho –como así se lo conocía popularmente en Gijón y en los ambientes literarios-. Su historia, la historia de Lucho y de Carmen es un historia de amor verdadero, pero también es una historia de renuncias, de entrega, de sacrificio, de vida… En resumen, una historia literaria, Tal y cómo han definido, una historia de novela.

Una demostración de esta historia de amor y de vida es el poema que Carmen Yáñez escribió con motivo del trágico desenlace, y que publicó en su día el diario El Comercio.

Éste:

Ignorantes de la luz que circundaba la inocencia

éramos tan felices amor mío

con el calor de nuestras manos juntas

cruzando todos los caminos

y riéndonos de los obstáculos de piedra o granizo

que nos intentaban parar esa carrera irresponsable de la felicidad.

Éramos tan felices

y no nos enterábamos de la dimensión de la vida.

De la invisible amenaza, de la larga sombra del miedo,

no lo sabíamos nosotros, irreverentes.

Amándonos con proyecciones de futuro.

Hoy ya no pienso más allá de mañana cuando espero

tu prueba de vida dicha por otros.

 

CARMEN YÁÑEZ

 

Fotografía: @el_pais

Dentro de poco más de un mes se cumplirá el primer aniversario de la desaparición de Lucho, un escritor que, en su calidad de gijonés adoptivo y universal,  aportó mucho y bueno a la vida literaria y cultural de la ciudad: unir “las dos orillas” bajo un cielo literario no era fácil, y él lo logró. Fue un hombre útil para Gijón y para Asturias. Nos descubrió buenos autores latinoamericanos que, a través de sus obras, y mientras pateaban Gijón podíamos descubrir la verdadera realidad de América Latina. Y también fue el artífice de que los autores españoles cruzaran el charco y fueran visibles en países hermanos, y sus obras fueran leídas y susceptibles de la crítica literaria latinoamericana. Todo esto bajo el armazón del Salón del Libro Iberoamericano.

Hoy ni se celebra el Salón del Libro Iberoamericano y Luis Sepúlveda casi hace un año que no está con nosotros, pero sí es el momento de reconocer su trayectoria literaria y periodística; y poner en valor que gracias a él, Gijón se proyectó en el mapa literario mundial. Y es que, queramos admitirlo o no, la Villa de Jovellanos respira literatura por todos los poros de su piel, literatura de calidad, de la buena. Más allá de otros condicionantes, la villa de Gijón le debe al escritor chileno el hecho de que, a través de un acto literario como el Salón del Libro Iberoamericano, fue capaz de generar riqueza en la ciudad e incentivar la actividad cultural dentro y fuera del concejo. Algo que no era fácil. Y él lo consiguió.

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Juan Antonio Bolea, aragonesista y constitucionalista a partes iguales

A través del perfil social del diputado oscense Mario Garcés me entero esta mañana del fallecimiento del Presidente Juan Antonio Bolea Foradada.

Fotografía: @periodicoaragon

Luego me llegan varios mensajes al móvil, entre ellos el de mi gran amigo, y hermano, Javier Carnicer, jefe de protocolo del Gobierno del Aragón. Y una bofetada en mi rostro me sacude como si estuviera viviendo un mal sueño.

Y es que el Presidente Juan Antonio Bolea Foradada forma parte de ese club tan exclusivo de personas que no deseas que desaparezcan nunca porque siempre resultan imprescindibles y, hagan lo que hagan, dan brillo y esplendor a todos y cada uno de sus movimientos.

La muerte de Bolea Foradada es motivo más que suficiente para que rompa el ritmo habitual de publicaciones en este blog, y le dedique una publicación extraordinaria. A él me unían varios lazos.  No sólo fue el primer Presidente de la entonces llamada ‘Diputación General de Aragón’, hoy Gobierno de Aragón, sino que me vincula personalmente a través de su hijo Juan Bolea, director del Festival Aragón Negro, columnista habitual en El Periódico de Aragón, y, sobre todo, uno de las plumas más destacadas que tenemos en el panorama literario español, y cuya amistad –como el buen vino- reposa y con los años se hace mejor y de más calidad.

Habitualmente el periodista zaragozano Lisardo de Felipe habla de lo que él denomina «hombres útiles» en Aragón; hombres y mujeres que por su trayectoria vital o profesional son –o han sido- decisivos para la comunidad autónoma aragonesa. No cabe ninguna duda que Juan Antonio Bolea ocupa uno de los primeros puestos de esta lista de prohombres. No en vano, fue el artífice de que Aragón se constituyera como comunidad autónoma, impulsor del mejor aragonesismo y, sobre todo, un magnifico jurista y un hombre de diálogo y de pacto. En la ‘palabra’ entendía el amplio significado del consenso y la concordia. Pero también de la reivindicación como territorio, como cuando se opuso al minitravase del Ebro en Tarragona y rompió la disciplina de voto en el Senado. Aragón y los aragoneses, lo primero, Su prioridad, siempre.

Fotografía: @elmundoes

Aragón pierde a uno de sus hombres más ilustres y mejores. Un hombre imprescindible cuyo legado personal, humano, intelectual, político, y jurídico, quedan para siempre impregnado en los genes de los aragoneses y en los cimientos de las instituciones aragonesas.

Comparto íntegramente las palabras de la actual delegada del gobierno en Aragón, la socialista Pilar Alegría: la historia más reciente de Aragón no se entendería sin Juan Antonio Bolea. Él fue quién comenzó a redactar los primeros párrafos de la  Historia de Aragón más reciente, y convencido hasta la médula de las oportunidades de esta tierra recia no rebló un instante en sus convicciones por un Aragón mejor. Como dice el Presidente Lambán, “un hombre clave dando lecciones de bonhomía y aragonesismo”… siempre.

En el año 2018, coincidiendo con el 40º aniversario de la constitución de la denominada ‘Diputación General de Aragón’ se organizó un acto para celebrar  el arranque de la pre autonomía aragonesa. En ese acto Juan Antonio Bolea Fodarada explicó a los medios de comunicación lo que sintió al poder lucir la bandera de Aragón por primera vez en Calatayud. Sus palabras en este video, gentileza de Heraldo de Aragón, son más que expresivas y transmiten un mensaje aragonesista y de pacto. Exactamente, lo qué es Aragón: una tierra de pactos:

https://www.heraldo.es/multimedia/videos/aragon/bolea-poner-aragon-en-marcha-fue-lo-mas-emocionante-para-mi/

Fotografía: @rtve

Aragón pierde un constitucionalista convencido que jamás renunció a que Aragón jugara en la liga de los grandes dentro del partido territorial autonómico español. Él siempre lo tuvo claro: Constitución y reivindicaciones territoriales son compatibles. Lo eran en 1979 cuando fue Presidente de Aragón, y tienen que serlo hoy, en pleno siglo XXI. Juan Antonio Bolea era ese político, ese hombre grande habitado de un gran hombre –como bien dice Daniel Pérez Calvo- que todas las comunidades autónomas hubieran deseado tener y, afortunadamente, sólo tenemos en Aragón.

 

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Tres años sin Quini

Fotografía: @el_pais

Hay personas que en su ciudad son iconos, emblemas, mitos, que su nombre ya hace por sí mismo que el tráfico rodado se pare, porque son santo y seña. Representan lo mejor de lo mejor en la ciudad. Desde su atalaya personal o profesional hacía el exterior.

Es exactamente lo que le sucedía a Enrique Castro, Quini, en su ‘Gijón del alma’. Fue una autoridad como futbolista, como directivo del Real Sporting, y, sobre todo, como ser humano. Pero su corazón se paró tal día como hoy, en plena calle, hace tres años.  Y a todos los gijoneses, de dentro y de fuera, se nos heló el alma. Se nos secaron las venas. Quini era Quini. Era una bandera gijonesa permanente que ondeaba y lucía allí donde estuviera, porque estuviera dónde estuviera e hiciera lo que hiciera, siempre, estaba en sus labios la palabra «Gijón» y su equipo de toda la vida.

Soy privilegiado y afortunado. Tuve oportunidad de tratarlo y hablar con él más allá de los terrenos de juego, y sólo voy a decir que, por encima de todo, era un gran tipo, un extraordinario ser humano; como dicen en Asturias, “un paisano”. Comprometido, solidario, humilde, discreto, sencillo, con una fina ironía que ya tenía poso desde su época de jugador en el Sporting.  ‘El Brujo’ a pesar de los miles de vaivenes que la vida le atizó, siempre dibujaba una sonrisa de cariño, de fraternidad, de afecto, de paz.

Fotografía: @elcomercio

Y fue en los peores momentos de su vida, cuando la realidad más cruel le atizó sin piedad, como fue la pérdida de su hermano Jesús en la playa cántabra de Pechón, y cuando la maldita enfermedad del cáncer le golpeó, cuando La Mareona y la sociedad gijonesa unieron sus voces al grito de “¡Ahora Quini, Ahora!”. Miles de veces se escuchó aquello en las gradas de El Molinón. Una sola voz. Un solo grito. Un solo deseo. Una única esperanza. Y Quini volvió a ser Quini, ese ser ‘mitico’ que desde el banquillo o desde la tribuna lograba que los guajes en el césped respondieran y pelearan como leones los colores rojiblancos.

Aún recuerdo, con dolor y emoción, el día de su adiós en el estadio hoy llamado El Molinón- Enrique Castro Quini. Las gradas, a reventar de público y de lágrimas. La tribuna reservada para autoridades e invitados estaba a rebosar de toda la sociedad, en especial del mundo del deporte a nivel nacional. No se cabía.

Nombres que, como él, eran símbolos del fútbol estaban allí, con la mandíbula tensa y la mirada triste, viendo cómo El Brujo yacía en el terreno de juego, en su terreno de juego, rodeado de los suyos, de su familia, de sus amigos, de los guajes, de miles de personas, y de otros grandes cómo Montes, Novoa, Maceda, Joaquín, Uría, Echevarría, Juan Eraña, Puente, Cundi, Jiménez, Redondo, Enrique Morán, Ferrero, Eloy Olaya, Ablanedo II, o Ablanedo I.

Fotografía: @LaVanguadia

Pero allí también estaban otros nombres imprescindibles en el club rojiblanco y, por consiguiente , en la vida de ‘El Brujo; nombres como Esteban, David, Andrés, Claudio, Mino, Luis Sierra, Castaño, Lozano, Juan Díaz, Chus Bravo, Pablo Álvarez, Pablo Díaz Stalla, Bango, pasando por Pedro Santa Cecilia, Omar Sampedro, Lozano, Samuel Baños, Marcelino Elena, Emilio Gutiérrez, Roberto Fernández, Juan Muñiz, Adrián Colunga y terminando por otro gran gijonés: Luis Enrique.

El entonces Secretario de Estado del Deporte, José Ramón Lete que acudió al funeral en nombre del Gobierno de España, lo definió así: «La grandeza de las personas se mide no sólo por lo que hacen sino por lo que son y Quini no solamente hizo mucho por el fútbol español sino que además fue una persona extraordinaria».

Y durante el funeral, desde las gradas se escuchó atronadoramente “¡Ahora Quini, Ahora!” coreado por todos los asistentes, que también entonaron el himno del Sporting ondeando sus bufandas antes de que sus excompañeros retiraran el féretro de Quini ante los insistentes aplausos de los aficionados, muchos de ellos visiblemente emocionados. “Se nota, se siente, Quini está presente”, coreó el estadio mientras el coche fúnebre se llevaba del césped los restos mortales de ‘El Brujo’.

Fotografía: @diarioas

Han pasado ya tres años de aquellas emociones, y Quini sigue vivo en Gijón, en Mareo y en los vestuarios de El Molinón, porque su espíritu, su forma de entender la vida y el fútbol no han desaparecido. Siguen muy presentes en la Villa de Jovellanos. Y cada vez son más necesarias y más útiles. Sobre todo, en un Gijón tan convulso y tan atípico como éste.  “¡Ahora Quini, Ahora!”… siempre.

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‘¿Cómo voy a echarlos, si son mi familia?’

Hay mujeres valientes, mujeres adelantadas a su tiempo, mujeres  fascinantes, y mujeres cultas e innovadoras. Y Conchita Quirós, la librera por excelencia, reunía todos estos méritos en sí misma. Así la definió ayer, a las pocas horas de fallecer, otra mujer valiente e innovadora: Covi Sánchez, la Ceo de la Asociación de Escritores Noveles. Y a la de Gijón no le falta un pizca de razón porque Conchita fue –sigue siendo- un referente en el mundo del libro.

Fotografía: @lanuevaespana

Cuando el miércoles por la mañana saltó la noticia de su muerte nos sacudió en el rostro de forma abrupta, porque todos nos quedamos un poco huérfanos. Conchita, por su edad, y por su trayectoria vital y profesional, era la madre de muchos, de infinidad de libreros, de autores, de lectores; libreros que vieron en ella el camino en el que reflejarse en la sociedad; autores que, puertas adentro de la mítíca Librería Cervantes, encontraron a alguien más que una simple librera; de lectores, que Conchita les inyectó en sus manos y en su corazón el amor por la lectura y los libros.

Fotografía: @elcomercio

La Librería Cervantes es un bastión de resistencia literaria, y de calidad cultural, siempre moldeados por unas manos pequeñas, por una sonrisa achinada, y siempre omnipresente en cualquier rincón para recomendarte una lectura o un autor. Conchita Quirós era imprescindible e indispensable en el sector que conocía a fondo como pocos a nivel nacional.

Las libreras son ese recodo de paz, de viajes a mundos inimaginables de historias con finales increíbles, en dónde autores y lectores conectan y crean otros mundos aún más increíbles. Y Conchita Quirós lo hizo posible. Y se adelantó a su tiempo.

La que fue durante casi dos décadas su directora de comunicación, la periodista Susana Tejedor, ayer diseccionó en un gran artículo en el diario El Comercio, con excelente maestría, la relación con la que ella llamaba «amiga, jefa, compañera». Susana, a través de esas líneas, nos descubre la parte más oculta de Conchita, esa parte que tenemos todo ser humano y que pocas veces dejamos al aire. Conchita era el motor que movía el sector de las librerías, dentro y fueras de Asturias, pero también era un gran ser humano consagrada a los libros como se consagran las monjas de clausura a su retiro espiritual para toda su vida.

Decía Rafa Gutiérrez, presidente de la Asociación de Libreros de Asturias, propietario de la librería de Buena Letra, que “hoy los libros se han quedado un poco huérfanos (…) Seguiremos leyendo, Concha”. Ése era precisamente su objetivo: la promoción de la lectura, y lo consiguió haciendo centenaria a “La Cervantes” que, lamentablemente no lo podrá festejar… o sí.

Fotografía: @elcomercio

Quién sabe si desde algún rincón, allá en lo alto, reunirá a Lucho Sepúlveda, Carlos Ruiz Zafón, Amparo Dávila, a Quino, entre otros muchos, y los pondrá a ver los actos de su centenaria librería.  Y es que como también señala Ángeles Caso, en otro artículo, también en El Comercio: «Conchita Quirós era una de esas personas. Irradiaba inteligencia, alegría y ganas. Ganas de hacer cosas, de estar muy viva, con los pies bien puestos en el suelo y la cabeza siempre allá en lo alto, en las nubes de lo-imposible-que-hay-que-volver-posible».

Y en esta vida sólo existe un instrumento que lo imposible lo transforma en posible: los libros. Y Conchita lo sabía bien. No en vano eran su familia. Y ella, el motor cultural de Asturias.  Era excepcionalmente extraordinaria. Muy huérfanos nos quedamos. Nos quedan sus hijos: los autores y los libros.  Aprovechémoslos.

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Inmunizados

Hace ya más de un año que estamos sumergidos en una pandemia mundial de dimensiones gigantescas. La COVID19 ha descolocado todas las expectativas que cualquier individuo y, por consiguiente, cualquier país podrá imaginar. Desde el día que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia a nivel mundial la cifra de fallecidos en España ha sido estratosférica: cifras que hielan la sangre a cualquiera

Desde un punto de vista sociológico es grave, pero desde un punto de vista humano resulta dramático, y nos lleva a otra reflexión: estamos la desafección que poco a poco está afectando la sociedad con respecto a la pandemia. ¿La consecuencia de todo esto? Cada vez más fiestas ilegales, más incumplimiento de la normativa vigente y, sobre todo, la proliferación de los negacionistas. O sea, una vuelta de tuerca al sistema sanitario. Un bucle cuyas consecuencias las pagan los de siempre: los que deberían estar en condiciones pluscuamperfectas de medios humanos, materiales y económicos para hacer frente a la pandemia. Pero la realidad es muy diferente.

Ayer la Incidencia Acumulada en España se sitúo en 10.829 casos pasay 337 personas fallecidas. Y estas cifras de fallecidos equivalen a la capacidad de un Airbus. ¿Nos imaginamos que a diario se estrellase en España un Airbus y murieran todos sus ocupantes? ¿Sería una hecatombe, verdad? No habría informativos, ni programas especiales para darle cobertura. La redes sociales explotarían dé información y etiquetas. Sin embargo, hoy y ahora, los más de trescientos españoles que fallecidos entre hospitales, sus domicilios y residencia de tercera edad pasan completamente desapercibidos. Nos da exactamente lo mismo. Mientras la cifra no disminuye diariamente de trescientos fallecidos no nos afecta absolutamente nada. Da la sensación que nos hemos inmunizado a las cifras de fallecidos de españoles a causa de Covid.

Fotografía: @eswikipedia

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Hombres útiles y el paso del tiempo

Fotografía: @eswikipedia

Desde que estoy viviendo en Gijón, me he enterado del fallecimiento de varias personas –demasiadas- que conocía, y con las que tenía trato,  en Zaragoza; lógicamente, con unas más que con otras, pero casualmente, con muchas de ellas teníamos un vínculo en común: el Gobierno de Aragón, por una vinculación o por otra.

Este último año 2020 fue especialmente duro en la pérdida de personas conocidas a causa de la guadaña implacable y cruel de la Covid. Han sido demasiadas las pérdidas, muchas son ya las ausencias. Y siempre me sucede lo mismo. Siempre que hay un “adiós”, irremediablemente hecho la vista atrás, a aquella época de finales de los años ochenta a principio de los dos mil, y recuerdo muchos momentos vividos. Me vienen a la cabeza cientos de recuerdos…

Me ha sucedido con varias personas: con mi amigo Luciano Varea y su querida esposa Ana; con el malogrado Presidente Santiago Lanzuela; con el doctor Fernando Solsona, con la soprano Pilar Torreblanca, con el cantautor Joaquín Carbonell… y hace pocos días con Marta Eizaguirre, una mujer única para manejar la política autonómica entre bambalinas. Y es en estos momentos cuando me doy cuenta de la velocidad a la que pasa la vida, y lo vertiginoso que es el devenir de los días.

Quiero agradecerle a  Lisardo de Felipe, uno de los referentes del periodismo aragonés indiscutible e imprescindible, el detalle de transformar sus perfiles sociales en un altavoz de la vida diaria aragonesa, especialmente zaragozana; y a los que estamos lejos, nos va contando el devenir de la más que bilbilenaria Cesaraugusta. Con su agilidad periodística, y su forma de ver el paso de los días, nos va contando la actualidad zaragozana, aragonesa, con maestría, con serenidad y, sobre todo, poniendo en valor lo que él llama “hombres útiles” a  Aragón.

Fotografía: @heraldoes

Pero esta posición de Lisardo no excluye en absoluto lo que me remueve cada vez que él anuncia que un nuevo ‘hombre útil’ se nos va; especialmente si ese hombre –o mujer- tuvo una vinculación personal o profesional conmigo. No deja de ser un mazazo que, poco a poco, cada vez cuesta más de digerir. Dijo Abraham Lincoln que «al final, no son los años en nuestra vida lo que cuenta, sino la vida en nuestros años». Y es ahora cuando me doy cuenta que, en un plano profesional, aquellos años, en el fondo, tuvieron más ráfagas de luces de que de sombras, aunque las sombras siempre se notan. Me tropecé con gente ilustrada, con personas de las que aprendes cada minuto de tu vida. De los inútiles e ignorantes –que los había por docenas-, ni me acuerdo.

Fotografía: @SPENDINmagazine

Y, como no, hoy, dos décadas después me acompaña cada minuto de mi vida las enseñanzas, los consejos, la opinión, la palabra y la obra de mi hermano, de mi compañero, de mi amigo del alma: Javier Carnicer, a quien quiero como persona, admiro como profesional y respeto por su fulgurante trayectoria. Javier siempre ha estado, y sigue estando ahí personal y profesionalmente. De igual manera que él sabe que cualquier cosa que necesite de Asturias… o de dónde sea, no habrá minutos en el día, ni día en la semana o en el mes hasta que lo consiga.

Así se van escribiendo los capítulos de la vida, entre la desaparición de los hombres útiles y las mascarillas. Al estilo de Lisardo, desde nuestras propias atalayas. Y antes que Lisardo nos cuente un nuevo chandrío, vamos a disfrutar minuto a minuto,  día a día de la vida, y a chipiarnos de todo lo bueno que nos ofrece cada segundo. Tiempo habrá para volver a esbafar una nueva pérdida de un hombre útil por boca de Lisardo.

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En el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia

Fotografía: @elCorreoWeb

Un día para reflexionar muy severamente sobre algunas cuestiones. Estoy cansado, fatigado más bien, de ver que estos “días mundiales” se utilicen de forma torticera y malintencionada. Sirven para darnos golpes de pecho, y para que salgamos en estación de penitencia, y hasta nos canten saetas desde los balcones, por aquello de que somos los mejores del mundo, y defendemos lo indefendible. Pero lo somos hoy, y apostamos por la visibilidad de la mujer en la ciencia hoy. Pero, ¿y mañana? ¿y pasado? ¿y dentro de 20 días? Ya nadie se acordará de ellas. En mi tierra y en cualquier hogar decente sólo tiene un nombre; oportunismo. En cierto chalé de Galapagar quizás lo llamen de otra forma. Acostumbrados nos tienen a sus ridiculeces populistas.

El brote de la pandemia por COVID19 ha demostrado claramente el papel crucial de las científicas en los diferentes frentes en la lucha contra la pandemia, desde los avances en el conocimiento del virus hasta el desarrollo de técnicas para las pruebas de COVID19 y las vacunas contra el virus. A la vez, la pandemia ha tenido un impacto negativo muy significativo en las mujeres científicas. Ha afectado especialmente a las que se encontraban al comienzo de sus estudios, de sus carreras; lo que ha contribuido a que se ensanche la brecha de género existente en la ciencia.

Esta contextualización me lleva a otro estadio. La importancia de la ciencia en nuestro entorno, en nuestro día a día. El otro día, en este mismo espacio, ponía en valor unas palabras acertadísimas el bioquímico y oncólogo Mariano Barbacid, que en un programa de televisión hacía un  canto a la ciencia, y pedía un pacto por la ciencia y la investigación. Cualquier excusa es buena para dar un paso adelante y apostar por la ciencia y la investigación. Cualquier país tiene que apostar por la ciencia y la investigación como polo de desarrollo y riqueza del país, más allá de otros condicionamientos y circunstancias, pero sobre todo por responsabilidad social. Lo he dicho varias veces, y me reitero: los enfermos crónicos no entienden de cuitas políticas ni económicas. Quieren respuestas, especialmente cuando la industria farmacéutica ya les da la espalda y no les ofrece ninguna respuesta válida.  Como Estado, como país, tenemos que darles una respuesta eficaz, rápida, ágil y contundente. (ahora que algunos manchan tanto esta palabra al pronunciarla en sus bocas mugrientas). Y esto sólo puede venir de la mano de la ciencia.

Fotografía: @LaVanguardia

Ahora nos vienen contando que Pedro Duque, el que colgó el traje de astronauta para ponerse el de ministro sin saber muy bien cómo ponérselo ni a que “luna” viajar con él puesto, parece ser que ha firmado un Pacto por la Ciencia y la Innovación, pero, para no variar, han vuelto a meter la pata. Ante un pacto de estas características al que se han sumado más de sesenta entidades, como Gobierno no puedes soltar perlas cargadas de roña. Un ministro, con la que está cayendo, ante un documento de estas características, no puede decir que este pacto “es un acto de solidaridad con las generaciones venideras”. Estas palabras son indecentes.

No quiero ahondar en chismes absurdos, ni propagandas baratas para satisfacción de cierta ministra, pero voy a insistir más que cualquier día es importante para reivindicar el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, y además para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Por supuesto, cualquier día es válido para tener presentes a los enfermos crónicos y sus problemas, un colectivo social (en sus mayoría dependientes y grandes dependientes), muy frágiles desde un punto de vista social, económico, cultural, y, a veces, hasta familiar. Vuelvo al principio de la película, como Estado tenemos una responsabilidad contraída con ellos. Responsabilidad que en muchas ocasiones vendrá de la mano de grandes científicas como Margarita del Val, María Blasco, o la ya fallecida, la grandísima bióloga Magarita Salas. Hoy es día. Pero también lo son los restantes 364 días. No perdamos esta perspectiva. Cuidado.

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José Luis Sampedro y el arte de comunicar

Tal día como hoy, en el año 1917, nació José Luis Sampedro, escritor, economista, académico de la Real Academia Española, pero sobre todo, un comunicador nato que en sus intervenciones públicas era capaz de embelesar al más pintado con sus mensajes, estuviera o no próximo desde un punto de vista ideológico.

Fotografía: @RTVE

Afortunadamente, él no fue el único referente que comunica con sus palabras. Hay muchos otros nombres, como Emilio Lledó, Valentín Fuster, Fernando Onega o la difunta Margarita Salas. Todos ellos tienen un denominador común: son autenticas autoridades a novel nacional e internacional en su espacio profesional.

Pero hoy quiero hablar de José Luis Sampedro. No pude conocerlo, pero si he podido leer «La sonrisa etrusca», y es un libro que sólo lo podía haber escrito él.

Por encima de cualquier otro calificativo, José Luis Sampedro fue un humanista comprometido con los problemas de su tiempo, profundamente preocupado por la sociedad en que le tocó vivir. En este sentido, defendió siempre una economía más humana y solidaria que fuera de desarrollar la dignidad de los pueblos.

Para conocer en profundidad la figura y obra de este gran escritor, humanista, intelectual, profesor, economista y académico, os invito a ver el siguiente video:

https://www.youtube.com/watch?v=q3eYMVCwg3I&t=10s

Gracias a TVE por este magnífico programa.

 

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“Pienso, luego existo”

El filósofo Emilio Lledó (Sevilla, 1927), catedrático de Historia de la Filosofía, miembro de la Real Academia de la Lengua, Premio Nacional de las Letras 2014 y Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2015, hace un repaso de su larga carrera como filósofo y profesor incidiendo en la importancia de transmitir un mensaje positivo sobre el ser humano y lo hace con la colaboración de colegas como Manuel Cruz, el periodista Juan Cruz o el poeta Joan Margarit..

 

En el año 2016 tuve ocasión de compartir con él 48 horas, coincidiendo con el III Congreso de Escritores, en Gijón, y doy fe, que es una delicia hablar con él en “las distancias cortas”. Estamos ante un grande la cultura española de las últimas décadas.

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María Blasco habla del cáncer y el envejecimiento

Revolviendo en YouTube, me tropiezo con una entrevista que la Fundación Juan March le hizo a María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas.

En medio de tanto lío y de tanta desinfornación , personas de la talla de María Blasco que hablen con la rotundidad que ella lo hace sobre la investigación, el cáncer, o el envejecimiento son un bálsamo de esperanza y de ilusión.

Merece la pena ver esta entrevista a esta gran científica:

 

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El criminal y la novela negra

La revista Y Latina es la revista oficial de la Asociación de Escritores Noveles. En el año 2008 publiqué el siguiente artículo de opinión sobre la novela negra y el crimen. Espero que sea de vuestro interés.

 

Primero era un grito solo en mitad de la noche

y después más gritos y más gritos

y después un silencio…”

Ernesto Cardenal

 

Hace unos días me decía un prestigioso forense español que en España actualmente sólo vende lo rosa y lo negro.  Y no va desencaminado porque el auge que tiene la novela negra en la actualidad es tremendo.

El cainita que mata a su hermano siempre ha despertado especial atracción y curiosidad del por qué de su comportamiento.  Ello siempre quedó reflejado en la novela negra, escenario perfecto para la representación teatral, pero real a la vez, de las pasiones y sinrazones más oscuras del ser humano.

Al describir un criminal conviene realizar con una extraordinaria precisión todos sus rasgos psicobiográficos.  Ello permitirá al lector conocer cómo era y quién era el sujeto en cuestión.

Es importante conocer nuestra historia más reciente y más pretérita, pero resultaría inacabada si desconociéramos la historia del crimen y del criminal, de cómo es nuestra sociedad asesina, de nuestras ofrendas y nuestros demonios tan maravillosamente reflejados en la novela negra.  La irrupción de los psicópatas criminales en este género no deja de resultar altamente seductor a la vez que morboso.

 

Conviene, pues, utilizar una prosa ágil y fácil, alejada por completo de barroquismos y riquezas que no nos llevarán a ninguna parte.  En la novela negra es de gran interes acercar los criminales al lector, y hacerlo con ternura y facilidad, describiendo sus vidas y sus historias personales.  Sólo así llegaremos a conocer y a valorar psicopatológicamente sus conductas y el por qué de sus actos.

Por ello, en la novela negra es importante que predominen criterios científicos y psiquiátricos.  Dentro y fuera de este género literario, conviene acercarse al crimen de forma científica, cargada de humanismo no para castigar, sino para prevenir.  Ello nos llevará a entender que el crimen, la agresividad y la violencia están en la propia esencia del hombre y de sus demonios.  Luis Rojas Marcos señala que el hombre necesita la agresividad para vivir.  La novela negra no puede ni debe escapar a esta realidad.

Cualquier obra de este género que sea de calidad debe reunir, entre sus ingredientes imprescindibles, la intriga como motor de la historia.  Se va del quién al cómo.  Se debe arrastrar al lector, de la mano, página a página, hasta el desenlace final.  Sin respiro.  La acción es imprescindible.  Según se desmenuza la historia, la acción trepidante debe conducirnos inexorablemente a resolver los enigmas y rompecabezas hasta desentrañar el caso.  Como acabamos de ver, el crimen siempre está presente; es decir, en la novela siempre se dibujan las cloacas del planeta con su indigencia, con toda su paupérrima existencia y su atormentada vida.  En este sentido, la psicología de los personajes, especialmente de sus protagonistas, es vital a la hora de contar una buena historia negra.

Dentro y fuera de nuestras fronteras no carecemos de héroes.  Al contrario.  Petra Delicado (Alicia Giménez-Bartlett), Carvalho (Manuel Vázquez Montalbán), Kurt Wallander  (Henning Mankell), Guido Brunetti (Donna Leon), Martina de Santo (Juan Bolea), Kay Scarpetta (Patricia Cornwell), y otros cuya lista seria interminable, son una pequeña representación de los protagonistas esenciales de este género tan apasionante como seductor que es la novela negra.  Detrás de todos y de cada uno de estos investigadores siempre nos encontraremos con una caterva de psicópatas, sociópatas y criminales que pueblan la sociedad de nuestros días.  Una interesante muestra de limitadores cuyas variantes son interminables.  En cualquier novela negra, el lector puede tropezarse con asesinos apasionados, psicópatas en serie, paranoides en masa, locos homicidas, drogadictos en busca de nuevas dosis y depredadores que incluso ni ellos mismos conocen la razón de su violencia, pero sí sienten una extraña necesidad de matar.  Se trata de seres marginales que llevados al papel se convierten en héroes.

En cualquier obra de este género se debe analizar con meticulosidad extrema todos los aspectos criminales, los métodos de matar y los modus operandi, las coincidencias y las similitudes, las diferencias y las controversias que arrastrarán al lector de forma solapada hasta la atracción total de los personas y, por ende, de la trama.  Para ello utilizaremos unos diálogos precisos y técnicos, sin olvidar que cada personaje tiene su jerga particular.

La novela negra es esencialmente urbana, social y realista por los ambientes en que se mueve  y por la galería de personas ya enunciados que suelen poblarla.  Y este reflejo social es una manifestación viva de lo a diario acontece en nuestras ciudades.  El crimen está ahí, a la vuelta de la esquina.  En nuestros ambientes cotidianos es fácil tropezarnos con sujetos enajenados que han perdido la propiedad de sus actos y, por ende, se convierten en enfermos mentales.  Como tales la sociedad está obligada a tratarlos.  No son seres extraños, marginados, posesos o malditos, aunque sí pueden ser criminales.  La novela negra es el mejor teatro para poner en escena a estos seres que, despojados de todo prejuicio, son capaces de cometer los crímenes más horrendos que jamás pudiéramos imaginar.

El único modo que tiene el ser humano de evitar su degradación y, por consiguiente, su destrucción es recuperar la libertad como valor central de su existencia.  Quizás este planteamiento resulte demasiado utópico, pero considero que ha llegado el momento de liberar al sujeto de ese cúmulo de valores que alimentan la esclavitud.  Ello recuperará al ser humano y le ascenderá a los niveles más altos de desarrollo personal, y lo alejará del crimen.

 

Sin embargo, el criminal, disfrazado de psicópata, de asesino en serie o de violador, es imprescindible para que la novela negra continúe emergiendo con la calidad e impronta que lo hace actualmente.  Caín es imprescindible en nuestras ciudades.  El mal está dentro de nosotros y, sin socializar la agresividad, el hombre nunca podrá ser libre.

La novela negra no existiría.

La novela negra es la verdad.  En sus historias, desgarradas y animadas, lo que se busca a toda costa es sacar a la luz la verdad de sus protagonistas.  La verdad del cainista de turno.

                                                                  José Á. Jarne.

                                               (©. Publicado en Y Latina. Marzo del 2008)

 

 

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Cuidados paliativos

En el año 2004 tuve la oportunidad de publicar en el diario La Tribuna de Albacete un artículo de opinión sobre los cuidados paliativos, que reproduzco íntegramente a continuación.

 

Hace ya casi cinco años que tuve ocasión de tratar a la Unidad de Cuidados Paliativos, adscrita al Servicio de Oncología Médica del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.  Pronto me demostraron que su labor, para nada agradable, la realizaban con una profesional y una entrega personal realmente encomiable.

Ayudar a bien morir a enfermos oncológicos terminales no es un trabajo cómodo.  Sus asiduas visitas domiciliarias, sus interminables intercambios de opinión y asesoramiento a los familiares de estos pacientes no se pueden pagar con dinero.

(Fotografia: @La_SER)

Todavía es más meritoria esta labor cuando nos damos cuenta que los éxitos de su trabajo son escasísimos.  A pesar de ello, su constancia, tesón y profesionalidad son ejemplares.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a todo el mundo mundial, que diría Manolito Gafotas, para que no escatimen esfuerzos.  Al contrario, una labor tan abnegada, discreta e ingrata debe alimentarse, potenciar y apoyar de forma incondicional por de todas las Administraciones Públicas y entidades privadas.

¿Qué pasaría si estas Unidades no existieran? Muchos pacientes oncológicos acabarían sus días en una triste cama de cualquier hospital sin poder disfrutar del cariño de los suyos, del calor de su hogar en los últimos momentos.  Y eso ni es justo ni es humano.

El arte de ayudar a bien morir no tiene precio.  Y hoy, que tanto se nos llena la boca de derechos y libertades, y pocas obligaciones, ha llegado el momento de reconocer el trabajo meritorio de un puñado de profesionales que tienen una agria y durísima labor.  Ayudar a morir en paz a aquellas personas que la mal nacida y cruel enfermedad oncológica se ceba en ellos.  Y lo más importante, hacer comprender a los más próximos que ese “tránsito” es algo natural y cotidiano.  Más aún, si se logra que se realice en paz y sin dolor.  Todo un mérito.

La doctora Kübler-Ross, una autoridad mundial en materia de tanatología manifiesta en uno de sus amenos libros que morir es trasladarse a una casa más bella, se trata sencillamente de abandonar el cuerpo físico como la mariposa abandona su capullo de seda…

Eso, que a simple vista nos parece sencillo y lógico, no lo es tanto cuando quien va iniciar ese tránsito es un ser querido, y menos aún si la guadaña del cáncer le domina.  Para eso están estos ángeles de la guarda.  Estas unidades de Cuidados Paliativos diseminadas por todo el territorio nacional, como una tupida y verde pradera que, en esos momentos álgidos y difíciles nos ayudan a entender y a enfrentarnos con el reto de la muerte, con la incomprensible desaparición del ser querido.

(Fotografía: @abc_es)

Dejémonos de estupideces políticas, de dimes y diretes, de enfrentamientos débiles y absurdos por ocupar sillones y comer del pesebre, de estériles y pueriles discusiones de colegio desde variopintos escaños, y pongámonos a trabajar sin descanso.  No escatimemos dinero en estas entidades, apoyémosle firmemente, y no olvidemos que precisan más cantidad de recursos a todos los niveles que otroras instituciones que se cobijan a la sombra de mil y una sigla política.  Mientras éstas últimas juegan con las personas, aquéllas no escatiman tiempo, esfuerzo y generosidad en salvar vidas.  He ahí la gran diferencia.

Arrimemos el hombro, codo con codo, sin fisuras, ni memas distancias… quien sabe si al devenir de los años,  un día podemos necesitar de estas unidades y nos encontramos desvalidos y desprotegidos antes de emprender el último y definitivo trayecto de nuestra vida.  Seamos sensatos, por favor, y los chismorreos de portería barriobajera dejémoslos aparcados para mejores ocasiones.

 

 

 

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Adiós al pelusa

Ha muerto Maradona. Se ha ido el mago del fútbol internacional, el astro del balón en Argentina, en España, en Italia… en el mundo mundial.

El personal lo está crucificando por haberse metido en determinados jardines poco ortodoxos y muy heterodoxos y que hicieron de su vida una verdadera subida de un particular Monte Calvario.

Pero a mi particularmente lo que me interesa, lo que realmente es importante, y lo que me importa es poner en valor su trayectoria como futbolista que fue grandiosa, y que puso a los equipos en los que jugó en la primera línea de fútbol mundial. Fue un grande del fútbol y por eso hay que recordarlo y homenajearlo. Lo que hiciera de puertas adentro de su casa es un problema estrictamente personal que, aunque afectase a su vida deportiva, no somos quienes para redactar y menos ejecutar ninguna sentencia. El que esté libre de pescado que tire la primera piedra. Pues eso.

El Pelusa nos ha dejado. Ha pasado a los anales de la historia del deporte mundial. Es un grande del fútbol, Y nuestra obligación es recordarle por todo lo que aportó al fútbol, por las tardes de gloria que nos regalo. Del resto de sus turbias andanzas no somos quienes para juzgarle. Nadie.

(Fotografía: @ieswikipedia)

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Covi, ¿Cómo quedó el Sporting?

Éstas fueron las últimas palabras de un hombre a su hija en la sala de Urgencias de un hospital de Gijón. Se estaba apagando la vida de un hombre bueno, trabajador infatigable, solidario, honesto, honrado, y sobre todo, ejemplar marido, padre, abuelo y bisabuelo.

¡Qué cosas…! En el umbral de la muerte, cuando ya no queda siquiera un halo de fuerza para mirar a tus seres queridos, él sin embargo se acordó del equipo de su vida, y quisó que sus últimas palabras no fueran una despedida ni un «te quiero», sino saber el resultado del último partido de fútbol de su «Sporting del alma».  Y le preguntó a du hija, otra sportinguista nata, que desde la entereza exterior pero destrozada interiormente, veïa que su padre, su héroe, su cómplice, su ‘dios’ se apagaba lentamente mientras se interesaba por el equipo de su vida.

La vida tiene estas cosas; diferentes aristas, mil plasmas distintos en donde se emiten peliculas en blanco y negro, y también en color.

Siento mucho la pérdida de este hombre que desde la humildad y sencillez de vida, me demostró muchos valores de la vida  que permanecen al margen del dinero o de la posición social. Un detalle de cómo era este hombre lo presencié en el tanatorio cuando llegó un amigo de la familia a darnos el pésame, y recordaba cuando hace años necesitaba comprar unas botas de seguridad pero no tenía recursos para comprarlas. Y al día siguiente, este hombre apareció con unas botas nuevas para él porque sabía que si no era así no las iba a tener, y las necesitaba.

Asi era este hombre bueno, vehemente en los temas politicos, deportivos y en los juegos de azar. Lector voraz, amante de  lis coches de la marca Mercedes. Si tuviera que definirlo en pocas palabras, diría que era un trabajador solidario, discreto, y muy buena persona.

La vida no es justa. Cuando un matrimonio podía disfrutar de una vejez en plenitud sin grandes problemas, comienzan a aparecer graves problemas de salud que te van deteriorando y complicando la vida hasta que llega el final. Eso es exactamente lo que le ha sucedido a un hombre bueno… Como dicen en Asturias, un paisano.

 

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